martes, 30 de noviembre de 2021

01/12 - Nahún el Profeta


Nahún vivió en el siglo VII a. C.; según la tradición judía, bajo el rey Manasés (693-639), o quizá Josías (638-608), y profetizó contra Nínive, capital del reino de los asirios. Fuera de este oráculo no poseemos nada de su actividad profética, la cual está colocada entre la de Isaías y la de Jeremías.


Nahún es el séptimo profeta, según la lista tradicional de doce profetas menores. Su nombre proviene del hebreo ‘Najjum’, que significa ‘el consolado’.


Es muy poco lo que sabemos sobre el profeta Nahún; tan poco que ni siquiera se puede situar a ciencia cierta su lugar de origen: Elcós. Probablemente se trataba de una ciudad en territorio judío ya que la profecía de Nahún se desarrolla en torno a Jerusalén. Pero también ha habido quienes sitúan el emplazamiento de la ciudad en Galileo, identificándola incluso con Cafarnaún, cuyo nombre original es ‘Keparnaum’, que significa ‘villa de Nahún’.


Otros la sitúan al norte de Nínive, haciendo de Nahún un judío de la diáspora. Por el emplazamiento de su profecía en torno a Jerusalén, muchos han pensado que Nahún era un profeta cultual, o sea, perteneciente o relativo al culto religioso.


Sin embargo, la teoría más aceptada respecto a su lugar de nacimiento proviene de la obra ‘Vida de los Profetas’, atribuida a San Epifanio (310-403 d.C.), donde dice: ‘Elcós queda más allá de Beth-Gabre, en la tribu de Simeón’. Beth-Gabre, actualmente Beit-Jibrín, es una población palestina situada a 21 kms. al noroeste de la ciudad de Hebrón. Esta postura fue adoptada por el martirologio romano: el 1º. De diciembre se celebra Begabar, lo cual posiblemente sea la derivación de Beth-Gabre.


El marco histórico


Precisamente por el significado de su nombre, ‘el consolador’, Nahún se convirtió en el ‘consolador’ de su pueblo en una época particularmente sombría, donde ve en la caída y posterior ruina de Nínive un signo de esperanza. La caída de Nínive significaba el derrumbamiento del imperio asirio, especialmente cruel y tiránico con los pueblos sometidos. Asiria no tuvo piedad con los vencidos y era costumbre hacer deportaciones masivas de los pueblos conquistados, llevándolos hasta el extremo opuesto del imperio.


En tiempos de Tiglatpiléser III, quien subió al trono en el año 754 a.C., Asiria había llegado a someter casi todos los pueblos del Oriente Próximo. Le sucedió Salmanasar V, en cuyo reinado comenzaron las amenazas contra el reino de Israel, el cual caería definitivamente en poder de su sucesor, Sargón II. Con la toma de Samaria en el 722 a.C. se destruyó totalmente el reino de Israel, y el de Judá fue sometido a tributo.


A pesar de su extremada crueldad y dureza, o precisamente por ello, el reinado de Sargón II estuvo constantemente agitado por los intentos de revuelta de sus países vasallos que, sin embargo, no lograron conseguir ninguna de sus pretensiones. Desde Dur-Sarrukim, residencia fortificada que Sargón II había construido al noreste de Nínive, imponía su cruel voluntad sobre todos los territorios conquistados.


A Sargón II le sucedió su hijo Sanequerib, que se consideraba hijo del legendario héroe Gilgamés. Fue Sanequerib quien mandó construir su propia ciudad en Nínive, la cual pasó a ser la capital del imperio asirio. Precisamente con Sanequerib comenzó a entreverse que el imperio asirio era un coloso con pies de barro.


A Sanequerib le sucedieron Asaradón y Asurbanipal, cuya muerte señaló el principio del fin. Durante su reinado, hacia el año 645 a.C., los medos, aliados con los babilonios, intentaron la toma de Nínive. Fue, sin embargo, en el otoño del 612 a.C., en el reinado de Sinschar-ishkun, cuando Nínive cayó definitivamente. La aniquilación de Asiria se completó hacia el año 606 a.C., momento en que sus territorios se repartieron entre medos y sirios.


