sábado, 27 de noviembre de 2021

XIII Domingo de Lucas. Lecturas de la Divina Liturgia


Ef 2,4-10: Hermanos, Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho revivir con Cristo —estáis salvados por pura gracia—; nos ha resucitado con Cristo Jesús, nos ha sentado en el cielo con él, para revelar en los tiempos venideros la inmensa riqueza de su gracia, mediante su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. En efecto, por gracia estáis salvados, mediante la fe. Y esto no viene de vosotros: es don de Dios. Tampoco viene de las obras, para que nadie pueda presumir. Somos, pues, obra suya. Dios nos ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras, que de antemano dispuso él que practicásemos. 


Lc 18,18-27: En aquel tiempo uno de los jefes le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué he de hacer para heredar la vida eterna?». Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino solo Dios. Ya sabes los mandamientos: No cometerás adulterio, No matarás, No robarás, No darás falso testimonio, Honra a tu padre y a tu madre». Y él dijo: «He observado todo esto desde mi juventud». Al oír esto, Jesús le dijo: «Todavía te falta una cosa: vende todo cuanto tienes y distribúyelo a los pobres —y tendrás un tesoro en los cielos—; luego, ven y sígueme». Pero él, al oír esto, se puso muy triste, porque era muy rico. Cuando Jesús vio que se había entristecido, dijo: «¡Qué difícil es para los que tienen riquezas entrar en el reino de Dios! Es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que entre un rico en el reino de Dios». Los que lo oyeron, dijeron: «Entonces, ¿quién se puede salvar?». Y él dijo: «Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios».



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

28/11 - Irenarco y sus Compañeros Mártires en Sebaste


Existe un documento, la «Passio» de Irenarco y sus compañeros, mártires de Sebaste, lo suficientemente antiguo como para no dejar duda de que se nutre de un culto a san Irenarco preexistente. Ese escrito menciona todo un grupo de mártires -no sólo a san Irenarco- compuesto de siete mujeres, un sacerdote, Acasio, y dos niños, hijos de una de ellas; según este relato, Irenarco era el soldado que las custodiaba por orden del Gobernador Máximo, y, viendo la constancia de las mujeres, se convierte a la fe cristiana y es bautizado por Acasio en el mismo lago en el que Máximo lo hace sumergir para ahogarlo. Luego de una serie de intentos fallidos de matarlo, de los que sale invariablemente ileso, finalmente es decapitado, y su cuerpo es abandonado al borde del lago, de donde recoge los restos (de él y de sus compañeros de martirio) una cristiana piadosa de nombre Elisea.


San Irenarco es mencionado en Sinaxarios bizantinos, que lo colocan el 28 de noviembre. Antiguos leccionarios georgianos lo mencionan también en esa fecha o cercana (entre el 26 y el 29 del mes). En Occidente, la memoria de san Irenarco se encuentra por primera vez en el Martirologio del P. Galesini (1580), asignada al 27 de noviembre, y asociada al martirio de Acasio y las siete mujeres. La edición anterior del Martirologio Romano (que depende mucho de los datos del de Galesini) lo introduce también el 27 de noviembre, con el mismo grupo, aunque en la noticia explicativa más bien se inclina por la versión de un sinaxario.



Fuente: El Testigo Fiel

28/11 - Esteban el Nuevo


El Justo Esteban nació en Constantinopla en el año 715, hijo de padres piadosos llamados Juan y Ana, durante el reinado del emperador Anastasio II, también llamado Artemio (713-715). Su madre había rezado a menudo a la Santísima Deípara en su iglesia de las Blanquernas para que se le concediera tener descendencia, y un día recibió una revelación de nuestra Señora en la cual esta le aseguraba que concebiría el hijo tan deseado. Cuando Ana quedó encinta, le pidió al recién elegido Patriarca Germán que bendijera al bebé que se encontraba en su seno, y este dijo: «Que Dios lo bendiga por las oraciones del Protomártir Esteban»; en ese momento Ana vio una llama salir de la boca del santo Patriarca. Cuando el bebé nació, su madre lo llamó Esteban, según la profecía de San Germán.


Esteban nació y se crió, pues, en la «Reina de las Ciudades» (Constinopla). De joven se ocupó de las letras sagradas, y todos los días asistía a la Iglesia de Dios con su madre, ocupándose con el ayuno y el trabajo duro.


Cuando tenía quince años, sus padres le confiaron a los monjes del antiguo monasterio de San Auxencio, no lejos de Calcedonia. El oficio del joven consistía en comprar las provisiones. Con motivo de la muerte de su padre, Esteban tuvo que ir a Constantinopla. Aprovechó la ocasión para vender sus posesiones y repartir la ganancia entre los pobres.


Una de sus dos hermanas era ya religiosa, la otra partió a Bitinia con su madre, y ambas se retiraron también a un monasterio. Cuando murió el abad Juan, Esteban fue elegido para sucederle a pesar de que solo tenía treinta años. El monasterio consistía en una serie de celdas aisladas y desperdigadas en la montaña. El nuevo abad se estableció en una cueva de la cumbre. Ahí unió el trabajo a la oración: se ocupaba de copiar libros y fabricar redes. Algunos años más tarde, Esteban renunció al cargo y, en un sitio más retirado aún, se construyó una celda tan estrecha que no podía permanecer de pie ni recostarse sin chocar con las paredes. En esa especie de sepulcro se encerró a los cuarenta y dos años de edad.


El emperador Constantino Coprónimo -es decir, «Nombre de Heces», porque manchó las aguas en el vientre de su madre, dando una muestra clara del tipo de impiedad que abrazaría más tarde- continuó la guerra que su padre, León, había declarado a los iconos. Como era de esperar, encontró entre los monjes la oposición más fuerte, tomando contra ellos las medidas más rigurosas. Como estaba al tanto de la gran influencia de Esteban, el emperador se esforzaba para que suscribiese el decreto promulgado por los obispos iconoclastas en el sínodo del año 754. El patricio Calixto hizo el intento de convencer al santo para que lo firmase, pero fracasó en la empresa. Constantino, furioso al no ver la firma de San Esteban, envió a Calixto con un grupo de soldados para que sacasen a rastras al santo de su celda. Esteban se hallaba ya tan extenuado que los soldados tuvieron que llevarle a cuestas hasta la cumbre de la montaña. Algunos falsos testigos acusaron a San Esteban de haber convivido con su hija espiritual, la santa viuda Ana. Esta protestó de su inocencia y, al negarse a dar testimonio contra el santo, como lo pedía el emperador, fue encarcelada en un monasterio, donde murió poco después a consecuencia de los malos tratos.


