jueves, 31 de diciembre de 2020

01/01 - Basilio el Grande, Arzobispo de Cesarea en Capadocia


El epíteto “el Grande” añadido al nombre de San Basilio, arzobispo de Cesarea, se le dio muy pronto por su importancia en la historia y desarrollo de la Iglesia. Junto con San Atanasio de Alejandría, el héroe del primer concilio ecuménico, San Basilio está considerado como “pilar de la Iglesia” por su teología, aunque murió antes del inicio del segundo Concilio. Fue no sólo un teólogo, sino también un asceta y un gran amante de los que sufren: ancianos, viudas, huérfanos, enfermos, pobres. Para todos ellos organizó un impresionante sistema de cuidados sociales.


Vida


Basilio procedía de una familia rica y respetada de Cesarea, ciudad de Capadocia, que tenía una considerable fortuna y tierras en el Ponto. Durante la persecución de Maximino Daia, su abuelo y su esposa, Macrina la Anciana, huyeron a los bosques pónticos durante siete años (en torno a 306-313). Los únicos hijos que alcanzaron la vida adulta fueron Basilio, posteriormente obispo en Capadocia (tío de San Basilio), y Gregorio, padre de San Basilio, que se convirtió en abogado y profesor de derecho. Se casó con Emelia, oriunda de Capadocia, una huérfana hija de un mártir y una piadosa esposa cristiana. Tuvieron diez hijos, cinco chicos y cinco chicas. La mayor de los hermanos era Macrina (llamada como su abuela) que se encargó de educar a toda la familia. Un hermano llamado Naucracio se hizo ermitaño y murió en torno a los 27 años de edad. Los hermanos más famosos son Gregorio, posteriormente obispo en Nisa; y Pedro, obispo en Sebaste tras la muerte de San Basilio.


Basilio fue el tercer hijo de la familia, nacido en 329 ó 330. La mayor parte de su infancia la pasó con su abuela Macrina, alumna de San Gregorio el Taumaturgo, de modo que es obvio que recibió una educación cristiana. Pero su padre quería que fuese abogado, así que estudió en las mejores escuelas de Cesarea, Constantinopla y Atenas, y tuvo entre sus profesores al gran retor y filósofo Libanio, y entre sus compañeros, su amigo San Gregorio Nacianceno, pero también el futuro emperador Juliano el Apóstata. Durante su estancia en Atenas (desde 350) se sabe que Basilio y Gregorio sólo conocían dos caminos -el de la iglesia y el de la escuela- y que eran como una sola alma en dos cuerpos, practicando las virtudes cristianas y aprendiendo al más alto nivel (Oratio 43, capítulo 19-21). Las materias que estudiaron durante cuatro o cinco años fueron astronomía, geometría, gramática, dialéctica, historia y medicina.


En 355 o 356 Basilio abandonó Atenas. De vuelta en casa, supo que su abuela y su padre habían muerto. Su hermana mayor, Macrina (la Joven) asumió el liderazgo de la casa, mientras Basilio empezaba a practicar oratoria en Cesarea. Ciertamente, bajo la influencia de su hermana, Basilio sintió una creciente incomodidad con el mundo, de modo que decidieron consagrarse enteramente a una vida de renuncia monástica y ascetismo. En cualquier caso, Basilio no recibió el bautismo hasta el año 357, de manos del obispo Dianio de Cesarea. Poco después, Basilio visitaba los monasterios de Oriente y Egipto para conocer a los famosos monjes, como escribió a Eustacio de Sebaste (Epistula 223, capítulo 2). De vuelta a casa, renunció a su patrimonio en beneficio de los pobres y se estableció en soledad junto a su familia, que también vivía una dura vida ascética, en su granja del río Iris, cerca de Neocesarea. De hecho, se organizaron como dos monasterios gemelos. En la orilla contraria del río, en Annesi, Macrina había fundado un monasterio donde vivía junto con su madre Emelia. Sus vidas consistían en la lectura de las Escrituras, la oración y el trabajo en el campo.


Basilio conoció al obispo Eustacio de Sebaste, que había fundado un movimiento ascético muy duro que favorecía el modo de vida anacoreta (solitario). Pero San Basilio entendía el monasticismo como vida en común (cenobítica), que es superior porque es más útil y más segura para la salvación personal (Oratio 43, capítulo 62, ver también Sozomeno, Historia Ecclesiastica 4,12). San Gregorio Nacianceno visitó Annesi en torno a 358 y describió el lugar como de una bella soledad. En la atmósfera monástica de Annesi, Basilio y Gregorio compusieron la antología de los trabajos de Orígenes conocidos como “Philokalia” (Gregorio, Epistula 115; Sócrates, Hist. Eccl 4, 24), un importante trabajo para el desarrollo de la terminología teológica posterior.


Es posible que Dianio lo ordenara como lector o incluso diácono antes de su retiro en el Ponto. En cualquier caso Basilio ya era diácono en 360 y tomó parte en las disputas dogmáticas entre los “homoiusianos” (que creían que Cristo era como Dios –homoios– pero no Dios; entre los cuales estaba Basilio de Ancira y Eustacio de Sebaste) y los eunomianos o anomoeanos (extremistas arrianos), pero él apoyó decididamente la posición de Nicea (la “homousiana”). Tras la muerte de Dianio (362), los obispos vecinos eligieron, bajo la presión política del público, a Eusebio como obispo, aunque éste era un laico y no tenía conocimientos teológicos. De modo que buscó un buen teólogo que lo apoyara en la administración de su diócesis y encontró a Basilio, a quien consagró como sacerdote.


En este período, Juliano el Apóstata pidió un gran tributo a cambio de la libertad cristiana. Basilio lo rechazó, y las amenazas del emperador no fueron llevadas a cabo porque murió en 363, en una batalla contra los persas. Poco después, la ciudad se dividió entre los partidarios del obispo y sus oponentes, y en este contexto, Basilio abandonó la ciudad y regresó a su monasterio del Ponto. Pero poco después, debido a que el emperador Valente (364-375) intentó imponer un obispo arriano en Cesarea, Basilio aceptó la petición de Gregorio Nacianceno y regresó a la ciudad, se reconcilió con el obispo y fue, de facto, el líder de la iglesia de Cesarea hasta la muerte de Eusebio (370). Los magistrados imperiales y otras personalidades no querían a Basilio de obispo. El voto decisivo fue dado por el nonagenario Gregorio el Anciano, el padre de Gregorio Nacianceno, que acudió personalmente a la elección y le dio la consagración.


