domingo, 28 de febrero de 2021

01/03 - La Santa y Justa Mártir Eudocia la Samaritana


Eudocia era una samaritana que vivía en Heliópolis en la época de Trajano (98-117). Con sus vestidos sencillos y su gran belleza, había conseguido innumerables amantes e inmensas riquezas, pero por casualidad escuchó al monje Germán en la casa de enfrente antes de ir a dormir y quedó impresionada. Eudoxia se levantó y se fue a su balcón para oírle. Al terminar de escucharle, se metió en la cama y se pasó la noche llorando. Al día siguiente por la mañana, fue a tocar a la puerta de su vecino rogándole que le dejara ver al que cantaba.


Habló de ello con el monje y con un sacerdote de Heliópolis y se convirtió al cristianismo, dando todas sus cosas a los pobres y llevando una vida de penitencia y oración. Eudocia le preguntó sí podía ser salvada en el Juicio Final y Germán la instruyó a que permaneciera en su alcoba durante una semana orando; al final de la semana, tuvo una visión del arcángel Miguel luchando con el Diablo por la posesión de su alma y Dios le perdonó sus pecados. Fue bautizada por Teodoto, obispo de Heliópolis, otorgó la libertad a todos sus esclavos, ofreció toda su riqueza a la Iglesia y se encerró en un monasterio femenino unido al de Germán que mandó a construir cerca de Baalbek a los treinta años.


Filostrato, un antiguo amante suyo, que con hábiles maniobras había logrado hablar con ella para inducirla a volver al pecado, se suicidó ante ella por su negativa, pero Eudocia lo resucitó y lo convirtió. El prefecto Aureliano mandó arrestarla y sus soldados quedaron inmóviles por tres días, hasta que un gran reptil los mató a casi todos con su aliento pestilente.


El hijo de Aureliano se hizo cargo de la empresa, pero se cayó de su caballo y murió. El rey quedó consternado y decidió enviar a su tribuno, Babila, para pedirle ayuda a la santa. Eudocia respondió con una carta y, al tocarlo con esta, el joven se levantó de nuevo. Aureliano se convirtió y con él toda su familia y sus magistrados: su hija Gelasia ingresó al monasterio de Eudocia y su hijo resucitado se convirtió en diácono y luego en obispo de Heliópolis. Diógenes, el exprometido de Gelasia, mandó arrestar a Eudocia; antes de ser arrastrada fuera de su monasterio, logró llevar consigo un fragmento de la Eucaristía.


Fue interrogada extensamente sobre su fe y sus intenciones, pero se mantuvo firme en su fe. Cuando estaban a punto de someterla a tormentos, la partícula de la Eucaristía cayó sobre Eudocia, que fue arrojada por los paganos al fuego, y fragmentos del fuego quemaron a los verdugos y a los espectadores. Por la intervención de Eudocia, todos resucitaron; incluso una matrona que murió en ese momento resucitó y también un niño asesinado por un reptil. Muchas personas se convirtieron al cristianismo a la vista de muchos milagros, y entre ellos Diógenes. Después de su muerte definitiva, Diógenes fue sucedido por Vicente, un hombre extremadamente cruel con los cristianos, que mandó a decapitar a Eudocia al negarse a adorar a los ídolos; el martirio ocurrió sin más incidentes en el año 107.

sábado, 27 de febrero de 2021

Domingo del Hijo Pródigo. Lecturas de la Divina Liturgia


1 Cor 6,12-20: Hermanos, todo me es lícito, pero no todo me aprovecha. Todo me es lícito, pero no me dejaré dominar por nada. El alimento es para el vientre y el vientre para el alimento; pero Dios destruirá una cosa y la otra. El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor; y el Señor, para el cuerpo. Y Dios resucitó al Señor y nos resucitará también a nosotros con su poder. ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Y voy a tomar los miembros de Cristo para hacerlos miembros de una prostituta? De ningún modo. ¿O no sabéis que unirse a una prostituta es hacerse un cuerpo con ella? Porque dice: «Serán los dos una sola carne». En cambio, el que se une al Señor es un espíritu con él. Huid de la inmoralidad. Cualquier pecado que cometa el hombre queda fuera de su cuerpo. Pero el que fornica peca contra su propio cuerpo. ¿Acaso no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que habita en vosotros y habéis recibido de Dios? Y no os pertenecéis, pues habéis sido comprados a buen precio. Por tanto, ¡glorificad a Dios con vuestro cuerpo!


Lc 15,11-32: Dijo el Señor: «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”. El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada. Recapacitando entonces, se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”. Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos. Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”. Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”. Y empezaron a celebrar el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Este le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”. Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Entonces él respondió a su padre: “Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”. Él le dijo: “Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”».

28/02 - Basilio el Confesor


San Basilio y su compañero Procopio de la Decápolis de Isaura (celebrado ayer) fueron monjes que sufrieron durante el reinado del emperador iconoclasta León Isáurico (717-741), quien luego de obligar al bautismo de todos los judíos y montanistas del Imperio, emitió una serie de edictos contra el culto de las imágenes que fue llamada la "reforma iconoclasta".


Esta prohibición de una costumbre que sin duda había dado lugar a todo tipo de abusos obtuvo el rechazo de la gran mayoría de los teólogos y casi todos los monjes, quienes se opusieron a estas medidas con firmeza.


Cuando comenzó la persecución contra los opositores, nuestros santos fueron sometidos brutalmente a diversas  torturas y encerrados en la cárcel por al menos seis años, sin embargo su fe nunca desfalleció.


Los santos confesores Basilio y Procopio fueron liberados tras la muerte del Emperador, siguieron su vida monástica, instruyendo a muchos en la fe ortodoxia y la vida virtuosa.



Fuente: catholic.net

29/02 (o 28/02) - Justo Juan Casiano el Confesor


(Nota: Si no es año bisiesto, los himnos de San Juan Casiano se transfieren al 28/02).

Los santos Juan Casiano y su compañero Germán se encuentran entre los «santos peregrinos» que viajaron mucho durante su vida y que conocían las realidades de las regiones oriental y occidental del mundo cristiano de los siglos IV y V.


Juan Casiano y Germán eran amigos desde la infancia. Los años de su nacimiento y lugares no se conocen con certeza, pero pueden estar alrededor del año 360 en Escitia, una provincia en el norte de la península balcánica entre el Danubio y el Mar Negro, conocida hoy como Dobuja, que es la parte más oriental de Rumanía. Aunque no se hace mención de este lugar en los escritos de San Juan Casiano, esta hipótesis proviene de una mención de Genadio de Marsella, un discípulo de San Juan. En su “De viris Illustribus” 62, el obispo galo habla de la ascendencia escita («natione Schytha») de Juan. La hipótesis es aceptada, tanto en la Iglesia católica como en la ortodoxa, aunque hay algunos eruditos que entienden el gentilicio «schytha» como una referencia al Desierto Escete de Egipto, donde durante un tiempo, vivían los monjes del desierto, o tal vez una alusión a Escitópolis (Palestina). Algunas otras hipótesis sobre los orígenes de los dos santos están de más aquí, incluyendo la Provenza o incluso Siria. En cualquier caso, algunas menciones en las obras de Casiano sugieren el nacimiento en una familia rica, y una educación clásica; el latín era su lengua materna.


