lunes, 14 de junio de 2021

15/06 - Amós el Profeta


Amós, procedente de Técoa, de la tierra de Zabulón, a 8 kilómetros de Belén, era un hombre inculto, pastor de cabras y ovejas, mayoral de los ganados del rey, como él mismo atestigua (Am 7,14-15).


Empezó a predicar hacia el 750 a.C., dos años antes de un terremoto que algunos dicen tuvo lugar el vigésimo quinto año del reinado de Ozías, rey de Judá. El pueblo de Dios estaba entonces dividido en dos reinos: al norte, el de Israel con sus capitales en Samaria y Betel; el rey era Jeroboán II. Al sur, el de Judá con la capital en Jerusalén; el rey era Ozías. Amós nació en el reino de Judá, pero sería profeta de Dios en el reino de Israel, al norte.


Amós, que visitaba con frecuencia la corte real de Jeroboán II para tratar de negocios, se dio cuenta enseguida de lo que ocurría en la capital: ¡Qué lujo! Observó también las caravanas de viajeros con que tropezaba en el camino. Amós se sintió desanimado por lo que vio. ¡Todo estaba podrido!


Algunos comerciantes eran injustos: engañaban a la gente y cobraban precios exorbitantes. Los ricos abusaban de los pobres y llegaban a tener varias casas decoradas con madera preciosa, mientras que los pobres carecían de cobijo. Las damas de Samaria pasaban horas tumbadas en divanes y cojines de seda. Sólo pensaban en comer y beber con sus maridos.


Amós era un hombre del campo a quien el Señor llamó para defender la verdad y la justicia; hablaba fuerte contra los defraudadores y explotadores (Amós 8, 4-5): "Escuchen esto los que pisotean al pobre y quieren suprimir a los humildes de la tierra... disminuir la medida y aumentar el precio, falsificando balanza..."


Estas denuncias del profeta son una cruda realidad de injusticia que aun hoy se vive a diario. El profeta exhorta a buscar el bien, no el mal (Am 5, 14).


El profeta es un hombre al servicio de la palabra y la verdad. Anuncia, denuncia y renuncia. Anuncia un mensaje de Dios al pueblo. Denuncia el pecado, la injusticia y todo aquello que se contrapone a la verdad, al mensaje del reino y a la Palabra de Dios. En cuanto a la renuncia, el profeta no se deja sobornar, ni comprar su conciencia; no cede ante la tentación del dinero, poder, comodidades, etc.


Amós, además de ser un profeta que denuncia el mal y pregona la justicia, plantea unos datos interesantes. Por ejemplo, cita a Jeroboán II, rey de Israel del año 743, habla también de un terremoto (Am 1,1). Con este dato del terremoto Amós está atestiguando por excavaciones arqueológicas de Jasor en la alta Galilea que habrían tenido lugar a mediados del Siglo VIII a.C., según Za 14, 5. Es importante aclarar que no se trata de una simple indicación cronológica: los editores del libro, responsables de esta noticia, vieron en él sin duda una manifestación divina que venía a confirmar el mensaje de Amós.


Su libro contiene 9 capítulos y se divide en cuatro bloques, así: primero, juicio de las naciones limítrofes de Israel y del mismo Israel (capítulos 1 y 2); segundo, amonestaciones y amenazas a Israel (capítulos 3, 4, 5 y 6); tercero, las visiones (capítulos 7, 8, 9, 1-10), y cuarto, perspectivas de restauración y de fecundidad paradisíaca (capítulos 9, 11-15). Se cuenta el tercero entre los Profetas Menores.


Amós denuncia a los traficantes que se aprovechan de las fiestas religiosas para explotar la miseria del pueblo.

Este Amós es diferente al padre del Profeta Isaías, que llevaba el mismo nombre (que significa «El que lleva la carga».