viernes, 23 de abril de 2021

24/04 - Isabel la Taumaturga


La Venerable Isabel (del gr. "Ελισάβετ", [Elisábet]) procedía de Heraclea de Tracia* y vivió en el siglo V después de Cristo.


Sus padres, Eunomiano ("Ευνομιανός", [Efnomianós]) y Eufemia (Ευφημία,[Effimía], eran reconocidos y famosos por sus riquezas y por su virtud. Habitaban cerca de Heraclea, en un lugar llamado desde la antigüedad "Zrakokríni" ("Θρακοκρήνη") y más tarde "Abidiní" ("Αβυδηνοί"). Vivían con respeto y devoción a Dios, teniendo como modelo al santo Job. Deseando imitar la hospitalidad de Abrahán, ayudaban a manos abiertas a todos los que tenían necesidades materiales. Pero habían pasado dieciséis años desde que se casaron y aún no tenían hijos. Por ello rezaban sin cesar a Dios que les regalase un hijo, para continuar su generación y heredar su riqueza. El Señor que cumple las solicitudes de Sus creyentes, escuchó con benevolencia sus ruegos y no rechazó sus oraciones.


Había en aquel lugar la antigua costumbre de reunirse los cristianos en el día de la memoria de Santa Gliceria (también traducido como Santa Dulcinea, 13 de Mayo), y celebrar su memoria durante toda una semana. Entonces se encontraron allí los padres de la futura santa Isabel con los otros cristianos. Hacían procesiones, pasaban la noche en vigilia glorificando y visitaban otras Iglesias de la ciudad, donde se guardaban las reliquias de cuarenta mujeres santas, del diácono Amós (1 de Septiembre) y de muchos otros santos. Entonces llevaban también en dicha procesión el respetadísimo cráneo de Santa Gliceria.


Celebrando la Divina Liturgia el Obispo de la ciudad llamado León, el padre de Isabel, Eunomiano, vió que el venerado cráneo a veces sonreía y a veces se entristecía. Esto lo consideró una señal de su creencia en la mártir y su alma se llenó de alegría y de pena al mismo tiempo.**  Junto con su esposa rogaron a la santa que solucionase su infertilidad y que les regalase un hijo. Entonces, cuando una vez se quedaron ligeramente dormidos, Eunomiano vio en su sueño a Santa Gliceria, quien le dijo: "¿Para esto me llamas, hombre, y me pides lo que sólo Dios puede dar? Sin embargo, si de verdad me das tu palabra de que conseguiréis un corazón y un espíritu humilde y que nunca presumirás a costa de los demás, haré oración para que el todo bondadoso Señor te de mediante mis interseciones, lo más rápido posible, una hija. La llamarás Elísabet (Isabel), porque será similar a la madre de San Juan el Precursor y Bautista". El padre de la santa dio su palabra de que haría lo que le había pedido Santa Gliceria. Entonces ella le santiguó con la señal de la Cruz y se fue. Su mujer se quedó enseguida embarazada, y tras pasar nueve meses dio a luz una niña. 


Cuando Isabel llegó a los doce años, su madre partió de esta vida temporal. Tres años más tarde se fue también su padre, quedándose huérfana la bendita Isabel. Pero enseguida se dedicó a sí misma a Dios y se distinguió en el servicio a los pobres y a los necesitados. Dio su herencia a los pobres y los acercó a Dios, y a los esclavos les regaló su libertad.


Después partió hacia Constantinopla. Llegó al monasterio del Gran Mártir Jorge, denominado "Pequeña Colina", cuya abadesa era una tía de su padre. En este monasterio renunció al mundo y fue tonsurada monja. Vivió en ayuno y áscesis, con muchas privaciones. Caminaba siempre descalza. Así llegó a la altura de la santidad y el Santo Dios la hizo digna de los carismas de la predicción y de realizar milagros.


Dos años más tarde la abadesa del monasterio partió de la vida presente. El Patriarca Genadio I de Constantinopla la estableció como su sucesora. La santa llenaba de luz a los que con fe se acercaban a ella. Una vez, mientras se desarrollaba la Divina Liturgia en la iglesia del monasterio, vio centellear una luz indescriptible y al Espíritu Santo descender después del Himno Querúbico sobre el santuario y cubrir al sacerdote que estaba frente a la Mesa Santa. La venerable Isabel se llenó de gozo y sorpresa. Pero no se lo dijo a nadie, hasta que no llegó la hora de su partida hacia Dios. 


Según se acercaba su hora, su pasión -como ella decía- de ver su patria, aumentaba. Entonces fue a Heraclea y allí fue a orar a todos los templos y a reverenciar las santas reliquias de los Santos que en ellos se encontraban. Y allí en el templo de la Theotokos, tuvo una visión de la Santa Madre de Dios, recibiéndola. El rostro de la Theotokos lo reconoció en un icono, cuando llegó a la Iglesia del Hieromártir Romanos. La voz de la Inmaculada le dijo que regresase a su monasterio, porque el tiempo de su dormición estaba cerca. De este modo la Venerable Isabel, tras haber regresado, reposó en paz. Sus santos restos fueron enterrados en la Iglesia de San Jorge, permaneciendo completos e intactos.


* Heraclea, antigua ciudad griega, fue el nombre puesto a la ciudad de Périnzos en el año 297 d.C., cuando el emperador de Roma era Diocleciano. Éste cambió el sistema de las eparquías del imperio y estableció Heraclea como centro administrativo. Durante los siglos VII y VIII era lugar frecuente de invasiones de Árabes y de Búlgaros. Périnzos era también una antigua ciudad griega, colonia de Samos, que fue construida en el año 599 a.C. y se encontraba en la Tracia Oriental, en el Mar de Mármara, es decir en el lado europeo, cerca de la actual Mármara Ereglisi (del turco Marmara Ereğlisi).  


** Existe un término en griego, "χαρμολύπη", [jarmolípi], que define exactamente este estado: la existencia simultánea del sentimiento de alegría y pena.



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com