25/03 - La Anunciación de la Santísima Madre de Dios y Siempre Virgen María


Dios se hace hombre para hacer dios a Adán


La fiesta de la Anunciación de la santísima Madre de Dios y siempre Virgen María es una de las pocas fiestas que encontramos en Cuaresma en la tradición bizantina. De la fiesta hallamos testimonios precisos en Costantinopla en torno al 530, y también Román el Melódico le dedica en el siglo VI un kontákion. Al desarrollo de la fiesta contribuyeron las homilías antiarrianas que subrayan, junto a la humanidad de Cristo, también su divinidad eternamente subsistente en Dios, y la homilética siríaca, que subraya fuertemente el paralelismo entre Eva y María. En Roma la fiesta fue introducida por el Papa Segio I (687-701), de origen siríaco, con una celebración litúrgica en Santa María la Mayor y una procesión.


Desde el inicio la fiesta fue celebrada el 25 de Marzo, siempre en el periodo cuaresmal, un tiempo que excluye cualquier solemnidad. En el 692 el Concilio IV de Constantinopla prescribe, sin embargo, celebrar con toda solemnidad la fiesta, y así en las Iglesias bizantinas se desarrolló un sistema de rúbricas litúrgicas que buscan combinar la Anunciación con los oficios cuaresmales y con los de la Semana santa. La fiesta del 25 marzo tiene una vigilia el 24 y un post-fiesta el 26, día en el cual se celebra la memoria del arcángel Gabriel. En efecto, con mucha frecuencia las grandes fiestas en la tradición bizantina tienen, el día posterior a la fiesta, la celebración del personaje del cual Dios se sirve para llevar a término su Misterio de salvación.


La Anunciación cae siempre durante la Cuaresma, pero se celebra con gran alegría. La Liturgia de San Juan Crisóstomo se celebra en este día, incluso si cae entre semana. Este es uno de los dos días de la Gran Cuaresma en el que se relaja el ayuno y el pescado está permitido (el Domingo de Ramos es el otro).


Los textos litúrgicos de los tres días que configuran la fiesta son de una gran profundidad teológica. Sobre todo, es interesante destacar algunos aspectos importantes que encontramos en uno de los textos litúrgicos del oficio del matutino del día de la vigilias.


Los troparios son un entrelazado de citas bíblicas, sobretodo veterotestamentarias, profecías que anuncian a Cristo y que la tradición patrística ha leído siempre en clave cristológica. Esta misma acentuación cristológica está ya en todos los títulos dados a María, relacionados con el misterio de la Encarnación del Verbo de Dios y de la divina maternidad de María: "Gózate, tierra no sembrada; alégrate, zarza incombustible; alégrate abismo insondable; gloriate, puente que hace pasar a los cielos y escala elevada contemplada por Jacob; alégrate, divina urna del maná; gózate, liberación de las maldiciones; regocíjate, retorno de Adán del exilio: el Señor está contigo".


El canon del matutino del día 24 es un canon compuesto por nueve odas, en correspondencia con los cánticos del Antiguo y del Nuevo Testamento cantados en el oficio matutino. Al inicio de cada estrofa se repite el versículo: "Santísima Madre de Dios, sálvanos", que subraya aquellos que el texto poético más adelante desarrolla: María como instrumento del cual Dios se sirve para otorgar su salvación al género humano, es decir, la Encarnación del Verbo de Dios. Las dos últimas estrofas de cada oda comienzan con "Gloria al Padre" y "Ahora y siempre".


Se trata de un bello texto en el cual el autor canta el misterio de la Encarnación del Verbo de Dios en su hacerse hombre en el seno de la Madre de Dios. Y además, también las diversas imágenes bíblicas con las que es contemplada la figura de María en relación con Aquél que en ella se encarna.


En diversas estrofas de las odas, la Encarnación viene presentada como descendimiento, como abajamiento, como kénosis del Verbo de Dios hacia la naturaleza humana caída: "Alégrate oh universo: dentro de poco te encontrarás que vas a acoger el descenso del Señor a ti. Él desciende del cielos para hacerse cuerpo en el seno de la Virgen santísima. Él viene a trocar celeste el limo de los que están sobre la tierra. Inclinando los cielos, ahora desciende hasta nosotros, oh Verbo, para realzar de la caída a la obra de tus manos".


