miércoles, 30 de junio de 2021

01/07 - Cosme y Damián los Santos Anárgiros


Los Santos Mártires Taumaturgos y Anárgiros Cosme y Damián, diferentes a los celebrados el 1 de noviembre, eran hermanos, nacidos en Roma y médicos de profesión. Aceptaron la muerte como mártires en Roma bajo el emperador Carino (283-284). Fueron criados por sus padres en las reglas de la piedad, llevaron una vida estricta y casta, y Dios les concedió el don de la gracia de sanar a los enfermos. Por su actitud buena y desinteresada hacia la gente, combinada con su bondad excepcional, los hermanos convirtieron a muchos a Cristo. Los santos solían decir a los enfermos: "No es por nuestro poder que tratamos a los enfermos, sino por el poder de Cristo, el Dios Verdadero. Creed en Él y seréis sanados". Por su desinteresado cuidado de los enfermos, los santos hermanos fueron llamados "médicos no mercenarios" (anárgiros).


Su activo servicio al prójimo y su influencia espiritual en el entorno, que atrajo a muchos a la Iglesia, llamó la atención de las autoridades romanas. Fueron enviados soldados en busca de los hermanos. Al enterarse de esto, los cristianos imploraron a los santos Cosme y Damián que se escondieran por un tiempo hasta que pudieran prestarles ayuda. Pero los soldados, al no encontrar a los hermanos, arrestaron en cambio a otros cristianos del lugar donde vivían los santos. Los santos Cosme y Damián salieron de su escondite y se entregaron a los soldados, pidiéndoles que liberaran a los arrestados por su causa.


En Roma, los santos fueron al principio encerrados en prisión y luego fueron llevados a juicio. Los santos confesaron abiertamente ante el emperador romano y el juez su fe en Cristo Dios, que había venido al mundo para salvar a la humanidad y redimir al mundo del pecado, y se negaron resueltamente a ofrecer sacrificios a los dioses paganos. Dijeron: "No hemos causado mal a nadie, no nos hemos mezclado en magia o hechicería, tal y como nos acusas. Nosotros curamos a los enfermos con el poder de nuestro Señor y Salvador Jesucristo y no recibimos ninguna clase de recompensa por prestar ayuda a los enfermos, porque nuestro Señor ordenó a sus discípulos: "Gratis recibisteis, dadlo gratis" (Mt 10, 8).


Sin embargo, el emperador continuó con sus exigencias. A través de la oración de los santos hermanos, por poder de la gracia, Dios repentinamente dejó ciego a Carino para que él también, por experiencia propia, pudiera conocer la omnipotencia del Señor que no perdona la blasfemia contra el Espíritu Santo. La gente, al contemplar el milagro, gritó: "¡Grande es el Dios cristiano, y ningún otro es Dios, excepto Él!" Muchos de los que creyeron rogaron a los santos hermanos que curaran al emperador, y él mismo imploró a los santos, prometiendo convertirse al verdadero Dios Cristo el Salvador. Los santos lo sanaron. Después de esto, los santos Cosme y Damián fueron puestos en libertad con honra y nuevamente se dedicaron a curar a los enfermos.


Pero lo que el odio de los paganos y la ferocidad de las autoridades romanas no consiguiero  hacer lo hizo la envidia, una de las pasiones más fuertes de la naturaleza pecaminosa del hombre. Un médico mayor, instructor con el que los santos hermanos habían estudiado el oficio médico, se volvió celoso de su fama. Llevado a la locura por esta malicia, y vencido por la pasión, convocó a los santos hermanos, antes sus más queridos estudiantes, para que se reunieran para recoger diversas hierbas medicinales, y partiendo hacia las montañas, los asesinó, arrojando sus cuerpos a un río.


Así, como mártires, terminaron su peregrinar terrenal estos santos hermanos, los sanadores no mercenarios Cosme y Damián. Habían dedicado toda su vida al servicio cristiano al prójimo, habiendo escapado de la espada y la prisión romanas, pero siendo asesinados a traición por su antiguo maestro.


El Señor glorificó a aquellos que le agradaron, y ahora a través de las oraciones de los santos Anárgiros Cosme y Damián se recibe curación de Dios para todos los que con fe recurren a su santa intercesión.



Fuente: Orthodox Calendar

Traducido al inglés por P. S. Janos, y al castellano por Google Translate

Adaptación propia

martes, 29 de junio de 2021

30/06 - Sinaxis de los Doce Santos Apóstoles


Los nombres de los Doce Santos Apóstoles son estos: Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés, el Protóclito; Santiago el hijo de Zebedeo y su hermano Juan, que es también el Evangelista y Teólogo; Felipe y  Bartolomé (ver también el 11 de junio); Tomás y Mateo el publicano, también llamado Leví, el Evangelista; Santiago el hijo de Alfeo, y Judas (llamado Tadeo), el Hermano del Señor; Simón el de Caná (el Zelota), y Matías, que fue elegido para ocupar el lugar de Judas el traidor (ver el 9 de agosto).

lunes, 28 de junio de 2021

29/06 - Santos Apóstoles Pedro y Pablo


Apóstol San Pedro

El Apóstol San Pedro, anteriormente llamado Simón era hijo del pescador Jonás en Betsaida de Galilea y hermano del Apóstol San Andrés, “el primer llamado”, el cual lo condujo a Cristo.

San Pedro era casado y tenía su casa en Capernaúm. Llamado por nuestro Salvador Jesucristo, mientras pescaba en el lago de Genisaret, él siempre demostró una especial devoción y decisión, por lo que se hizo digno de un especial acercamiento al Señor, al igual que los Apóstoles Santiago (Jacobo) y San Juan el Teólogo.

Fuerte y espiritualmente ferviente, en verdad, ocupó un influyente lugar entre los Apóstoles de Cristo. Fue el primero que confesó con decisión al Señor Jesús como a Cristo (Mesías), y por ello fue digno de ser llamado Piedra (Pedro). Sobre esta fe de piedra de Pedro el Señor prometió edificar Su Iglesia, contra la cual no prevalecerán las puertas del infierno. El Apóstol San Pedro, lavó con lágrimas amargas de arrepentimiento su triple negación del Señor en la víspera de Su crucifixión. En consecuencia, luego de su Resurrección, el Señor nuevamente lo rehabilitó en la dignidad de Apóstol, tres veces de acuerdo al número de negaciones, y le encomendó cuidar Su rebaño de corderos y ovejas. De acuerdo a la tradición, el Apóstol Pedro cada mañana comenzaba a llorar amargadamente al escuchar el canto del gallo, pues se acordaba de su cobarde renuncia hacia Cristo.