Basilio tenía 40 años de edad cuando se convirtió en arzobispo, teniendo en torno a 50 obispos sufragáneos en Capadocia. Intentó reconciliar las diferentes facciones en la ciudad, pero entraba en gran conflicto con Valente, protector de los arrianos, que llegó a la ciudad en 371 e intentó exiliar al Santo. Aparentemente porque Basilio sanó a la hija enferma del emperador (Oratio 43, capítulo 37), el emperador cambió de estrategia. Dividió la provincia de Capadocia para debilitar la influencia de Basilio y la fuerza de Nicea. En cambio, los capadocios crearon nuevas diócesis y ordenaron nuevos obispos.


Basilio mantuvo correspondencia con los obispos occidentales y trató de restaurar mejores relaciones entre Oriente, dominado por los arrianos, y Occidente, dominado por los niceos. Intentó acabar con el cisma antioqueno y reconciliar el obispo Melecio con el papa Dámaso, que apoyaba al contra-obispo Paulino, pero sin éxito. En los asuntos internos, Basilio intentó mejorar la educación espiritual e intelectual de los obispos y sacerdotes, prohibió a los obispos sufragáneos la ordenación a cambio de dinero bajo pena de excomunión, insistió en la impecable transformación de los sacerdotes y se declaró en contra de la presencia de mujeres en el servicio doméstico en las casas de los clérigos, para eliminar sospechas morales. Envió numerosas cartas pastorales a obispos y sacerdotes, con consejos acerca de diferentes problemas pastorales.


San Basilio es también conocido como el “padre de los pobres” a raíz de la creación del famoso Basilias, construido primero como una casa y posteriormente como una “nueva ciudad” a las puertas de Cesarea, donde los enfermos, los pobres, los extranjeros, los ancianos y todos aquellos incapacitados para trabajar eran ayudados a llevar una vida digna. Este centro humanitario tenía una gran catedral, una casa para el obispo, otros apartamentos para los sacerdotes, monjes, doctores, enfermeras; hospicios para peregrinos, hospitales, establos, graneros y talleres donde diferentes artesanos acudían a ayudar.


San Basilio sirvió como arzobispo sólo durante nueve años. Las tensiones con la política imperial acabaron cuando Valente murió en agosto de 378 y Teodosio se convirtió en emperador y ofreció libertad eclesiástica a los nicenos. Seguramente con ayuda de Basilio, Gregorio Nacianceno se convirtió en obispo en Constantinopla. Poco después de este nombramiento, Basilio se sintió muy enfermo y murió el 1 de enero de 379.


Los escritos de San Basilio


Los trabajos de San Basilio tienen una función teológica muy importante en el desarrollo de la fe cristiana, tanto en teología moral como en dogmática, pero también en la praxis ascética y litúrgica de la Iglesia.


Escritos dogmáticos:


– Contra Eunomio en 3 libros (Migne, Patrologia Graeca 29, cols. 497-670), una respuesta a una apología arriana escrita por Eunomio en 361. La réplica, concebida en 364, defiende la divinidad del Hijo de Dios, que ha nacido del Padre, el No Nacido, y que es consustancial con Él (μοούσιος). En el tercer libro Basilio defiende la consustancialidad del Espíritu Santo. Para este tema escribió un libro especial, siendo éste:

– De Spiritu Sancto, en 375 (Migne, PG 32, cols. 67-218).


Escritos ascéticos:


– Ascetica ( ̓Ασκητικά, Migne, PG 36, cols. 619-1428) compuesta en tres partes: Moralia (θικά), una guía para la vida cristiana en ochenta reglas de costumbres, y dos reglas monásticas: las 55 Grandes Reglas (AsketikonMayor) y las 313 Pequeñas Reglas (Asketikon Menor), en forma de preguntas y respuestas. Ambas reglas monásticas tienen gran importancia hasta el día de hoy en los monasterios cenobíticos de la cristiandad oriental. Gregorio Nacianceno atestiguó que Basilio escribió y usó estas reglas durante su retiro a las orillas del río Iris, para la vida de la comunidad monástica basiliana y como contrapunto a las reglas anacoretas de Eustacio. Basilio nunca usa el término de “monachos” para definir al monje, prefiere el uso del nombre “hermano”, para hacer referencia al monje”.


Escritos litúrgicos: 


– La Liturgia de San Basilio (Migne, PG 21, cols. 1629-1656) que se celebra 19 veces al año.

– Los exorcismos de San Basilio, oraciones leídas al final de la Liturgia del 1 de enero, en todas las Iglesias Ortodoxas.

– Diferentes oraciones usadas en la vida cristiana diaria (como son las oraciones matutinas, las oraciones eucarísticas de antes y después de la Santa Comunión, etc.)


Escritos homiléticos y cartas


– Comentarios bíblicos a diferentes libros: el más común es su comentarios a los Seis Días de la Creación (Hexaemeron), pero también otros, como trabajos exegéticos de los Salmos, Isaías, Job, los 24 sermones, las 366 cartas con propósito dogmáticos, apologético o pastoral.


Veneración:


Su conmemoración comenzó casi inmediatamente después de su muerte, de modo que el día 1 de enero se convirtió en la fiesta del Santo en Oriente.


Las Iglesias Bizantinas tienen otra fiesta para los Tres Pilares de la Iglesia: Basilio, Gregorio Nacianceno y Juan Crisóstomo, el 30 de enero. Esta celebración se relaciona, tradicionalmente, con una dispuesta en torno a “cuál de los tres es el más grande”. San Juan Mauropoulos, obispo de Euhatiae, tuvo una visión en 1084 en la cual los tres jerarcas le comunicaron su total igualdad en el Reino de Dios. Desde entonces, Basilio, Gregorio y Juan son conmemorados conjuntamente y de hecho se les considera patrones de las escuelas teológicas.


Hay numerosas reliquias de San Basilio a lo largo y ancho del mundo. Una de las más importantes es su cabeza, que se preserva hoy en día en el monasterio de la Gran Laura del Monte Athos, en Grecia. Se dice que la mítica espada Durandal contiene algo de sangre de Basilio.


