domingo, 17 de octubre de 2021

18/10 - Lucas el Evangelista


Autor del tercer Evangelio y de los Hechos de los Apóstoles. Se ignoran los detalles de su biografía, si bien la tradición indica que nació en Siria y que fue discípulo de San Pablo, quien se refiere a él como su ayudante e iluminador. De sus obras se infiere que acompañó a San Pablo a lo largo de toda su vida, que dedicó a la enseñanza y a la predicación. Se le atribuye la autoría del tercer Evangelio y de los Hechos de los Apóstoles, obras que en realidad conforman un mismo libro.


La prosa de San Lucas, muy rica, denota una alta formación académica y es, sin duda alguna, la más literaria de los autores del Nuevo Testamento. Escrito en griego, su evangelio relata la predicación y los hechos de Jesús de Nazaret, aunque afirma que no fue testigo de sus obras; por ello, y también por el estilo y vocabulario utilizado, la crítica suele fechar sus escritos alrededor del año 70 d.C. Patrón de pintores y de médicos, puesto que la tradición lo describe como amigo de artistas y con conocimientos de medicina, la Iglesia lo conmemora el 18 de octubre.


Biografía


Son escasos los datos que se conocen acerca de San Lucas. Contra la tradición, que lo supone oriundo de Antioquía (Siria), parece haber nacido en la ciudad de Filipos, o al menos en Macedonia; los pasajes donde habla en primera persona se refieren, precisamente, a acontecimientos de estos lugares, por él mejor conocidos que los restantes. El nombre de Lucas, seguramente abreviación de Lucano o Lucio, puede ser el de un liberto entregado al estudio.


Las primeras referencias a su persona están contenidas en las epístolas de San Pablo, en las que se le cita como «colaborador» y como «querido médico». En los Hechos de los Apóstoles, San Lucas habla de sí mismo usando el plural «nosotros». En ese mismo libro aparece acompañando a San Pablo en su segunda misión, en el viaje que éste hizo de Troas a Filipos. Después de permanecer en aquella ciudad por espacio de unos seis años, volvió a acompañar a San Pablo en un viaje a Jerusalén, y nuevamente cuando aquél fue conducido prisionero a Roma. En la víspera de su martirio, San Pablo recordó que «sólo Lucas está conmigo» (II Timoteo 4:11).


La tradición lo considera médico de profesión. Su símbolo como evangelista es el toro.


El propio San Lucas se excluye a sí mismo de las personas que fueron testigos directos de Cristo. Interesado por la verdad histórica, San Lucas reprodujo en su Evangelio aquello que había oído directamente a los apóstoles y discípulos de Jesús: «... según nos lo transmitieron los que fueron desde el principio testigos oculares y luego servidores de la palabra, también yo, después de haber investigado con exactitud todos esos sucesos desde su origen, me he determinado a escribírtelos ordenadamente...» (Lucas 1:2-2).


El Evangelio de San Lucas es el más extenso de los Evangelios y también es el de expresión y composición literaria más culta y elegante, debido a la preparación cultural de su autor, aunque éste huye del lenguaje clásico para hacerlo más comprensible al pueblo, acomodándose al lenguaje común. Aunque no fue testigo de todos los acontecimientos, su relato es exacto y está lleno de afecto y sentimiento. Después de una breve introducción, Lucas inicia su relato con el nacimiento y los primeros años de la vida de Jesucristo, y lo finaliza con la ascensión de Cristo a los cielos, enlazándolo de esta forma con el versículo inicial de los Hechos de los Apóstoles, obra imprescindible para el conocimiento del cristianismo primitivo.


El evangelista de la Misericordia


Es posible percibir la característica más original del Evangelio de Lucas gracias a los seis milagros y a las dieciocho parábolas que no se encuentran en los demás Evangelios. Vemos una atención particular hacia los pobres, las víctimas de injusticias, los pecadores arrepentidos y acogidos dentro de la misericordia y el perdón de Dios: es él quien narra de Lázaro y el rico Epulón, es él quien habla del Hijo pródigo y el Padre misericordioso que lo recibe con los brazos abiertos, es él quien refiere de la pecadora perdonada que lava los pies de Jesús con sus lágrimas y los seca con sus cabellos, es él quien cita las palabras de María en el “Magnificat” cuando dice que Dios “derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada”. (Lc 1, 52-53).