El apóstol Pedro fue el primero en contribuir a la difusión y al fortalecimiento de la Iglesia de Cristo luego del descenso del Espíritu Santo, el día de Pentecostés, al pronunciar un firme sermón ante la gente convirtió 3000 almas hacia Cristo. Poco tiempo después curó a un tullido de nacimiento; y con un segundo sermón convirtió hacia la Fe a 5000 hebreos más. La fuerza espiritual que procedía del apóstol San Pedro era tan intensa, que hasta su sombra, al caer sobre los enfermos yacentes en las calles, curaba (Hechos 5:15). El libro de los Hechos desde el primer capítulo hasta el duodécimo narra su actividad apostólica.

El nieto de Herodes el Grande, Herodes Agripa I, después del año 42, d. C., restableció las persecuciones contra los cristianos. Él asesinó al Apóstol Santiago (Jacobo), Hijo de Zebedeo, y encerró al apóstol Pedro en una prisión. Los cristianos rezaban fervientemente por el Apóstol Pedro al advertir el castigo. Durante la noche ocurrió un milagro: a la celda de Pedro descendió el Angel del Señor, las esposas de San Pedro cayeron, y él salió de su celda sin ser advertido.

Luego de esta milagrosa liberación, el libro de los Hechos lo recuerda sólo una vez más al narrar el concilio de los Apóstoles. Otros testimonios sobre él fueron conservados por la tradición de la Iglesia. Se sabe que él difundía el Evangelio por las orillas del Mar Mediterráneo, en Antioquía, (donde ordenó al obispo Evodio). El Apóstol Pedro evangelizaba en el Asia Menor a los judíos y prosélitos (paganos convertidos al judaísmo), luego en Egipto, donde ordenó a Marcos en el primer obispo de la Iglesia de Alejandría. De aquí él fue a evangelizar a Grecia, Corinto, luego a Roma, España, Cartagena y Bretaña. De acuerdo a la Tradición, el Apóstol Marcos escribió su Evangelio para los cristianos romanos de las palabras del Apóstol Pedro. Entre los libros del Nuevo Testamento hay dos epístolas católicas (universales) del Apóstol Pedro.

La primer Epístola católica del Apóstol Pedro está dedicada a los advenedizos de la diáspora en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, provincias de Asia Menor. El motivo del escrito de San Pedro fue el deseo de fortalecer a sus hermanos ante la aparición de diferencias en éstas comunidades y persecuciones, por parte de los enemigos de la Cruz de Cristo. Entre los cristianos también surgieron enemigos internos, los falsos maestros. En ausencia del Apóstol Pablo comenzaron a deformar su enseñanza sobre la libertad cristiana y a amparar todo desenfreno moral.

La segunda epístola Católica fue escrita para los cristianos del Asia Menor. En esta segunda carta el Apóstol Pedro puso especial énfasis en advertir a los fieles sobre los falsos maestros libertinos.

Estas falsas enseñanzas coinciden con aquellas que fueron refutadas por el Apóstol Pablo en sus cartas a Timoteo y Tito, y también al Apóstol San Judas en su Epístola Católica. Las falsas enseñanzas de los herejes amenazaban la moral y la fe cristiana. En aquel tiempo se difundió rápidamente la herejía gnóstica que absorbió elementos del judaísmo, del cristianismo y diversas enseñanzas paganas. Esta epístola fue escrita poco tiempo antes de ser martirizado el Apóstol Pedro: “Sé que pronto deberé dejar mi templo (cuerpo), según nuestro Señor Jesucristo me lo ha revelado.”

Hacia el final de sus días el Apóstol Pedro estuvo nuevamente en Roma, donde fue martirizado en el año 67 mediante la crucifixión cabeza abajo.

El Santo Apóstol Pablo

Inicialmente era llamado por su nombre hebreo Saulo, pertenecía a la estirpe de Benjamín y nació en la ciudad de Tarso, Cilicia, (Asia Menor), que era conocida por su academia y por la instrucción de sus habitantes. Pablo tenía los derechos de la ciudadanía romana, pues era nativo de ésta ciudad, descendiente de judíos, liberados de la esclavitud por ciudadanos romanos. Pablo recibió su educación primaria en Tarso, y evidentemente allí conoció la cultura pagana, ya que en su carta y discursos se advierte claramente las huellas del conocimiento de los escritores paganos.

Su educación posterior la recibió en Jerusalén; en la entonces prestigiosa academia rabínica con el conocido maestro Gamaliel, quien era considerado un conocedor de la Ley, y a pesar de pertenecer al partido fariseo, era un libre pensador y amante de la sabiduría griega. Aquí según la costumbre adoptada por los hebreos, el joven Saulo aprendió el arte de construir tiendas, lo que posteriormente le ayudó a ganar el alimento con su propio esfuerzo.

Saulo, por lo visto se preparaba para el deber de rabino (instrucción religiosa), después de completar su educación, él se reveló como un fuerte defensor de la tradición farisea y perseguidor de la fe de Cristo. Puede ser que por la designación del Sanedrín, él fue testigo del martirio de San Esteban, luego recibió el poder de perseguir oficialmente a los cristianos aun fuera de las fronteras de Palestina, en Damasco.

El Señor al ver en Saulo un “instrumento elegido” para Él, camino hacia Damasco milagrosamente lo llamó al servicio apostólico. Saulo yendo por el camino fue iluminado por una luz resplandeciente; a causa de la que cayó sobre la tierra.

De la luz surgió una vos: “Saulo, Saulo porqué me persigues?” A la pregunta de Saulo “¿Quién eres?” — El Señor contestó “ Yo soy Jesús a quien tu persigues.” El Señor encomendó a Saulo ir a Damasco; donde se le indicará qué hacer después. Los acompañantes de Saulo escucharon la voz de Cristo, pero no vieron la luz, conducido de la mano hacia Damasco, Saulo, privado de la vista, fue instruido en la fe, y al tercer día bautizado por Ananias. Cuando fue sumergido en el agua recuperó la vista. Desde este momento se hizo un confesor celoso de la enseñanza, que antes perseguía. Por un tiempo se fue a Arabia, luego retornó a Damasco para enseñar acerca de Cristo. La ferocidad de los judíos, indignados por su conversión a Cristo, lo obligaron a huir a Jerusalén, donde él se unió a la comunidad de los fieles y conoció a los apóstoles. A causa del atentado contra su vida por parte de los judíos helenistas, debió regresar a su Tarso natal. En el año 47 él fue llamado a Antioquía por Bernabé para enseñar, y luego se encaminó junto a él a Jerusalén donde trajo ayuda a los necesitados.

