viernes, 27 de agosto de 2021

28/08 - Moisés el Negro (o el Etíope) de Escete


San Moisés el Etíope es conocido también como San Moisés el Moro o San Moisés el Negro.


De Moisés el Etíope tenemos algo de información gracias a la “Historia Lausiaca” (de Paladio de Galacia), en la que se dice que era natural de Etiopía, negro y muy alto. Había sido esclavo de un patrono que lo había despedido porque lo había cogido realizando pequeños robos y, al quedar en libertad, gracias a su fortaleza física y perspicacia, se convirtió en el cabecilla de una banda de ladrones que operaba a las orillas del Nilo, estando acusado de cometer algunos asesinatos durante sus pillajes.


Basándonos en esta “Historia Lausiaca”, a título de ejemplo, es interesante recordar la vida “poco edificante” que Moisés llevaba antes de su conversión y por eso mencionemos el episodio que cuenta del pastor del cual Moisés quería vengarse porque le había impedido cometer una fechoría. Esto es lo que cuenta: “Moisés intentaba por todos los medios matar al pastor y habiéndose enterado de que este estaba en la otra orilla del Nilo, se puso la ropa sobre la cabeza y cogió la espada con los dientes para atravesar el río a nado y llegar hasta él. El pastor lo vio venir y se escondió en una cueva y Moisés, no pudiendo hacer lo que pretendía, mató a cuatro de sus mejores carneros, los ató con una cuerda e intentó de nuevo atravesar el Nilo llevándoselos detrás de sí. Una vez alcanzada la orilla, llegó a una aldea, los despellejó y después de haberse comido toda la carne que pudo y haber vendido las pieles para comprar vino, se fue a donde estaba su pandilla, a unas cincuenta millas de distancia”.


Pero en un momento de su vida, quizás huyendo del castigo por sus crímenes, decidió visitar el monasterio de Escete donde estaba de abad San Macario el Grande. Allí, al comprobar la paz monástica y la benevolencia de los monjes, fue tocado por la gracia, se arrepintió de sus crímenes y decidió quedarse con ellos dedicándose a llevar una vida de penitencia y de ascetismo con un ardor superior a la fortaleza que había tenido durante su vida de bandido. Fue tonsurado como monje y fue ordenado de sacerdote por el obispo de Alejandría y después, deseando vivir en una mayor soledad, se retiró al desierto de Petra. Pero como las tentaciones le asaltaban violentamente, se volvió a Escete a visitar a San Isidoro, que lo alentó y le permitió reanudar sus esfuerzos de búsqueda de la perfección pero ejercitando más la virtud de la humildad.


Paladio de Galacia, refiriéndose a la muerte de Moisés, dice que murió con setenta y cinco años de edad teniendo junto a él a setenta y ocho discípulos, pero no hace alusión a la destrucción de este monasterio de Escete por parte de los bárbaros que, según el “Apophthegmata Patrum”, mataron a Moisés porque se había negado a huir cuando estos llegaron. Según J.- Cl. Guy, esta invasión tuvo lugar alrededor del año 407 y no en el año 395, fecha que durante un tiempo ha sido la aceptada por los historiadores. Los hechos ocurrieron así: sabiendo que unos bandidos iban a atacar el monasterio, dijo a los monjes que no rechazaran a los asaltantes, que evitaran cualquier violencia y que se escondieran en un lugar seguro. Mientras, él se quedó con siete discípulos suyos, encontrando la muerte a manos de quienes actuaban cómo él lo había hecho antes de su conversión. Los otros monjes que lo acompañaban también murieron martirizados. La tradición dice que él mismo manifestó que tenían que cumplirse las Escrituras que dicen que: “Quién a hierro mata, a hierro muere” (Mateo, 26, 52).


Los sinaxarios bizantinos lo conmemoran el 28 de agosto con una anotación directamente dependiente de Paladio de Galacia, por lo que no hace alusión al martirio, al contrario de lo que hace el “Sinaxario Alejandrino”, que recoge la información del “Apophthegmata Patrum”. Sus reliquias se encuentran, junto con las de San Isidoro, en el monasterio al-Baramous.


San Moisés el Negro es muy venerado en Egipto, ya que tiene fama de taumaturgo. Se cuentan muchos milagros realizados por su intercesión hasta nuestros días.


Antonio Barrero



Fuente: preguntasantoral

Adaptación propia