viernes, 7 de enero de 2022

08/01 - Jorge de Cozeba


El Venerable Jorge el Cozebita nació en Chipre a finales del siglo VI. Dejó su villa natal tras la muerte de sus padres para entrar en un monasterio de Palestina con permiso de su tío, a cuyo cuidado había sido encomendado. Allí, en el altamente estimado Monasterio de Cozeba, ubicado entre Jerusalén y Jericó, el joven contemplativo se maravillaría ante el celo vehemente y la determinación de sus compañeros monjes por abandonar todo tipo de comodidad y placer para la mayor gloria de Dios.


El Venerable Jorge, que un día llegaría a ser Abad de su propio monasterio, impuso estándares muy altos de abnegación al tiempo que frecuentemente permanecía en constante vigilia a lo largo de la noche y pasando días enteros si ningún tipo de alimento.


Sin embargo, a pesar de estas pruebas rigurosas, en vez de debilitarse o volverse frágil, se hacía más fuerte con el paso de los días. Además, parecía que su gozo se incrementaba en la proporción en que aumentaba las mortificaciones que él mismo se imponía. Según los Padres de la Iglesia, el Venerable Jorge es un ejemplo de la gran paradoja que se ha encontrado en muchos santos ascetas en la vida de la Iglesia: mientras más se negaban a sí mismos las cosas y placeres terrenales, más contentos y satisfechos se encontraban estos abnegados santos.


San Jorge, hijo de Cristianos piadosos, tenía un hermano mayor llamado Heraclides que viajó a Tierra Santa e inspiró a su hermano a hacer lo mismo. Poco tiempo después de la muerte de sus padres, el ferviente Jorge rechazó la sugerencia de su custodio de casarse y, en vez de ello, dejó Chipre para siempre dirigiéndose hacia Tierra Santa. Allí se reunió con su hermano por breve tiempo en la Laura de Calamón en Palestina.


Finalmente Jorge, cuya intención era vivir a fondo la espiritualidad, se encontró a sí mismo viviendo como monje en Cozeba. Humilde y de hablar suave, el sincero monje obedeció cada una de la órdenes que recibió sin ningún tipo de quejas, y como resultado de ello sufrió grandemente a manos de su severo y duro mentor. En una ocasión, cuando los dos se encontraban trabajando como jardineros en los terrenos del monasterio, el monje mayor se puso tan impaciente que lo hirió golpeándolo en el rostro. Lo que aconteció inmediatamente fue una escena chocante: el brazo del monje mayor se secó completamente, quedando reducido de manera grotesca y totalmente inútil. Aterrorizado por esta muestra de justicia divina, el anciano se disculpó repetidamente rogando el perdón de San Jorge. El bondadoso joven perdonó rápidamente a su ajusticiador y, por supuesto, cuando los dos se arrodillaron para rezar, el brazo dañado recuperó repentinamente su tamaño normal.


Para este humilde monje de Chipre el incidente del brazo reducido fue sólo uno de una larga serie de milagros sucedidos a lo largo de su prolongada vida de piedad y ascética. En otra ocasión memorable, cuando el valiente monje abrió la puerta principal del monasterio, se encontró con un enorme león bloqueando su camino. Su reacción fue sorprendente: en vez de temblar de miedo, San Jorge simplemente empujó al felino fuera del paso y siguió su camino. Aunque la fama del hombre que no temía a los leones se propagó rápidamente a través de la región, el humilde San Jorge no veía nada inusual en su comportamiento. Tan grande era su fe que simplemente daba por supuesto que Dios lo protegería del enorme animal, por lo que no se le ocurrió pensar en una cosa distinta.


Durante su larga y extraordinaria vida disciplinada, San Jorge vistió harapos en la iglesia, comió las sobras de las mesas del monasterio y pasó muchas noches tiritando en su celda a causa del frio y el clima lluvioso. También realizó algunos milagros, incluido uno en el cual un habitante del desierto colindante dejó en las puertas del monasterio en una cesta de frutas a un niño muerto. Respondiendo a este acontecimiento con su típica humildad, San Jorge rezó pidiéndole a Dios que lo protegiese del falso orgullo en caso de tener éxito reviviendo al niño muerto. Luego le pidió a Dios que interviniese, y de ninguna manera se sorprendió cuando el bebé comenzó a llorar fuertemente desde su rudimentaria cuna.


Cuando murió, ya a edad bastante avanzada (inmediatamente después de la invasión de los Persas sobre Palestina el año 614), fue reconocido a lo largo de Tierra Santa como un gran Padre Espiritual de la Santa Iglesia. Para el momento en que partió a la Casa del Padre, San Jorge ya había establecido un nuevo estándar sobre la abnegación y la humidad en el servicio al Dios Todopoderoso, habiendo servido diligentemente en el papel de abad en Cozeba.


La vida del Venerable Jorge el Cozebita nos ilustra una verdad apremiante: que la abnegación para la mayor gloria de Dios deja, invariablemente, al asceta con un sentimiento de agradecimiento y reverencia, más que el hecho de sentirse limitado. Es tan grande y generoso el amor de Dios que quienes se niegan a sí mismos para alabar a la divinidad descubren muy prontamente la mayor forma de felicidad que puede alcanzar el ser humano.


Parte de las reliquias del santo se encuentran en el Monasterio de San Jorge de Cozeba en Palestina.



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com