09/08 - Los Diez Santos Mártires de «Jalki Pili»

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El martirio de estos santos se remonta a los años del emperador iconoclasta León III, quien, como es bien sabido, en el año 728 d.C. impidió por decreto completamente la colocación de íconos sagrados, no solo en las iglesias sino en cualquier otro lugar.


El patriarca Germán se opuso al decreto, pero el rey convocó un consejo y condenó la actitud del patriarca. Germán fue depuesto y lamentablemente su lugar lo ocupó su colega y alumno Anastasio, quien de inmediato comenzó a ejecutar el decreto imperial. Entonces un oficial, de manera muy provocadora, se dirigió a un edificio que era como el propileo del palacio y se llamaba «Jalki Pili» porque su techo era de bronce, y con un hacha comenzó a quitar la imagen de Cristo que allí se encontraba. El pueblo ortodoxo, indignado ante este crimen, arrojó al impío oficial de la escalera en la que se encontraba, lo que le causó la muerte.


El rey luego envió a su guardia y mató a muchos de los que protestaban. Entre ellos se encontraban los diez Mártires celebrados hoy, cuyos nombres eran los siguientes: Julián, Marciano, Juan, Santiago (Jacobo), Alejo, Demetrio, Focio, Pedro, Leoncio, la patricia María.



Fuente: saint.gr

Traducción: Google Translator

Adaptación propia

09/08 - El Santo Apóstol Matías


Matías en hebreo significa “dado a nuestro Señor” o “un regalo de nuestro Señor”, o incluso, humilde, pequeño. El fue elegido por nuestro Señor cuando entró en el grupo de los setenta y dos discípulos y cuando, por sorteo, fue elegido para entrar en el grupo de los apóstoles. Se consideraba pequeño, porque era manso y humilde. Como dice San Ambrosio hay tres formas de ser humilde: la primera es hacerse humilde por aflicción, la segunda es ser humilde por la consideración de si mismo y la tercera es serlo por devoción a nuestro Creador. San Matías, tuvo la primera por sufrir el martirio, tuvo la segunda por despreciarse a sí mismo y tuvo la tercera por maravillarse de la majestad de nuestro Señor. Por San Matías como cambiar el bien por el mal, porque por ser bueno, ocupó el lugar de Judas, el traidor. Su vida es leída en la Santa Iglesia y San Beda escribió sobre él como de un hombre santo que da testimonio (Leyenda áurea, siglo XIII).


Sobre San Matías se dicen pocas cosas en la Biblia. Solo es mencionado una vez en el Nuevo Testamento, o sea, cuando es elegido para reemplazar a Judas a fin de que se cumpla el que hubiera doce apóstoles de Cristo (Hechos 1, 15-26). Después de la Ascensión del Señor, se reunieron los discípulos, con María la Madre de Jesús y los once apóstoles. Estaban esperando la prometida venida del Espíritu Santo, perseverando en la oración. Como el puesto ocupado por Judas había quedado vacante, el número de los doce no estaba completo y este es el texto sobre la divina elección del nuevo apóstol, el número doce.


“Uno de aquellos días Pedro se puso en pie en medio de los hermanos – el número de los reunidos era de unos ciento veinte – y les dijo: «Hermanos, era preciso que se cumpliera la Escritura en la que el Espíritu Santo, por boca de David, había hablado ya acerca de Judas, el que fue guía de los que prendieron a Jesús. Porque él era uno de los nuestros y obtuvo un puesto en este ministerio. Este, pues, compró un campo con el precio de su iniquidad, y cayendo de cabeza, se reventó por medio y se derramaron todas sus entrañas. Y esto fue conocido por todos los habitantes de Jerusalén de forma que el campo se llamó en su lengua Haqueldamá, es decir: «Campo de Sangre». Pues en el libro de los Salmos está escrito: “Quede su majada desierta, y no haya quien habite en ella”. Y también: “Que otro reciba su cargo”. «Conviene, pues, que de entre los hombres que anduvieron con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús convivió con nosotros, a partir del bautismo de Juan hasta el día en que nos fue llevado, uno de ellos sea constituido testigo con nosotros de su resurrección». Presentaron a dos: a José, llamado Barsabás, por sobrenombre Justo, y a Matías. Entonces oraron así: «Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muéstranos a cuál de estos dos has elegido, para ocupar en el ministerio del apostolado el puesto del que Judas desertó para irse adonde le correspondía.» Echaron suertes y la suerte cayó sobre Matías, que fue agregado al número de los doce apóstoles. (Hechos, 1, 15-26).»