Pronto, al regresar de Jerusalén, por mandato del “Espíritu Santo,” Saulo junto a Bernabé se dirigió en su primer viaje apostólico, que duró entre los años 45 y 51. Los apóstoles atravesaron toda la isla de Chipre. Saulo es llamado Pablo luego que convierte a la Fe al procónsul Sergio Pablo.

Durante el transcurso del viaje misionero de Pablo y Bernabé fueron fundadas las comunidades cristianas del Asia Menor: Antioquía de Psidia, Iconio, Listra y Derbé. En el año 51 el Apóstol San Pablo participó en el Concilio Apostólico en Jerusalén, en el que fervientemente se opuso a que los paganos convertidos al cristianismo observen las costumbres de la Ley de Moisés.

Al volver a Antioquía, al Apóstol Pablo acompañado por Silas inició su segundo viaje apostólico. Primero, él visitó las Iglesias del Asia Menor fundadas anteriormente y luego se trasladó a Macedonia, donde estableció Filipos, Tesalónica, y Berea. En Listra San Pablo sumó a Timoteo, su amado discípulo, entre sus acompañantes, y desde Troade continuó su viaje junto al Evangelista Lucas. Desde Macedonia San Pablo pasó a Atenas y a Corinto, permaneciendo en ésta última ciudad un año y medio. Desde aquí envió dos apóstoles a los Corintios.

El segundo viaje se extendió entre el año 51 y 54. Después San Pablo fue a Jerusalén visitando en el camino a Efeso y Cesarea, y desde Jerusalén llegó a Antioquía. Luego de una corta estadía en Antioquía, el Apóstol Pablo inició su tercer viaje apostólico (56-58), visitando primero como era su costumbre a las Iglesias del Asia Menor establecidos en primer término; luego se detuvo en Efeso, donde en el transcurso de dos años se ocupó diariamente de la enseñanza en la escuela de Tirano. Aquí él escribió su epístola a los gàlatas (debido al recrudecimiento de la doctrina judaica) y la primer epístola a los Corintios (como consecuencia de los desórdenes y respuesta a la carta, que los Corintios le enviaron). El alzamiento popular instigado por el platero Demetrio contra Pablo, obligó al Apóstol a dejar Efeso y dirigirse a Macedonia, y finalmente a Jerusalén.

En Jerusalén a causa del tumulto iniciado contra él, el Apóstol Pablo fue tomado prisionero por las autoridades romanos y fue recluido (preso) primero por el procónsul Felix y luego por su sucesor Festo. Esto ocurrió en el año 59 y dos años después, el Apóstol Pablo, como ciudadano romano, por su propio deseo fue enviado a Roma para ser enjuiciado por el Cesar. Al sufrir un naufragio en la Isla de Malta el Apóstol arribó a Roma recién en el verano 62, allí se benefició de la gran condescendencia de las autoridades romanas y enseñó libremente.

En Roma el Apóstol Pablo escribió sus epístolas a los Filipenses (en agradecimiento por el envío de dinero junto a Epafrodito), a los Colocences, a los Efesios y a Filemón habitante de Colosas (a causa de la huida de su esclavo Onesimo). Estas tres cartas fueron escritas en el año 63 y enviadas con Tiquico. Enseguida desde Roma escribió su carta a los hebreos de Palestina. El siguiente destino del Apóstol Pablo no se conoce con exactitud. Algunos consideran que él se quedó en Roma y por mandato de Nerón fue martirizado en el año 64. Pero existen fundamentos para suponer, que luego de su reclusión de dos años, y la defensa de su obra ante el senado y el emperador, el Apóstol Pablo fue liberado, y que nuevamente viajó al Oriente.

Sobre ello se pueden encontrar señales en sus epístolas Pastorales a Timoteo y Tito. Habiendo pasado mucho tiempo en la isla Creta, él dejó allí a su discípulo Tito para la ordenación de por todas las ciudades como atestigua la ordenación de Tito como obispo de Creta por él realizada. Posteriormente en su carta a Tito el apóstol Pablo lo instruye en como debe cumplir sus obligaciones de obispo. A través de ésta epístola se advierte que él proponía pasar aquel invierno en Nicopolis, cerca su Tarso natal.

En la primavera del año 65 visitó el resto de las Iglesias del Asia Menor y en Mileto dejó al enfermo Trafimov a causa de que ocurrió un tumulto contra el apóstol en Jerusalén, lo que le trajo en consecuencia la reclusión. Se ignora si el Apóstol pasó por Efeso, ya que él decía que los presbíteros de Efeso no verán más su rostro. Pero por lo visto, en aquél tiempo él ordenó a Timoteo como obispo para Efeso. Más adelante el Apóstol pasó por Troada y llegó a Macedonia. Allí él escuchó sobre el recrudecimiento de las falsas doctrinas en Efeso, y escribió su primer carta a Timoteo. Luego de estar un tiempo en Corinto se encontró en el camino con el Apóstol Pedro. Ambos continuaron su viaje a través de Dalmacia e Italia. Llegando a Roma, deja al Apóstol Pedro, y continúa solo en el año 66 hacia el occidente llegando a España.

Después de su regreso a Roma fue nuevamente encarcelado hasta su muerte. Según la tradición, al volver a Roma, él enseñó en la corte del Emperador Nerón y convirtió a su amada concubina a la Fe de Cristo. Por ello él fue enjuiciado, y si bien por la misericordia de Dios fue liberado, como él mismo expresó, de la garra de los leones, (es decir de ser comido por los leones en el circo) fue recluido en la prisión.

Luego de nueve meses de prisión él fue decapitado, como ciudadano romano cerca de Roma en el año 67, después de Cristo, en el doceavo año del reinado de Nerón. Desde una visión general de la vida del Apóstol Pablo se aprecia que ella se divide tajantemente en dos mitades. Hasta su conversión en Cristo, San Pablo, todavía Savlo, fue un severo fariseo, observante de la ley moicea y de las tradiciones patriarcales, que pensaba justificarse por las obras de la Ley y su celo en la Fe de los patriarcas, aproximándose al fanatismo.

Luego de su conversión, él se hizo Apóstol de Cristo, totalmente entregado a la obra del anuncio evangélico, feliz de su llamado, pero consiente de sus debilidades para la realización de este gran servicio, y adjudicando todas las obras y merecimiento a la Gracia de Dios. Toda la vida del Apóstol hasta su conversión, según su profundo convencimiento fue un error, un pecado que lo condujo hacia la condenación.