El emperador, que buscaba un nuevo pretexto para condenar a muerte a Esteban, le sorprendió cuando confería el hábito a un novicio, cosa que estaba prohibida. Inmediatamente los soldados dispersaron a los monjes e incendiaron el monasterio y la iglesia. Esteban fue llevado preso en un navío a un monasterio de Crisópolis, donde se reunieron para juzgarle Calixto y algunos obispos. Al principio le trataron cortésmente, pero después empezaron a maltratarle con brutalidad. El santo les preguntó cómo se atrevían a calificar de ecuménico un concilio que no había sido aprobado por los otros patriarcas, y defendió tenazmente la veneración de las sagradas imágenes. Por ello, fue desterrado a la isla de Proconeso de Propóntide.


Dos años más tarde, Constantino Coprónimo mandó que el Santo fuese trasladado a una prisión de Constantinopla. Unos cuantos días después, cuando el Santo fue conducido de nuevo ante el Emperador, le mostró una moneda y le preguntó de quién era la imagen que aparecía en ella, a lo que el tirano respondió: «Mía»; el Santo volvió a preguntar: «Si alguien pisoteara esta imagen, ¿sería digno de castigo?», y los que estaban alrededor respondieron que sí, momento en que el Santo gimió por su ceguera y les dijo: «¿De modo que es un crimen enorme insultar la imagen del rey de la tierra y no lo es arrojar al fuego las imágenes del Rey del cielo?» y les pidió que, si pensaban que deshonrar la imagen de un rey corruptible era digno de castigo, consideraran el tormento que recibirían los que pisoteaban la imagen del Maestro Cristo y de la Madre de Dios. Luego tiró la moneda al suelo y la pisoteó, por lo que fue condenado a pasar once meses atado y en prisión.


Posteriormente el emperador le mandó azotar, cosa que los verdugos hicieron con extremada violencia. Cuando Constantino se enteró de que el santo no había muerto en el suplicio, exclamó: «¿No hay nadie capaz de librarme de ese monje?». Inmediatamente uno de los presentes corrió a la cárcel y arrastró al mártir por las calles de la ciudad, donde la multitud le golpeó con piedras y palos hasta que un hombre le destrozó la cabeza con un mazo. Esto ocurrió en el año 767.


Partes de sus Sagradas reliquias se encuentran en el monasterio de San Dionisio en el Monte Ato.



Fuente: GOARCH / laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com

Traducción del inglés y adaptación propias

viernes, 26 de noviembre de 2021

27/11 - Santiago el Megalomártir de Persia («el Interciso»)


Este Santo era de la ciudad de Bitlaba (hoy Gondisapur, Irán) y de noble estirpe; era Comandante del ejército y el amigo más cercano y honrado de Istijerdes I, Rey de Persia (que reinó de 399 a 420).


Aunque era cristiano desde su juventud, Santiago renegó de Cristo, en parte por miedo y en parte atraído por la amistad y halagos del Rey cuando este comenzó a hostigar a los cristianos, y ello para no perder su puesto en la milicia. Cuando su madre y su esposa lo supieron, le declararon por carta que no se relacionarían nunca más con él, pues había preferido la gloria temporal al amor de Cristo. Herido en el alma por estas palabras y volviendo en sí, Santiago lloró por su error y repudió la adoración de los ídolos luego de hacer penitencia por su pecado.


Furioso por lo ocurrido, el nuevo rey (Baramis V, hijo y sucesor de Istijerdes, 421-438), que siguió la política anticristiana de su padre, cristiano, le conminó a abandonar esa fe, pero Santiago le dijo: «Seguiré siendo cristiano y nada en el mundo podrá separarme de mi Dios y Señor». Entonces Baramis decidió que el esforzado Comandante fuera castigado severamente y que dicho castigo sirviera de escarmiento para los demás. Los jueces decidieron que Santiago fuera cortado miembro a miembro, trozo a trozo, de tal manera que el tormento fuera largo y le provocara gran sufrimiento.


Así lo ejecutaron los verdugos: sin prisa le cortaron los dedos, falange a falange, luego los dedos de los pies, las manos, las piernas y brazos. Sin prisa. Cuando solo era un tronco con cabeza, le cortaron las orejas y la nariz. Finalmente, le aserraron el tronco por el medio, a la par que el santo decía: «Después de que las ramas se han cortado, es hora de cortar el tronco para siempre"». Y murió entonando salmos y cánticos a Dios. Los cristianos recogieron los 28 trozos en los que quedó dividido el santo cuerpo y los sepultaron piadosamente, mientras invocaban la intercesión del santo mártir. Esto ocurrió en el año 421.


En 1440 su cabeza fue llevada a Roma y depositada en la antigua Basílica de San Pedro, y hoy permanece en la actual.



Fuente: GOARCH / Religión en Libertad

Traducción del inglés y adaptación propias

jueves, 25 de noviembre de 2021

26/11 - Estiliano el Monje de Paflagonia


San Estiliano nació en Paflagonia, una ciudad de Asia Menor, entre los siglos IV y VI. Heredó una gran fortuna de sus padres cuando fallecieron, pero no quiso conservarla sino entregarla a los pobres de acuerdo a las necesidades de estos, deseando ayudar a aquellos que habían tenido menos fortuna.


Decidió dejar la ciudad e instalarse en un monasterio, donde dedicó su vida a Dios. Y siendo más celoso y devoto que los demás monjes, provocó en ellos celos y tuvo que dejar el monasterio. Decidió vivir en una cueva solo, en las selvas, donde dedicó su vida a la oración y el ayuno.


La bondad y la amabilidad del santo pronto lo convirtieron en famoso entre los habitantes de Paflagonia y le pedían que les enseñara o los curara de sus males. Muchos fueron sanados de enfermedades mentales o físicas por sus oraciones.


Estiliano era conocido por su amor a los niños, a quienes curaba. Aun después de su muerte, los ciudadanos de Paflagonia creían que San estiliano podía sanar a sus hijos. Cuando un niño enfermaba, un ícono de Estiliano era pintado y colgado sobre la cama del niño.


En la hora de su muerte, la cara de Estiliano comenzó a brillar y un ángel apareció para recibir su alma.