Por este texto se conoce cómo fue elegido el nuevo discípulo (apóstol), o sea, por sorteo. Hoy en día, esta elección podría ser considerada de alguna manera como anticristiana, ya que podría asociarse con el juego. Sin embargo, la tradición judía conocía lo sagrado de las probabilidades llamadas Urim y Tummim, que eran utilizadas por el sumo sacerdote del Templo. Y aun hoy en día, este sorteo es utilizado por la Iglesia; por ejemplo, los ortodoxos serbios eligen a su Patriarca por sorteo contando con dos o tres candidatos propuestos por el Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa Serbia. Pero de todos modos, de acuerdo con la Leyenda Áurea, la elección de Matías no fue exactamente un sorteo, sino una elección divina, una señal dada por Dios, pues añade: “Pero dice San Dionisio que habiendo un empate en la elección, un rayo bajó del cielo brillando sobre él”.


Asimismo, por este pasaje bíblico que hemos mencionado, sabemos que Matías fue elegido para reemplazar a Judas. Sabemos que Judas compró la tierra llamada Haceldamah (Haqueldamá) y esto es una novedad porque parece que San Pedro, con este discurso, contradice lo dicho por los evangelios. Parece que Judas no se suicidó, sino que murió en su causa a consecuencias de un accidente: “Compró un campo con el precio de su iniquidad y cayendo de cabeza, se reventó por medio, derramándose todas sus entrañas” (Hechos 1, 18). Asimismo, por este texto, nos enteramos que tanto Matías como José el Justo, eran miembros del grupo más amplio, el de los setenta y dos discípulos que acompañaban a Jesús después de su Bautismo. Así que Matías fue testigo presencial de todas las enseñanzas y milagros de Jesús, aunque no formaba parte del grupo restringido de los doce.


San Matías apóstol en la Tradición Cristiana


Más que por los Evangelios y los Hechos de los Apóstoles, sabemos más de San Matías por la Leyenda Áurea(Occidente, siglo XIII) y por el Synaxarion de Simeón Metafrastes (Oriente, siglo X). Sabemos que Matías nació en Belén y pertenecía a la tribu de Judá y que, según la tradición, aunque esto es poco probable, estudió la Ley de manos de San Simeón. Digo que esto no es probable porque según otra tradición, Simeón murió poco después de que el Niño fuese presentado en el Templo, diciendo la conocida oración del “Nunc dimittis”, (Lucas, 2, 29-32). La Leyenda Áurea empieza a hablar de Matías desde que este reemplazó a Judas, pues habla primero de este “apóstol traidor” hasta su muerte. Solo a partir de ese momento comienza la historia de Matías, que reemplazó a Judas no solo como apóstol sino como hombre. Matías es el nuevo Judas, pero bueno.


Haciendo un repaso digamos que Matías pertenecía al grupo de los setenta y dos y que es elegido para el grupo de los doce; pero la tradición dice a qué parte del mundo fue cada apóstol para predicar el Evangelio de Cristo. Cuando es elegido Matías y después de Pentecostés, predica en Judea y posteriormente parece que marchó a Etiopía a fin de predicar allí a nuestro Señor Jesucristo como Dios. Algunos escritos de los Padres de la Iglesia y algunos documentos apócrifos (uno incluso tiene el nombre de Evangelio de Matías), nos dicen que Matías predicó en Etiopía, concretamente en la región llamada Colchis (Cólquida). Existe en Georgia otra región con el mismo nombre, lo que hace que muchos crean que predicó también allí, en Georgia. De todos modos, la tradición reconoce a San Matías como el apóstol de Etiopía. Por predicar a Cristo, fue torturado y perseguido por algunos habitantes de la región. Un documento muy antiguo dice incluso que los etíopes fueron muy crueles, bárbaros y hasta caníbales. Parece que Matías fue arrastrado por el suelo, golpeado, le rasparon las costillas con herramientas de hierro, colgado, quemados los pies, muriendo finalmente crucificado en el año 63.