Sólo la todopoderosa Gracia Divina pudo ponerlo en el camino de la salvación. Desde aquél momento el Apóstol Pablo trata de ser digno del llamado Divino. Él es consiente que no hay y no puede haber discurso u otro merecimiento ante Dios: todo es obra de su misericordia. El Apóstol Pablo escribió catorce epístolas que constituyen la enseñanza sistemática del cristianismo.

Éstas epístolas, gracias a su amplio conocimiento y agudeza, sobresalen por su originalidad. El Apóstol Pablo se esforzó mucho, como el Apóstol Pedro, en difundir la fe de Cristo y con justicia es venerado como “columna” de la Iglesia.¡Que el Señor salve nuestras almas por las oraciones de los Apóstoles San Pedro y San Pablo.


Fuente: Arquidiócesis Ortodoxa Griega de Buenos Aires y Sudamérica (Patriarcado Ecuménico)

Lunes después del Domingo de Todos los Santos - Ayuno de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo


Después del regocijo de los cincuenta días desde la Santa Pascua a Pentecostés, los Apóstoles se prepararon para su salida de Jerusalén con el objetivo de anunciar el mensaje del Evangelio de nuestro Salvador. Según la Sagrada Tradición, como parte de su preparación, comenzaron un ayuno acompañado de oraciones fervorosas para pedir a Dios que les concediera fuerzas para emprender la tarea misionera.

Este ayuno viene anunciado en los Evangelios, pues cuando los fariseos criticaban a los Apóstoles por no ayunar, Él les dice que no ayunan los amigos del Novio mientras este se encuentra entre ellos y que cuando el Novio se apartara de ellos ya ayunarían. En estas palabras Cristo se refiere a su crucifixión en el sentido próximo y en un sentido más amplio a su gloriosa Ascensión al cielo en la cual deja a los Apóstoles la misión de anunciar el Evangelio que ha de hacerse con ayuno y oración para que el fruto sea abundante.

Esta tradición del ayuno viene atestiguada por el Papa León I ya en el año 461 en sus homilías, aunque actualmente haya caído en desuso entre los latinos.

Durante este período se puede comer pescado, excepto los miércoles y viernes, que son días de xerofagia.

Recordemos aquello que nos dice las estíqueras de este lunes:

Observemos el ayuno agradable y aceptable al Señor. El verdadero ayuno es guardarse de todo lo malo, controlar la lengua, abstenerse de todo enojo, lujuria, calumnia, falsedad y perjurio. Si renunciamos a esto nuestro ayuno será verdadero y agradable a Dios.


Fuente: Parroquia de los Santos Andrés y Nicolás (Iglesia Ortodoxa Española - Patriarcado de Serbia).
Adaptación: Ortodoxia Digital

domingo, 27 de junio de 2021

28/06 - Invención de las Reliquias de Ciro y Juan los Anárgiros


Estos Santos vivieron durante la época de Diocleciano.

San Ciro era de Alejandría, y San Juan de Edesa de Mesopotamia. Debido a la persecución existente, Ciro huyó al Golfo de Arabia, donde había una pequeña comunidad de monjes. Juan, que era soldado, oyó hablar de la fama de Ciro y se le unió, a partir de lo cual pasaron su vida trabajando toda virtud y curando toda enfermedad gratuitamente por la gracia de Cristo; de ahí el nombre de «anárgiros».

Una vez supieron que cierta mujer, llamada Anastasia, había sido aprehendida junto a sus tres hijas Teodora, Teoctista y Eudoxia y conducida al tribunal por su confesión de la Fe. Temiendo que las jóvenes se sintieran aterrorizadas por los tormentos y renunciaran a Cristo, fueron a fortalecerlas en su lucha en el martirio, por lo que también ellos fueron apresados.

Después de que Ciro y Juan y las santas mujeres hubieran sido grandemente torturados, todos fueron decapitados en el año 292. Su tumba se convirtió en un renombrado santuario en Egipto y lugar de universal peregrinación; se encontraba en la zona del actual suburbio cercano a Alejandría llamado Abu Qir.

sábado, 26 de junio de 2021

27/06 - Anecto el Mártir

(No hay imagen disponible del Santo)


Mártir en Cesarea de Palestina durante la persecución de Diocleciano, en el año 303.


Se dice que el prefecto Urbano hizo apresar y martirizar a muchos cristianos en Cesarea. Cuando algunos de ellos cedían, el todavía libre Anecto se acercaba a ellos y los animaba a perseverar.


Al poco tiempo fue apresado y obligado a sacrificar a los dioses, pero él se negó y con su oración los ídolos se resquebrajaron.


Una cuadrilla de diez soldados lo azotó; le cortaron las manos y los pies y finalmente lo decapitaron.

27/06 - Sansón el Hospitalario


Sansón nació en Roma, a finales del siglo V, en una familia pobre. Fue educado por un presbítero que promovió su afán de aprender y le encaminó a la medicina. Fue el santo un buen médico, siempre hallaba el remedio adecuado, y todos le buscaban, por lo que pronto tuvo una gran fortuna.


Pero a la par que los cuerpos, a Sansón le interesaba curar a las almas, por lo que comenzó a predicar a Cristo al mismo tiempo que curaba con sus medicinas. Oraba y los enfermos sanaban antes de tomar sus remedios.


Cuando el prestigio y la fama se le hicieron insoportables, lo dejó todo y se fue a Constantinopla, donde en una pequeña casita comenzó a atender a los enfermos, sobre todo a los pobres, sin cobrarles nada. El patriarca Epifanio supo de él y cuando le conoció personalmente, le ordenó presbítero para que además de dar medicinas, pudiera ungir a los enfermos como sacerdote.


Estando en la capital del Imperio le conoció el emperador Justiniano, que se hallaba enfermo y desahuciado. Le mandó llamar el monarca, y apenas el santo tocó la llaga que le afectaba, esta quedó sana. Quiso el emperador premiarle con riquezas, pero Sansón respondió: "Estimado señor, una vez tuve oro y plata en abundancia, pero todo lo dejé por Cristo, con la esperanza de obtener la vida eterna". Y como Justiniano insistió, Sansón le dijo que construyera un hospital para los enfermos pobres, conocido después como «El Hospicio de Sansón».  En este hospital y entre sus necesitados vivió muchos años, sanando y llevando a Cristo, sin aceptar jamás un céntimo por ello. San Sansón es, pues, uno de los Santos Anárgiros.


Murió en 530, venerado por los constantinopolitanos, que le lloraron y le tuvieron por santo desde siempre. Fue sepultado en la iglesia de San Mocio y pronto ocurrieron grandes portentos junto a sus reliquias.