La Encarnación del Verbo de Dios viene también a quitar la maldición que se cierne sobre la tierra misma tras el pecado de Adán: "Salta y danza, oh tierra que producía penosamente las espinas de las passiones. He aquí que ahora llega el inmortal agricultor, Aquél que te quita la maldición".


En la oda octava encontramos un juego de imágenes contrapuestas para hablar de la Encarnación del Verbo: la imagen de oscuridad y manifestación, de ángel anunciante y ángel anunciado: "Nube ligera de luz, tú que no has conocido nupcias, desde lo alto el sol impenetrable resplandecerá sobre ti; tras ser ocultado en ti, se manifestará al mondo y borrará el oscurecimiento del mal. El primer liturgo de los ángeles profirió con voz gozosa el anuncio, oh Pura, de que el Ángel del gran consejo se encarnaría en ti".


En muchas de las estrofas encontramos títulos dados a la Madre de Dios y a Cristo mismo, que están en correspondencia unos con otros, María como instrumento y el Verbo de Dios encarnándose en Ella como Aquél que se convierte en la plenitud; estos títulos están tomados de imágenes y figuras veterotestamentarias, y son leídos siempre en clave cristológica: "Vaso luminoso de oro puro, prepárate a recibir el maná de la vida. Prepárate, vello divino, virgen sin mancha. Como la lluvia, Dios desciende sobre ti. Candelabro de oro, recibe el fuego de la Divinidad accesible por ti. Éste es el que porta la luz al mundo".


Las profecias de los cánticos de Habacuc, Isaías y Daniel son también releídas, siguiendo la tradición de los Padres, en clave cristológica, como anuncios proféticos de la Encarnación del Verbo de Dios: "Gran palacio del rey, abre las divinas puertas del tus oidos. He aquí que entrará Cristo, la Verdad, y habitará en ti; la rama mística hará florecer la flor divina, la viña hará crecer el racimo maduro. Montaña que Daniel ve en el Espíritu, alégrate, oh Virgen. De ti se extraerá la piedra espiritual".


La oda nona, relacionada con los cánticos de Zacarías y de María en el Evangelio de Lucas, se centra en la relación directa de años y de predileción del Verbo de Dios en su Encarnación, hacia María que se convierte en instrumento y receptáculo: "Eva comió el fruto, funesto productor de nuestra muerte. En ti, en cambio, oh Señora, germinó el fruto benéfico de la inmortalidad, Cristo, dulzura nuestra. Cristo está enamorado de tu belleza, oh Inmaculada, y viene a habitar en tu seno para liberar al género humano de la deformación de las pasiones y restituirlo a su belleza antigua. Tierra no sembrada, oh Pura, a través de la palabra, recibe la Palabra celeste como un grano, que produce fruto. Germinará en ti y nutrirá los confines de la tierra con el pan del conocimiento".


El texto del canon se sirve todavía de otras imágenes que encontramos abundantemente también en los textos litúrgicos bizantinos de la Cuaresma: "Oh Cordera sin mancha, el Cordero de nuestro Dios se da prisa para entrar en ti, su Madre, para portar nuestros pecados. No temas nada, oh Virgen, el fuego de la Divinidad no abrasará tu vientre. De hecho, en el pasado te prefiguraba, oh toda Pura, la zarza que ardía sin consumirse nunca".


La fiesta tiene como tema importante el anuncio de la Encarnación del Verbo de Dios y la gloria que brota. En muchos de los troparios se encuentra, casi como un estribillo, la exhortación "alegraos": se trata de una gloria que no tiene nada de superficial, sino que nace de la conciencia de la salvación que nos viene dada en Cristo, en una fiesta que busca implicar a toda la creación en la alabanza y en la contemplación del misterio celebrado.