Pero otra tradición dice que San Matías fue a predicar a Macedonia, donde sus habitantes le obligaron a tomar una bebida venenosa, que normalmente dejaba ciego a quienes la bebían. Esto lo hicieron para comprobar la veracidad de la nueva religión predicada por el apóstol. Matías bebió el veneno en el nombre de Cristo y se mantuvo incólume, curando al mismo tiempo a más de doscientas cincuenta personas a las que en el nombre de Cristo les imponía las manos. Pero los que no se convirtieron seguían con la intención de matarlo, por lo cual Matías se hizo invisible durante tres días a fin de no ser encontrado. Posteriormente, Matías se les presento, fue encarcelado pero por la noche, de manera similar a como le sucedió a Pedro, fue liberado por un milagro divino. Una vez liberado, nuevamente siguió predicando a Cristo. Con posterioridad marchó a Amasea, ciudad en la costa del Mar Negro y durante tres años acompañó al apóstol Andrés en su apostolado por Edesa y Sebasta.


Con posterioridad; Matías volvió de nuevo a Judea, predicando la palabra de Dios, realizando milagros y bautizando a todos los que creían en Cristo. Pero el Sumo Sacerdote del Templo Anán (o Ananías), cuyos esbirros habían asesinado a Santiago, el hermano del Señor, ordenó capturar a Matías. En una asamblea, Anán acusó falsamente al apóstol de poner en peligro al pueblo hebreo apoyando una subversión contra los romanos, puso como ejemplos a Judas el Galileo y a Teudas y finalmente, incluso a Jesús de Nazareth “que se proclamó a si mismo como Dios e Hijo de Dios, que asombró a muchos por los prodigios que hacia con artimañas de encantamiento y que arrastraba sus corazones hacia él, haciendo que se denigrara la Ley (…) sin embargo, debido a su orgullo, encontró el final que se merecía pagando de esa forma sus actos” (párrafo del Synaxarion de San Simeón Metaphrastes).


El Sumo Sacerdote recuerda el sometimiento de los judíos a los romanos y culpa a Cristo de que este sometimiento aun se ha vuelto más difícil de soportar, por lo cual, los discípulos de Jesús merecen la muerte, “así que es mejor que estos galileos, que no son muchos, mueran, abandonen este lugar santo y al pueblo que está sometido a los romanos”. Finalmente piden a Matías que elija entre abandonar a Cristo o seguir como discípulo suyo. San Matías predica a Cristo y discute con el Sumo Sacerdote sobre las profecías del Antiguo Testamento acerca del Mesías. Matías se refiere a la profecía de Moisés en el Deuteronomio: “El Señor, tu Dios, te suscitará un profeta como yo; lo hará surgir de entre vosotros, de entre tus hermanos, y es a él a quien escucharán” (Deut., 18, 15), recuerda también “Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso sobre un asta. Y cuando alguien era mordido por una serpiente, miraba hacia la serpiente de bronce y quedaba curado” (Números, 21, 9) e incluso a la zarza ardiente del Sinaí (Exodo, 3) y a la historia de Jonás en el vientre de la ballena durante tres días. Estos contenidos se asemejan a lo proclamado por San Esteban (Hechos, 7). Por último, Matías proclama la Resurrección de Cristo por lo que es acusado de blasfemo y merece ser apedreado conforme dictamina la Ley: “Saca al blasfemo fuera del campamento; que todos los que lo oyeron, pongan las manos sobre su cabeza, y que toda la comunidad lo mate a pedradas. Luego di a los israelitas: Cualquier hombre que maldiga a su Dios, cargará con su pecado”. (Levítico, 24, 14-15). El Sumo Sacerdote aprueba esta condena y Matías es llevado a un lugar llamado Betlaschila o sea, “la casa de los que apedrean”. “El Santo les pide que las primeras piedras lo entierren a fin de dar testimonio sobre la pasión de Cristo. Así que comenzaron a arrojar piedras sobre él y, alzando sus manos hacia el cielo, entregó su alma” (Synaxarion). De este juicio injusto y de este asesinato no se enteró el gobernador romano hasta que los asesinos le cortaron la cabeza con un hacha. Esta era la muerte con la que se castigaba a quienes se oponían al César, por lo que le dan a entender que Matías es asesinado por despreciar al derecho romano. Es por esto, por lo que como le cortaron la cabeza, San Matías es el patrón de los carniceros y de los carpinteros.