Fuente: Religión en Libertad 

Domingo de Todos los Santos. Lecturas de la Divina Liturgia


Heb 11,33-40;12,1-2: Hermanos, todos los santos, por fe, conquistaron reinos, administraron justicia, vieron promesas cumplidas, cerraron fauces de leones, apagaron hogueras voraces, esquivaron el filo de la espada, se curaron de enfermedades, fueron valientes en la guerra, rechazaron ejércitos extranjeros; hubo mujeres que recobraron resucitados a sus muertos. Pero otros fueron torturados hasta la muerte, rechazando el rescate, para obtener una resurrección mejor. Otros pasaron por la prueba de las burlas y los azotes, de las cadenas y la cárcel; los apedrearon, los aserraron, murieron a espada, rodaron por el mundo vestidos con pieles de oveja y de cabra, faltos de todo, oprimidos, maltratados —el mundo no era digno de ellos—, vagabundos por desiertos y montañas, por grutas y cavernas de la tierra. Y todos estos, aun acreditados por su fe, no consiguieron lo prometido, porque Dios tenía preparado algo mejor a favor nuestro, para que ellos no llegaran sin nosotros a la perfección. En consecuencia: teniendo una nube tan ingente de testigos, corramos, con constancia, en la carrera que nos toca, renunciando a todo lo que nos estorba y al pecado que nos asedia, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús, quien, en lugar del gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.


Mt 10,32-33; 37-38; 19,27-30: Dijo el Señor a sus discípulos: «A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos. El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí. Entonces dijo Pedro a Jesús: «Ya ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?». Jesús les dijo: «En verdad os digo: cuando llegue la renovación y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos primeros».

viernes, 25 de junio de 2021

26/06 - David el Justo de Tesalónica


El Justo David procedía del norte de Mesopotamia, que era un gran centro monástico, y nació sobre el año 450 d.C. Por razones a las cuales no hace referencia, fue a Tesalónica junto con el monje Adolá.


Según su biógrafo, el Santo ingresó al principio en el Monasterio de los Santos Mártires Teodoro y Mercurio, conocido como "Kukuliatón" o "Kukulatón" (en referencia a los monjes que llevaban puesto el "kukulio", un velo negro casi transparente que desciende de la cabeza hasta la mitad de la espalda). El monasterio se encontraba al noreste de la Acrópolis, allí donde es aplicado el topónimo "Kipos tu Probatá" (del gr. "Κπος το Προβατ", traducido "Huerto de las Ovejas). 


Los ejemplos de los hombres santos del Antiguo Testamento, en particular del Profeta y del Rey David, quien estuvo "durante tres años pidiendo purificación y limpieza, sabiduría, gozo y alegría, y la renovación de un espíritu recto", instaron al Justo David a decidir subirse en un almendro hasta que el Señor le revelara Su Voluntad y le diera prudencia y humildad. Pasados tres años se le apareció un Ángel del Señor, quien le aseguró que su súplica fue escuchada y su prueba como asceta subido al árbol terminó. El Ángel le dijo que descendiera del árbol y continuara su vida ascética en una celda de dioses, glorificando y agradeciendo al Dios. El Justo comunicó esta revelación a sus discípulos, pidiéndoles ayuda para construir la celda. La noticia llegó rápidamente al Arzobispo de Tesalónica, Doroteo, y a toda la ciudad.


Cuando el emperador Justiniano en el año 535, a su joven edad de once años, separó de la jurisdicción eclesiástica del Arzobispado de Tesalónica las regiones del norte de Iliria y levantó su patria particular en la Arquidiócesis, bajo el título de Nueva Justiniana,  el Arzobispo de Tesalónica era Aristides, el cual, aunque  aceptó el cambio, trató de salvar la importancia política de la ciudad, con la restauración de la existencia de la Iliria existente sobre la Nueva Justiniana en Tesalónica. Si bien la división de la administración eclesiástica no redujo el valor de Tesalónica, la reubicación de la sede del estado constituyó una grave recaída de la ciudad.


La solicitud a continuación de los tesalonicenses, era la restauración de la sede central de Salónica, idea que respaldó con entusiasmo el  Arzobispo Aristides. En este momento fue solicitada la ayuda del Santo David para transferir la petición a Justiniano, debido a que el Arzobispo, como su biografía explica, no  podría "dejar atrás la ciudad desprotegida" y trasladarse a Constantinopla. A excepción del resto, la preferencia del Santo muestra la gravedad y las dificultades que preveía que cumpliría una petición similar a Justiniano, quien recientemente había honrado a su propia patria, Nueva Justiniana, con las bases de la nueva Arquidiócesis y su oficialidad.


Después de tantos años de confinamiento, el Justo apareció por primera vez en público. Su aspecto había cambiado. Su pelo le cubría toda la espalda y la barba le llegaba hasta las piernas. Su santo rostro era brillante como los rayos del sol. Acompañado por dos de sus discípulos, Teodoro y Demetrio, navegó hacia el Rey. 


Pero la fama del Santo había crecido. Entonces, cuando llegó allí, toda la ciudad lo recibió. La recepción de Teodora, esposa de Justiniano, y los honores y el respeto a la persona del Santo causó la admiración de todos los presentes. Teodora actuó de manera activa; cuando regresó Justiniano, que estaba en funciones oficiales, se encargó de crear una opinión positiva a favor de San David, con lo que el emperador invitaría al Santo al Senado. Y así fue como David se presentó al Senado de manera espectacular, manteniendo en su mano fuego con incienso sin quemarse su carne.


La figura del Santo, así como el milagro acontecido, hizo que todos adquiriesen un espíritu de temor y de compunción y arrepentimiento, por lo que el rey le concedió de buena gana esta petición con urgencia.

Habiendo recibido estas buenas novedades, el Osio navegó hacia Tesalónica, pero solo pudo volverla a ver desde lejos, porque tan pronto como el barco rodeó el cabo aquel, entregó su espíritu a Dios. El evento ocurrió entre los años 535 y 541 d.C.


La noticia de la llegada de los restos sagrados bajo estas condiciones conmocionó a toda la ciudad de Tesalónica. Los restos del Justo David fueron originalmente depositados en el lugar donde antiguamente se habían depositado las reliquias sagradas de los mártires Teódoulos y Agatopodos, al oeste del puerto. El Arzobispo Aristides, con mucha tristeza, solicitó la asistencia de todos  en su funeral. Las reliquias del Santo fueron enterradas en su monasterio,"Kukuliatón", según su deseo.