Otro tema que vuelve a los textos litúrgicos es la combinación de asombro y duda en María; asombro frente a aquello que le viene anunciado, duda no tanto frente a lo que deberá suceder, sino de no ser de nuevo engañada como Eva por cualquiera que anuncia grandes cosas ("seréis como Dios"). Otra combinación de asombro y estupor es aplicado por la liturgia también al arcángel frente al contenido del anuncio, con una serie de afirmaciones cristológicamente contrastantes, muy similares a los temas de los Himnos de san Efrén el Sirio: "El inenarrable que está en lo más alto de los cielos, nace de una virgen! Aquél que tiene el cielo por trono y la tierra por escabel se encierra en el seno de una mujer! Aquél que los serafines de las seis alas no pueden mirar fijamente, se complace al encarnarse por Ella. Aquél que aquí está presente es el Verbo de Dios".


Las lecturas de vísperas son tomadas del Antiguo Testamento, perícopas que ya toda la tradición patrística de oriente y occidente lee en clave cristológica; la escala de Jacob (Génesis,28, 10-17); la puerta cerrada por donde pasa solamente el Señor (Ezequiel 43, 27 - 44, 4); la casa construida por la sabiduría de Dios (Proverbios, 9, 1-11). El tropario de la fiesta resume, de modo breve y claro, el tema de fondo de la celebración: "Hoy es el comienzo de nuestra salvación y la manifestación del misterio escondido por siglos: el Hijo de Dios se convierte en Hijo de la Virgen, y Gabriel porta la buena nueva de la gracia. Con él aclamamos a la Virgen: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo".


En el oficio del Matutino uno de sus textos es de un autor bizantino, Teodoro Graptos (778-845). Involucrado, al igual que su hermano Teodoro, también himnógrafo, en la crisis iconoclasta, fue un valiente defensor del culto a los iconos, y tras la victoria iconódula, fue arzobispo de Nicea. Es autor de varios himnos y cánones que hoy se encuentran en diversas fiestas del oficio bizantino. La obra es un acróstico, y se desarrolla sirviéndose de un género literario que ya san Efrén usa, que es el diálogo o disputa entre dos personajes - aquí entre el arcángel y la Madre de Dios - a estrofas alternas. El autor retoma el tema ya mencionado en vísperas, el asombro del mismo arcángel ante aquellos que debe anunciar, y el estupor y el miedo de la Virgen, miedo de ser engañada de nuevo como Eva.


El último de los troparios del matutino resume el misterio de nuestra salvación, ya manifestado en los Evangelios y en la tradición patrística: "El misterio que existe desde la eternidad se ha revelado hoy, y el Hijo de Dios se hace hijo del hombre, para que, asumiendo lo que es inferior, pueda comunicarme lo que es superior; Dios se hace hombre para hacer dios a Adán".


En la Divina Liturgia del día 25 se leen dos pasajes, de la carta a los Hebreos (2, 11-18) y del Evangelio de Lucas (1, 24-38). "Y la dejó el ángel ". Este versículo que cierra la perícopa de la Anunciación siempre me ha impresionado. El Señor nos anuncia su buena noticia y después nos deja? Non, no es abandono ni soledad lo que debemos leer en el Evangelio de Lucas, sino el hecho de que en nuestra vida cristiana estamos llamados a dar una respuesta, con nuestra responsabilidad y madurez, humana y cristiana.


En el icono de la fiesta, la Virgen se representa de pie o sentada, por lo general con un ovillo de hilo o sosteniendo un pergamino en la mano izquierda. Su mano derecha se levanta para indicar su sorpresa ante el mensaje que está escuchando. Su cabeza está inclinada, mostrando su consentimiento y obediencia. El descenso del Espíritu Santo en ella es representado por un rayo de luz que sale de una pequeña esfera en la parte superior del icono, que simboliza el cielo. En un famoso icono del Sinaí, una paloma blanca se muestra en el rayo de luz.


S.E. Manuel Nin, Exarca Apostólico para los católicos de rito bizantino de Grecia



Fuente: L’Osservatore Romano / Arquidiócesis de Buenos Aires y Toda la Argentina (Patriarcado de Antioquía y Todo el Oriente)

Adaptación propia

Traducción del italiano: P. Salvador Aguilera

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.