martes, 22 de marzo de 2022

23/03 - El Santo Mártir Nicón y sus 199 Discípulos


El Santo Hieromártir Nicón vivió durante los años del gobernador romano Quintiliano y procedía de Neápolis (actual Nápoles). Su padre era idólatra, y su madre, siendo cristiana, lo crió en secreto en el respeto y la devoción hacia Dios. Cuando era niño, su madre le dijo: "Si alguna vez te metes en problemas, haz la señal de la cruz y clama fuertemente a Cristo"


A una temprana edad se hizo soldado, y muy rápido se distinguió por su valor y por su disciplina. Una vez Nicón y su compañía militar estaban rodeados de enemigos. En peligro mortal, recordó los preceptos cristianos de su madre y, haciendo la señal de la Cruz, oró a Dios y le dijo: "Señor Jesucristo, ayúdame", jurando ser bautizado si salía sano y salvo. Lleno de una fuerza inusual, acabó con muchos de los enemigos con su espada y lanza y puso al resto a la fuga. 


Se las arregló para volver a casa, dando gracias a Dios por preservar su vida. Su alma, sin embargo, deseaba la vida ascética y una vida acorde con los mandamientos del Creador. Con la bendición de su madre, partió en busca de un sacerdote. Esto no fue fácil en un momento de persecución. Por eso comenzó un viaje hacia Constantinopla, haciendo una primera parada en la isla de Quío, donde subió a una alta montaña y pasó siete días en ayuno, vigilia y oración, pidiendo al Señor que lo ayudara. Después, tras aparecésele un Ángel, le dio un bastón y le ordenó que fuera al mar, donde encontraría un bote. Así lo hizo, y, tras navegar durante dos días, llegó al monte de Gano (actual Gaziköy, Turquía). Allí, en una cueva, estaban ocultos muchos monjes encabezados por Teodosio, el obispo de Cícico. Nicón fue llevado a la cueva del Obispo, donde fue catequizado en la fe de Cristo, y de él recibió el Bautismo y la Divina Comunión. Después de tres años de vivir en ascetismo, el Obispo recibió una revelación divina para ordenar a Nicón Presbítero (sacerdote) y luego Obispo. Fue informado de que el monte iba a ser atacado por los bárbaros y debía llevar a Sicilia a los 190 monjes del lugar. El obispo Teodosio obedeció al ángel, y luego murió después de haber confiado a los 190 monjes a San Nicón.


Después de enterrar al obispo Teodosio, San Nicón navegó primero a Mitilene y de allí a Sicilia con los hermanos, y al hacerlo se salvaron del ataque de los bárbaros. Antes, por la gracia de Dios, el obispo Nicón pasó por su ciudad natal, Neápolis, donde vio por última vez a su madre. Ella le abrazó con lágrimas de alegría y lo besó. Tras postrarse hasta el suelo, ella dijo: "Te doy gracias, Señor, porque me has permitido ver a mi hijo como monje y como obispo. Ahora, Señor mío, escucha a tu sierva y recibe mi alma”. Cuando terminó esta oración, murió la mujer justa. Los presentes glorificaron a Dios y la enterraron con cantos solemnes.


Después Nicón se fue a la isla de Sicilia, y allí hizo vida ascética junto con los monjes en una zona desolada del monte Taormina. Los rumores de la llegada de Nicón se extendieron por la ciudad, y diez soldados, antiguos compañeros suyos, fueron a verlo. Después de conversar con el santo, creyeron y fueron bautizados, y se fueron con él a Sicilia como miembros de la hermandad.


Pasaron muchos años, y Quintiliano, el gobernador romano de Sicilia, se enteró de que el obispo Nicón vivía cerca de allí con muchos monjes. Entonces los 199 monjes fueron capturados y decapitados, pero dejaron vivo a San Nicón para torturarlo. Estiraron su cuerpo y fue atado de manos y pies; luego fue quemado con antorchas, pero él permaneció ileso. Fue atado a un caballo salvaje para ser arrastrado por el suelo, pero el caballo no se movía del lugar. Después le cortaron la lengua al Santo, le golpearon en la cara con una piedra, le arrojaron por un acantilado y finalmente fue decapitado. Por último el cuerpo del Hieromártir Nicón fue abandonado en un campo para ser comido por los animales salvajes y las aves. De este modo, en el año 250 d.C., se incorporó a la bienaventurada vida celestial, " allí donde no existe dolor, ni pena, ni preocupacion, sino vida eterna"


Un pastor, poseído por un espíritu maligno, fue a ese lugar y, al encontrar el cuerpo del Santo, inmediatamente cayó al suelo sobre su rostro. El espíritu inmundo, vencido por el poder del Santo, lo arrojó al suelo y salió de él con un fuerte grito: "¡Ay de mí, ay de mí! ¿Adónde puedo huir de Nikon?". El pastor, sanado, contó esto a la gente. El obispo de la ciudad de Mesina se enteró del suceso, y luego él y su clero enterraron el cuerpo de San Nicón y sus discípulos.



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com / eltestigofiel.org

Adaptación propia