Ciento cincuenta años después de la muerte del Santo, entre los años 685 y 690 d.C., se hizo un intento de abrir la tumba, cuando el higúmeno del monasterio era Demetrio, quien "quiso con mucha fe formar parte de la exhumación  de las santas reliquias". Nada más comenzar a realizar este trabajo, la losa que cubría la tumba se rompió, considerándose tal hecho como una manifestación de la voluntad del Santo, para que no se realizase. 


Entoces las sagradas reliquias permanecieron en su posición original hasta el tiempo de las cruzadas. Durante la dominación latina del Marquesado de Montferrato en Salónica (1204 - 1222 d.C.), las reliquias sagradas fueron llevadas a Italia y en 1236 a Pavia, desde donde finalmente se llevaron a Milán en 1967.


Unos años despues las venerables reliquias  de San David se trasladaron de nuevo a Tesalónica y fueron depositadas en la basílica de San Demetrio el 16 de septiembre de 1978.



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com

25/06 - Orencio, Farnacio, Heros, Firmo, Fermín, Ciríaco y Longino los Mártires y Hermanos


Mártir junto con Heros, Farnacio, Fermín, Firmo, Ciriaco y Longinos. Según el antiguo Martirologio eran siete hermanos que a causa de su fe fueron privados de sus cinturones militares por el emperador Maximiano, luego fueron martirizados en Satalés en Armenia. 304. 


Según la tradición, Orencio y sus seis hermanos, todos cristianos, fueron enrolados en Antioquía con otros 1200 soldados y enviados hacia Tracia para formar parte de la Legión Legendaria; después de la muerte de Diocleciano, el emperador asociado Maximiano, se encontró con la invasión por sorpresa de los escitas que atraversaron el Danubio (Istro) y devastaron Tracia ex provincia romana. 


El rey de los escitas, Marmoroth desafió al emperador en una lucha personal, para decidir la suerte de la guerra; Maximiano se negó porque el rey era un gigante, visto lo cual Orencio se ofreció voluntario para combatir en su puesto, consiguió vencer y le llevó al emperador la cabeza del monarca escita, Maximiano organizó una ceremonia para agradecer a los dioses la victoria, pero Orencio con sus hermanos rehusaron participar por ser cristianos. 


A pesar de ello, fueron colmados de regalos, entre ellos el cinturón de Marmaroth. Pero pasados pocos día, el emperador cambió radicalmente y Orencio y sus hermanos fueron obligados a abjurar de su fe, a lo que se negaron, por ello fueron exiliados en Satala hoy Sadagh en Armenia. Se les vuelve a dar la oportunidad de renegar del cristianismo para recibir su recompensa sino serán exiliados a Abasgia y en Zicchia, como así ocurrió. 


Durante la larga y pesada marcha forzada hacia el Caucaso, murió Heros en Kené Parembolé, ciudad de la costa entre Trebisonda y Rhizos, dos días después la caravana llegó a Rhizos y Orencio fue tirado al mar con una piedra atada al cuello. 


Farnacio murió a 30 kms de Rhizos, mientras Firmo y Fermín llegaron a Apsaros cerca de Petra y murieron juntos un 3 de Julio. Ciriaco murió en la ciudad de Ziganeos siempre en la costa un 24 de Julio, y Longinos fue embarcado en una canoa y murió en el mar el 28 de Julio antes de llegar al puerto de Pityonte. Son conocidos como los “Mártires de Satala”.



Fuente: Leamos la Biblia

jueves, 24 de junio de 2021

25/06 - La Justa Mártir Febronia


Los cristianos bizantinos le tienen a Santa Febronia gran veneración, y no en vano la invocan con el epíteto de “La Muy Sufriente”, por su largo y lento martirio. Ello tuvo lugar, según la tradición durante el reinado de Diocleciano (284-305) en la ciudad de Sibápolis (actual Nusaybin), en Asiria. Era religiosa en el “convento” de su tía Santa Brienis, una comunidad de vírgenes cristianas donde Febronia se dedicaba a la lectura de textos sagrados y a predicar el Evangelio a las mujeres paganas, que acudían a escucharla, y practicaba severa penitencia.


Con el estallido de la persecución llegó a la provincia el gobernador Seleno y con él sus adjuntos Lisímaco y primo. Si bien el primero era un ser sin escrúpulos, los otros dos sentían compasión por los cristianos y acudieron al monasterio a advertir a las vírgenes, que huyeron todas salvo Brienis, la “vicepriora” Tomaide y la misma Febronia. Cuando los soldados se apoderaron del edificio, Febronia se ofreció a acompañarlos voluntariamente a cambio de que dejaran en paz a Brienis y Tomaide, que eran ancianas. Sin embargo, ésta última la siguió cuando se la llevaron, y oculta entre la multitud, quien supuestamente presenció su martirio y luego lo transcribió para que fuera recordado.


Seleno trató de que Febronia renegara del cristianismo, viéndola joven y bella, llegó a ofrecerle a Lisímaco en matrimonio a cambio de que sacrificara. No sirvió de nada, y dio comienzo un largo proceso en que la torturaba, paraba, la interrogaba, la volvía a torturar, durante un amplio espacio de tiempo. Primero la hizo desnudar y amarrar en una postura indecente –abierta de brazos y piernas a cuatro estacas - ante el público que llenaba la plaza, para avergonzarla. Luego mandó azotarla y encenderle una hoguera debajo, por lo que le destrozaron el cuerpo mientras se quemaba. Se desmayó, y vuelta en sí, le desgarraron el cuerpo con garfios y la quemaron con antorchas, y luego le rompieron todos los dientes de la boca. Vuelta a desmayar, esperó a que se recuperara y entonces mandó cortarle a hachazos los dos pechos, las manos, y finalmente los pies. Tal muestra de salvajismo tenía enardecida a la multitud, que gritaba y se revolvía contra el gobernador. Finalmente, y como viera que nada servía para doblegar a la joven, mandó ponerle fin cortándole la cabeza. Los restos de la joven fueron devueltos a su tía, que la enterró en el convento.


Su martirio logró la conversión de muchas mujeres de la zona que habían acudido a presenciar el suplicio, así como la de Lisímaco y Primo. En su sepulcro se inició el culto, y el obispo local (San Juan de Nísibis) mandó levantarle una iglesia donde transfirió una parte de sus reliquias. En el 363 fueron trasladadas a Constantinopla.



Fuente: preguntasantoral

Adaptación propia

miércoles, 23 de junio de 2021

24/06 - Natividad del Santo Profeta y Precursor Juan el Bautista


El Profeta San Juan el Bautista es considerado después de la Virgen María el santo más honrado en la Iglesia bizantina. El Profeta San Juan el Bautista era hijo del sacerdote Zacarías, casado con Santa Isabel (descendiente de Aarón). Sus padres vivían cerca de Hebrón (en una región montañosa) al sur de Jerusalén. Por parte de su madre era pariente de Nuestro Señor Jesucristo y nació seis meses antes que el Señor. 