San Juan menciona en su libro “Collationes” que él y Germán eran hermanos «no por nacimiento, sino por el espíritu» (Coll. 16,1). Entre los años 378-380, los dos, junto con una hermana de Casiano, hicieron una peregrinación a Belén. Esta última se mantuvo durante el resto de su vida en un monasterio de monjas, pero los dos amigos permanecieron solos durante un tiempo en una celda cerca de la Iglesia del Sepulcro Santo. Durante este tiempo oyeron hablar de los ascetas en Egipto, por lo que decidieron visitar las comunidades monásticas allí existentes.


Después de tres años en Palestina, viajaron hasta el desierto de Escete y Nitria situados al oeste del delta del Nilo (probablemente desde el 384 al 394) y visitaron a numerosos monjes, con los que tenían «entrevistas», más tarde descritas en Collationes. En este tiempo, el desierto de Escete se dividió entre los monjes «antropomorfista», los adeptos de la interpretación literal de la Escritura y los «origenistas», que preferían la alegoría y aceptaban algunas otras teorías de un Padre de la Iglesia recientemente fallecido, tal como la teoría de apokastasis, o incluso la preexistencia de las almas. La disputa entre las dos partes consistía en el hecho de si la contemplación de Dios podía ser vista como un acto material, o sea, con otras palabras, si los ascetas podían ver a Dios, ¿Dios era material «a imagen y semejanza del hombre»?, o incluso, ¿el acto de la contemplación se debía al hombre o por la gracia divina?


Las ideas ascéticas y teológicas promovidas por San Juan Casiano en sus trabajos sugieren que estos dos monjes escitas conocían a algunos monjes «origenistas», probablemente a Evagrio del Ponto entre ellos, con quienes compartían la idea de los siete pecados capitales (de hecho ocho, según Casiano) y la triple vida ascética consistente en la purificación (purgatio o catarsis), iluminación (illuminatio o theoria) y la deificación (unitio o theosis), respectivamente.


La lucha entre estas dos visiones ascéticas terminó unos quince años después de la llegada de Juan y de Germán. En el año 399 los «antropomorfistas» ayudados por el patriarca Teófilo de Alejandría, comenzaron una guerra contra los «origenistas» que huyeron a otros lugares. Junto a los más conocidos «origenistas», los llamados «Hermanos Largos», Juan y Germán salieron de Egipto y marcharon a Constantinopla, donde apelaron al arzobispo San Juan Crisóstomo para conseguir su protección. Mientras tanto, Casiano fue ordenado diácono y Germán de sacerdote y se convirtieron en miembros del clero de la capital. Hay una hipótesis que afirma que Casiano tomó el nombre de Juan sólo en este momento y que lo hizo en honor de su protector. De todas formas los ataques de Teófilo fueron más allá contra los «origenistas» y San Juan Crisóstomo fue condenado y depuesto después, en el consejo de la Encina en el año 404. Una de las acusaciones fue el hecho de que también aceptaba las enseñanzas origenistas.


El latinoparlante Casiano dejó al cabo de un año Constantinopla para ir, junto con Germán, a Roma donde trataron de encontrar apoyo para Juan Crisóstomo, suplicando su causa ante el Papa Inocencio I. A partir de este momento, ya no hay ninguna otra mención sobre Germán, por lo que es probable que muriese en este período de tiempo. Otra posibilidad es que Germán se fuera junto con Casiano al monasterio de Marsella, o incluso que regresara a casa en Escitia.


Durante la época romana, Casiano se reunió con el futuro Papa, San León Magno, con quien contrajo una amistad que duró toda la vida. Después de una nueva marcha a Oriente, en Antioquía y Palestina (donde probablemente fue ordenado sacerdote, aunque otras fuentes dicen que fue después de su regreso de Roma), recibió la propuesta de establecerse en las Galias y fundar allí un monasterio conforme a las normas vistas en Egipto. Esto sucedió alrededor del año 415, cuando llegó a Marsella y fundó la abadía de San Víctor, un complejo de monasterios de monjes y monjas. La iglesia del monasterio fue construida sobre la tumba de un mártir del siglo III, San Víctor.


En cualquier caso, Casiano no llevó por primera vez la vida monástica a las Galias, pues el ascetismo ya existía en la Provenza a través de la abadía de Menerfes, fundada por Castor obispo de Apt; y la de Lerins, encabezada por el obispo Honorato. Pero el mérito especial de San Juan Casiano es que llevó la disciplina monástica egipcia a Occidente y su monasterio sirvió como modelo para el desarrollo monástico posterior en el cristianismo occidental. Los logros y los escritos de san Juan Casiano influenciaron a San Benito, que llevó a su regla monástica algunos de los principales principios ascéticos y recomendó la lectura del corpus de los escritos de Casiano.


Los escritos de San Juan Casiano


En Marsella, San Juan Casiano comenzó a escribir sus obras más conocidas. Alrededor del 417-418, publicó, a petición de Castor, obispo de Apt y del futuro Papa León I, las Instituciones monásticas (De institutio coenobitorum et de octo principalium vitiorum remediis libri XII). Este trabajo trata sobre la organización de las comunidades monásticas, discutiendo sobre la ropa, la oración y las reglas de la vida monástica (los 4 primeros libros) y sobre la moralidad y los ocho vicios y su curación (gula, lujuria, avaricia, arrogancia, ira, envidia, akedia y jactancia (en los libros 5 al 12).


Algunos años más tarde (después del 420, pero no más tarde del 426) Casiano escribió sus «entrevistas», también conocidas como «Conferencias», o «Collationes» (que significa en latín, comidas de vísperas: Collationes Patrum in scetica eremo), dedicadas al archidiácono León, al obispo de Frejus y al monje Eladio, y que trata sobre «la formación del hombre interior y la perfección del corazón», siendo de esta forma la segunda parte de su obra, mientras que la primera era la formación “corporal”. Este segundo libro fue terminado entre el 426 y el 429 (libros 18 a 24) e iba dirigido especialmente a los monjes ermitaños.


Finalmente, en el año 430 San Juan escribió su tercer libro, «Sobre la Encarnación del Señor» (De incarnation Domini contra Nestorium libri VII), a petición del archidiácono León, el futuro Papa León el Grande. Su texto puede ser visto como un texto preparatorio del Tercer Concilio Ecuménico, que trata de la doctrina de Nestorio y la mención sobre el título de Madre de Dios dado a la Virgen María. Todos los escritos de Juan Casiano están en latín, pero posteriormente fueron traducidas al griego para el uso de los monjes, algo que fue un gran privilegio y honor, no muy generalizado en la Iglesia antigua.