Troparion (himno) de San Basilio


Tu proclamación se ha extendido por toda la tierra, que fue divinamente instruida al oír tu voz, exponiendo la naturaleza de todas las criaturas, ennobleciendo las costumbres de los hombres. ¡Oh santo padre de sacerdocio real, suplica a Cristo Dios que nuestras almas se salven!


Mitrut Popoiu



Fuente: Preguntasantoral

01/01 - Circuncisión según la carne de nuestro Señor y Salvador Jesucristo


El objetivo de la práctica de la circuncisión era pedagógico, dado que tenía como receptores a todos aquellos que eran idólatras y hebreos, estaban interesados en la nueva religión y se adherían a ella. De una de esas costumbres nos habla hoy el evangelista Lucas: El niño recién nacido, ocho días después de su nacimiento, fue sometido al procedimiento de la circuncisión, tomando el nombre Jesús. Este es el acontecimiento que festeja nuestra Iglesia el primer día de cada año. En las lecturas y en los cánticos del día se exalta la humildad de Cristo, que no sólo aceptó nacer como un ser humano sino además, someterse a todas las costumbres sociales.

En correspondencia al ejemplo de Cristo, la Iglesia estableció como el tiempo de dar nombre a los recién nacidos el octavo día del nacimiento. Contrariamente, la mayoría de la gente ha sabido que el nombre se da en el bautismo. Se trata de un malentendido. En el bautismo se repite el nombre que se ha dado al octavo día del nacimiento del niño. No obstante, dado que no se cumple generalmente el ritual de dar el nombre al octavo día, éste se anuncia por primera vez en el bautismo. De esta forma el bautismo se relacionó con la dación de nombre. Sería bueno que volviera la práctica eclesiástica de dar el nombre al recién nacido, como prevé la tradición litúrgica, mucho más porque se realiza en virtud del ejemplo de Cristo, tal como nos informa la lectura evangélica de hoy.

El primer nombre que recibe el ser humano con la bendición de la imposición de nombre, es el nombre de Cristo. El cristiano como partícipe del nombre de Cristo, es llamado a adoptar también las demás características de Cristo. Sólo con este presupuesto puede llevar dignamente, sin hipocresía, el nombre de Cristo: cristiano.

En la biografía de San Crescente (15 de abril) se lee un breve diálogo entre el santo y el gobernador de la zona. Interrogado el santo por el gobernador para que manifieste cuál es su nombre y su patria, éste contestó repetidamente que es cristiano. Quien dice ser cristiano, refiere san Juan Crisóstomo, declara con ello todo, su patria, su nombre y su profesión. La dignificación del nombre del cristiano exige la transfiguración de la persona que lo lleva. Para que ello se haga realidad es preciso que el cristiano camine por el camino de la humildad que recorrió Cristo.

En la bendición de la imposición del nombre al octavo día, el niño es llamado por primera vez con nombre personal. Es el nombre que elijen los padres. Este nombre lleva el ser humano a lo largo de toda su vida y con este nombre ingresará finalmente al reino esperado. La Iglesia considera al niño recién nacido, de sólo ocho días, como un ser humano realizado. El nombre le da una la identidad como persona, reafirma su unicidad y reconoce el don divino de su personalidad irrepetible. Con este acto la Iglesia señala el fin último del ser humano, que no es de venir a este mundo, sino para ganar el reino de los cielos. Es por eso que la vida presente tiene el carácter del estadio que es el puente para llegar a destino.

El objetivo del ser humano no es quedarse en el puente, sino llegar al final al que éste conduce. Dado que los santos lograron este objetivo, predominó la costumbre que los padres cristianos dieran a sus hijos los nombres de santos. Los santos, como miembros del cuerpo de Cristo, revelan a Cristo mismo y hacen perceptible su presencia en la historia. La mención del nombre de un santo remite a su virtud y ésta a su turno remite a la virtud de Cristo. El nombre de un santo conduce a la comunión del santo con la persona que lleva su nombre. Los santos vivieron en el mundo para el nombre de Dios y sometieron su voluntad a la voluntad divina. Así, el deber de los padres cristianos es elegir nombres cristianos para sus hijos y de no dejarse llevar por costumbre mundanas.


Fuente: Parroquia de los Santos Andrés y Nicolás (Patriarcado de Serbia)

31/12 - Melania la Joven, Monja de Roma


Santa Melania de Roma, también conocida como Melania «la Joven» (o la «Menor») es una de las primeras monjas santas y es conmemorada hoy, el último día del calendario. Ella se llama «de Roma» porque nació en Roma en el año 383, pero murió en Jerusalén en el 439. Su nombre como «la más joven” es para distinguirla de su abuela paterna, Melania la Mayor o la Anciana, que también fue monja y fundadora de un monasterio.


Melania la Anciana


Pero antes de hablar de Santa Melania la Joven, que hoy celebramos, permitidme con muy pocas palabras presentar a su abuela, una santa muy importante para toda la ascesis cristiana. Santa Melania la Anciana o la Grande (325-410) fue una Madre del Desierto que tuvo una gran influencia entre los monjes más famosos del siglo IV.


Había nacido en Hispania, en el seno de una familia rica y se casó a los catorce años con un hombre llamado Valerio Máximo Basilio, con quien vivía cerca de Roma. Poco tiempo después, al quedar viuda y perder también a dos de sus tres hijos cuando solo tenía veintidós años, Melania se marchó a Roma con el hijo que le quedaba, Valerio Publícola (el padre de la futura Melania la Joven). Allí vivió una vida piadosa en una casa organizada casi como un monasterio, pero pasado un tiempo, decidió irse a Alejandría, con el fin de complacer a los famosos ascetas del desierto. Probablemente conoció a algunos otros padres del desierto egipcio, pero es seguro que conoció a Abba Macario, a San Agustín y a San Paulino de Nola (su primo carnal o legal), que nos ofrece en una de sus cartas, una descripción de su visita a Nola.


