04/03 - Gerásimo el Justo del Jordán


Lo que de Gerásimo sabemos, lo hallamos en las “vitae” de San Eutimio y San Ciriaco, escritas por Cirilo el Monje.


San Gerásimo nació en Licia de Asia Menor, donde abrazó la vida eremítica. Se fue a Palestina, donde conoció la herejía eutiquianista, una variante de los monofisitas. En este error permaneció hasta que San Eutimio le sacó de su herejía y lo devolvió a la verdadera fe. Para expiar su pecado comenzó austeras penitencias.


Más tarde parece que estuvo en varias comunidades de la Tebaida, y finalmente retornó a Palestina, donde se hizo íntimo amigo de San Juan el Silencioso, de San Sabas, de San Teoctisto y de San Atanasio de Jerusalén. Tan numerosos fueron sus discípulos, que el santo fundó una "laura" de sesenta celdas cerca del Jordán y un convento para los principiantes. Sus monjes guardaban silencio casi completo, dormían en lechos de juncos y jamás encendían fuego dentro de las celdas, a pesar de que las puertas tenían que estar siempre abiertas. 


Se alimentaban ordinariamente de pan, dátiles y agua y dividían el tiempo entre la oración y el trabajo manual. A cada monje se asignaba un trabajo determinado, que debía estar listo el sábado siguiente. Aunque la regla ya era de suyo severa, San Gerásimo la hacía todavía más rigurosa para sí y nunca cesó de hacer penitencia por su caída en la herejía eutiquiana. Según se cuenta, durante la cuaresma su único alimento era la Sagrada Eucaristía. San Eutimio le profesaba tal estima, que le enviaba, por medio de los discípulos, a aquellos de sus seguidores a quienes consideraba llamados a la más alta perfección. La fama de San Gerásimo sólo cedía ante la de San Sabas. El año 451, durante el Concilio de Calcedonia, su nombre sonó en todo el Oriente. La "laura" que él había fundado florecía todavía un siglo después de su muerte.


En el "Prado Espiritual" Juan Mosco nos ha dejado una anécdota encantadora. Cuenta Cirilo que un día, mientras Gerásimo paseaba a orillas del Jordán, vio un león que cojeaba y rugía de dolor. El santo se acercó y viendo que la bestia permanecía mansa, miró la pata y vio que tenía enterrada una astilla afiladísima de madera. El santo sacó el trozo de madera y vendó la pata al león y continuó su camino. Al llegar al monasterio vio que el león le había seguido, así que le dejó entrar a su celda y quedarse con él. Cuando sanó, Gerásimo le dijo que en el monasterio nadie podía estar ocioso y le encomendó cuidase al burro que usaban para cargar el agua, mientras pastaba. Un día el león se distrajo y un comerciante de camellos se robó el burro, y por la noche, cuando el león regresó solo, Gerásimo pensó que lo había comido y le encomendó como castigo suplir al asno cargando agua desde la fuente. Y en ello estuvo hasta que un soldado que visitó el monasterio, sorprendido por aquello, dio dinero a Gerásimo para que comprara un burro y perdonara al león. Un tiempo después, volvió a pasar por allí el comerciante ladrón, y el león le interceptó. El hombre huyó y entonces el león llevó sus burros y camellos hasta el monasterio, donde Gerásimo, al ver su burro, comprendió que no había sido comido y que había castigado al león injustamente.

Durante cinco años, el león acompañó constantemente a Gerásimo, moviéndose entre los monjes, como una mascota. Cuando murió Gerásimo, hacia el año 475, el abad Sabacio, viendo la tristeza del león, le dijo: "nuestro viejo amigo se ha ido y nos ha dejado huérfanos, volando hacia el Señor. Pero aquí está tu comida, como siempre". Pero el león no comía, sino que iba constantemente a la celda de Gerásimo y rugía de dolor. Los monjes le consolaban diciéndole: "El viejo nos ha dejado, pero se ha ido al Señor". Pero nada, no había consuelo posible. Entonces Sabacio le acarició y le dijo "Ven conmigo, ya que no me crees, y te mostraré donde está nuestro amigo", y lo llevó a la tumba de Gerásimo. "Mira, aquí es donde está enterrado", le dijo y arrodillándose, lloró sobre la tumba. El león "comprendió" y se dejó caer sobre la sepultura, hasta morir a los dos días. Según algunos autores, el león que se ha convertido en el símbolo de San Jerónimo era en realidad el de San Gerásimo. La confusión se originó probablemente de la grafía "Geronimus" de ciertos documentos.



Fuente: catholic.net / Religión en Libertad

Adaptación propia

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