Tal y como lo narra el Evangelista San Lucas, el Arcángel Gabriel, se apareció a su padre Zacarías en el Templo y le anunció el nacimiento de su hijo. Y así estos devotos esposos, de edad avanzada, privados del consuelo de tener descendencia, tuvieron por fin el hijo por el que tanto habían rogado en sus oraciones. 

Por misericordia de Dios Juan se libró de la muerte de los miles de niños que fueron asesinados en Belén y sus alrededores. San Juan creció en un desierto salvaje, y se preparó para la gran labor que tenía encomendada, llevando una forma de vida severa —ayunando, rezando y meditando sobre el destino que Dios le tenía preparado. Llevaba una vestimenta tosca, sujeta con un cinturón de cuero, se alimentaba con miel silvestre y langostas. Siguió una vida de ermitaño hasta el momento en el que el Señor lo llamó a los 30 años de edad para profetizar al pueblo hebreo. 

Obedeciendo a esta llamada, el Profeta san Juan, llegó a las orillas del río Jordán para preparar a la gente para recibir al esperado Mesías (Cristo). Ante la festividad de la Purificación, mucha gente acudía al río para el lavado ritual. Aquí San Juan se dirigía a ellos, proclamando que se confesaran y se bautizaran para el perdón de los pecados. La esencia de su prédica era que, antes de recibir la purificación externa, la gente debía purificarse moralmente, y de esta manera prepararse para la recepción del Evangelio. Claro es que el bautismo de Juan no era todavía un sacramento como el bautismo cristiano. Su sentido era el de preparar (convertir) espiritualmente para el bautismo con agua y Espíritu Santo. Según la expresión de una oración de la Iglesia, el Profeta San Juan, era la luminosa estrella matutina que desprendía un brillo superior a la luminosidad de todas las estrellas y anunciaba la mañana del día bendito, iluminado por Cristo el Sol espiritual (Malaquias 4:2). Cuando la espera del Mesías llegó a su culminación, el Mismo Salvador del mundo, Nuestro Señor Jesucristo, llegó al Jordán a bautizarse con San Juan. El bautismo de Cristo estuvo acompañado de anuncios milagrosos —el descenso del Espíritu Santo, que bajó en forma de paloma sobre Él, y la voz de Dios Padre que provenía de los cielos, diciendo: “Este es Mi Hijo amado...” Al recibir esta revelación, el Profeta San Juan le decía a la gente sobre El: “Aquí esta el Cordero de Dios, que toma sobre Sí los pecados del mundo.” Al escuchar esto, dos de los discípulos de Juan siguieron a Jesús; eran los Apóstoles Juan el Teólogo y Andrés, hermano de Simón, llamado Pedro. Con el bautismo del Salvador el Profeta San Juan concluyó a modo de rúbrica su oficio de profeta. Con severidad y sin temor denunciaba los vicios tanto de las personas comunes como de los poderosos de este mundo. Por ello pronto sufrió padecimientos. 

El rey Herodes Antipas (hijo del rey Herodes el Grande) ordenó encarcelar al Profeta San Juan por acusarlo del abandono de su legítima esposa (hija del rey Aretas de Arabia) y por su unión ilegitima con Herodías, la mujer de su hermano Felipe. El día de su cumpleaños Herodes hizo un banquete al cual fueron invitadas personas muy conocidas. Salomé, hija de la pecadora Herodías, con su baile impúdico complació de tal manera al rey Herodes y a sus invitados al banquete que el rey le prometió bajo juramento darle todo lo que le pidiese, aun hasta la mitad de su reino. La bailarina por instigación de su madre, pidió que se le entregara la cabeza de San Juan el Bautista sobre una bandeja. Herodes respetaba a Juan como profeta, por lo que se disgustó ante esa petición, pero le dio vergüenza quebrantar la promesa dada, y envió al guardia a la prisión, que decapitó a san Juan el Bautista y le entregó su cabeza a Salomé, quien se la llevó a su madre. Después de insultar Herodías a la santa cabeza del profeta, la tiró en un lugar sucio. Los discípulos de San Juan el Bautista le dieron santa sepultura a su cuerpo en Sebastia, una ciudad de Samaria. 

Por su crueldad Herodes recibió su castigo en el año 38 después de Cristo. Sus tropas fueron derrotadas por Aretas, que se dirigió contra él por la deshonra causada a su hija, a la cual había abandonado para convivir con Herodías, y al año siguiente el emperador Calígula lo envió al exilio. 

Según la Tradición, el Evangelista San Lucas, al visitar distintas ciudades y pueblos predicando a Jesús, desde Sebastia llevó a Antioquía una parte de los santos restos del gran Profeta: su mano derecha. En el año 959, cuando los musulmanes se apoderaron de Antioquía (durante el imperio de Constantino Porfirocente), el diácono Job de Antioquía se llevó la mano del profeta a Calcedonia, y desde allí fue trasladada a Constantinopla, donde se conservó hasta que los turcos tomaron la ciudad. Después la mano derecha del Profeta se encontraba en la Iglesia “De La Imagen Del Salvador” en el Palacio de Invierno de San Petersburgo. 

La santa cabeza de San Juan el Bautista fue hallada por la piadosa Juana y sepultada dentro de una vasija en el monte de Olivos. Un asceta devoto, al realizar una zanja para poner los fundamentos de un templo, encontró este tesoro y lo guardó consigo, pero antes su muerte, temiendo que la reliquia fuese profanada por los no creyentes, la escondió en la tierra en el mismo lugar en que la encontró. Durante el reinado de Constantino el Grande, dos monjes fueron a Jerusalén para venerar el Santo Sepulcro, y a uno de ellos se le presentó el Profeta San Juan el Bautista y le indicó dónde estaba enterrada su cabeza. Desde ese momento los cristianos comenzaron a celebrar el Primer hallazgo de la santa cabeza de San Juan el Bautista. 

El Señor Jesucristo dijo sobre el Profeta San Juan el Bautista “De todos los nacidos de mujer, ninguno es mayor que Juan el Bautista.” 

San Juan el Bautista es glorificado por la Iglesia como “Angel, Apóstol, Mártir, Profeta, Intercesor de la gracia antigua y nueva, honorabilísimo entre los nacidos de mujer y ojo luminoso de la Palabra”.