Después de la muerte del obispo Atanasio en el año 373, comenzó una persecución contra los monjes y muchos de ellos fueron exiliados a Palestina. Melania se marchó con ellos para ayudarlos, visitándolos de noche en la cárcel, disfrazada de esclava con una capucha. Después de la persecución, Melania fue a Jerusalén, donde fundó un monasterio en el Monte de los Olivos, junto con Tyrannius Rufino, viviendo allí una vida ascética muy dura. Entre otros, se encontró allí con San Jerónimo, pero también con Evagrio Póntico, un monje que se había marchado de Constantinopla después de tener una historia de amor prohibido, y que más tarde, ante la insistencia de Melania, fue a Egipto y vivió una vida ascética en el desierto de Kellia. Debido a su participación como pro-Origenista en la controversia sobre Orígenes en la década del 390, San Jerónimo escribió muy bruscamente sobre ella, burlándose de su nombre y la llamó «negra de nombre y de naturaleza negra”, ya que Melania significa “negro” en griego.


Posteriormente, Melania se marchó a Roma para ver a su hijo, que se había casado con Caeionia Albina y que tenía una hija, también llamada Melania (la Joven). Después de esto, la anciana monja volvió a Palestina en el año 404 y murió en el año 410 en Jerusalén, siendo considerada como una santa cuya conmemoración se celebra el 8 de junio.


Melania la Joven


Valerio Publícola, hijo de Melania la Anciana, se quedó en Roma cuando marchó su madre al desierto, siendo cuidado por unos parientes ricos y casándose más tarde con Caeionia Albina, como hemos dicho antes. Juntos tuvieron una hija llamada Melania, por su abuela. Melania la Joven estuvo casada por la fuerza ante la insistencia de sus padres, pues era la única heredera de su fortuna. Su matrimonio fue un matrimonio formal y se efectuó con un primo paterno de diecisiete años, llamado Valerio Piniano, teniendo ella sólo trece años de edad. A pesar de su deseo de llevar una vida ascética, tuvieron dos hijos, varón y hembra, que murieron muy pronto. Su propia vida quedó en peligro después del segundo nacimiento y en este momento Melania y su esposo juraron vivir en adelante como hermanos.


Se marcharon de Roma, dieron sus riquezas a los pobres y vivían en un pueblo como ascetas. Entonces tenían veinticuatro y veinte años de edad respectivamente. Aun así, lo que todavía tenían, les fue arrebatado por la fuerza por parte de Severiano, hermano de Valerio Piniano, porque existía una ley que no les permitía gastar sus riquezas sin el consentimiento de los familiares mayores. La emperatriz Verena oyó hablar de esta injusticia y solicitó a Melania que se presentara ante ella en palacio. Aunque según la tradición, a ninguna mujer se le permitía entrar en el palacio de la emperatriz con la cabeza cubierta, Melania lo hizo, mostrando así su vida ascética. La emperatriz, admirada, dio la orden de dejar que ellos hicieran lo que quisieran con sus propiedades. Así que vendieron todo lo que les quedaba, lo dieron a los pobres no sólo en Roma, sino enviando parte a algunos países del este.


Melania y Piniano salieron de Roma en el año 408, viviendo una vida monástica cerca de Mesina (Sicilia) durante dos años. En el 410, viajaron a África, donde se hicieron amigos de San Agustín de Hipona y se dedicaron a llevar una vida de piedad y a hacer obras de caridad. Juntos fundaron un convento en el que Melania llegó a ser superiora encargándose Piniano de los monjes en el claustro.


En el año 417 Melania y su esposo viajaron a Palestina, donde visitaron, entre otros, el Santo Sepulcro de Jerusalén. Después, oyendo hablar acerca de la vida ascética de los Padres del desierto en Egipto, Melania se fue a Alejandría, con el fin de visitar a algunos de ellos y aprender más acerca de esa santa vida. Hay una historia en un famoso libro asceta que contiene los dichos de los Padres (Apophthegmata Patrum) en el que San Arsenio de Roma es presentado como que fue visitado por una rica mujer romana, que en mi opinión, no pudo ser nadie más que Melania. Arsenio se negó a aceptar la visita, pero ella insistió en solicitarla acudiendo a la autoridad del patriarca Teófilo. Finalmente: «Cuando ella había llegado a la celda del anciano, por una dispensa de Dios, este estaba fuera de ella. Al verlo, se echó a sus pies. Indignado, la levantó de nuevo y dijo, mirándola fijamente, «Si tienes que ver mi rostro, aquí está, mira”. Ella se cubrió de vergüenza y no le miró a la cara. Entonces el anciano le dijo: «¿No habéis oído hablar de mi estilo de vida? Tendría que ser respetado. ¿Cómo te atreves a hacer un viaje así? ¿No te das cuenta de que eres una mujer y no puedes ir a ninguna parte? ¿O es para que cuando regreses a Roma puedas decir a las otras mujeres: ¿He visto a Arsenio? Ella dijo: «Con la venia del Señor, no voy a dejar que nadie venga aquí, pero ora por mí y acuérdate de mí siempre”. Pero él le respondió: «Yo ruego a Dios que quite vuestro recuerdo de mi corazón.» Ella, al oír estas palabras, se retiró” (Arsenius 28).


Melania visitó también a algunos otros Padres, pero muchos de ellos se negaron a realizarle ofrendas. De todos modos ella regresó con un curioso regalo de Abba Macario el Grande. Después de esta historia, que es contada de forma independiente por tres autores diferentes (Paladio, Timoteo de Alejandría y la autora anónima de la Patrum Apophthegmata), Abba Macario fue visitado por una hiena quien trató de convencerlo de que fuera a su cueva. Macario fue allí, donde vio a los hijos ciegos del animal salvaje, a los que curó mediante la oración. Al segundo día, la hiena se le acercó con una piel de lana de un carnero u oveja. Esta piel fue utilizada por Melania, durante los fríos inviernos, hasta su muerte.


Melania regresó a Palestina para vivir en la ermita de su abuela, Melania la Mayor, cerca del Monte de los Olivos. Allí recibió la visita de su ex marido y de su madre, pero sólo una vez a la semana, porque ella decidió vivir aislada. Después de un tiempo su madre, Albina, murió, y pronto también murió Piniano (año 420). Melania construyó entonces un claustro para los hombres y una iglesia, donde pasó el resto de su vida.


En el año 436 se fue a Constantinopla, después de recibir una carta de su tío Volusiano, que estaba enfermo y quería verla, y en ese viaje ella convenció a su tío para que se bautizara. Se reunió allí con la emperatriz Eudoxia, quien más tarde visitó Jerusalén en el año 437 y, aconsejada por Melania, hizo algunas donaciones importantes para las diferentes iglesias de Palestina. Sus últimos años estuvieron dedicados a la apostólica misión de consejera, aunque también a curar milagrosamente a diferentes tipos de enfermos.