Conocido como protector de los niños, San Estiliano es representado en la iconografía llevando un niño en sus brazos. Los fieles piadosos piden su ayuda y protección sobre los niños, y las mujeres que no pueden concebir hijos le piden su intercesión para ser madres.



Fuente: GOARCH

Traducción del inglés y adaptación propia

26/11 - Nicón el del «Arrepentíos»


En Lacedemonia, del Peloponeso, san Nicón, monje, que después de una vida cenobita y eremítica transcurrida en Asia, trabajó con celo evangélico para llevar a la vida cristiana a los habitantes de la isla de Creta, recién liberada del yugo de los sarracenos, y luego recorrió Grecia predicando la penitencia, hasta que falleció en el monasterio de Esparta, fundación suya.


San Nicón nació en el Ponto a principios del siglo X. Su padre era un rico dueño de tierras y había bautizado a su hijo con el nombre de Nicetas. Debido a que no tenía el deseo de seguir manejando la riqueza de su familia y la administración de las tierras de su padre, Nicetas ingresó al Monasterio de Crisópetros donde mostró un decidido celo por la oración y el ayuno. Cuando fue tonsurado monje recibió su nuevo nombre: Nicón. El cambio de nombre simboliza siempre, en la iglesia, la nueva vida del Espíritu (Romanos 7:6) y el nacimiento de una nueva persona (Efesios 4:24). Un monje debe dejar de asociarse con su antigua personalidad y dedicar su vida solo a Dios.


San Nicón tenía un especial don de predicación. Cuando hablaba de la virtud y de temas espirituales, sus oyentes se llenaban de compunción y amor por Dios. Sus palabras producían tales frutos espirituales en aquellos que lo escuchaban que se pedía que viajara a las regiones orientales para proclamar la buena nueva. Visitó Armenia, Creta, Eubea, Egina y el Peloponeso, enseñando la Palabra del Señor. «Arrepentíos porque el Reino de los Cielos está cerca». Este era el mensaje de San Juan el Bautista (Mateo 3:2) y el del mismo Cristo (Mateo 4:17). Este era también el mensaje de San Nicón; donde fuera, comenzaba sus sermones con «Arrepentíos» (en girego «metanoeite», por eso fue llamado Nicón, «el predicador del arrepentimiento»

Al principio la gente no prestaba mucha atención a su mensaje pero de a poco ganó el corazón de estos con su predicación, sus milagros y su gentil y amorosa personalidad. Remarcó siempre la necesidad que cada uno de nosotros tiene de arrepentimiento. San Nicón enseñó que el verdadero pesar por nuestros pecados surge cuando cultivamos la oración, la negación de nuestros deseos carnales, practicamos las ofrendas y hacemos esfuerzos ascéticos. Finalmente remarcó la necesidad de un padre espiritual a quien busquemos para confesarnos.


Después de sembrar las semillas de la piedad, San Nicón comenzó a ver los frutos. Los fieles comenzaron a cambiar su forma de vida, pero les seguía pidiendo que se esforzaran en sus almas por medio de las buenas obras. Al final se estableció en una cueva a las afueras de Esparta. Pronto tuvo que moverse a la ciudad por la cantidad de gente que venia a verlo. Allí fundó una iglesia dedicada a Cristo Salvador donde fue edificado más tarde un monasterio. El santo durmió en el Señor en el año 998 y su memoria fue honrada por la gente del pueblo de Esparta. Durante la ocupación turca en Grecia, San Nicón fue prácticamente olvidado salvo en Esparta. Después de la revolución griega en 1821, el oficio litúrgico para la memoria de San Nikon fue escrito por el Padre Daniel Georgópulos, el mismo se basó en la vida del santo, escrita por el abad del Monasterio de San Nicón, Gregorio, en 1142.



Fuente: El Testigo Fiel

26/11 - Alipio el Estilita de Adrianópolis


San Alipio nació hacia el año 505 en la ciudad de Adrianópolis. Ya antes de su nacimiento, su cristiana madre tuvo una visión premonitoria de la gloria futura del niño. Luego esta enviudó, siendo aún muy joven, y envió a su hijo a ser educado por el obispo Teodoro, entregó sus pertenencias a los pobres y comenzó a vivir como asceta y diaconisa cerca de la iglesia donde había enviado a su hijo.


Alipio fue nombrado diácono y tesorero de la Iglesia de Adrianópolis (en la actual Turquía) hasta que a los 30 de años manifestó su intención de retirarse a la soledad pese a que el obispo Teodoro no se lo permitía.


Una vez, acompañando al obispo en un viaje a Constantinopla, San Alipio vio en una visión a Santa Eufemia (conmemorada el 16 de Setiembre) quien le pedía que fundara una iglesia en su nombre en Adrianópolis.


Con las contribuciones de los fieles de Adrianópolis, San Alipio construyó una iglesia bajo la construcción de Santa Eufemia, en un antiguo templo pagano. Al lado del templo, donde existía un altar pagano, San Alipio construyó una columna donde subía a rezar y a enseñar a los fieles que venían a él. Por cincuenta y tres años San Alipio luchó contra Satanás en ese lugar, rezando y aconsejando a los cristianos que venían buscando su ayuda. Se dice que Alipio tenía poder para predecir el futuro y sanar a los enfermos.


Se cuenta que una noche los demonios comenzaron a arrojarle piedras mientras él oraba de pie en ese pilar. San Alipio quería luchar contra los espíritus de la oscuridad, y tomando lo que le servía como humilde techo se protegió de ellos. Por su perseverancia, los demonios abandonaron para siempre aquel lugar.


Catorce años antes de su muerte, San Alipio perdió la posibilidad de ponerse de pie. Tuvo que pasar ese tiempo recostado sobre uno de sus costados por la debilidad de sus piernas y soportó muy difíciles enfermedades con humilde gratitud. Dos monasterios se levantaron alrededor de la columna levantada por el santo: uno para hombres y otro para mujeres. San Alipio es recordado por haber introducido reglas monacales para ambos monasterios y los dirigió hasta su muerte. 


Durmió en el Señor el año 640, a la edad de 118 años (otros dicen que 99). El cuerpo de este venerable santo fue depositado en la iglesia que había fundado en honor de Santa Eufemia. Sus reliquias sanaron a aquellos que las veneraron con fe. Se cuenta, por ejemplo, que un poseso fue liberado de su enfermedad al acostarse sobre su tumba.