Las reliquias de San Matías


Según la tradición, a continuación, los cristianos de Jerusalén lo sepultaron con honor y la emperatriz Santa Elena llevó las reliquias a Roma en el año 324 y son puestas en una urna de pórfido en el altar mayor de la Basílica de Santa María la Mayor de Roma. Una pequeña fue llevada a Padova, donde se encuentran en la iglesia de Santa Justina y otras fueron enviadas posteriormente a Trier, la ciudad más antigua de la actual Alemania. Durante la restauración de una iglesia, las reliquias fueron descubiertas en el siglo XII y trasladadas a una abadía benedictina que tomó su nombre. Sin embargo, otros documentos afirman que sus reliquias se encuentran en Georgia, sepultadas bajo un castillo en la misma región donde habría sido crucificado. Esta afirmación tiene su justificación en que por “Etiopía”, que es donde predicó más intensamente, algunos investigadores identifican a la región oriental de Georgia.


Himnología, sus símbolos y festividad


En el Oriente cristiano hay un tropario dedicado a San Matías: «Santo apóstol Matías, ruega a Dios misericordioso para que conceda a nuestras almas el perdón de nuestros pecados”. Sus símbolos son la lanza, la espada, el hacha, la sierra, la cimitarra, el libro y una cruz. Como he dicho es el patrón de los carniceros y carpinteros.


En el Oriente cristiano se le conmemora solo el día 9 de agosto y junto al resto de los apóstoles, el día 30 de junio. 


Mitrut Popoiu



Fuente: preguntasantoral

Adaptación propia

08/08 - Los Santos Mártires Eleuterio y Leónides

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Los Santos Eleuterio y Leónides sufrieron el martirio por el fuego. Su Sinaxis se celebra en Santa Irene en Justiniana.

08/08 - Nuestro Santo Padre Mirón el Taumaturgo, Obispo de Creta


San Mirón nació alrededor del año 250 en la ciudad de Raico en Creta, cerca de Cnoso (hoy el pueblo se llama San Mirón en honor al Santo). Desde su juventud se distinguió por su celo y su fe en Dios. También realizaba milagros desde temprana edad. Según la tradición, una vez que distribuyó las uvas del viñedo de sus padres entre los pobres. Su madre notó que aunque trabajaron duro todo el año en la viña, no había uvas para hacer su vino. Mirón le dijo a su madre: "Dios también ha guardado algunas para nosotros, madre". 


Fue al viñedo y encontró solo un racimo con tres uvas. Llevándolo a casa lo colocó en una taza. Inmediatamente comenzaron a expandirse,  produciendo suficientes como para distribuir a todo el pueblo. 


Se casó y trabajó como agricultor. Era conocido por su bondad y generosidad, y ayudaba a todos los que acudían a él en busca de ayuda. Una vez, doce ladrones irrumpieron mientras trillaba, y el propio Mirón les ayudó a levantar sacos de grano que le estaban robando sobre sus hombros. Cuando terminó de ayudarles, dijo: "Dios os perdone. Este es mi consejo: idos, pero no volváis a robar". Por su generosidad, el Santo avergonzó tanto a los ladrones, que en el futuro comenzaron a llevar vidas dignas y honorables.


Poco después de su matrimonio, su esposa murió. Por profundo respeto por el Santo y su vida virtuosa, el pueblo cretense lo instó a aceptar la ordenación sacerdotal en su ciudad natal, y después de la persecución contra los cristianos, lo eligieron para ser obispo en Creta, aunque no está claro si él era específicamente el obispo de Gortina (según los manuscritos más antiguos) o el obispo de Cnoso (según los manuscritos posteriores). Lo más probable es que fuera obispo de Gortynos y, por lo tanto, de toda Creta.


La tradición posterior que lo convierte en obispo de Cnoso probablemente se deba al hecho de que durante los últimos tiempos bizantinos la Diócesis de Cnoso fue transferida a Raikos.


Gobernando sabiamente su rebaño, el obispo Mirón recibió del Señor el don de realizar milagros. Cuando hubo una inundación en el río Tritón, el Santo detuvo su caudal y siguió su camino como por tierra firme, y luego envió a uno de sus diáconos de regreso al río con su personal para ordenarle que reanudara su curso.


San Mirón durmió en el Señor a la edad de 100 años, alrededor del año 350. 