Durante las fiestas de la Natividad, en el año 439, Melania supo que su muerte ocurriría pronto. Participó en la Santa Liturgia de la Navidad, se reunió con sus amigos más cercanos y les dio los últimos consejos, muriendo el 31 de diciembre de ese mismo año. Es en este día cuando se conmemora en las Iglesias de Oriente y Occidente. Su monasterio resistió hasta en año 614, cuando fue destruido por los persas.


La veneración de Santa Melania y sus reliquias


La vida de Santa Melania fue escrita en griego por un monje llamado Geroncio. Existen algunas otras, más cortas, en la “Historia Lausiaca” de Paladio y en la obras de Pedro el Ibero. La tumba de Santa Melania está situada en el monasterio de Megale Panagia en Jerusalén. Este lugar sagrado es especial por el hecho de que la puerta del monasterio es muy pequeña. Sus reliquias se encuentran en el lugar donde se supone que estaba su celda de piedra, de hecho, en una estrecha cueva. Junto a las reliquias se guardan allí sus cadenas, que llevaba debajo de sus vestidos.


Troparion (himno) de Santa Melania de Roma


La imagen de Dios se ha conservado verdaderamente en ti, oh Madre, que tomaste la cruz y seguiste a Cristo. Al hacer esto, nos has enseñado a hacer caso omiso de la carne, ya que fallece, y a cuidar del alma, que es inmortal. Por lo tanto tu espíritu, oh santa Madre Melania, se regocija con los ángeles.


Mitrut Popoiu




Fuente: preguntasantoral

martes, 29 de diciembre de 2020

30/12 - Anisia la Partenomártir de Tesalónica


Esta Santa, originaria de Tesalónica, era hija de padres piadosos y ricos; tras la muerte de estos, Anisia pasó su vida en virginidad, sirviendo a Dios mediante buenas obras.

Un día, mientras se dirigía a la iglesia, un soldado pagano se acercó a Anisia y le pidió que lo acompañara al templo de los ídolos, pero ella rehusó. Cuando el soldado empezó a empujarla para lograr su propósito, Anisia le escupió en la cara y confesó a Cristo. Lleno de ira, el soldado le clavó su espada en un costado y la mató. Todo esto ocurrió en el año 299, durante el reinado de Maximiano.

Nota: Dado que la Apódosis de la fiesta de la Natividad es el 31 de diciembre, los himnos de Santa Melania la Joven se transfieren a este día.

lunes, 28 de diciembre de 2020

29/12 - Nuestro Justo Padre Marcelo, Abad del Monasterio de los Acemetas


San Marcelo, que procedía de la ciudad de Apamea en Siria, nació de padres ilustres. Adornado de virtud y sabiduría, sucedió a San Alejandro como abad del Monasterio de los Acemetas hacia el año 460.


Este monasterio recibía dicho nombre porque sus monjes estaban divididos en tres grupos que se turnaban en la celebración de los Oficios divinos día y noche, dando alabanza a Dios incesantemente y sin interrupción. El autor de esta práctica fue el susodicho Alejandro.


Como escribió el biógrafo de ambos Santos: «Después se estableció un venerable monasterio cerca de la boca del Ponto -o sea, en el lugar donde el Mar Negro entra en el Bósforo- y (Alejandro) introdujo una regla que, a pesar su novedad, era superior a cualquier otra: el ofrecimiento incesante de la himnodia a Dios a través de turnos de servicio para alcanzar la continua glorificación de nuestro Maestro».

29/12 - Los 14.000 niños (Santos Inocentes) asesinados por Herodes en Belén


El Herodes al que se hace referencia aquí es el mismo que reinaba en la época de la Natividad de Cristo.

En aquellos días, ciertos Magos, hombres sabios y nobles -quizás incluso reyes-, partieron del Oriente y llegaron a Jerusalén buscando al Rey de los Judíos que había nacido, y aseguraron que en la tierra de la que procedían había aparecido doce días antes una inusual y extraña estrella que, según un antiguo oráculo (Núm 24,17), significaba el nacimiento de un gran rey de los judíos. «Hemos visto la estrella -dijeron- y venimos a adorarlo» (Mt 2,2). Al oír esto, Herodes se turbó, y con él la ciudad entera.

Inquiriendo y siendo informado por los sumos sacerdotes y los escribas del pueblo de que, según las profecías, Cristo había de nacer en Belén, Herodes envió a los Magos a esa población y les ordenó que, cuando hubieran encontrado al Niño, se lo indicaran para que también él pudiera ir a adorarlo. Pero estos, después de su adoración, se marcharon por otro camino por mandamiento divino. Herodes se enfureció por ello y envió a hombres a que mataran a todos los niños de Belén y las zonas circundantes de dos años para abajo, pensando que así se desharía ciertamente del Rey que había nacido. Sin embargo, este hombre vano que luchaba contra Dios se vio burlado, puesto que el Niño Jesús, con María su Madre, bajo la protección de José el Desposado huyó a Egipto por mandato de un Ángel.

En cuanto a los niños inocentes, se convirtieron en los primeros Mártires asesinados por Cristo. Pero su sangriento ejecutor, el perseguidor de Cristo, contrajo hidropesía poco tiempo después y sus miembros se pudrieron y fueron devorados por los gusanos, acabando su vida de una manera misérrima.

28/12 - Los 20.000 Mártires quemados en Nicomedia


Todos estos Santos, unos 20.000, fueron quemados vivos en el año 303, mientras estaban reunidos en la Iglesia. Esto ocurrió durante el reinado de Diocleciano y Maximiano. Según el Sinaxario, fue en el día de la Natividad de Cristo.


Eusebio (‘Hist. Ecl.’ 8,6) dice que todos los cristianos que entonces vivían en Nicomedia fueron asesinados por decreto imperial (algunos por la espada, y otros mediante el fuego) y que, debido a su divino e inexpresable celo, tanto hombres como mujeres se arrojaban al fuego. Además de a los asesinados en la Iglesia, hoy también se conmemora a los siguientes Santos, que fueron martirizados en la misma persecución: Indo, Gorgonio y Pedro (los tres arrojados al mar); Glicerio el Presbítero y Mardonio (ambos quemados); Doroteo el Prefecto y Zenón (ambos decapitados); Teófilo el Diácono (lapidado); Migdonio (enterrado vivo); y Domna, que había sido sacerdotisa de los ídolos, creyó en Cristo y fue bautizada (decapitada y arrojada al fuego).