Fuente: Arquidiócesis Ortodoxa Griega de Buenos Aires y Sudamérica (Patriarcado Ecuménico)
Adaptación propia

martes, 22 de junio de 2021

23/06 - Agripina la Mártir de Roma


La tradición nos habla de una mujer de noble abolengo que había consagrado su virginidad a Cristo y vivía recluida en su casa, pero realizando obras de caridad con todos los que llamaban a su puerta.


Durante la persecución de Valeriano (257-260), escandalizada por las matanzas de cristianos, pidió una audiencia con el emperador y por ser de ilustre familia se la concedieron. Llevada ante Valeriano, le recriminó duramente su proceder con la comunidad cristiana e instándole a convertirse si no quería ir al fuego eterno junto con sus dioses. Cuando el césar la impelió a sacrificar, ella se negó rotundamente, por lo que mandó castigarla. Fue severamente apaleada y le rompieron varios huesos, luego de lo cual la encadenaron en la cárcel. Tras varias sesiones semejantes, acabó por morir, en la celda o en el tormento; y tres jóvenes piadosas, Paula, Basa y Agatónica, tomaron su cadáver y lo llevaron a la basílica de San Pablo, donde fue enterrada.


Posteriormente un monje desenterró sus reliquias y las trasladó a Sicilia, donde fueron recibidas por San Gregorio de Agrigento, quien las trasladó a la ciudad de Mineo, donde inmediatamente se convirtieron en una fuente de grandes milagros. En tiempos de Constantino, Severino, obispo de Catania, le levantó una iglesia. En el siglo XI sus reliquias fueron desenterradas y llevadas a Constantinopla para protegerlas de la profanación de la piratería turca.


Es protectora de los leprosos, de quienes sufren enfermedades bacterianas y de las víctimas de la tortura –por su martirio- y se la invoca contra los malos espíritus y tempestades.

lunes, 21 de junio de 2021

22/06 - Eusebio, Obispo de Samosata


Obispo de Samosata (actualmente Samsat) en Siria; se desconoce su fecha de nacimiento; murió en 379 ó 380.


La historia no lo menciona antes del año 361, cuando como obispo de Samosata, tomó parte en la consagración de Melecio, el recién elegido patriarca de Antioquía. Por aquella época la Iglesia de Oriente estaba dividida por el arrianismo y sus herejías asociadas. La mayoría de las sedes episcopales estaban ocupadas por obispos arrianos, y el mismo Melecio fue elegido Patriarca de Antioquía sólo porque los arrianos creyeron que él apoyaba esta herejía. Tillemont y algunos otros historiadores incluso afirman que en aquella época Eusebio se inclinaba por el arrianismo. Sea cual haya sido la fe de Eusebio previamente, lo cierto es que en el sínodo sostenido en Antioquía en 363 la fórmula nicena, que expresamente menciona el homoousion, fue aceptada, y el documento fue firmado por Eusebio y otros 24 obispos.


Cuando los arrianos descubrieron que Melecio sostenía la doctrina de Nicea, declararon su elección inválida e intentaron obtener de Eusebio las actas sinodales que le habían sido confiadas y que probaban la legitimidad de la elección. El emperador Constancio, que apoyaba a los arrianos, ordenó a Eusebio entregar el documento, pero sin éxito. Inmediatamente Constancio amenazó a Eusebio con la pérdida de su mano derecha, pero el obispo calmadamente presentó ambas manos al portador del mensaje y le dijo: "Córtalas ambas. No entregaré el documento con el cual se puede probar la injusticia de los arrianos". El Emperador se impresionó por la constancia de Eusebio y dejó el documento en su posesión.


Fue principalmente por los esfuerzos concertados de San Eusebio y San Gregorio Nacianceno (el Teólogo) que, en 370, San Basilio fue elegido arzobispo de Cesarea de Filipo en Capadocia. San Gregorio le dirigió varias cartas (PT 37:87, 91, 126-130); sentía tanta reverencia por él que en una de dichas cartas, encomendándose a las oraciones de San Eusebio, dijo: «El hecho de que un varón tal se digne ser mi patrono también en sus oraciones me obtendrá -estoy convencido de ello- la misma fuerza que si la hubiera obtenido de uno de los santos mártires». De esta época también data la tierna amistad entre San Eusebio y San Basilio, que es atestiguada por cartas aún existentes escritas por este al obispo de Samosata.


Eusebio desplegó su mayor actividad durante la persecución del emperador arriano Flavio Valente a los católicos. Disfrazado de oficial militar, visitó las iglesias perseguidas de Siria, Fenicia y Palestina, exhortando a los ortodoxos afligidos a permanecer fieles a su fe, ordenando sacerdotes ortodoxos donde fueran necesarios, y ayudando de muchas otras formas a los obispos ortodoxos en el difícil ejercicio de sus deberes durante estos tiempos difíciles. Fue a raíz de este incansable celo de Eusebio que San Gregorio Nacianceno lo llamó "columna de la Iglesia", "don de Dios", "regla de la fe", etc., (Migne, P.G., XXI, 57)


Enfurecidos por el gran éxito de Eusebio, los arrianos convencieron al Emperador Valente de desterrarlo a Tracia. Tras la muerte de Valente en 378, se le permitió retornar a su sede. En su recorrido de Tracia a Samosata fue fundamental en el nombramiento de numerosos obispos ortodoxos, entre ellos Acacio de Beroea, Teodoto en Hierápolis, Isidoro en Cirro, y Eulogio en Edessa. Al llegar a su sede, reasumió su antigua actividad contra los arrianos, tanto en su diócesis como en las iglesias vecinas. Cuando tomaba parte en la consagración del obispo Maris, en el pequeño pueblo de Dolicha, cerca de Samosata, una mujer arriana le arrojó desde el techo de su casa un ladrillo, el cual lo golpeó en la cabeza y murió a consecuencia de la herida pocos días después.



Fuente: Enciclopedia Católica / GOARCH

Adaptación propia

domingo, 20 de junio de 2021

Lunes del Espíritu Santo


Es costumbre de la Iglesia que el día después de toda gran fiesta se honre a aquellos mediante los cuales tuvo lugar: nuestra Señora el día después de la Natividad del Señor, Joaquín y Ana después de la Natividad de nuestra Señora, el Santo Bautista después de la Teofanía, etc.

Así pues, en este día honramos a nuestro Dios el Espíritu Santo, el Consolador prometido por nuestro Salvador a sus discípulos (Juan 14,16), que descendió sobre ellos en la Santa Pentecostés y los guió «a toda verdad» (ibid. 16,13), y a nosotros a través de ellos.

Descanso de las labores.