La reliquia de su cabeza se encuentra en un monasterio del Monte Ato, al cual en 1428 se unieron las comunidades fundadas por san Alipio. Se le dedicó un monasterio en Constantinopla y se lo representa en un mosaico en la basílica de San Marcos de Venecia junto a san Simeón el viejo.


San Alipio es invocado contra la esterilidad.


 

Fuente: crkvenikalendar.com / El Testigo Fiel

Adaptación propia

miércoles, 24 de noviembre de 2021

25/11 - Catalina la Megalomártir de Alejandría


Santa Catalina, originaria de Alejandría, era hija de Constante (o Cesto). Era una doncella de gran belleza, castísima e ilustre por su riqueza, linaje y erudición.


Sobre el año 310, teniendo Catalina 18 años, el emperador Majencio mandó que todos los residentes de la provincia, ricos y pobres, se reunieran en Alejandría para hacer sacrificios a los dioses. Cuando Catalina oyó los lamentos de los cristianos, se hizo la señal de la cruz y se fue con un par de sirvientes al mercado, donde vio una gran cantidad de cristianos que eran llevados a la fuerza al templo para ofrecer sacrificios a los ídolos. Ella se unió a ellos y estando delante del emperador, le dijo: “Te saludo, Majestad, porque estoy en deuda con tu dignidad. Pero lo hago con el fin de persuadirte de que te alejes de tus dioses y adores al único Dios verdadero". Y mantuvieron un largo debate filosófico y teológico sobre la necedad de creer en varios dioses y cómo con la simple razón, y más iluminada por la fe, se podía concluir que existía un solo Dios, y este era el Padre de Jesucristo. Majencio, confundido, la invitó al palacio y admiró su inteligencia, sabiduría y belleza. Le preguntó quien era, y Catalina le respondió: "Soy Catalina, hija del rey Costes. De noble cuna soy, y desde muy temprana edad me crié en las artes liberales, pero todo lo he dejado, y he buscado refugio en mi Señor Jesús, porque estos dioses tuyos no son capaces de nada, y a sus adoradores no les hacen caso".


Y buscó Majencio a todos los sabios y filósofos de Alejandría, convencido de que podrían persuadir a la joven. Eran 50 hombres sabios, algunos ancianos que habían dedicado toda su vida al estudio. Catalina fue advertida por un ángel, que le aseguró que podría convencerlos a todos y que incluso darían sus vidas por Cristo. El debate fue muy largo para ponerlo todo aquí. Baste decir que Catalina comenzó desmontando a sus dioses falsos y explicando cada uno de los oráculos de las Sibilas, que anunciaban a Cristo en sus oráculos. Demostró la veracidad de la Encarnación, Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, su preexistencia a todo y su venida gloriosa. Al final, el más sabio de todos dijo a Majencio: "Has de saber, Majestad, que ninguno hemos sido capaces de resistir a esta joven. El Espíritu de Dios mismo habla en esta chica. Ella nos ha llenado de tal admiración que no nos atrevemos ni a decir una palabra contra el tal Cristo: por lo tanto, llegamos a la conclusión de que Él tiene que ser el único Dios verdadero”. Majencio se irritó tanto que mandó quemarlos vivos en medio de la plaza. Lloraban algunos porque no eran bautizados y temían no entrar al cielo. Catalina les calmó diciéndoles: “Eso no ha de preocuparos. Vuestra sangre os servirá de bautismo”.


Luego de esto, Majencio obligó a Catalina a sacrificar ante un ídolo puesto en público. Ella se negó y el emperador mandó la desnudaran y la golpearan con varas de hierro. Luego mandó encerrarla durante diez días en un calabozo, sin comida ni agua. En la cárcel fue consolada por los ángeles, hecho que vio Porfirio, un amante de la esposa de Majencio, y se convirtió a Cristo. Catalina le profetizó que moriría mártir por la fe. Hasta 200 personas se convirtieron por la palabra y el ejemplo de la santa.


Doce días estuvo Catalina en la cárcel, al cabo de los cuales Majencio la halló con salud y nada debilitada. Pensó que la santa tenía algún infiltrado que la ayudaba, pero ella le confesó que Cristo y los ángeles la alimentaban. Majencio le exigió, nuevamente, que sacrificara a los dioses, a lo que Catalina se negó, por lo que fue sometida a la rueda de púas. Era esta un artefacto con cuatro ruedas con puntas de hierro o madera. Dos ruedas frente a otras dos que, al moverse, funcionaban como ruedas dentadas, estando la mártir entre ellas. Al comenzar el suplicio, los ángeles bajaron y rompieron el cruel instrumento. Al ver este portento, la emperatriz confesó su adulterio y su conversión a la fe cristiana, por lo que le fueron cortados los pechos y la cabeza. Porfirio tomó el cuerpo y lo sepultó cristianamente, y al día siguiente se presentó como cristiano, así que Majencio lo mandó decapitar y echar el cuerpo a los perros.


Majencio entonces sugirió a Catalina que dejara la fe de Cristo y se convirtiera en su emperatriz, pero ella se negó y Majencio mandó decapitarla. Catalina oró al Señor: "Jesús, tú que eres la esperanza y la salvación de todos los creyentes, honor y gloria de las vírgenes, escucha mi oración y concede a todos los que me invoquen en la hora de su muerte o en cualquier de peligro que sean protegidos de todo mal”. Y se oyó una voz del cielo que dijo: "Ven aquí, mi querida esposa; las puertas del cielo están abiertas para ti y para cualquiera que recuerde tus tormentos". Y le cortaron la cabeza, manando del cuello leche en lugar de sangre.


Catalina recibió la corona del martirio en el año 305. Sus santas reliquias fueron llevadas por los Ángeles a la santa montaña del Sinaí, donde fueron sepultadas veinte días más tarde y fueron descubiertas muchos años después; el famoso monasterio de Santa Catalina estaba originalmente dedicado a la Santa Transfiguración del Señor y a la Zarza Ardiente, pero posteriormente fue dedicado a la Santa que nos ocupa. Durante siglos se dijo que un aceite milagroso (miro) fluía de sus reliquias.


En España es la patrona de la ciudad de Jaén. Cuenta una tradición qure la Santa se le apareció en sueños al rey Fernando el Santo de Castilla ofreciéndole las llaves de la ciudad, que en ese momento estaba siendo sitiada, y por tanto anunciando la victoria sobre los musulmanes al poco tiempo. Hoy en día el castillo de la ciudad y el cerro en el que se asienta llevan su nombre, además de ser copatrona junto a la Virgen María de la Capilla.