Ver también la historia de San Antimo el 3 de septiembre.

sábado, 26 de diciembre de 2020

Domingo después de Navidad (o 26/12) - José el Desposado, David el Rey y Profeta y Santiago el Adelfoteo


El domingo que cae entre el 25 y el 31 de diciembre (o el día 26 de diciembre si el 25 cae en domingo), hacemos conmemoración de San José, el Desposado de la Virgen; David, el Profeta y Rey; y Santiago el Adelfoteo.


San José (cuyo nombre significa «el que aumenta») era hijo de Jacob y yerno (y, por tanto, como hijo) de Helí (también llamado Eliacín o Joaquín), padre de María la Virgen (Mt 1,16, Lc 3,23). Era de la tribu de Judá, de la familia de David, habitante de Nazaret y carpintero de oficio; de edad avanzada, y por voluntad divina, fue desposado con la Virgen para colaborar con el gran misterio de la dispensación divina en la carne cuidándola, proveyendo a sus necesidades y siendo contado como su marido para que esta no sufriera reproches cuando se descubriera que, siendo virgen, esperaba un hijo. Según algunas tradiciones, José estuvo casado antes de su desposorio con nuestra Señora; así pues, los llamados «hermanos y hermanas de Jesús» (Mt 13,55-56) serían los hijos de su primer matrimonio. Por las Escrituras sabemos que San José vivió al menos hasta el duodécimo cumpleaños de Cristo (Lc 2,41-52); según la tradición de los Padres, reposó antes del comienzo de la vida pública de Jesús.


El amado de Dios y ancestro de José, David, el gran Profeta después de Moisés, procedía de la tribu de Judá. Era hijo de Jesé y nació en Belén (que por eso se llama «la Ciudad de David») en el año 1085 antes de Cristo. Cuando era joven, por orden divina, fue ungido secretamente por el Profeta Samuel para que fuera el segundo rey de los israelitas, mientras Saúl (que había sido privado de la gracia de Dios) aún vivía. En el trigésimo año de su vida, cuando Saúl perdió la vida en la batalla, David fue elevado a la dignidad de rey, primero por su propia tribu y luego por todo el pueblo israelita, y reinó durante cuarenta años. Habiendo vivido setenta años, reposó en 1015 a.C., habiendo proclamado antes sucesor a su hijo Salomón.


La historia sagrada ha registrado, no solo la gracia del Espíritu que moró en David desde su juventud, sus hazañas heroicas en la guerra y su gran piedad hacia Dios, sino también sus transgresiones y fallos como hombre. Sin embargo, su arrepentimiento fue mayor que sus transgresiones, y su amor a Dios ferviente y ejemplar; tanto honró Dios a este hombre que, cuando su hijo Salomón pecó, el Señor le dijo que no entregaría el reino en manos ajenas mientras viviera «en atención a David, tu padre» (3 Re 12,12). De los Reyes de Israel, Jesús el hijo de Sira testifica: «Fuera de David, Ezequías y Josías, todos cometieron muchos pecados» (Eclo 49,4). David significa «amado».


El Salterio de David es la base de todos los oficios de la Iglesia y el medio por el que el antiguo Israel adoraba a Dios, y fue usado por los Apóstoles y por el mismo Señor Jesucristo. Está tan imbuido del espíritu de oración que los Padres monásticos de todas las edades lo han usado como entrenador y maestro para su vida interior de conversación con Dios. Además de retratar elocuentemente todos los estados y emociones del alma ante su Hacedor, el Salterio está lleno de profecías de la venida de Cristo: predice su Encarnación (Sal 17,9), su Bautismo en el Jordán (Sal 76,15), su Crucifixión con todos sus detalles (Sal 21,16;18, Sal 68,26), su descenso al Hades (Sal 15,10), su Resurrección (Sal 67,1), su Ascensión (Sal 46,5), etc.


En cuanto a Santiago el Adelfoteo, ver el 23 de octubre.

27/12 - Esteban el Archidiácono y Protomártir


Las primeras noticias que tenemos de San Esteban provienen de los Hechos de los Apóstoles pero existen otros textos antiguos bastante posteriores al siglo I en los que sobre todo se habla del descubrimiento de sus reliquias y que son muy útiles para explicar las razones por las cuales San Esteban ha sido muy venerado desde los primeros siglos por toda la Cristiandad.


La primera vez que se habla de San Esteban es en (Hechos, 6, 5)“Pareció bien la propuesta a toda la asamblea y escogieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Pármenas y a Nicolás, prosélito de Antioquía” y esta elección fue consecuencia del malestar y de las protestas de los griegos contra los hebreos porque sus viudas eran desatendidas en aquella incipiente comunidad de Jerusalén, por lo que los apóstoles tuvieron que elegir a siete diáconos que les ayudaran en estos menesteres sociales.


De este texto podemos deducir que Esteban era ya muy conocido y valorado «hombre lleno de fe y de Espíritu Santo» en aquella primitiva comunidad. Hay quienes manifiestan que pertenecía al grupo de los setenta y dos discípulos que acompañaban al Maestro, pero esto no se puede afirmar completamente; lo que si se puede decir es que tenía muy buena reputación. Sigue diciendo San Lucas que “Esteban, lleno de gracia y de poder, realizaba entre el pueblo grandes prodigios y señales” (Hechos, 6, 8), pero que “Se levantaron algunos de la sinagoga de los Libertos, de Cirene y de Alejandría y otros de Cilicia y Asia, y se pusieron a disputar con Esteban; pero como no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba, entonces sobornaron a unos hombres para que dijeran: Nosotros hemos oído a éste pronunciar blasfemias contra Moisés y contra Dios” (Hechos, 6, 9-11).


De este texto se puede deducir que su apostolado no era meramente asistencial, sino que además, entre los judíos de la diáspora suscitaba animadas discusiones provocando el debate. Y el hecho de que lo acusen injustamente de blasfemar contra Moisés, nos da a entender que principalmente predicaba la visión que tenía de la misión salvadora universal de Cristo, salvación que sobrepasaba a la Ley y los profetas, que superaba la mera visión localista que tenían los judíos convertidos. Por eso, es acusado de dos crímenes: rechazar la Ley de Moisés y despreciar el Templo. San Lucas, en el capítulo 7 de los Hechos narra el largo discurso de Esteban ante el Sanedrín: la historia de la salvación, que empieza por Abrahán y los patriarcas, continúa por Moisés y David y que finalmente, lleva a Cristo a quién ellos traicionaron y asesinaron (aconsejo leer el capítulo 7 entero).