Las enseñanzas de San Juan Casiano


Las enseñanzas más importantes de San Juan Casiano consisten en su visión acerca de la triple purificación ascética, iluminación y divinización, que posteriormente, en la teología católica se ha considerado de estas tres formas. En el primer nivel, la lucha del monje contra los pecados más «materiales» y contra la voluntad a través de su vida ascética. Más tarde, durante la iluminación, practicando la santidad revelada en el Evangelio a través de la enseñanza recibida de Dios en el Sermón de la Montaña, con base en el ejercicio del amor. La etapa final de la unificación con Dios (theosis) es rara vez recibida por un monje y se describe después de la unión del matrimonio del Canticum. Esta etapa es acompañada generalmente con el refugio del monje en la soledad.


Otra enseñanza notable de Juan Casiano implica la soteriología. Se opuso a Pelagio, quien creía que el ser humano recibe la salvación por medio de su propia lucha, sin la ayuda divina, pero también estaba en desacuerdo con San Agustín, quien destacó la importancia del pecado original y declaró la necesidad absoluta de la gracia divina en el inicio de una vida santa. Casiano adoptó un punto de vista intermedio, que fue considerado posteriormente como «semi-pelagianismo», por haber mencionado en algunas de sus conferencias que los primeros pasos para la salvación están en poder de la persona, sin necesidad de la ayuda de Dios (Conferencias: Libro 3: con AbbaPafnucio, libro 5 con Abba Serapión y libro 13 con Abba Chaeremon).


Veneración de los Santos Juan Casiano y Germán


San Juan Casiano murió en Marsella en el año 435 y fue enterrado en la iglesia del Monasterio de San Víctor que él construyó. Sus reliquias se conservan hasta hoy en una capilla subterránea del monasterio, mientras que el cráneo y la mano derecha están en un relicario en la iglesia principal. Sobre San Germán no hay más datos después de que los dos amigos llegaron a Roma en el 403. La santidad de Juan Casiano fue reconocida generalmente en la Iglesia desde los comienzos. En el 470, cuando Genadio compuso su “De viris Illustribus”, nombró a Juan Casiano como «sanctus Casianus», un título usado por muchos Papas al hablar de él, como San Gregorio Magno, en una carta dirigida a la abadesa Respecta de Marsella (PL LXXII, col. 866), o Benedicto XIV, quien escribió que no se admite ninguna duda acerca de su santidad (De canonizatione sanctorum II, 29). También está incluido en el Martirologio Galicano y en el Martirologio Romano el 23 de julio. Las Iglesias bizantinas generalmente los conmemoran el 29 de febrero del año bisiesto, o el 28, en el resto de años.


Troparion del Santo


¡La imagen de Dios se ha conservado verdaderamente en ti, ¡oh Padre!, para que tomaras la cruz y siguieras a Cristo. De este modo nos enseñaste a hacer caso omiso de la carne, que fallece, para que a su vez, cuidemos el alma, ya que es inmortal. Por lo tanto tu espíritu, venerable Juan Casiano, se regocija con los ángeles!


Mitrut Popoiu



Fuente: preguntasantoral

Adaptación propia

viernes, 26 de febrero de 2021

27/02 - Procopio el Confesor de Decápolis


San Basilio (celebrado mañana) y su compañero Procopio de la Decápolis de Isaura fueron monjes que sufrieron durante el reinado del emperador iconoclasta León Isáurico (717-741), quien luego de obligar al bautismo de todos los judíos y montanistas del Imperio, emitió una serie de edictos contra el culto de las imágenes que fue llamada la "reforma iconoclasta".


Esta prohibición de una costumbre que sin duda había dado lugar a todo tipo de abusos obtuvo el rechazo de la gran mayoría de los teólogos y casi todos los monjes, quienes se opusieron a estas medidas con firmeza.


Cuando comenzó la persecución contra los opositores, nuestros santos fueron sometidos brutalmente a diversas  torturas y encerrados en la cárcel por al menos seis años, sin embargo su fe nunca desfalleció.


Los santos confesores Basilio y Procopio fueron liberados tras la muerte del Emperador, siguieron su vida monástica, instruyendo a muchos en la fe ortodoxia y la vida virtuosa.



Fuente: catholic.net

26/02 - La Santa Megalomártir Fotina la Samaritana


Se dice que Fotina es la mujer samaritana a la cual Jesús pidió agua en el pozo de Jacob (Juan, 4, 6-42). Fotina, después del martirio de los apóstoles Pedro y Pablo, se retiró a Cartago con su hijo José -en torno al año 66- desarrollando una intensa actividad evangelizadora para extender el cristianismo. Su otro hijo – Víctor -, se dedicó a la milicia, y después de los éxitos obtenidos contra los ávaros, llegó a comandante militar en Atalia (Asia Menor).


El gobernador de esta región, Sebastián, era amigo íntimo de Víctor y un día le mandó llamar y le dijo que había llegado a su conocimiento que tanto él, como su madre y su hermano eran cristianos, y que como amigo le aconsejaba someterse a los deseos del emperador y denunciar a los cristianos para hacerse con su patrimonio. Además era aconsejable que su madre y su hermano abandonaran la predicación en público, limitándose a mantener su fe en secreto.


Pese a las buenas intenciones del gobernador, Víctor replicó que deseaba ser apóstol como sus familiares. El gobernador se retiró, decepcionado, y en cuatro días Víctor no volvió a verle. En cuanto se encontró de nuevo con él, éste le dijo: “Sólo la fe de los cristianos es auténtica, no hay otra fe”. Ante la sorpresa de Víctor, se limitó a añadir: ”Cristo está llamándome”. La leyenda dice que en aquellos cuatro días Cristo se le había aparecido y lo había dejado ciego para advertirle del trato a los cristianos. Sólo cuando Sebastián había accedido a convertirse había recuperado la vista, por lo cual se hizo inmediatamente bautizar.


Cuando Nerón fue informado de la conversión del gobernador de Atalia, mandó que detuvieran a Sebastián y a Víctor y los llevaran a su presencia. Deportaron también de Cartago a Fotina y a José. Durante la noche que estuvo esperando el juicio Víctor vio a Cristo en sueños y éste le dijo: “A partir de ahora te llamarás Fotino, porque tú iluminarás a muchos otros para que crean en mí”. Tras se interrogados y obligados a sacrificar a los dioses sin éxito, a Sebastián y Fotino les aplastaron los dedos y les descoyuntaros los nudillos. Posteriormente les dejaron ciegos y los enviaron a prisión.


Fotina y José habían sido reunidos con otras cinco hermanas dispuestas para juicio. Los nombres de esta smujeres eran, según la tradición, Anatolia, Fótide, Parasceve, Ciríaca y Thais. Todas ellas fueron enviadas bajo el custodio de Domnina, hija de Nerón, en un período de tiempo que duró tres años. Durante todo aquel período de tiempo Fotina logró convertir al cristianismo a Domnina y a sus esclavas. En cierta ocasión descubrió que una envenenadora le había emponzoñado la comida para matarla, y la perdonó.