En los tiempos antiguos, Santa Catalina y San Mercurio eran celebrados el 24 de noviembre, y los Santos Hieromártires Clemente de Roma y Pedro de Alejandría el 25, pero las fechas de estos Santos fueron intercambiadas a petición de la Iglesia y Monasterio del Monte Sinaí para que la fiesta de Santa Catalina, su patrona, pudiera ser celebrada de manera más solemne junto a la Apódosis de la Entrada de la Madre de Dios en el Templo; sin embargo, las Iglesias eslavas siguen conmemorando a estos Santos en su fecha original.



Fuente: GOARCH / Religión en Libertad / VGL

Adaptación propia

25/11 - Mercurio el Megalomártir de Cesarea en Capadocia


Los soldados mártires conforman, según la tradición cristiana de los primeros siglos, una categoría especial de santos. Junto con los más famosos de todos ellos: San Jorge, San Demetrio y San Teodoro Stratelatos, San Mercurio es considerado como un modelo de soldado romano que se convirtió en soldado de Cristo contra el politeísmo.


La vida de San Mercurio


Existen muchos relatos sobre la vida de San Mercurio y así, podemos hacer mención de la “Pasión de San Mercurio bajo Decio”, un texto griego que se encuentra en la colección “vitae” del bolandista Hippolyte Delehaye, bajo el número BHG (Bibliotheca Hagiographica Graeca) 1274. Una versión corta de esta “passio” se atribuye a Acacius de Cesarea, que sobre él escribió un panegírico en el siglo IV. A todo esto hay que añadir la tradición copta sobre la temprana vida del santo. Esta versión se inicia de la siguiente forma: San Mercurio nació en el año 225 en Eskentos (Capadocia, en el Asia Menor), en el seno de una familia pagana, siendo su nombre original Philopater, que significa “amante del padre”. Su padre era un oficial escita en el ejército romano, llamado Yares, aunque según otras fuentes su nombre era Gordiano. La conversión de la familia ocurrió después de que a su padre, de manera milagrosa, un ángel del Señor lo salvara de la muerte durante una campaña de caza. Todos ellos fueron bautizados tomando los nuevos nombres de Noah (antes, Gordiano), Safina (su madre) y, respectivamente, Mercurio (antes Philopater). Su vida continuó normal pero recibiendo una educación cristiana.


Más tarde, Mercurio, al parecer con solo veinte años de edad, reemplazó a su padre en su posición militar uniéndose al ejército romano y ganándose una buena reputación en el manejo táctico de la espada luchando en Armenia en la cohorte de los Martenses (de Martes, el antiguo dios de la guerra), bajo el mando de Saturnino.


La “Pasión griega” comienza con el momento en el que al parecer, no estando ya en Capadocia sino cerca de Roma, Mercurio participó en una lucha, junto al emperador Decio (249-251) contra unos bárbaros que atacaron la capital. Después de varios días de lucha, el arcángel Miguel se apareció a Mercurio sosteniendo una espada resplandeciente y diciéndole: “Mercurio, siervo de Jesucristo, no tengas miedo. Toma esta espada de mi mano y lucha con ella contra los bárbaros. Cuando regreses victorioso, no te olvides de tu Dios. Yo soy Miguel, el arcángel, a quién Dios ha enviado para que te informe de que debes sufrir por el nombre del Señor. Yo estaré contigo, apoyándote hasta que completes tu testimonio. El nombre de nuestro Señor Jesucristo será glorificado en ti”. Hay que hacer mención de que Mercurio no entendía en aquel momento qué persona era la que le estaba ayudando. Un texto más ampliado de esta “passio”, que es utilizado en los sinaxarios ortodoxos, dice que Mercurio se asustó y pensó que aquella persona podría ser alguno de los hombres notables de Roma. El santo cogió la espada del arcángel y luchó contra los bárbaros de tal manera que mató a muchos de ellos. Debido a que llevada dos espadas – la suya y la de San Miguel – a Mercurio se le conoce en el mundo árabe con el nombre de Abi-Seifein (el padre de dos espadas).


Cuando Decio se enteró de esta victoria triunfal, nombró a Mercurio general de su ejército y dejó que los soldados descansaran en la ciudad. Aquella misma noche, el ángel lo despertó y le dijo quién era. También le predijo su muerte martirial: “Mira, no te olvides del Señor, tu Dios, porque deberás competir en su nombre como tu acostumbras a hacerlo y ganarás la corona de la victoria en el reino celestial, junto con todos los santos”. En ese momento, Mercurio se acordó del Dios de su padre y de la manera en la que su padre solía orar y se comprometió a confesar al Señor delante de todos.


Al segundo día, Decio quiso dar las gracias a los dioses por esta victoria y llamó a Mercurio para que participara en un consejo. El consejo decidió hacer un sacrificio en el templo de Artemisa, más el día del sacrificio, Mercurio se deslizó entre la multitud para evitarlo, pero de todos modos, no pudo evitar tener una reunión con el emperador al que le habían hecho llegar información de que Mercurio no quería participar en el sacrificio. En ese momento, Mercurio confesó que era leal servidor en la guerra, pero que su único Dios era Jesucristo y ante todos, confesó que era cristiano. Debido a esto, fue degradado de su cargo militar y deshonrado.


Decio lo envió a la cárcel hasta el momento en que decidiera que sanción imponerle, pero en esta ocasión, Mercurio fue animado nuevamente por un ángel. De acuerdo con esta “passio” griega, Mercurio comunicó al emperador que su padre era un escita llamado Gordiano y que su nombre original era Philopater. Que había recibido el nombre de Mercurio y que solo el tribuno del ejército lo llamaba así. Dijo que no tenía miedo a las torturas porque “el escudo y la coraza de la fe me protegerán contra todo lo que se decida contra mí”. Ante estas palabras, Decio decidió extenderlo por los brazos y piernas sobre el fuego, pero su sangre lo apagó y de vueltas a la cárcel, fue curado milagrosamente por un ángel que al mismo tiempo lo reconfortó. Al día siguiente, al verlo curado, Decio lo acusó de brujería y ordenó a sus soldados que colgaran a Mercurio boca abajo amarrándole una piedra al cuello. Fue golpeado y quemado con un hierro al rojo vivo. Finalmente, Decio decidió que tenía que morir decapitado pero en su tierra, Capadocia, para que sirviera de ejemplo a los demás. En Capadocia se le apareció el mismísimo Señor y lo llamó al eterno descanso otorgándole la corona del martirio. Fue decapitado el día 25 de noviembre. En el “Acta sanctorum” del mes de noviembre (publicado en la versión del “Synaxarium Ecclesiae Constantinopolitanae”), se dice que tenía veinticinco años de edad, era de estatura alta, de rostro hermoso y pelo rubio. “Luego, después de haber sido bendecido, Mercurio estaba tan feliz que corrió hacia sus verdugos rogándoles que de inmediato ejecutaran las órdenes del Rey. Luego se arrodilló y dijo: “Señor, no tengas en cuenta este pecado”. Mercurio fue decapitado el 4 de diciembre del año 250. Tenía solo veinticinco años”.