La reacción contra esta reprimenda de Esteban fue furiosa sobre todo cuando proclamó su fe en Cristo: “Entonces, gritando fuertemente, se taparon sus oídos y se precipitaron todos a una sobre él; le echaron fuera de la ciudad y empezaron a apedrearle. Los testigos pusieron sus vestidos a los pies de un joven llamado Saulo. Mientras le apedreaban, Esteban hacía esta invocación: «Señor Jesús, recibe mi espíritu.» Después dobló las rodillas y dijo con fuerte voz: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado.» Y diciendo esto, se durmió” (Hechos, 7, 57-60). Según muchos exegetas, esta condena no tiene lo más mínimo de legalidad. Es originada por el furor del Sanedrín, por la violencia que entre ellos provocó la profesión de fe de Esteban. Esteban proclama la divinidad de Cristo y es por esto por lo que es el primer mártir, el primer testigo que paga con su propia sangre, la fe que profesa a Jesús. La manera en que San Lucas narra los últimos momentos de San Esteban es muy elocuente: “Señor Jesús, recibe mi espíritu” y “Señor, no les tengas en cuenta este pecado”.


El evangelista Lucas no precisa el lugar del martirio, solo dice que fue “fuera de la ciudad”. Está basada en documentos muy posteriores, la creencia de que el lugar del martirio estaba en la parte Norte de la ciudad, una zona llena de piedras, lejana a la zona bajo el control de la guardia romana. Tampoco dice San Lucas donde fue sepultado; sólo dice: “Unos hombres piadosos sepultaron a Esteban e hicieron gran duelo por él” (Hechos, 8, 2). Esteban debió ser martirizado el año 31 o 32, en un día muy cercano a la fiesta de los Tabernáculos, pues según nos dice San Lucas, había en Jerusalén muchos forasteros (Hechos, 7,9). Y esto es todo lo que se sabe de la vida y muerte de San Esteban, diácono y primer mártir de la Cristiandad, aunque bien es verdad que hay una “passio”legendaria de la que diremos algo.


En el siglo X se encontró un códice en el Monte Athos en el que se escribía, en lengua georgiana, sobre el martirio de San Esteban. De él existen versiones en diversas lenguas eslavas y en griego. Según este relato, San Esteban nació dos años después de la Ascensión en un tiempo en el que muchos sabios de Etiopía, Tebaida, Mauritania y Babilonia discutían acaloradamente sobre el nacimiento virginal de Cristo, sobre sus milagros y su Resurrección. Esteban tomó partido y sus adversarios lo llevaron ante Pilatos para que lo condenase, pero Pilatos les reprochó su terquedad defendiendo a Esteban. El mismo Pilatos, con su mujer e hijos se habían convertido al cristianismo.


Esteban fue llevado entonces ante Caifás, quien lo hizo azotar y durante tres días y tres noches hizo que Esteban debatiera con ellos sobre esos temas. Ni siquiera Saulo (San Pablo), logró rebatirlo por lo que se suscitó una violenta reacción, que fue frenada por Gamaliel, que era miembro del Sanedrín y que previamente se había convertido, quién sin embargo no pudo evitar que Esteban fuese torturado. Seguidamente lo condujeron ante el escriba Alejandro y posteriormente ante el tetrarca Antipas. La noche anterior al último juicio, un ángel anunció a Esteban su inminente martirio y lo confortó y en ese juicio, que aun fue más violento que los anteriores, fue Saulo quién insistentemente solicitó su lapidación. Esto ocurrió delante de Pilatos y familiares, Nicodemo, Gamaliel y su hijo Abibo. Posteriormente el mismo Nicodemo y Abibo serían también martirizados por haber intentado sepultar a Esteban pues sus enemigos pretendían que fuera devorado por las fieras. Entonces fue Pilatos quién lo sepultó en su tumba familiar y desde allí, milagrosamente su cuerpo fue trasladado a Kefar-Gamla. Otra versión dice que este traslado lo hizo Gamaliel con el consentimiento de los apóstoles.


Las reliquias de San Esteban se encontraron en el año 415, hecho que contribuyó a incrementar el culto al santo. Parece asombroso que se perdiera el rastro del sepulcro de uno de los mártires más venerados de la antigüedad, pero así fue, aunque esto puede explicarse por el hecho de que el culto a los mártires en sus sepulcros no se inició hasta el siglo II, siendo en el siglo IV donde alcanzó su apogeo. Puede también explicarse este “abandono” por el hecho de que los emperadores Tito (en el año 70) y Adriano (en el año 135) arrasaron Palestina y muy especialmente, Jerusalén.


Es un sacerdote llamado Luciano de Kefar-Gamla quién relata en griego este descubrimiento, relato que casi inmediatamente fue traducido al latín por Avito de Braga, al siríaco, copto, árabe y otras lenguas. Todo esto contribuyó a que por toda la Cristiandad “se corriera la noticia como la pólvora”. Según nos cuenta Luciano, durante tres días, en el mes de diciembre del año 415 se le apareció en sueños Gamaliel, quién le aseguró que San Esteban estaba sepultado en aquella localidad porque quién allí lo había sepultado era él mismo. También le indicó que en el mismo sepulcro había puesto los cuerpos de su hijo Abibo, de Nicodemo, quienes, por temor al Sanedrín, se habían refugiado en su casa antes de morir y aun el suyo propio; o sea: en el mismo sepulcro estaban Esteban, Gamaliel, Abibo y Nicodemo.


Luciano contó esto al obispo Juan de Jerusalén. Excavaron, encontraron la piedra sepulcral donde estaban anotados en griego los nombres de los cuatro, identificaron las reliquias e inmediatamente ocurrieron grandes prodigios (yo, la verdad, no se cómo pudieron distinguir los restos de uno de los restos de los otros tres). Luciano dice que él se quedó con una parte de los huesos, que posteriormente distribuyó entre algunos amigos, y que la porción mayor de las reliquias se trasladaron a Jerusalén, a la iglesia de Sión, el día 26 de diciembre del año 415.