Al lado de María


La relación particular con la Santa Madre de Dios es otra de las características principales del Evangelio de Lucas. Gracias a él, presuntamente por el testimonio directo que le hizo María, conocemos las palabras de la Anunciación, de la visita a Isabel y del “Magnificat”, gracias a él conocemos detalles de la Presentación en el Templo y el retrato preciso de la angustia de María y José, que no consiguen encontrar a su hijo de doce años. Se debe probablemente a esta sensibilidad narrativa, descriptiva y también iconográfica, la idea de que Lucas era pintor: una tradición muy antigua muestra a San Lucas como el iconógrafo que habría escrito el conocido retrato de la Virgen María. Esta tradición se basa en himnos de la Iglesia bizantina.


Según los historiadores bizantinos y el documento imperial ("bula de oro") expedido al Monasterio de la Gran Cueva ("Mega Spileon") en Calabrita del Peloponeso en Grecia, el Apóstol Lucas escribió su Evangelio en esta cueva quince años después de la Ascensión de Cristo. Muchos creen que el Teófilo a quien se dirige el Evangelio de Lucas y los Hechos de los Apóstoles fue el gobernador de esta región de Acaya. Aquí también el apóstol Lucas celebró la Divina Liturgia en un altar de piedra y dejó una imagen de la Virgen María que hizo de cera, masilla y otras sustancias. Este ícono Sagrado fue descubierto aquí por revelación divina en el siglo IV por una joven pastora llamada Eufrosina de Gálata y dos hermanos de Tesalónica llamados Simeón y Teodoro establecieron allí un monasterio. Aunque el monasterio fue arrasado por el fuego cuatro veces (en 840, en 1400, en 1640 y en 1934), el Icono Sagrado se salvó. El Monasterio de hoy, que es una impresionante estructura de ocho pisos, es  admirable y contiene muchas reliquias sagradas, entre las cuales se encuentra el milagroso Icono Sagrado.


Las noticias sobre su muerte son inciertas: algunas fuentes hablan de su martirio, mientras que otras dicen que vivió hasta una edad avanzada. Simeón el Traductor dice que desde Roma Lucas viajó a Occidente, cruzó Libia y llegó a Egipto. Allí habría sido consagrado Obispo en la región de la Tebaida, donde más tarde habría muerto. Otros escritores y padres de la Iglesia dicen que murió en Tebas de Beocia (San Máximo Margunio), mientras que San Gregorio el Teólogo argumenta que fue martirizado. San Isidoro de Sevilla escribe que murió a la edad de 74 años y San Nicéforo Cálistos, a los 80 años. En todo caso, la tradición más antigua narra que murió en Beocia, a los 84 años después de haberse establecido en Grecia para escribir su Evangelio.


LECTURAS DE LA DIVINA LITURGIA


Col 4,5-11;14-18: Hermanos, con los de fuera, proceded con tacto, aprovechando las ocasiones. Vuestra conversación sea siempre agradable, con su pizca de sal, sabiendo cómo tratar a cada uno. De todo lo que a mí se refiere, os informará Tíquico, hermano querido, servidor fiel y compañero en el servicio del Señor. Os lo mando precisamente para eso, para que sepáis de nosotros y os dé ánimos. Con él va Onésimo, fiel y querido hermano, que es uno de los vuestros. Ellos os pondrán al corriente de todo lo de aquí. Os saluda Aristarco, que está preso conmigo, y Marcos, el primo de Bernabé. Ya tenéis instrucciones sobre él: en caso de que vaya a visitaros, recibidlo. Y también Jesús, por sobrenombre Justo. Estos son los únicos judíos que trabajan conmigo por el reino de Dios, y han sido un alivio para mí. Os saludan Lucas, el querido médico, y Demas. Saludad a los hermanos de Laodicea, a Ninfa y a la Iglesia que se reúne en su casa. Cuando hayáis leído vosotros esta carta, haced que se lea también en la Iglesia de Laodicea, y la de allí, leedla también vosotros. Decid a Arquipo que considere el ministerio que recibió del Señor, y que lo cumpla. El saludo, de mi mano: Pablo. Acordaos de que estoy en la cárcel. La gracia esté con vosotros.


Lc 10,16-21: Dijo el Señor a sus discípulos: «Quien a vosotros escucha, a mí me escucha; quien a vosotros rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado». Los setenta y dos volvieron con alegría diciendo: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre». Él les dijo: «Estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado el poder de pisotear serpientes y escorpiones y todo poder del enemigo, y nada os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo». En aquella hora, se llenó de alegría en el Espíritu Santo y dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien».



Fuente: biografíasyvidas.com / news.va / laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com / Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española