viernes, 30 de julio de 2021

31/07 - San Eudócimo el Justo de Capadocia


San Eudócimo de Capadocia (Asia Menor) vivió durante el siglo IX bajo el reinado del emperador Teófilo (829-842). Era hijo de padres piadosos y cristianos: su padre era Basilio y su madre Eudocia, ilustre familia conocida por el emperador. Los padres educaron al Santo en "disciplina y amonestación del Señor" (Ef 6,4), sembrando en su alma virtudes santas y una sincera fe. 


La justa vida de San Eudócimo estuvo dedicada a la devoción de agradar a Dios y servir al prójimo. Hizo votos de castidad, evitaba conversaciones con las mujeres y no las miraba. Solamente hablaba con su madre, a quien respetaba profundamente.


El emperador valoró sus virtudes y talentos y lo nombró gobernador en Carsiano de Armenia. San Eudócimo, que cumplió sus misiones como siervo de Dios, gobernó al pueblo con justicia y bondad. Se preocupó por los desafortunados, los huérfanos y las viudas y siempre defendió a los de la clase común. Sus buenas obras cristianas fueron siempre hechas en secreto y solamente eran conocidas por Dios. 


Eudócimo agradó a Dios por su vida intachable, y el Señor lo llamó a Sí a la edad de 33 años.


Acostado en su lecho de muerte, el Santo dio sus instrucciones finales, pidiéndoles a sus sirvientes que lo llevaran a su tumba con la misma ropa que llevara puesta cuando le llegara el momento final. El Santo se despidió de todos y se encomendó al Señor rogándole que nadie se enterara de su muerte, del mismo modo que nadie nunca fue testigo de sus esfuerzos secretos durante su vida. Sus sirvientes lo atendieron y lo sepultaron como él lo había deseado. Después de la muerte de San Eudócimo ocurrieron muchos milagros en su tumba, muchos enfermos sanaron y las noticias de dichas sanciones milagrosas se extendieron rápidamente. 


Al pasar 18 meses de su muerte, la madre de San Eudócimo llegó de Constantinopla a venerar sus reliquias y ordenó que movieran la roca de su tumba, que excavaran en la tierra y abrieran la tumba de su Santo hijo. Todos presenciaron cómo el rostro del Santo irradiaba un brillante resplandor, tal como si estuviese vivo, y su cuerpo, no afectado por la podredumbre, despedía una dulce fragancia. Los presentes tomaron el ataúd con las reliquias del Santo y lo vistieron con nuevas vestimentas. Su madre deseaba llevar las reliquias de su hijo a Constantinopla, pero los habitantes locales no se lo permitieron. Al pasar un tiempo, el hieromonje José, quien había sido servidor y protector de la tumba del Santo, trasladó las reliquias de San Eudocimo a Constantinopla. Sus reliquias fueron guardadas en un relicario de plata en la iglesia de la Santísima Madre de Dios construida por los padres del Santo. 


San Eudócimo es considerado por los cristianos bizantinos, sobre todo rusos, uno de los mayores protectores e intercesor ante Dios por el hogar y la familia. Él fue, tal y como significa su nombre, un verdadero éxito en todas las virtudes.