La veneración de San Mercurio y sus reliquias


Supuestamente, las reliquias del santo permanecieron en una iglesia de Capadocia, pero su culto se extendió rápidamente por Egipto, donde existen muchas iglesias a él dedicadas, entre ellas la de Qas al-Sham, en el Cairo Viejo, iglesia que data del siglo VI.


Un catholicós armenio visitó Egipto durante el patriarcado de Juan XIII (1484-1524) y se llevó parte de las reliquias de San Mercurio a fin de colocarlas en la iglesia antes mencionada situada en el Cairo Viejo. Este acontecimiento es celebrado en el Calendario Copto el día 9 de Baounah (16 de junio). Algunas otras reliquias están distribuidas por otras iglesias, como en el monasterio de Montevergine (Campania) y en la iglesia de San Mercurio en Serracapriola, cerca de Foggia, en Italia. Otras reliquias fueron llevada al monasterio de Vatopedi y a otros diez monasterios del Monte Athos y algunas otras a Grecia. Según la tradición, desde el año 1767, la reliquia del cráneo de San Mercurio se encuentra en la catedral de Râmnicu Vâlcea (Rumanía). Otras están en el monasterio de Horezu, a unos cien kilómetros de Râmnicu Vâlcea y en la iglesia de San Mercurio de Bucarest. La Iglesia Copta posee muchas pequeñas reliquias en muchos templos, especialmente en El Caizo, Giza y Alejandría, en la iglesia copta de Frankfurt y en el monasterio copto de Kröffelbach, ambos en Alemania.


Los milagros acaecidos junto a su cuerpo comenzaron inmediatamente después de su muerte. El se volvió blanco como la nieve emitiendo un dulce olor a mirra e incienso. Fue sepultado en el lugar donde murió y la mencionada “Vita” acredita muchos milagros alrededor de su tumba. De esto se hace mención en “La Vida de Basilio” de Anfiloquio de Iconio, (siglo IX, Bibliotheca Hagiographica Graeca 247) y en las Crónicas de Juan Malalals (del siglo V). Unos cien años más tarde, San Basilio de Cesarea estaba rezando para que los cristianos fueran protegidos de la persecución de Julián el Apóstata (361-363). Ante él tenía dos iconos, uno de la Madre de Dios y otro de San Mercurio. En ese momento el emperador Julián estaba en guerra contra los persas y mientras oraba San Basilio, vio la lanza de San Mercurio ensangrentada, informándole el santo que en aquel mismo instante había muerto el emperador, asesinado por la lanza de un soldado desconocido. De todos modos, esta historia difiere de la historia oficial, según la cual, Julián el Apóstata murió a causa de una flecha. Esta historia está pintada sobre todo en los iconos coptos del santo, donde se le representa con dos espadas y matando con una lanza a Julián; al fondo, aparece San Basilio orando.


De acuerdo con dos fuentes de origen sirio, “El romance de Julián el Apóstata” y “La vida de Eusebio de Samosata” (Bibliotheca Hagiographica Orientalis 294), el verdugo de Julián el Apóstata fue Mar Qurus, uno de los Cuarenta mártires de Sebaste. Esta identificación realizada después de algunas investigaciones nos hace pensar que la historia de San Mercurio bajo el emperador Decio, puede ser una historia apócrifa.


La Iglesia Occidental conmemora a San Mercurio el día 11 de noviembre, mientras que en Oriente se festeja el 24 de noviembre. La Iglesia Copta lo celebra el 9 de Baounah (16 de junio), fecha del traslado de las reliquias y el 25 de Abib (1 de agosto) cuando se conmemora la consagración de la primera iglesia que lleva el nombre del gran San Mercurio Abi Saifain. Mencionemos también que en la víspera de su conmemoración del 9 de Baounah (15 de junio) del año 2007, fueron cerca de un millón de peregrinos al monasterio copto Abi Seifein en El Cairo.


Troparion (himno) del Santo


“Tu santo mártir Mercurio, ¡oh Señor! a través de sus sufrimientos ha recibido de ti, Dios nuestro, la corona incorruptible. Para tener tu fuerza, estuvo bajo sus adversarios haciendo añicos la impotente audacia de los demonios. Por su intercesión, ¡salva nuestras almas!”.


Mitrut Popoiu



Fuente: Preguntasantoral

martes, 23 de noviembre de 2021

24/11 - Nuestro Santo Padre Clemente, Papa de Roma


San Clemente Romano es el tercer sucesor de San Pedro, después de los papas San Lino y San Cleto. Roma le vio nacer al pie del monte Celio, y en Roma fue bautizado. Sobresalió en las letras, especialmente en griego.


Es uno de los llamados Padres Apostólicos y una de las figuras principales de la antigüedad cristiana. Eusebio lo menciona siempre junto a San Ignacio de Antioquia. Según San Ireneo, Clemente había tratado a los Apóstoles, de los que había recibido la predicación viva del Maestro.


Según Tertuliano, de Pedro recibe el diaconado, el sacerdocio y el episcopado. Y según Orígenes, con Pablo colabora en la fundación de la Iglesia de Filipos. Nos entronca, pues, con las mismas fuentes.


Clemente gobernó la Iglesia romana, como sucesor del papa San Cleto, del 90 al 99. Su pontificado fue muy fecundo. Fue un verdadero adalid de la unidad de la Iglesia contra todas las fuerzas de dispersión.


El Liber Pontificalis nos conserva las características de su pontificado: «Clemente gobernó la Iglesia durante nueve años. Reorganizó la Comunidad de Roma, dividió la ciudad en siete sectores, encomendados a siete diáconos. Mandó redactar con cuidado las Actas de los Mártires».