Juvenal, obispo de Jerusalén mandó construir una basílica en el presunto lugar donde se produjo la lapidación del santo y esta basílica, fue solemnemente inaugurada por San Cirilo, patriarca de Alejandría, en el año 439. La emperatriz Eudocia, que vivía en aquella época, edificó una basílica aun más grandiosa y un monasterio, los cuales fueron destruidos por los persas en el siglo VII.


Existen reliquias insignes de San Esteban en: Roma (Italia), Venecia (Italia), Nea Ionia (Grecia), Sens (Francia), Gimel (Francia), al-Fayum (Egipto), Viena (Austria), Waha (Bélgica), Monte Athos (Grecia), Putignano (Italia), Dignano (Croacia), Wegier (Polonia), Bega (Barcelona-España), Zagreb (Croacia), Huy (Bélgica), Kiev (Ucrania), Maastricht (Holanda), Dubrovnik (Croacia), Court St. Etienne (Bélgica), Limoges (Francia), Auxerre (Francia), etc., etc.


Además, hay casi una decena de iglesias que presumen de tener relicarios de la sangre del mártir.


San Agustín llega a decir que el mismo hecho de que su martirio esté contado en un Libro Sagrado, contribuyó a que desde los comienzos de la Iglesia, su memoria estuviese en la mente de todos.


En Oriente, en el siglo IV, varios Padres de la Iglesia escriben sobre él: San Gregorio de Nissa, San Basilio de Seleucia, San Asterio de Amasea y otros y destaquemos que estos sermones escritos por estos santos son anteriores a la fecha del descubrimiento de las reliquias, luego es seguro que ya con anterioridad a este hecho el Santo era venerado, aunque el descubrimiento de las reliquias incrementase aun más su culto. Ya desde el siglo V, el Martirologio Siríaco conmemora su fiesta el día 26 de diciembre y la Iglesia de Constantinopla lo conmemoraba un día después.


Esta fecha no conmemora el día del martirio sencillamente porque no se sabe, sino que quieren solemnizar la festividad de este primer mártir cristiano poniéndola lo más cerca posible del día en el que conmemoramos en nacimiento de nuestro Salvador. De hecho, San Gregorio de Nissa nos recuerda cuales eran las fiestas celebradas alrededor de la Navidad: Santos Pedro y Pablo, Santos Juan y Santiago, San Esteban…; cabe destacar, sin embargo, que la “Depositio martyrum” del año 354 no menciona esta festividad.


Como he dicho anteriormente, el descubrimiento de las reliquias es lo que hace florecer el culto principalmente, máxime cuando el propio Luciano dice que él repartió parte de ellas entre sus amigos; una de ellas se la regaló a Orosio, obispo de Menorca, en Hispania (!!). De hecho, como hemos visto antes, las hay por todos los países cristianos tanto de Oriente como de Occidente.


Se multiplicaron las fiestas litúrgicas conmemorando traslados de las reliquias de un sitio a otro y se le dedicaron multitud de iglesias, monasterios y abadías. Recordemos en este momento un curioso relato que habla del traslado de las reliquias de San Esteban: Un mujer de Constantinopla, llamada Juliana, había sepultado en Jerusalén a su esposo llamado Alejandro, junto al sepulcro de San Esteban. Realizó diversas gestiones y consiguió que le permitieran trasladar el cuerpo de su marido desde Jerusalén a Constantinopla; conseguido el permiso, consiguió engañar a todos y en el ataúd que debiera llevar el cuerpo de su esposo, escondió el del santo y así trasladó el cuerpo a Constantinopla. Una vez que el cuerpo estuvo en la Ciudad Imperial, Pulqueria, hermana de Teodosio II, se dedicó a regalar parte del cuerpo a diversas personas relevantes de la Corte, devolviéndose algunas a la propia Jerusalén. Parte de ellas volvieron a Occidente en el siglo XIII durante la Cuarta Cruzada.


En la Edad Media existían en Roma diversas iglesias dedicadas al santo diácono protomártir, la más famosa, Santo Stefano Rotondo sul Monte Celio, erigida por el Papa San Simplicio en el siglo V. Existe otro relato que dice que a finales del siglo VI, durante el pontificado de San Pelagio II se llevaron reliquias desde Constantinopla hasta Roma, siendo estas reliquias las que reposan en la cripta existente bajo el altar de la Basílica de San Lorenzo fuori le Mura, junto con las reliquias del santo diácono hispano.


Antonio Barrero



Fuente: preguntasantoral

Adaptación propia

Domingo después de Navidad. Lecturas de la Divina Liturgia


Gal 1,11-19: Hermanos, os hago saber que el Evangelio anunciado por mí no es de origen humano; pues yo no lo he recibido ni aprendido de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo. Porque habéis oído hablar de mi pasada conducta en el judaísmo: con qué saña perseguía a la Iglesia de Dios y la asolaba, y aventajaba en el judaísmo a muchos de mi edad y de mi raza como defensor muy celoso de las tradiciones de mis antepasados. Pero, cuando aquel que me escogió desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia, se dignó revelar a su Hijo en mí para que lo anunciara entre los gentiles, no consulté con hombres ni subí a Jerusalén a ver a los apóstoles anteriores a mí, sino que, enseguida, me fui a Arabia, y volví a Damasco. Después, pasados tres años, subí a Jerusalén para conocer a Cefas, y permanecí quince días con él. De los otros apóstoles no vi a ninguno, sino a Santiago, el hermano del Señor.


Mt 2,13-23: En aquel tiempo, cuando ellos se retiraron, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo». José se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta: «De Egipto llamé a mi hijo». Al verse burlado por los magos, Herodes montó en cólera y mandó matar a todos los niños de dos años para abajo, en Belén y sus alrededores, calculando el tiempo por lo que había averiguado de los magos. Entonces se cumplió lo dicho por medio del profeta Jeremías: «Un grito se oye en Ramá, llanto y lamentos grandes; es Raquel que llora por sus hijos y rehúsa el consuelo, porque ya no viven». Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo: «Levántate, coge al niño y a su madre y vuelve a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño». Se levantó, tomó al niño y a su madre y volvió a la tierra de Israel. Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes tuvo miedo de ir allá. Y avisado en sueños se retiró a Galilea y se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo dicho por medio de los profetas, que se llamaría nazareno.