sábado, 14 de agosto de 2021

14/08 - Miqueas el Profeta


Sus terribles profecías comenzaron alrededor del añ0 730 Antes de Cristo –casi ocho siglos antes de la llegada del Redentor quien vendría a sanar al mundo– y continuaría pronunciándolas por más de 50 años.


Durante ese tiempo este Profeta del Antiguo Testamento advirtió una y otra vez que los Israelitas y la gente de Judea se habían olvidado de adorar al Unico y Verdadero Dios... y que habrían de pagar un precio terrible por su fracaso en permanecer fieles. Cuando finalmente se pagó ese precio, las consecuencias fueron terribles de soportar. En Samaria y en la región de Jerusalén el paisaje se veía cubierto por las cenizas de las casas que habían sido incendiadas por los invasores sin dios, mientras las mujeres llorosas rompían sus vestiduras y los niños aterrorizados gritaban por las calles. Tristemente, sus desoladoras profecías se habían hecho realidad. Y a pesar de ello brindaría al mundo un mensaje de esperanza al profetizar la llegada, algún día, del Salvador desde Belén. 


Su nombre era Miqueas (lo que significa ¿Quién es como Dios?), y fue llamado desde la pequeña villa Palestina de Morasth (ubicada 20 millas al sur de Jerusalén). Conocido en la historia como el “Morasthita”, fue el sexto de los Doce profetas Menores de la Biblia Hebrea –y en su voz se escuchó más frecuentemente la fatalidad y los cataclismos, como advertencia sobre las terribles consecuencias de alejarse del Dios Vivo de las Diez Tribus de Israel y de Judá. 


Miqueas fue un hombre sencillo, nacido (alrededor del 750 Antes de Cristo) y criado en una comunidad agrícola y los campos de Palestina. Como trabajador del campo, cuyas manos eran rudas y callosas, entendía los sufrimientos y las tribulaciones de aquellos que tenían que trabajar desde la mañana hasta la noche a lo largo de sus difíciles vidas. Esta orientación también explica, posiblemente, el porqué Miqueas encontró las intrigas corruptas de los Sumos Sacerdotes del Templo tan ofensivas y repulsivas. 


Una y otra vez advirtió a la gente de las Diez Tribus y de la tierra de Judá que debían cambiar sus prácticas corruptas, tanto religiosas como sociales, con la finalidad de tener alguna esperanza de sobrevivir en el momento de llegar la ira de Dios. 


Contemporáneo de los profetas Isaías, Amós y Oseas (también de los reyes Judíos Jotán, Acaz y Ezequías, 742-687 A.C.); Miqueas reprendía a su gente con mucha frecuencia y los criticaba muy duramente por su adoración de ídolos, sus prácticas religiosas corruptas pendientes del dinero así como su indiferencia al Dios de Abrahán. Entre otras horrorosas profecías anunció la destrucción de Samaria y de Jerusalén. (Samaria cayó bajo las armas invasoras que la destruyeron alrededor del 721 AC de acuerdo a la mayoría de historiadores de ese período).  La Ciudad Santa también se derrumbaría, como había predicho, debido a que los Padres de la Ciudad recibían sobornos y los sacerdotes del Templo habían puesto precio o en venta sus sagrados oficios, en el que frecuentemente predecían el futuro y la fortuna a cambio de dinero.


En un pasaje muy bien conocido el fogoso profeta les dijo a estos sacerdotes, con una muy fuerte voz:  


Por eso, por culpa vuestra, Sión será un campo que se ara, Jerusalén se hará un montón de ruinas, y el monte de la Casa un otero salvaje.” (Miqueas 3, 12).


Estas eran las oscuras y ominosas llamadas, llenas de atrevidas predicciones sobre invasores Asirios bajo el despiadado Emperador Senequerib (705-681 AC), y de desastres naturales que dejarían a la gran nación de Israel como un paisaje lleno de cenizas y huesos. Sin embargo, milagrosamente, las catastróficas predicciones de este profeta apocalíptico serían reemplazadas, en un momento de su vida, por una predicción supremamente esperanzadora: Algún día en un futuro distante nacería un Redentor en Belén quien estremecería al mundo con su mensaje de salvación a través de la gracia del Dios Todopoderoso: 


Mas tú, Belén Efratá, aunque eres la menor entre las familias de Judá, de ti me ha de salir aquel que ha de dominar en Israel, y cuyos orígenes son de antigüedad, desde los días de antaño.”  (Miqueas 5, 1) 


Aunque su predicción del nacimiento del Santo Redentor y el Hijo de Dios en Belén fue de lejos la más importante de sus profecías, el Profeta Miqueas también pronunció algunas otras notas esperanzadoras en los siete capítulos de su Libro del Antiguo Testamento. 


Una y otra vez predijo que un “resto” de los fieles serían salvados de la destrucción completa que eliminaría a los Judíos e Israelitas –y él atribuye la “salvación de este resto” al amor y compasión inherente de Dios Todopoderoso. Debido a esta nota de esperanza y salvación Miqueas es visto hasta nuestros días como uno de los más inspiradores y bondadosos profetas del Antiguo Testamento. Murió alrededor del 670 AC, luego de cinco décadas de profetizar, en su pequeña villa cerca de Jerusalén, en donde terminó sus días como un simple granjero que adoraba a Dios Todopoderoso cada día de su vida. 


De la vida de este notablemente valeroso profeta aprendemos mucho acerca de cómo Dios escoge para hablar las voces de los sencillos, de hombres y mujeres poco sofisticados... El honesto Miqueas fue un hombre trabajador que pasaba sus días trabajando el maíz con su azada así como alimentando animales. Muy lejos de intrigas glamorosas de las cortes reales y de las maquinaciones complicadas de los sumos sacerdotes en los grandiosos templos, Miqueas habló de lo que llevaba en su corazón. El se atrevió a desafiar a los poderosos líderes religiosos de su tiempo –quienes se encontraban comprometidos con el terrible negocio de vender sus oficios sacerdotales a cambio de dinero. 


Cuando Miqueas habló, sus compatriotas lo escucharon porque sabían que la voz que estaban escuchando no era su voz, sino la de su Padre Todopoderoso en el Cielo.



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com