Por aquellos días optó Nerón por deshacerse de los tres varones, debido a la gran expectación que causaban. Sebastián, Fotino y el joven José fueron crucificados, y mientras pendían de las cruces se les azotó con correas. Los tuvieron así varias horas, tras las cuales los bajaron, les cortaron las piernas, que fueron arrojadas a los perros, y los desollaron vivos. Murieron tras una atroz agonía.


Cuando supo que Fotina había convertido a su hija, Nerón mandó también despellejarla y arrojarla a un pozo seco para dejarla morir allí. No contento con ello, mandó coger a las cinco hermanas, cortarles los pechos y despellejarlas vivas. Hecho esto, puso fin a las cinco hermanas mandando que fueran decapitadas, excepto a Fótide, a quien aplicó una muerte atroz: fue atada por los pies a dos árboles en tensión, que al ser soltados, la descuartizaron.


Sólo quedaba Fotina con vida. Mandó sacarla del pozo donde aún seguía, y la encarceló durante veinte días más. Tras ese tiempo la mandó llamar de nuevo y le exigió sacrificar a los dioses para salvar su vida. Se dice que ella le escupió al rostro y le gritó: “¡Oh, el más impío de los ciegos; tú, hombre libertino y estúpido! ¿Crees que soy tan necia como para consentir en renunciar a mi Señor y sacrificar a ídolos tan ciegos como tú?”. Tras ello, Nerón mandó que fuera de nuevo arrojada el pozo y esta vez sellado. En este enterramiento en vida, Fotina murió al cabo de poco tiempo.


Fotina sigue siendo muy venerada en el mundo ortodoxo, que no vacila en seguir identificando a esta mártir con la samaritana del pozo de Jacob. Sin embargo, también en el cristianismo romano se la celebra, en particular en Filipinas, donde se produce también esta identificación y hasta se le dedican pasos procesionales en Semana Santa, lo que constituye toda una anomalía ya que, en la tradición occidental, lo común ha sido no identificar a Fotina con la samaritana, e incluso ignorar la existencia de la primera. Entre los ortodoxos es muy venerada y considerada muy milagrosa, habiendo un gran recuento de prodigios y milagros obrados por esta santa mártir.


La tradición bizantina establece que sus reliquias fueron veneradas en Constantinopla, en dos santuarios distintos, donde obraban milagros con los fieles, aunque actualmente parece que ya no existen. El primer hallazgo de las reliquias se produjo cerca de Blanquerna, donde se apareció a un ciego llamado Abraam -quien la describió como una mujer muy anciana, vestida de lino y con un rostro agradable y encantador- y, tocándole los ojos con una vela encendida, le devolvió la vista -haciendo, pues, honor a su nombre, “iluminadora”- y le encargó que recuperara sus restos.


Pues bien, existen reliquias de esta Santa, como es el cráneo venerado en Montenegro, un fragmento del cráneo venerado en la Basílica de San Pablo Extramuros en Roma y su presunto cántaro en la iglesia del pozo de Jacob, que se dejó cuando fue a anunciar a su pueblo que había encontrado al Mesías. También hay un pie incorrupto en el monasterio de Iviron del Monte Athos y otro fragmento de cráneo en el monasterio Grigoriou, entre otras reliquias dispersas.


Meldelen



Fuente: preguntasantoral

Adaptación propia

26/02 - Porfirio, Obispo de Gaza


Porfirio nació en Tesalónica hacia el 347. A los 25 años dejó su ciudad y su familia y se fue de monje a Egipto, donde se consagró a Dios en un monasterio del desierto de Esquela. Cinco años más tarde pasó a Palestina y se fue a vivir a una cueva cerca del río Jordán. Pero allí la humedad lo hizo enfermar de reumatismo y cinco años después se fue a vivir a Jerusalén, donde cada día visitaba el Santo Sepulcro, el Huerto de los Olivos, el Cenáculo y otros lugares relacionados con Jesucristo. Visitaba los Santos Lugares apoyándose en un bastón, pues estaba sumamente débil.


Por aquella época, llegó a Jerusalén un peregrino asiático, llamado Marcos, que un día sería el biógrafo de Porfirio. Marcos, muy edificado por la devota asiduidad con que Porfirio visitaba el sitio de la Resurrección del Señor y otras estaciones, le ofreció un día ayudarle al ver que el santo tenía gran dificultad en subir la escalinata de una iglesia, y él no acepto diciendo que debía sufrir un poco por el Señor. Por débil que estuviera, Porfirio no omitió jamás su visita de los Santos Lugares, ni la comunión diaria.


Su única preocupación era que no había vendido todavía la herencia de su padre para repartir el producto entre los pobres. Confió esta misión a Marcos, quien partió con rumbo a Tesalónica para regresar tres meses después, cargado de dinero y objetos de gran valor.


Según su hagiografía, fue curado de su reumatismo en una de sus visitas al Santo Sepulcro. Marcos pudo apenas reconocer a Porfirio, porque, entre tanto, había mejorado prodigiosamente. Su rostro, antes pálido, estaba ahora fresco y rosado.


Las palabras y el ejemplo del siervo de Dios impresionaron tanto a Marcos que decidió quedarse a vivir con él.


Porfirio, que había distribuido toda su herencia entre los pobres, se vio obligado a trabajar para ganarse la vida. Aprendió a fabricar zapatos y a trabajar el cuero, en tanto que Marcos, un hábil escribano, se hizo famoso copiando libros. Marcos quería que Porfirio viviese de lo que él ganaba, pero este dijo: «Que no coma el que no trabaja». Porfirio continuó su vida de trabajo y penitencia hasta los cuarenta años de edad.


Porfirio fue ordenado sacerdote en 392 por Juan II, obispo de Jerusalén, quien confió a su cuidado la reliquia de la cruz. El santo no cambió nada en su austera forma de vida; se alimentaba exclusivamente de raíces y pan ordinario, y generalmente no comía antes de la caída del sol. Hasta su muerte, continuó en este género de vida. El año 393 fue elegido obispo de Gaza tras la muerte del obispo Eneas. El obispo de Cesárea escribió al de Jerusalén, pidiéndole que enviase a Porfirio, pues quería consultarle sobre unos pasajes difíciles de la Sagrada Escritura. El obispo de Jerusalén ordenó a Porfirio que volviese a los ocho días.


Porfirio sufrió mucho al verse elevado a una dignidad a la que no se sentía llamado, y los ciudadanos de Gaza le consolaron. Juntos emprendieron el viaje a dicha ciudad, adonde llegaron el miércoles por la noche. El viaje había sido fatigoso, pues los paganos de los pueblos de los alrededores, al enterarse de la noticia de la llegada del nuevo obispo, habían destrozado y obstruido los caminos, hasta dejarlos casi intransitables.