El hecho más importante de su pontificado es la Carta dirigida a la Iglesia de Corinto, desgarrada por la discordia, donde los llama a la obediencia del obispo de Roma. Es el documento papal más antiguo, después de las Cartas de San Pedro. Esta Carta es llamada «Primera epifanía del Primado Romano», y el obispo Dionisio de Corinto la veneraba como a la Biblia.


En efecto, la comunidad cristiana de Corinto, radicada en una de las ciudades más cosmopolitas, dio -mezclados con muchas alegrías-, algunos motivos de preocupación; ya en tiempos del apóstol Pablo, que adoctrinó a los primeros, hubo problemas con algunos cristianos que perdían su fuerza por la boca y se mostraron indisciplinados. Años después se repitió la historia de los carismáticos que no aceptaban someterse a la autoridad de los legítimos pastores. El papa de Roma Clemente tuvo que intervenir en esos episodios poco agradables, molestos y preocupantes; era preciso corregir la desunión y evitar el peligro cismático.

Clemente I, obispo de Roma durante diez años, mandó a aquellos fieles una espléndida carta que llevaron Claudio Efebo, Valerio y Fortunato. Está escrita en griego, que era entonces el idioma oficial, y transportaba a Corinto la paternal recomendación de practicar la caridad fraterna. No figura en el escrito el nombre de su autor, pero el análisis interno induce a pensar casi con certeza que el autor, al ser obispo y de Roma, debe ser el papa Clemente, el cuarto, tercer sucesor de Pedro, después de Lino y Cleto, por eso se le atribuye con toda probabilidad. De hecho, así lo entendieron Eusebio de Cesarea que califica la carta como "universalmente admitida, larga y admirable", Orígenes y el resto de los escritores eclesiásticos.

Algunas Actas lo presentan emparentado con la familia imperial, como si fuera primo de Domiciano, o pariente de aquel Flavio Clemente al que mandó matar el emperador por el crimen de "ateísmo". Otros testimonios aducen su condición de liberto de la casa Flavia; unos afirman que procedía del paganismo, mientras que otros lo presentan con ascendencia judía. Hay quien lo quiere identificar con el homónimo mencionado por al Apóstol Pablo en la carta a los filipenses como colaborador suyo, y hasta afirma alguno más que fue convertido en Roma por la predicación de Pedro.

Sea como fuere, a través del escrito se ve la fina figura de un papa conocedor del Antiguo y Nuevo Testamento y bien experimentado en el espíritu de oración. Habla de forma arrebatada de la fe, origen de la disposición humilde de donde nace la aceptación de la autoridad; expone -con la seguridad que dan las disposiciones divinas y no las componendas humanas- la existencia de la autoridad jerárquica proveniente de la voluntad fundacional de Cristo, y llama a la comunidad universal de los creyentes "cuerpo de Cristo" y "rebaño"; no falta el recurso a la "tradición recibida" para llegar a la concordia de la fe y recuperar la paz. En su Carta nos muestra Clemente su idea de la jerarquía, de la disciplina y de la liturgia, su espíritu católico, su amplia cultura, su solidez teológica, su amor a la paz y a la unidad:

«Es preciso someterse con humildad. Dejemos la soberbia, enemiga de la armonía. Las ofrendas y los ritos litúrgicos han de celebrarse, no a voluntad de cada uno y sin orden, sino conforme a lo ordenado por el maestro. Sigamos el canon venerable y glorioso de nuestra tradición, conservemos el muro fraterno de la caridad. Sin ella nada es agradable a Dios. La cabeza no es nada sin los pies, pero, a su vez, los pies serían inútiles sin la cabeza. Los pequeños y los grandes se necesitan mutuamente».

Es admirable descubrir con nitidez la conciencia de su autoridad y de su obligación pastoral al intervenir en uno de los primeros conflictos, en virtud de su autoridad, con tono dignísimo y de gran solicitud paternal.

La carta se considera tan autorizada por los destinatarios que sesenta años más tarde aún se leía a los fieles, en la asamblea dominical, según consta por testimonio de Dionisio de Corinto.

Párrafos de la carta de Clemente dan a entender que se escribió al finalizar una de las persecuciones, probablemente la de Domiciano, emperador al que el poder lo cambió inesperadamente de pacífico a cruel.

En torno a su muerte tampoco falta el relato las actas (s. IV) configuradas con una frondosa literatura que realza la figura del santo. Dicen que el emperador Trajano le desterró al Quersoneso, en Crimea, condenándole a trabajos forzados en una cantera, por negarse a dar culto a los ídolos. Allí dos mil cristianos, también desterrados, trabajaban con él en las canteras de mármol. San Clemente empezó a consolarlos. Todos acudían a él: «Ruega por nosotros, Clemente, para que seamos dignos de las promesas de Cristo». Y él les decía: «No por mis méritos me ha enviado a vosotros el Señor, sino, por los vuestros, para hacerme también a mí partícipe de vuestras coronas».

La tradición referirá abundancia de hechos prodigiosos como el haber sido arrojado al agua en el mar Negro con un ancla atada a su cuello; pero un ángel enviado por Dios hizo en el fondo del mar un magnífico sepulcro de mármol; cada aniversario de su muerte podían los fieles visitarlo a pie seco y cuando una madre olvidó en una ocasión allí a su hijo, lo encontró al año siguiente vivo.

El ancla que está presente en su iconografía también nos sugiere la firmeza de la fe y la seguridad de la unidad de las que fue Clemente eminente campeón con su enérgica defensa al mantener el principio de la autoridad de la sede romana en medio de las persecuciones.

Los santos eslavos, Cirilo y Metodio, en el pontificado de Nicolás I (858-867), trasladaron el cuerpo del mártir desde Quersoneso a Roma, y lo colocaron bajo el altar del templo a él dedicado, uno de los templos más antiguos de Roma, situado entre el monte Celio y el Esquilino.



Fuente: JCM / Varios

Adaptación propia

24/11 - Pedro, Arzobispo de Alejandría


San Pedro ocupó de manera ilustre el trono de Alejandría durante doce años, en torno al año 300, y, como dice Eusebio, «era un ejemplo divino de obispo debido a la excelencia de su vida y su estudio de las Sagradas Escrituras» (ver ‘Historia Eclesiástica, Libro VII, 3 , Libro VIII 11,13 y Libro IX,6).