El 12 de mayo de 2014 fue un día importante para la Ortodoxia en Creta y el pueblo de San Mirón en Heraclio. En este día se descubrieron alrededor de 200 partes de las reliquias de San Mirón el Milagroso, en la iglesia que lleva su nombre, en el pueblo que lleva su nombre.


La exhumación tuvo lugar en presencia del Arzobispo Ireneo de Creta y por decisión del Consejo Eclesiástico, después de que los fieles y los sacerdotes informaron sobre sueños y signos que indicaban la ubicación de las reliquias y la voluntad del Santo.


En la exhumación, se retiró la baldosa de mármol y los presentes veneraron las reliquias sagradas. Se informó que San Mirón apareció en los sueños de las personas y les pidió que lo sacaran de su tumba. La vida y los hechos de San Mirón están inexplicablemente vinculados con la antigua ciudad patria del Santo, que en su honor más tarde se llamó San Mirón ("Agios Myronas").


La dormición del Santo data de alrededor del año 350 d.C.


"Aquí, durante el año pasado, San Mirón pedía que lo sacaran de su tumba. Los habitantes del lugar vieron al Santo en sus sueños, pero el párroco de alrededor de 1860, el Padre Emmanuel Papadakis, había logrado reunir las reliquias del Santo en un lugar dentro de la tumba. Los aldeanos nos informaron, y cuando llegamos a creer que esto no era una ilusión, informamos al Arzobispo de Creta, quien dio su permiso, lo cual fue confirmado por el Consejo Eclesiástico. "Estábamos muy ansiosos ", dijo el párroco de la Santa Iglesia de San Mirón, el Padre Nicholas Kritsotakes, a Creta TV.



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com

08/08 - Emiliano el Confesor y Obispo de Cícico


Nuestro Santo Padre Emiliano sirvió como obispo de Cícico, durante los años 787-815 d.C., sucediendo en el trono episcopal al Metropolita Nicolás. En estos años tuvo lugar también el reinado del emperador iconoclasta León el Armenio (813-820).


Inicialmente Emiliano sirvió como monje en el Monasterio que San Tarasio, Patriarca de Constantinopla, construyó en el Bósforo. Allí sobresalió en las obras de virtud.


Fue convocado junto con otros obispos a la corte del emperador, quien instó insistentemente a los obispos a abstenerse de venerar los iconos sagrados.


El obispo Emiliano fue el primero en decirle firmemente al emperador que la cuestión de la veneración de los iconos sagrados debe ser discutida y decidida solo dentro de la Iglesia por sus líderes espirituales, y no en la corte imperial.


Emiliano, gran defensor de la ortodoxia,  luchó con toda la fuerza que Dios le había dado por la defensa de la veneración de los sagrados iconos, habló muy afectuosamente al respecto y fortaleció a los fieles para soportar con paciencia y progreso espiritual las perversas persecuciones.


El Apóstol Pablo queriendo resaltar la gran importancia de la confesión de nuestra fe en Cristo, dijo: "Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro". (Epístola de San Pablo a los Hebreos, 4:14).


Cabe señalar que en el Sínodo convocado en 815, el Emperador León V invitó a San Emiliano para dar explicaciones sobre el culto a los iconos sagrados, lo que le dio la oportunidad de confesar con valentía la grandeza de la verdadera y correcta Fe cristiana. 


Predicó con ferviente entusiasmo misionero, apoyando y enseñando la correcta fe a los cristianos de su región, y protegiéndoles de las enseñanzas heréticas. Se destacó en el culto honorario de los iconos sagrados y fue pionero en su restauración. 


Puesto que no quería someterse a los decretos del emperador con relación a la eliminación de los iconos en las iglesias, Emiliano y otros obispos ortodoxos fueron desterrados al exilio. 


Pasó cinco años en el exilio, sufriendo muchas penas y humillación por Cristo, donde recibió por su confesión una corona inmarcesible.


Emiliano murió en el año 820, y tomó posesión de su morada entre los ciudadanos del cielo.


El Oficio dedicado a él fue concluido y publicado en 1876 por el metropolita de Cícico Nicodemo.



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com

Adaptación propia

07/08 - San Sozonte de Nicomedia

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Fue arrojado al fuego y milagrosamente, por la gracia divina, salió ileso. Luego falleció en paz.

07/08 - La Justa Mártir Potamia la Taumaturga

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De Santa Potamia solo se sabe que sufrió el martirio por la espada.