Aquel año hubo una gran sequía, que los paganos atribuyeron a la llegada del obispo cristiano, ya que, según ellos, el dios Mamas había profetizado que Porfirio atraería muchas calamidades sobre la ciudad. Había en Gaza un famoso templo de ese dios. El emperador Teodosio había mandado clausurarlo, pero no había querido demolerlo, pues era muy hermoso. El gobernador había dado permiso de abrirlo nuevamente. Como la sequía continuase dos meses después de la llegada de Porfirio, los paganos se reunieron en el templo a implorar la protección del dios Mamas. Los cristianos, después de un día de ayuno y una noche de oración, se dirigieron en procesión a la iglesia de San Timoteo extra muros, cantando himnos. A su vuelta encontraron cerradas las puertas de la ciudad. Entonces Porfirio y su grey pidieron a Dios con renovado fervor que enviase la lluvia; las nubes empezaron a acumularse, y pronto cayó una lluvia tan abundante, que los paganos abrieron las puertas de la ciudad y se unieron a los cristianos, gritando: «Cristo es el único Dios verdadero, el único capaz de acabar con la sequía». Este hecho y la curación milagrosa de una mujer produjeron numerosas conversiones. Viendo esto, los paganos que quedaban empezaron a hacer la guerra a los cristianos, excluyéndoles del comercio y los oficios públicos y molestándoles por todas las maneras posibles. Para proteger a su grey, Porfirio envió a su discípulo Marcos a ver al emperador y más tarde acudió él mismo a Constantinopla, acompañado del obispo Juan.


Gracias a la intercesión de San Juan Crisóstomo y de la emperatriz Eudoxia, Arcadio accedió a las súplicas de Porfirio y aun le otorgó el permiso de destruir los templos paganos que había en Gaza. Para ello, el emperador publicó un edicto y encargó de su ejecución a un patricio llamado Cinegio. Cuando los dos obispos desembarcaron en Palestina, cerca de Gaza, los cristianos salieron a su encuentro cantando himnos. Al pasar la procesión por la plaza de Tetrámfodos, en la que había una estatua de Venus que, según la tradición pagana, aconsejaba a las jóvenes en la elección de sus maridos, el ídolo cayó del pedestal y se hizo pedazos. Diez días después, llegó Cinegio con un fuerte contingente de soldados a ejecutar el edicto del emperador. Así desaparecieron ocho templos paganos, entre ellos el de Mamas, devorados por las llamas. Después los soldados registraron las casas y los patios, destruyeron o arrojaron a las cloacas las estatuas de los ídolos y quemaron todos los libros de magia. Muchos paganos pidieron el bautismo; pero otros, furiosos, se levantaron en armas, y Porfirio escapó milagrosamente con vida. Donde antes se levantaba el templo de Mamas se construyó una iglesia en forma de cruz; la emperatriz Eudoxia envió desde Constantinopla columnas y mármoles, y la nueva iglesia se llamó «Eudoxiana». El día en que se empezó a construir, Porfirio, acompañado del clero y los cristianos de la ciudad, fue en procesión desde la iglesia de Erin, cantando el "Venid, aclamemos al Señor" y otros salmos, a los que el pueblo respondía con el «Aleluya». Todos pusieron manos a la obra, acarreando piedras y otros materiales y excavando los cimientos, bajo la dirección del famoso arquitecto Rufino. La construcción, que comenzó el año 403, duró cinco años. Porfirio consagró la iglesia el día de Pascua del año 408. Con esa ocasión, distribuyó grandes limosnas a los pobres, cosa en la que se mostraba siempre muy generoso. El santo obispo pasó el resto de su vida en el celoso cumplimiento de sus deberes pastorales y, a su muerte, la idolatría había desaparecido casi completamente de la ciudad sin recurrir a la violencia.


Los últimos años de su vida los pasó instruyendo a sus sacerdotes y visitando los pueblos predicando el Evangelio. Murió el 26 de febrero de 420 a los 73 años.


El culto de San Porfirio nació inmediatamente en la región de Gaza, a lo cual contribuyó la biografía escrita por su discípulo Marcos.

miércoles, 24 de febrero de 2021

25/02 - Tarasio, Patriarca de Constantinopla


San Tarasio, patriarca de Constantinopla (784-806) es conocido en la historia de la Iglesia como el que lideró el Sínodo Ecuménico que llevó a cabo el restablecimiento del culto a los iconos en el Imperio Bizantino, cosa que se celebra el 25 de febrero.


Tarasio como laico


La fuente más importante sobre su vida es la “Vida de Tarasios” escrita por Ignacio, su diácono y secretario. Otra fuente es la Crónica de Teófanes Confesor y la vida y la correspondencia de San Teodoro de Studion.


Tarasio nació en Constantinopla en torno al año 730, siendo hijo del eparca Georgios y su esposa Enkrateia. En el momento en que Constantino VI y su madre, Irene, accedieron al trono del Imperio bizantino en el año 780, Tarasio era un funcionario en el aparato burocrático (protasekretis) de la corte imperial. Más tarde obtuvo el rango de senador y finalmente se convirtió en secretario imperial (asekretis) del emperador Constantino VI el Porphyrogenetos.


El Imperio de Oriente estaba a la vez influenciado por las doctrinas orientales iconoclastas, impuestas por la dinastía Isauriana, que provenía de las regiones existentes en las fronteras con el nuevo mundo islámico. La lucha iconoclasta de ninguna manera era más fácil que la de los antiguos emperadores romanos contra los cristianos. Los ikonodouloi (defensores de los iconos) fueron golpeados e incluso asesinados y muchas iglesias fueron objeto de vandalismo. La Iglesia de Roma se negó a permanecer en comunión con el patriarca de Constantinopla, quien en ese momento era partidario de las políticas oficiales. Sólo después de la muerte de León IV (775/780) y al comienzo del reinado de su hijo menor Constantino VI (780/797), bajo la regencia de su madre Irene, la situación de los iconos empezó a cambiar.


El último patriarca iconoclasta, Pablo IV se arrepintió de su anterior iconoclasia y renunció a su trono el 31 de agosto del 784, viviendo como un simple monje. En esta situación, la emperatriz convocó un consejo local en su palacio de Magnaura y previa consulta al patriarca antiguo, el pueblo y los nobles, decidieron proponer a Tarasio para este puesto, el cual, en ese momento era un simple laico. La Crónica de Teófanes reproduce el discurso de Tarasio que se negó, pero que de todos modos se dejó convencer.


Sin embargo, como todos los bizantinos educados, Tarasio estaba bien versado en teología y la elección de este laico cualificado como obispo no fue el primer caso en la historia de la Iglesia (casos similares son probables en San Ambrosio y San Nicolás de Myra). Tarasio aceptó la función con la condición de que la unidad de la iglesia sería restaurada con los otros patriarcados y con Roma y que se realizara un Sínodo para la restauración de los iconos. En cuestión de días, fue ordenado diácono y luego de sacerdote. La consagración como obispo y patriarca se llevó a cabo en el día de Navidad del año 784.


