sábado, 29 de mayo de 2021

30/05 - Isacio (Isaac), Abad del Monasterio de Dalmato


Durante la persecución del emperador arriano Valente, un ermitaño originario de Siria llamado Isacio (Isaac) se sintió movido por Dios a abandonar la soledad para ir a reprender al emperador. Así pues, se trasladó a Constantinopla hacia el año 374 y advirtió varias veces a Valente de que, si no interrumpía la persecución y devolvía a los cristianos las iglesias que había dado a los herejes, le aguardaba una gran catástrofe y un fin atroz. Valente se burló de las predicciones del ermitaño.


En una ocasión en que Isaac cogió la brida del corcel en que el emperador cabalgaba por las afueras de la ciudad, Valente ordenó a sus hombres que arrojasen al profeta en un pantano. Isaac escapó milagrosamente, pero como volviese a repetir su profecía, fue encarcelado. La profecía se cumplió poco después, ya que Valente fue derrotado y murió en la batalla de Andrinópolis. Teodosio, el sucesor de Valente, devolvió la libertad a San Isaac, a quien profesó siempre gran veneración.


El siervo de Dios se retiró de nuevo a la soledad, donde pronto fueron a reunírsele varios discípulos. Como se negasen a abandonarle, a pesar de sus instancias, San Isaac fundó para ellos un monasterio, que fue, según se dice, el primero que hubo en Constantinopla y que después adoptó el nombre del Abad Dalmato, que le sucedió. Según otra la tradición, el monasterio fue construido por Dalmato el Patricio, sobrino de San Constantino el Grande, pero muchos dicen que fue fundado por San Isacio. Otros, por su parte, sostienen que el monasterio tomó su nombre de ambos santos, motivo por el que en griego aparecería en plural (‘Dalmaton’). Según Zonaras, el emperador iconoclasta Constantino el Coprónimo convirtió posteriormente el monasterio en cuartel: «En cuanto al monasterio llamado Dalmato, el más antiguo de Constantinopla, [el Emperador], tras expulsar a los monjes, lo convirtió en un cuartel para los soldados» (‘Crónica’, XV, 8). El Tercer Concilio Ecuménico elevó al abad de Dalmato al rango de Archimandrita y Exarca de los prominentes monasterios de la Ciudad Imperial.


Nuestro santo asistió al I Concilio de Constantinopla, que fue el segundo de los Concilios ecuménicos.


Isacio sobresalió en la vida monástica y partió con el Señor en el año 396. La famosa Catedral de San Isaac en San Petersburgo está dedicada a este Santo.