miércoles, 8 de septiembre de 2021

09/09 - Los Santos y Justos Ancestros de Dios Joaquín y Ana


Al día siguiente del nacimiento de la Purísima Virgen María, la Iglesia conmemora el día de sus padres — los justos Joaquín y Ana.


Joaquín y Ana llevaron unas vidas simples, de gran austeridad, y al mismo tiempo de profunda devoción. Su humildad ha de haber complacido a Dios grandemente, pues al final los escogió, por encima de todos los demás, para ser los padres de la Bienaventurada Madre de Dios, y de esa manera llegar a ser los abuelos de Jesucristo, Santo Redentor.


Los Santos Joaquín y Ana fueron dos personas de un carácter ejemplar. Dado que habían decidido que su vida tuviera un carácter más espiritual que material, habían optado por entregar una tercera parte de sus ingresos al Templo y otra tercera parte a los pobres, quedándoles a ellos con muy poco dinero para su subsistencia. 


A pesar de ello se las arreglaron para vivir gozosamente con lo poco que tenían, y su frugalidad fue como un anticipo del futuro nacimiento de nuestro Salvador, quien comenzó su propia vida en las circunstancias más humildes que nos podríamos imaginar, rodeado por animales de granja y unos pastores en un pesebre.


San Joaquín pertenecía a la tribu de Judá y descendía del Rey David. Muchos descendientes de David vivían con la esperanza de que en la familia iba a nacer el Mesías, porque Dios le prometió a David que en su generación iba a nacer el Salvador del mundo. Su esposa Ana descendía por parte de padre del sacerdote Aarón y por parte de madre de la rama de Judas; había nacido de un sacerdote muy conocido de la tribu de Leví llamado Natán, teniendo dos hermanas: María y Zoe. María se casaría en Belén y vendría a ser la madre de Salomé, mientras que Zoe, también casada en Belén, daría a luz a Isabel, la madre de San Juan, el Predecesor. 


Joaquín y Ana se casaron en Nazaret, donde llevaron una vida piadosa y de alegría silenciosa en su matrimonio. Pero su felicidad se vio empañada por una ardiente decepción. Después de 50 años de matrimonio, no habían sido capaces de concebir un hijo. Esta situación difícil era especialmente dolorosa por el hecho de que en esa época de la historia el no tener descendencia era considerado como un defecto o una falta moral, como un castigo.


Hubo un momento en que la angustia que sentía esta pareja estéril se hizo casi insoportable. Esto sucedió cuando el sumo sacerdote de su templo –un clérigo llamado Rubén, despiadado, sin corazón y de un juicio severo- reprochó severamente a Joaquín, al tiempo que le informaba de que no era digno de ofrecer sacrificios.


Muy duro fue soportar en el templo esta ofensa a los esposos, donde esperaban encontrar alivio para sus penas. Desde ese momento en adelante no le fue permitido participar en los sacrificios rituales en el templo, acontecimiento devastador para un hombre de gran piedad como Joaquín.


Lleno de lamentos por esta situación tan poco prometedora, Joaquín deambuló por el desierto, rezando y pidiéndole a Dios que recordara la manera en que había bendecido a Abrahán y Sara con un hijo a pesar de su edad avanzada. El Señor le respondió amablemente… enviando un poderoso ángel para darles a él y a su esposa las buenas noticias, antes de anunciarles (de acuerdo con una versión no bíblica, el ‘Evangelio de Santiago’, una historia de ese período) que serían recompensados con «la más bendecida de las hijas, por la cual todas las naciones de la tierra serían bendecidas, y a través de la cual nos vendría la salvación del mundo.».


Mientras Joaquín observaba con admiración, según el Apóstol Santiago, el Angel hablaba a través de rayos brillantes de luz: “Yo, el Angel del Señor, he sido enviado a ti, para anunciarte que tus oraciones han sido escuchadas y que tus obras de caridad han subido a la presencia del Señor. He visto tu vergüenza y he escuchado el reproche de infertilidad lanzado sobre vosotros de manera equivocada. Pues Dios no castiga por la naturaleza propia, sino por el pecado; por consiguiente, cuando cierra un vientre, solo significa que luego lo abrirá de manera maravillosa para que todos sepan que lo que proviene de ahí no es fruto de la lujuria sino de la magnificencia divina. ¿Acaso Sara, la primera madre de tu raza, no fue portadora de la vergüenza de la infertilidad hasta sus noventa años, y aun a pesar de ello concibió a Isaac? ¿Acaso Raquel no permaneció estéril por largo tiempo, y aun así concibió a José, quien luego fue el gobernador de todo Egipto?” De la misma manera Ana, tu esposa Ana, te dará una hija a la cual deberás llamar María. De acuerdo con vuestros propios votos, desde su niñez será consagrada al Señor y será llena del Espíritu Santo desde el vientre de su madre… Y ella, que ha nacido de una madre estéril, será virgen, y de una manera maravillosa, será la madre del Altísimo, Aquél que será llamado Jesús y por quien vendrá la salvación para todas las naciones».


Al poco tiempo de este anuncio maravilloso Ana concibió y, pasado el tiempo apropiado, dio a luz a la Bienaventurada Madre de Dios. Alegrándose los padres, la llamaron María. Los dos padres se alegraron de corazón por una muy buena razón: su nieto, algún día feliz del futuro, sería nada menos que ¡el Hijo de Dios! El gozo de Ana en la espera de la llegada de la Madre de Dios ha sido capturado maravillosamente, tal como sigue, en el capítulo sexto del ‘Evangelio de Santiago’:


«Su madre la llevó (a María) a su habitación, en donde la amamantó. Y Ana compuso una canción para el Señor Dios diciendo: “Cantaré una canción santa para el Señor mi Dios, porque Él me ha mirado y quitado la horrible desgracia que pesaba sobre mí. Y el Señor me hado el fruto de su justicia, de su propia naturaleza, pero distinto a Él. ¿Quién proclamará a los hijos de Rubén que Ana amamanta un bebé? ¿Han escuchado? Escuchad esto doce tribus de Israel: ¡Ana alimenta a un bebé!”


Tres años educaron en su casa a su Hija. Cumpliendo la promesa de ofrecerla a Dios, la enviaron al templo de Jerusalén. Allí había un orfanato para niños huérfanos, quedando María allí para vivir y estudiar. Joaquín falleció a los 80 años, y Ana comenzó a habitar cerca del templo, y así visitó a su Hija durante unos dos años.


Las vidas de estas dos santas personas nos muestran claramente –y triunfalmente- cómo el Señor Dios siempre responde las oraciones de aquellos que lo invocan, aun en el más profundo dolor. Tal como lo han señalado muchos Padres de la Iglesia a través de los siglos, su inspiradora fidelidad es un constante recordatorio para los Cristianos de la fidelidad eterna de Jesús a su propio Padre Celestial.



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com / www.crkvenikalendar.com

Adaptación propia