El Séptimo Concilio Ecuménico


Como patriarca, Tarasio persuadió a la emperatriz Irene para que escribiera al Papa Adriano I, invitándole a enviar delegados a Constantinopla para un nuevo Consejo, con el fin de repudiar la herejía iconoclasta. La respuesta llegó el 26 de octubre 785. El Papa sostuvo que la elección de un laico como patriarca estaba en contra de los cánones, pero finalmente aceptó la situación, con el fin de restablecer la comunión eclesiástica. El Papa accedió a enviar delegados, y se convocó el sínodo que se celebró en la iglesia de los Santos Apóstoles, el 17 de agosto, 786. Durante la última reunión preparatoria, el 31 de julio, en ausencia del patriarca, algunas tropas de soldados rebeldes fieles al antiguo emperador iconoclasta Constantino V, distorsionaron la calma e insultaron a los obispos y monjes. De todos modos, el patriarca y la emperatriz mantuvieron su posición de continuar con el Consejo. Esta situación se repitió durante la inauguración. Tarasio y el abad Platón de Sakkoudion (el mentor de San Teodoro de Stoudion) realizaban sus discursos, pero no podían seguir debido al caos creado por los soldados. Más tarde, las tropas rebeldes se retiraron de la ciudad: la emperatriz, motivada por el peligro de un ataque musulmán, los envió a Asia Menor, en lugar de enviar a algunas tropas favorables de Tracia, que eran conocidas como iconódulos.


Pero esta situación no hizo posible aun la celebración del Sínodo que comenzó un año más tarde, a partir del 24 de septiembre del 787, en la catedral de Santa Sofía de Nicea y no en la ciudad capital. El Sínodo es reconocido como el Séptimo Concilio Ecuménico o como el Segundo Concilio de Nicea. Aunque por lo general se llama como lo llamaba el emperador, que aun no estaba coronado y que participó en las reuniones. El Patriarca desempeñó la función de presidente en funciones de los trescientos sesenta y cinco obispos reunidos, que condenaron la iconoclastia y aprobaron formalmente la veneración de los iconos. La clausura oficial de la reunión ocurrió el 23 de octubre en el Palacio Magnaura, que era la residencia de Irene. Tarasio e Irene aceptaron fácilmente la reintegración de los obispos iconoclastas que se arrepintieron y a todos los que prometieron que iban a cambiar su opinión. Este indulto fue duramente criticado por los monjes de Stoudion, los más fuertes partidarios durante las disputas iconoclastas. En cualquier caso, la política del Patriarca hizo que en el próximo período no existiera ninguna resistencia iconoclasta.


Los últimos años del Patriarca


Siete años más tarde Tarasio se vio involucrado en la controversia iniciada por Constantino VI, quien se divorció de su esposa, María de Amnia, acusándola de tratar de envenenarlo. Tarasio aprobó tácitamente esta situación y los monjes constantinopolitanos se escandalizaron con el consentimiento del patriarca. El abad Platón de Sakkoudion y su sobrino Teodoro Estudita fueron exiliados a causa de su posición, pero continuó el alboroto. Gran parte de la ira estaba dirigida contra Tarasio por permitir el matrimonio del emperador con Teódota, a pesar de que se había negado a oficiar la ceremonia. Sólo más tarde, después de que Constantino VI perdiera su trono en favor de su madre (18 de agosto 797), y bajo una fuerte presión de Teodoro, Tarasio excomulgó a José, el sacerdote que había llevado a cabo este matrimonio ilegítimo.


Los últimos años de su patriarcado estuvieron marcados por una nueva usurpación. Nicéforo, un patricio de Seleucia, nombrado ministro de Hacienda por Irene, se las ingenió para destronar a Irene y enviarla al exilio, con la ayuda de los patricios y los eunucos. Fue elegido como emperador en su lugar el 31 de octubre 802 y fue coronado por Tarasio, en contra de la opinión pública, haciendo después lo mismo con Staurakios como co-emperador, en el año 803.


Tarasio tenía una débil personalidad, pero sirvió con lealtad a los tres regímenes imperiales de Constantino, Irene y Nicéforo. De todos modos, su reputación sufrió críticas por su supuesta tolerancia con los obispos electos a través de la simonía, aunque él publicó un documento oficial que condenaba esta práctica. A pesar de estas débiles habilidades organizativas, Tarasio vivió una vida muy austera y gastaba su dinero agradando a Dios, alimentando y dando consuelo a los ancianos, a los pobres, a las viudas y a los huérfanos. Cada año, el día de Pascua, se dispuso de una comida para ellos, que él mismo servía. Él ordenó la construcción de un monasterio en la orilla europea del estrecho del Bósforo que luego tomó su nombre. Murió el 25 de febrero del año 806 y fue enterrado en su monasterio.


La veneración


Aunque algunos expertos han criticado la debilidad Tarasio ante el poder imperial, el Patriarca fue venerado en las Iglesias bizantinas por su defensa del uso de los iconos y su lucha por la paz y la unidad de la Iglesia. Su fiesta se celebra el 25 de febrero, tanto en el Oriente como en las Iglesias occidentales.


Tropario (himno) de San Tarasio


¡Tú brillaste como una luz del Espíritu, adornado con una vida ejemplar y vestido con las vestiduras jerárquicas. Calmaste la turbulencia de la herejía y te convertiste en un pilar y fundamento de la Iglesia, que alaba tus luchas, Santo Padre Tarasio!


Mitrut Popoiu



Fuente: preguntasantoral

martes, 23 de febrero de 2021

24/02 - Primera y Segunda Invención de la Venerable Cabeza de Juan el Bautista


El primer hallazgo tuvo lugar a mediados del siglo IV gracias a una revelación del santo Precursor a dos monjes que habían ido a Jerusalén para venerar la tumba de nuestro Salvador. Uno de ellos se llevó la venerable cabeza en una vasija de barro a Emesa, en Siria. Tras su muerte pasó de mano en mano hasta que cayó en posesión de un cierto hieromonje arriano llamado Eustaquio. Como este ascribía los milagros obrados por la reliquia del Santo Bautista a sus propias falsas creencias, se sintió impulsado a dejar la cueva en que vivía y abandonó la santa cabeza, cuya ubicación se dio a conocer de nuevo mediante una revelación de San Juan y fue encontrada en una vasija de agua alrededor del año 430, en tiempos del Emperador Teodosio el Joven, cuando Uranio era Obispo de Emesa.

lunes, 22 de febrero de 2021

23/02 - Policarpo el Santo Mártir y Obispo de Esmirna


San Policarpo, obispo de Esmirna (Izmir en turco) es considerado, junto con San Clemente de Roma y San Ignacio de Antioquía, como uno de los Padres apostólicos. Sobrevive una obra suya: su carta a los Filipenses, recordada también por San Ireneo de Lyon. Desde el punto de vista etimológico, Policarpo significa ”el que lleva muchos frutos”. Sufrió martirio muriendo por Cristo el 23 de febrero del año 155 (o 159, 166 o incluso en el 180) durante la persecución del emperador Antonino Pio (138-161), o conforme dice San Jerónimo, durante la persecución de Marco Aurelio (168-180), siendo quemado vivo en la arena de la ciudad capital de la provincia de Asia, a instancias de personas sedientas de sangre. Su Acta martirial, conservada en una carta, tiene un interés histórico excepcional porque es la primera Acta de un martirio que se ha conservado en griego, en su forma original, lo que ha dado origen a la creación del género de las Actas martiriales cristianas.


