jueves, 13 de enero de 2022

14/01 - Nina (Ninó) de Georgia


La historia de los orígenes del cristianismo en el antiguo reino de Georgia (Iberia, a orillas del Mar Muerto, que no debe confundirse con la Iberia del oeste, es decir, la Península Ibérica) es muy incierta. Rufino relata los comienzos de la evangelización, que los habitantes de Georgia y los orientales en general suelen aceptar.


Según Rufino, a principios del siglo IV, llegó a Georgia una joven prisionera. El pueblo quedó muy impresionado por la sencillez e inocencia de la joven y por el mucho tiempo que consagraba a la oración de día y de noche. A las preguntas de la gente, Nino respondía simplemente que adoraba a Cristo como Dios. Un día, una mujer le presentó a su hijito enfermo y le preguntó que debía hacer para que sane. Nino le respondió que Jesucristo podía curar aun las enfermedades más graves; acto seguido, envolvió al niño en su áspero manto, invocó al Señor, y devolvió a la criatura perfectamente sana.


El rumor del milagro llegó a oídos de la reina de Iberia, que estaba también enferma, e inmediatamente mandó llamar a Nino. Como la santa se negase a ir, la reina acudió a verla y quedó curada. La reina quiso hacer algo por su bienhechora, pero ésta le dijo: «Es obra de Cristo y no mía. Él es el Hijo de Dios y el creador del mundo». La reina repitió esas palabras al rey.


Poco después, el monarca se extravió durante una cacería a causa de la niebla, y juró que creería en Cristo si encontraba el camino. La niebla se disipó y el rey cumplió su promesa y llamó a la santa para que los instruyese. El monarca anunció al pueblo que había cambiado de religión, dio permiso a Nino de predicar y enseñar, y empezó a construir una iglesia. Durante la construcción, Dios obró otro milagro por la intercesión de su sierva; en efecto, un pilar que bueyes y hombres no habían podido mover, voló por el aire y fue a colocarse en el sitio que le correspondía, a la vista de la multitud. El rey envió al emperador Constantino una embajada para comunicarle su conversión y pedirle que mandase obispos y sacerdotes a Iberia. Así lo hizo Constantino.


Un príncipe Ibérico, llamado Bakur, refirió estañe relato a Rufino en Palestina, antes de principios del siglo V. Es muy posible que la conversión de Georgia haya comenzado en el reinado de Constantino y que una mujer haya desempeñado en ella un papel de importancia. El relato de Rufino ha sido traducido (y ampliado) al griego, al sirio, al armenio, al copto, al arábigo y al etíope. En la literatura de Georgia hay toda una serie de tradiciones sobre la santa. Rufino no cita el nombre de ninguna población, ni los del rey y la reina; tampoco da el nombre de la santa, ni mucho menos explica donde nació. Solo dice que ha recibido esta información de un tal Bacurius, que era un oficial el ejército del rey de Georgia. El testimonio de Rufino nadie lo pone en duda. Este relato se difundió rápidamente entre los escritores bizantinos Gelasio de Cesarea, Sócrate, Sozomeno, Gelasio de Cizico y Teófanes, que lo incluyeron en los Sinaxarios bizantinos el día 27 de octubre, conmemorando de forma anónima la conversión de Georgia. Sin embargo, las tradiciones posteriores han suplido con creces esas omisiones. El primero que le pone nombre a esta esclava cristiana apóstol de Georgia es el pseudo Mosé de Khoren en el siglo VIII en su Historia de Armenia, llamándola por primera vez Nouné. Se cree que es una deformación del nombre griego Nonna, que significa religiosa, monja y la compara con otras dos santas evangelizadoras de Armenia: Santa Hripsima y Santa Gayana. También se les pone nombres a los reyes: Miriam y Nana, los Santos Miriam III y Nana, reyes de Iberia. Una vez que el nombre de Nouné y su historia entran en la literatura religiosa georgiana, toman el nombre de Nino y así se escribe la primera Vita de la santa. Según otras tradiciones, Nino (que, según ciertas versiones, no era una cautiva, sino que había huido voluntariamente de la persecución de Diocleciano), era originaria de Capadocia (o de Roma, o de Jerusalén, o de la Galia).


Después de dejar firmemente establecido el cristianismo, Nina se retiró a una celda de la montaña, en Bodbe de Kakheti. Allí murió y fue sepultada. Más tarde, la región se convirtió en sede episcopal y las reliquias de la santa se conservan en la catedral. También es interesante notar que desde tiempo inmemorial se dice que la catedral de Mtsjeta fue la iglesia del pilar milagroso. Está fuera de duda que, en la época en que Rufino escribió, Georgia era ya parcialmente cristiana.


Respecto del nombre de la santa, hay muchas confusiones, y es llamada según distintas fuentes con el masculino Nino, pero también Nina y Nona. Con el anónimo «Cristiana de Georgia» es como se la conoció en la Iglesia latina durante siglos.


El 14 de enero es la fecha tradicional para Santa Nino en los sinaxarios orientales. No hay ninguna razón para considerar que la santa haya muerto mártir, aunque en algunas versiones de la vida se la consigna de ese modo.



Fuente: El Testigo Fiel / preguntasantoral