martes, 17 de agosto de 2021

18/08 - Floro y Lauro los Hosiomártires de Iliria


Estos santos eran hermanos gemelos según la carne, pero también en espíritu y en vocación. Ambos eran celosos cristianos y labradores de piedra de oficio, que aprendieron de San Patroclo y San Máximo, quienes fueron martirizados por Cristo. Debido a que sus maestros fueron martirizados, dejaron su estilo de vida en Bizancio y se fueron a Iliria, a la provincia de Dardania, a la ciudad llamada Ulpiana. 


Allí trataron de encontrar piedras en las minas para el gobernante Lucano, donde trabajaban en su oficio. Después fueron enviados a Licinio, quien era el hijo de la reina Elpidia. Este le dio dinero a los santos y les ordenó construir un templo para los ídolos, cuyos planos trazó en papel. Los santos tomaron el dinero y lo distribuyeron entre los pobres, y por la noche acudieron a Dios en oración.


Cuando llegó el día, se pusieron a trabajar en su oficio. Durante la construcción, sucedió que una gran piedra cayó y golpeó el ojo de Atanasio, el hijo del sacerdote pagano Merencio, que estaba observando el trabajo de los constructores con curiosidad. Viendo a su hijo ciego y ensangrentado, el sacerdote pagano comenzó a gritar a Floro y a Lauro y quiso golpearles. Entonces, los santos hermanos le dijeron que, si creyera en el Dios en el que creían ellos, su hijo se sanaría. El sacerdote aceptó. Floro y Lauro rezaron con lágrimas al Único Señor y Dios Vivo y trazaron la señal de la cruz sobre el ojo lesionado del hijo. Este se sanó inmediatamente y su ojo volvió a estar como estaba antes. Entonces el sacerdote pagano Merencio y su hijo fueron bautizados y, poco después, ambos sufrieron por Cristo en el fuego.


Habiendo terminado el templo en unos pocos días, con un ángel divino ayudando a los santos y fortaleciéndolos, Floro y Lauro pusieron una cruz en él, convocaron a todos los cristianos y lo consagraron en nombre del Señor Jesucristo con una vigilia nocturna y cantando himnos.


El Santo reunió a los pobres a quienes les habían dado el dinero, y con su ayuda ataron cuerdas alrededor de los ídolos de sus cuellos y los arrojaron al suelo. Luego, después de encender muchos candiles, consagraron el templo y se lo dedicaron a Cristo, diciendo el tropario para una consagración, a saber, "Gloria a ti, Cristo nuestro Dios, gozo de los apóstoles, alegría de los mártires". Ante ellos fue llevada en procesión la honorable Cruz.


Cuando Licinio se enteró de esto, ordenó que se encendiera un horno y que los pobres que tomaron el dinero y rompieron en pedazos los ídolos fuesen metidos dentro. Habiendo sido arrojados dentro, los benditos entregaron sus almas en las manos de Dios y recibieron las coronas del martirio. 


Los santos Floro y Lauro fueron atados a la rueda de un carro y fueron lacerados. Luego, Licinio los envió al gobernador Lucano, quien recibió a los Mártires y los encerró en un profundo pozo seco. Cuando los santos fueron encerrados allí, suplicaron a Dios primero por aquellos cristianos que en el futuro los recordasen y los conmemorasen. En segundo lugar, suplicaron a Dios que mantuviera la paz en el mundo. Y tercero, suplicaron a Dios que hiciera cesar la persecución contra los cristianos. Después de esto entregaron sus almas en manos de Dios y ascendieron victoriosamente a los cielos.


Pasados muchos años, sus honorables reliquias fueron recuperadas del pozo y solemnemente colocadas en un arca apropiada. De ellos fluía miro, y se obraron varios milagros para aquellos que acudían a ellos con fe. Todo esto sucedió en el s.II d.C.


La Sinaxis y la Fiesta de estos Santos se celebra en su Templo, que está cerca del Templo del Santo Apóstol Felipe.



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com