Su vida hasta el martirio


Hasta el momento de su martirio existen algunas menciones sobre su vida como cristiano en Esmirna. El Sinaxario de Ohrid indica que Policarpo había nacido y vivido en Esmirna en el primer siglo de nuestra Era. Siendo huérfano, fue criado por una fiel viuda llamada Calixta. Ella lo llamaba Pancracio pero estando un día en oración, Dios le reveló que lo llamara Policarpo porque él ayudaría a muchísima gente, llenando de nuevo los graneros vacíos a fin de poder hacer caridad con los pobres. Con solo veinte años de edad, escuchó al apóstol Juan predicar el Evangelio y lo siguió. Cuando San Juan fue desterrado a la isla de Patmos, ordenó a San Búcolo como obispo de Esmirna y Policarpo le ayudó en dicha tarea. Más tarde, después de la muerte de San Bucolo, Policarpo fue elegido en el año 106 como su sucesor, como lo dice San Ignacio de Antioquía en su Epístola a los Efesios (XXI, 1), escrita durante su viaje a Roma, donde sufrió martirio en el año 107. San Ignacio llegó a escribirle un carta pastoral a Policarpo en la que le dice: «Estos tiempos requieren encontrar a Dios, como los pilotos necesitan del viento y los marineros buscan un puerto donde resguardarse durante la tormenta”.


San Ireneo, obispo de Lyón (202) nació en Esmirna en el 115 y conoció a Policarpo desde su infancia. En su Carta a Florinus (186) dice que San Policarpo conocía a San Juan Evangelista y a otras personas que habían vivido con Cristo: “Yo puedo describir el lugar donde el bienaventurado Policarpo se sentaba y sus charlas, sus idas y venidas, en general, su modo de vida y su apariencia personal, junto con las charlas que dirigía al pueblo; también su forma de hablar y su relación personal con Juan y con el resto de los que habían visto al Señor y como guardaba sus palabras a su memoria. Porque las cosas que había escuchado de ellos respecto al Señor, tanto en lo relacionado con sus milagros como con sus enseñanzas, Policarpo las había recibido de los testigos oculares de la Palabra de vida, conforme todas ellas y en armonía con las Escrituras…” (San Ireneo, Carta a Florinus, incluida en la Historia Eclesiástica de Eusebio, V, 20).


San Ireneo menciona nuevamente a Policarpo en su Adversus Haereses III. 3, 4: “Pero Policarpo no solo fue instruido por los apóstoles y conversado con otros que habían conocido a Cristo, sino que también fue nombrado obispo de Esmirna por los apóstoles estando en Asia. También lo conocí en mi primera juventud pues alli estaba desde hacia mucho tiempo y cuando era ya muy mayor, gloriosa y muy noblemente, sufrió martirio, partiendo de esta vida, enseñando siempre las cosas que había aprendido de los apóstoles y que la Iglesia ha transmitido y que son las únicas verdaderas”.


En el año 154 o en el 155, San Policarpo visitó Roma y se reunió con el Papa San Aniceto (154-166) con el fin de buscar una solución acerca de la fecha de la celebración de la Pascua. Los cristianos en Palestina, Siria, Mesopotamia, Cilicia y Asia Menor, y Policarpo entre ellos, seguían la tradición de San Juan Evangelista de celebrar la ”Pascua de la Cruz” – «Pascha staurosimon» o 14 de Nisan (abril), coincidiendo con los judíos, por lo que fueron llamados «quartodecimans». Los cristianos en Roma, Alejandría y de las provincias occidentales del Imperio Romano, celebraban la Pascua de acuerdo según los cálculos actuales, llamándola «Pascua de la Resurrección” – «Pascha anastasimon». Esto nos hace entender que las diferencias sobre la fiesta no eran teológicas, sino cronológicas. A qué acuerdo llegaron no se puede saber, pero los dos líderes de la Iglesia se separaron en paz como ha demostrado Eusebio de Cesarea en su Historia Ecclesiastica 23, 24, 4-6.


San Jerónimo, en su obra De viris ellustribus 17 ofrece una información adicional sobre este viaje de Policarpo a Roma: «El, a causa de ciertas cuestiones relativas al día de la Pascua, fue a Roma en tiempos del emperador Antonino Pío, cuando Aniceto gobernaba la Iglesia en aquella ciudad. Allí convirtió de nuevo a la fe a muchos creyentes que habían sido engañados por las persuaciones de Marción y Valentin y cuando Marción lo conoció por casualidad y le preguntó ¿tu me conoces?, él le respondió: ”se que eres el primogénito del diablo”. Posteriormente, durante el reinado de Marco Antonio y Lucio Aurelio Commodo, en la cuarta persecución después de Nerón, en presencia del proconsul de Esmirna y estando todo el mundo gritando en su contra en el anfiteatro, fue quemado. Él había escrito una Epístola muy valiosa a los Filipenses, que en el día de hoy se lee en las reuniones celebradas en Asia”.


Esta mención de San Jerónimo demuestra tres cosas importantes: en primer lugar Policarpo se reunió en Roma con algunos líderes importantes de los grupos gnósticos; en segundo lugar, escribió una Epístola a los Filipenses probablemente de la misma forma a como entendemos hoy las Epístolas de los apóstoles. Esto significa que entonces el canon de la Biblia era mayor que el que tenemos hoy en día, ya que incluía las Epístolas de los Padres Apostólicos. Y tercero, que Policarpo no habría muerto como tradicionalmente se dice, en el año 155, sino más tarde, durante el reinado de Marco Antonio (161-180) y Commodo (180-192). Se sabe que estos dos gobernantes eran co-emperadores entre el año 177 y el 180, por lo que San Policarpo podría haber sido martirizado en ese período de tiempo.


El martirio de San Policarpo


Poco después de su vuelta de Roma, San Policarpo sufrió el martirio siendo quemado vivo durante los juegos celebrados en el circo de Esmirna en el día llamado Sábado Grande (no se conoce bien el significado de este nombre), un 23 de febrero, tradicionalmente en el año 155, (aunque quizás años más tarde), cuando el asiático Felipe, que era el gobernador de Asia, organizaba estas celebraciones lúdicas. El martirio de San Policarpo está descrito en una carta enviada por la Iglesia de Esmirna a la comunidad de Philomaelium (que era una ciudad de Frigia) y a otras comunidades de la Iglesia Universal; esta carta está escrita por un tal Ireneo (tal vez San Ireneo de Lyon), que era discípulo de San Policarpo y la cual ha sido copiada repetidamente a lo largo de los tiempos.


