martes, 2 de noviembre de 2021

03/11 - Acépsimas el Obispo, José el Presbítero y Aitalas el Diácono, Mártires de Persia


El Santo Acépsimas era obispo, José presbítero y Aitalas diácono. Los tres fueron martirizados por causa de Cristo, cuando el rey de Persia era Sapor II (310-381 d.C.). Se expone a continuación la narración de Sozomeno, el historiador, recogida en su libro ‘Historia de la Iglesia’ (Bk. 2, Cap. 8, 9, 13):


"Los armenios, según tengo entendido, fueron los primeros en abrazar el cristianismo. Se dice que Tiridates, entonces soberano de esa nación, se hizo cristiano a partir de una señal milagrosa que tuvo lugar en su propia casa, y que ordenó a todos los súbditos, por un heraldo, que adoptaran la misma religión. Creo que el comienzo de la conversión de los persas se debió a su relación con los osroenos y los armenios, porque es probable que conversaran con tales hombres y experimentaran de su virtud.


Cuando, con el transcurso del tiempo, los cristianos aumentaron en número y comenzaron a formar iglesias, y nombraron sacerdotes y diáconos, los Magos -que, como tribu sacerdotal, desde el principio y en sucesivas generaciones actuaron como guardianes de la religión persa- se indignaron profundamente contra ellos.


Los judíos, quienes por envidia son de alguna manera naturalmente opuestos a la religión cristiana, también se sintieron ofendidos. Por lo tanto, presentaron acusaciones ante Sapor, el soberano reinante, en contra de Simeón, quien era entonces arzobispo de Seleucia y Ctesifonte, ciudades reales de Persia, y lo acusaron de ser amigo del César de los romanos y de comunicarle los asuntos de los persas.


Sapor creyó estas acusaciones y, al principio, condenó a los cristianos con impuestos excesivos, aunque sabía que la mayoría de ellos habían abrazado voluntariamente la pobreza. Confió la recaudación a unos hombres crueles esperando que, por falta de lo necesario y por la atrocidad de los recaudadores, se vieran obligados a abandonar su religión; porque este era realmente su objetivo. Después, sin embargo, ordenó que los sacerdotes y los guías de la adoración a Dios fueran asesinados por la espada. Las iglesias fueron demolidas, sus embarcaciones fueron depositadas en la tesorería, y Simeón fue arrestado como traidor al reino y a la religión de los persas. Así, los Magos, con la cooperación de los judíos, destruyeron rápidamente las casas de oración…


Sobre este período arrestaron a Acrlépsimas el obispo y a muchos de sus clérigos. 


Después de haber tomado consejo juntos, se conformaron con la búsqueda solamente del líder; despidieron al resto después de que se hubieran llevado sus propiedades. Sin embargo, José, que era uno de los presbíteros, siguió a Acépsimas voluntariamente, obtuvo el permiso de los Magos para compartir su prisión y ministró espiritualmente al anciano, aligeró sus desgracias en la medida de lo posible y curó sus heridas; no mucho después de su aprehensión, los Magos lo habían torturado con injurias y con correas para obligarlo a adorar al sol; y en su negativa a hacerlo le retuvieron nuevamente cautivo.


Dos presbíteros llamados Etals y José , y dos diáconos, llamados Azadanes y Abdieso, luego de haber sido azotados por los Magos, fueron obligados a vivir en prisión debido a sus creencias. Después de un largo tiempo, los grandes Archimagos comunicaron al rey los hechos sobre ellos para ser castigados; y habiendo recibido permiso para tratarles como quisieran -a menos que accedieran a adorar al sol-, dio a conocer esta decisión de Sapor a los prisioneros.


Ellos respondieron abiertamente que nunca traicionarían la causa de Cristo ni adorarían al sol. Entonces fueron torturados sin piedad.


Acépsimas perseveró en la confesión con coraje de su fe, hasta que la muerte puso fin a sus tormentos. Ciertos armenios, a quienes los persas retuvieron como rehenes, se llevaron en secreto su cuerpo y lo enterraron.


Los otros prisioneros, aunque no menos flagelados, como por un milagro continuaron viviendo y, como no cambiaron de parecer, fueron puestos nuevamente en prisión. Entre ellos estaba Aitalas, quien fue estirado mientras era golpeado, y sus brazos fueron arrancados de sus hombros por la rueda de tortura. Bajo este método, una innumerable multitud de presbíteros, diáconos, monjes, doncellas y otros que servían a las iglesias terminaron sus vidas por el martirio. Los siguientes son los nombres de los obispos, hasta donde he podido determinar: Barbasimas, Pablo, Gadiabes, Sabino, Mareas, Mocio, Juan, Hormisdas, Papas, José, Romas, Maares, Agas, Bocres, Abdas, Abdieso, Juan, Abramino, Agdelas, Sapores, Isaac y Dausas. Este último había sido hecho prisionero por los persas y traído de un lugar llamado Zabdeo. Murió por esta época en defensa del dogma; y Mareabdes, un obispo menor, y cerca de doscientos cincuenta de sus clérigos, que también habían sido capturados por los persas, sufrieron con él."



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com

Adaptación propia