La actividad profética


A la hora de datar la actividad profética de Nahún hay que tener en cuenta la fecha del hecho central del libro: la caída de Nínive, capital del imperio asirio, en el 612 a.C. Asumiendo que en el libro de Nahún se trata de una predicción y no de una evocación de dicha caída, es preciso señalar una datación anterior a esa fecha. Y como, por otra parte, Nahún evoca la caída de Tebas (Nahún 3:8) ocurrida en el 688/687 a.., su libro sería posterior a esa fecha.


Habría que fecharlo hacia la mitad del siglo VII a.C., durante el reinado de Manasés, de cuya política pro-asiria el libro hace una velada crítica. Asiria había alcanzado por entonces su mayor extensión y poderío. Asurbanipal había conseguido aplastar Egipto y apoderarse de su capital, Tebas. El peligro de creerse inexpugnable era evidente.


El mensaje profético


El mensaje de Nahún es especialmente duro. En su descripción de la caída de Nínive no aparece la compasión de Dios hacia el pueblo pecador, sino sólo su ira, que no cesa hasta aniquilar por completo la ciudad opresora. Nahún se sitúa evidentemente desde la óptica del oprimido y ve en la justicia y fidelidad de Dios la razón del castigo al opresor. Dios, y no los asirios, es el Señor de la historia; Él puede utilizar a las naciones para sus propios designios, pero es el único que controla la historia, y no soporta la opresión.


Puede llamar la atención el regocijo total de Nahún por la caída de Nínive y la correspondiente ausencia de toda crítica a su propio pueblo. Su profecía se limita a afirmar que el Dios fiel no ha abandonado a Judá. El enemigo no prevalecerá; el castigo llega a su término. Lo mismo que Dios salvó a los israelitas esclavizados por Egipto, así liberará también a los oprimidos por Asiria. Esta es la buena noticia, a la que seguirá la celebración y la acción de gracias (Nahún 2:1).


Desastre sin paliativos


El desastre que se cierne sobre Nínive no tiene ningún tipo de paliativos. Con abundancia de imágenes textuales el profeta Nahún describe el desastre completo: las fortalezas caen a la primera sacudida y el ejército asirio es una partida de mujeres soldado, lo cual representa un grave insulto para los soldados. De nada vale un nuevo esfuerzo de reedificación; el fuego se encargará de arrasarlo todo.


El ejército enemigo será como langosta devoradora que nada deja a su paso. De nada valdrá el número de los que defienden la ciudad porque desaparecerán como desaparecen las estrellas y los insectos al salir el sol.


Nahún 3:18 recoge un nuevo canto fúnebre, lleno de burla, dirigido contra el rey de Asiria. Es un contraste entre el oficio de pastores (vigilar el rebaño), y la situación de los pastores de Asiria (están dormidos). La dispersión por los montes y la ausencia de quien congregue y reúna es elemento típico en la utilización de la imagen del pastor.


Termina el libro de Nahún cerrando toda puerta a la esperanza para Nínive: su herida es incurable. Y para más burla, pone colofón el coro jubiloso de las naciones que, víctimas en otro tiempo de la crueldad de Asiria, aplauden ahora su ruina.


Conclusión


El opúsculo de Nahún parece que alimentó las esperanzas humanas de Israel hacia el 612 a.C., pero la alegría fue breve y la ruina de Jerusalén siguió de cerca a la de Nínive. Entonces se amplió y se ahondó en el sentido del mensaje, e Isaías 52:7 repite la imagen de Nahún 2:1 para describir la llegada de la salvación.


En Qumrán se han encontrado los fragmentos de un comentario de Nahún que aplicaba arbitrariamente las expresiones del profeta a los enemigos de la comunidad.



Fuente: GOARCH / Religión en Libertad

Traducción del inglés y adaptación propias