Esta carta dice en su tercer capítulo, que fueron condenados a muerte once habitantes de Filadelfia, entre los cuales menciona, por ejemplo, a Germánico que fue devorado por un animal en la arena del circo y al frigio Quinto, el cual abjuró de su fé delante del procónsul pues se acobardó al ver a las fieras. Cuando murió Germánico, los presentes saltaron a la arena gritando: ”fuera los malvados, busquemos a Policarpo”. El santo estaba en ese momento en Esmirna y no quería ocultarse aunque finalmente fue convencido para que se refugiase en una casa de campo cercana a la ciudad dedicándose a la oración. Allí, tres días antes del martirio, tuvo una visión que le hizo saber que moriría quemado vivo (capítulo V).


Traicionado bajo tortura por un criado, fue descubierto y fue llevado ante el capitán de los gendarmes llamado Herodes, el cual lo llevó al estadio donde lo tentaron para que negara a Cristo. Por el camino, una voz del cielo lo tranquilizó diciéndole: ”Se fuerte y valiente, Policarpo”. En el estadio, la muchedumbre le exigió que maldijese a Cristo, a lo que el santo respondió: ”Ochenta y seis años le he servido y no me ha hecho mal alguno, ¿cómo puedo maldecir a mi Rey, que es quien me ha salvado?” (capítulo IX, 3). Después de una discusión con el procónsul, fue finalmente condenado a ser quemado vivo, pues como habían terminado los juegos, legalmente no podía echarlo a las fieras (capítulo XII). Mientras lo preparaban para la ejecución, los soldados querían atarlo a una estaca, pero él consiguió que lo dejaran suelto sobre la hoguera, sin ser atado.


Antes de ser quemado, el santo mirando al cielo oró, siendo esta una de las primeras oraciones de la Iglesia: ”Oh Señor Dios Todopoderoso, Padre de tu amado y bendito Hijo Jesucristo, por medio del cual te hemos conocido, Dios de ángeles y de poderes, de toda la creación y de toda la raza de los justos que viven en tu presencia; te bendigo porque me has concedido este día y hora para que pueda recibir, entre el número de tus mártires una porción de la copa de Cristo en la resurrección a la vida eterna, tanto del alma como del cuerpo, en la incorruptibilidad del Espíritu Santo. Que pueda ser recibido con ellos en tu presencia este día, como un sacrificio rico y aceptable, que Tu has preparado y revelado de antemano y que has realizado, Tu que eres el Dios fiel y verdadero. Por esta causa y por todas las cosas, te alabo y bendigo y glorifico por medio del Sumo Sacerdote eterno y celestial, Jesucristo, tu Hijo amado, por medio del cual, con Él y con el Espíritu Santo sea la gloria ahora y por todos los siglos. Amen”. (capítulo XIV).


Finalizada esta oración, prendieron el fuego y Policarpo fue rodeado por las llamas pero no se quemó, por lo cual, un lancero le clavó un puñal en el pecho, saliendo tal cantidad de sangre que apagó el fuego. Algunos paganos solicitaron no entregar a los cristianos el cuerpo de Policarpo para: ”que no abandonen al Crucificado y empiecen a adorar a este hombre” (capítulo XVII,2). Pero el autor de esta carta resalta la diferencia entre la adoración a Cristo y la veneración a los santos, diciendo: ”no saben que será imposible que nosotros abandonemos en estos tiempos a Cristo, que sufrió por la salvación de todo el mundo, sufriendo por los pecadores siendo Él inocente; no podemos adorar a otro. Porque a Él, siendo el Hijo de Dios, le adoramos, pero a los mártires, como discípulos e imitadores del Señor, los respetamos y queremos como se merecen por su afecto incomparable hacia su propio Rey y Maestro. Que nuestra suerte sea también ser hallados copartícipes y condiscípulos de ellos” (capítulo XVII,2).


Finalmente, el cuerpo del santo fue quemado y los cristianos recogieron lo que quedó de sus huesos: ”Y así nosotros, después, recogimos sus huesos, que son mucho más valiosos que las piedras preciosas y que el oro refinado y los pusimos en un lugar apropiado; donde el Señor nos permitirá congregarnos, según podamos, con gozo y alegría, a celebrar el aniversario de su martirio para la conmemoración de todos los que ya han luchado en la contienda y para la enseñanza y preparación de los que han de hacerlo más adelante” (XVIII, 1-2). En el epílogo de la carta, se dice: ”El bienaventurado Policarpo sufrió el martirio el segundo día de la primera parte del mes Xanticus, el séptimo día antes de las calendas de Marzo, en un gran Sábado, a la hora octava”.


La Leyenda Áurea dice que el martirio fue en el año 162. La fecha del 23 de febrero del año 155 es mencionada en el Sinaxario de la Iglesia Constantinopolitana, en el Martirologio Jeronimiano y en la Bibliotheca hagiographica Graeca şi Latina, lo cual contradice la mención de San Jerónimo en su obra De viris illustribus, como ya hemos mencionado antes. El martirio de San Policarpo es muy importante para la actual apologética, pues indica la diferencia entre la adoración a Cristo y la veneración a los santos, cosa que ha sido fuertemente atacada por los protestantes en estos tiempos modernos. En lo referente a la veneración de las reliquias, tanto la doctrina Católica como la Ortodoxa, encuentran su apoyo en esta carta. En Occidente, la festividad de San Policarpo es el día 26 de enero mientras que en Oriente, es el día de hoy, 23 de febrero.


Las reliquias del Santo


La maravillosa reliquia del santo fue sacada de Esmirna por los monjes Arsenio y Samuel unas décadas después de la caida de Constantinopla en el año 1479 y hasta hoy se mantiene en el monasterio de la Panagia Ambelakiotissa, en Nafpaktos (actual Grecia). Con anterioridad, la reliquia estaban en posesión de una viuda como parte de su herencia. Después de muchos esfuerzos y dinero gastado por los monjes, pudieron adquirir esta valiosa reliquia que consiste en parte de un brazo, desde el codo hasta los dedos y con la mano en posición de bendecir. Existen algunas tradiciones que dicen que los templarios poseían la reliquia de la cabeza del santo, que llevaron a Francia cuando salieron de Jerusalén. De esto se hace mención en un escrito del año 1560.


Algunas pequeñas reliquias se conservan en diferentes iglesias de todo el mundo, como la iglesia del monasterio Radu Voda de Bucarest, en la iglesia del monasterio Zografou en el Monte Athos, asi como en la capilla de San Antonio de Pittsburgh, en Estados Unidos. La Hermeneia de la pintura bizantina, escrita por Dionisio de Furna en el siglo XV, afirma que San Policarpo debe estar representado en los iconos como un anciano obispo con una poblada barba dividida en dos partes.


Himno (Troparion) del Santo


”Al compartir el camino de los Apóstoles, te has convertido en el sucesor de su trono. A través de la práctica de la virtud, encontrarte el camino de la contemplación divina, ¡oh inspirado por Dios!; mediante la enseñanza de la palabra verdadera, sin error, defendiste la fe hasta el derramamiento de tu sangre. Hieromártir Policarpo, ruega a Cristo que salve a nuestras almas”.


Mitrut Popoiu



Fuente: preguntasantoral