Según Felipe de Sidetes, Pedro fue director de la famosa escuela catequética de Alejandría. Su importancia teológica estriba en el hecho de que marcó, y muy probablemente inició, la reacción de Alejandría contra el origenismo extremo.


El cisma meleciano estalló cuando Pedro dejó Alejandría para esconderse, durante la persecución de Diocleciano. Hay tres relatos diferentes sobre este cisma:


(1) De acuerdo con los tres documentos latinos (traducidos de los originales griegos perdidos) publicados por Maffei, Melecio (o Melicio), obispo de Licópolis, se aprovechó de la ausencia de Pedro para usurpar sus funciones patriarcales y contravino los cánones al consagrar obispos para sedes que no estaban vacantes, cuyos ocupantes estaban en prisión por la fe. Cuatro de ellos protestaron, pero Melecio no les prestó atención y se fue a Alejandría, donde, por instigación de un tal Isidoro y de Arrio -el futuro heresiarca-, puso a un lado a los que Pedro dejó encargados y nombró a otros. A raíz de esto, Pedro lo excomulgó.


(2) San Atanasio acusa a Melecio no solo de conducta turbulenta y cismática, sino de sacrificar a los dioses y de denunciar a Pedro ante el emperador. No hay incompatibilidad entre los documentos latinos y San Atanasio, pero la declaración de que Melecio sacrificó debe ser recibida con cautela; podría basarse en un rumor que surgió por la inmunidad de la que parecía disfrutar. De todos modos, no se supo nada sobre eso en el Primer Concilio de Nicea.


(3) De acuerdo con San Epifanio (Haer., 68), Melecio y San Pedro riñeron por la reconciliación de los lapsi: el primero se inclinaba a medidas más rigurosas. Epifanio probablemente obtuvo su información de una fuente meleciana, diciendo por ejemplo que Pedro fue compañero de prisión de Melecio y fue martirizado en prisión, pero, según Eusebio de Cesarea, su martirio fue inesperado y, por lo tanto, no sería precedido por un tiempo en prisión.


Pedro excomulgó a Arrio por simpatizar con el cisma meleciano. Cuando Arrio supo que San Pedro había sido encarcelado, le envió a muchos sacerdotes y diáconos para que le pidieran que fuera recibido de nuevo en la comunión de la Iglesia antes de su martirio. Cuando los emisarios de Arrio (que, a diferencia de San Pedro, no eran conscientes de los desastres que aquel causaría) vieron con sorpresa la vehemencia con la que este rechazaba recibir a aquel, el Santo les reveló una terrible visión que había tenido en la que el Maestro Cristo se le había aparecido en forma de niño que llevaba un vestido rasgado de la cabeza a los pies; cuando San Pedro le preguntó quién había roto su vestido, el Señor respondió que Arrio y que no debía ser recibido de nuevo en la comunión eclesial.


Existe una colección de catorce cánones emitidos por Pedro en el tercer año de la persecución que tratan principalmente sobre los lapsi, extraída probablemente de una festiva epístola pascual. El hecho de que fueran ratificados por el Concilio de Trullo, y así se convirtieran en parte de la ley canónica de la Iglesia Oriental probablemente explica su conservación. Muchos manuscritos contienen un canon décimo quinto tomado de un escrito sobre la Pascua. Los casos de diferentes clases de lapsi se decidieron con estos cánones.


Las actas del martirio de San Pedro son muy tardías. En ellas aparece la historia de Cristo apareciéndosele a San Pedro con su vestidura rasgada, prediciendo el cisma arriano. San Cirilo, en el Concilio de Éfeso, citó tres pasajes del “Sobre la Divinidad”, aparentemente escritos contra las opiniones subordinacionistas de Orígenes. Dos fragmentos adicionales (en siríaco) que reclaman ser del mismo libro fueron impresos por Pitra en “Analecta Sacra”, IV, 188. Leoncio de Bizancio cita un pasaje que afirma las dos naturalezas de Cristo de una obra sobre “La Venida de Cristo”, y dos pasajes del primer libro de un tratado contra la opinión de que el alma había existido y pecado antes de unirse al cuerpo. Este tratado debe haber sido escrito contra Orígenes. Son muy importantes siete fragmentos conservados en siríaco (pitra, op. Cit., IV, 189-93) de otra obra sobre la Resurrección en la cual la identidad del resucitado con el cuerpo terrenal se afirma contra Orígenes.


Pitra también publicó cinco fragmentos armenios (op. Cit., IV, 430 ss.). Dos de ellos corresponden con uno de los fragmentos siríacos. Los tres restantes pueden ser falsificaciones monofisitas (Harnack, “Altchrist. Lit.”, 447). Probablemente también es espurio un fragmento citado por el emperador Justiniano en su carta al patriarca Menas, dando a entender que fue tomado de una mistagogia de la Basílica de San Pedro (see Routh, "Reliq. Sac.", III, 372; Harnack, op. cit., 448). El "Chronicon Paschale" da un extracto grande de un supuesto escrito de Pedro sobre la Pascua. Éste es condenado como espurio por una referencia a San Atanasio (cuyos editores a menudo la suprimen) a menos que, ciertamente, la referencia sea una interpolación. Un fragmento impreso por primera vez por Routh de un tratado “Sobre la Blasfemia” generalmente se considera espurio. Un fragmento copto sobre guardar el domingo, publicado por Schmidt (Texte und Untersuchung., IV) ha sido considerado espurio por Delehaye, con cuyo veredicto parecen estar de acuerdo los críticos. Otros fragmentos coptos han sido editados con una traducción por Crum en la “Revista de Estudios Teológicos” (IV, 287 ss.). Muchos de éstos proceden del mismo manuscrito como el fragmento editado por Schmidt. Su editor dice: “Sería difícil afirmar la autenticidad de estos textos siguiendo el criticismo de Delehaye (Anal. Bolland., XX, 101), aunque algunos pasajes, que he publicado pueden indicar interpolación en vez de una composición apócrifa completa.”


El Santo Hieromártir Pedro fue decapitado durante el reinado de Maximino, en el año 312; es llamado «el Sello de los Mártires» porque fue el último Obispo de Alejandría en sufrir el martirio bajo los Emperadores paganos. Sus sucesores en el trono, los Santos Alejandro y Atanasio el Grande, llevaron a la victoria final la batalla contra la herejía de Arrio que San Pedro había comenzado.



Fuente: GOARCH / Aciprensa