domingo, 29 de agosto de 2021

30/08 - Alejandro, Juan y Pablo el Nuevo, Patriarcas de Constantinopla


SAN ALEJANDRO


San Alejandro era, como dicen, "brillante en el carisma apostólico". Fue obispo vicario durante el tiempo de San Teófanes, el primer Patriarca de Constantinopla. Desde el principio de su trayectoria como servidor de la Iglesia se distinguió por su gran devoción, virtud y bondad.


Debido a la avanzada edad del entonces Patriarca Metrófanes, Alejandro fue el que lo sustituyó en el Primer Concilio Ecuménico como representante suyo, celebrado en Nicea de Bitinia. Y cuando en este sínodo denunció a Arrio, Alejandro, ya con 70 años de edad, aceptó dirigirse a Tracia, Macedonia, Tesalia y al resto de Grecia para enseñar y comunicar las doctrinas correctas del Sínodo de Nicea. Pero mientras estaba en esta misión, el patriarca Metrófanes falleció (313-327). Al morir dejó instrucciones en su testamento de que se eligiera a Alejandro al trono de Constantinopla, porque, a pesar de su edad, tenía los conocimientos adecuados para el gobierno de la arzobispado de la capital.


Como Patriarca, Alejandro afrontó correctamente las difíciles circunstancias de su tiempo. Tuvo que lidiar principalmente con los arrianos y con los paganos. Una vez, en una disputa con un filósofo pagano, el Santo le dijo: «En el nombre de Nuestro Señor Jesucristo, te ordeno que te calles». Y el pagano de pronto enmudeció. Cuando él hizo señales de reconocer sus errores y afirmar la exactitud de la doctrina cristiana, de repente volvió a hablar y creyó en Cristo junto con muchos otros filósofos paganos. Los fieles se alegraron de esto, glorificando a Dios, que había dado tal poder a su Santo.


El hereje Arrio engañó al rey Constantino con que supuestamente su creencia era correcta. Arrio había sido admitido, al parecer, a entrar en comunión con los ortodoxos. Cuando el emperador le preguntó si creía en lo que los Padres de Nicea enseñaban, puso la mano sobre el pecho donde había ocultado hábilmente bajo su ropa un documento con su propio credo falso escrito por el mismo, titulado "esto es lo que creo". San Constantino, sin darse cuenta de la maldad engañosa de Arrio, estableció un día para recibirlo en la Iglesia. Y el rey ordenó a Alejandro que permitiera que los Arrianos participaran en la Divina Comunión. Alejandro , lamentándose, durante toda la noche oró a Dios y le pidió su ayuda, rogándole que no permitiera que este hereje fuese recibido en comunión con la Iglesia. Por la mañana Arrio se presentó triunfante en la Iglesia rodeado de consejeros imperiales y soldados, pero el juicio divino le alcanzó. Parando para atender a sus necesidades fisiológicas, sus entrañas estallaron y murió en su propia sangre y suciedad, al igual que Judas.


Su santidad el Patriarca Alejandro, después de haber trabajado mucho, murió en el año 340 a la edad de 98 años. Después, San Gregorio el Teólogo lo mencionó en un elogio al pueblo de Constantinopla.


El servicio a San Alejandro fue impreso en Venecia en el año 1771. Según algunos manuscritos antiguos, San Alejandro debería ser conmemorado el 2 de Junio. 



SAN JUAN IV EL AYUNADOR


San Juan IV el Ayunador accedió al trono patriarcal en tiempos de Tiberio, en el año 582, y gobernó la Iglesia trece años y cinco meses. Durante su reinado (en el año 586) se instituyó por primera vez el título de Patriarca Ecuménico para los Arzobispos de Constantinopla-Nueva Roma.


Juan es conocido en la Iglesia bizantina como compilador de un “Nomokanon” penitencial (es decir, la regla de las penitencias), que nos ha llegado en varias versiones distintas, pero su fundamento es uno y único. Se trata de instrucciones para los sacerdotes sobre cómo escuchar la confesión de pecados secretos, ya sea que estos hayan sido cometidos o simplemente sean pecados de intención.


Las reglas de la Antigua Iglesia abordan la manera y la duración de las penitencias públicas que se establecieron para los pecadores obvios y manifiestos. Pero era necesario adaptar estas reglas para la confesión secreta de cosas que no eran evidentes. San Juan el Ayunador emitió su “Nomokanon” penitencial (o "Canonaria"), de modo que la confesión de los pecados secretos, desconocidos para el mundo, estaba basada en la buena disposición del pecador y de su conciencia para reconciliarse con Dios, y así el santo redujo las penitencias de los antiguos Padres a la mitad o más.

 

Por otro lado, establece más exactamente el carácter de las penitencias: ayuno severo, ejecución diaria de un número determinado de postraciones en el suelo, entrega de limosnas, etc. La duración de la penitencia está determinada por el sacerdote. El objetivo principal del “Nomokanon” compilado por el santo Patriarca consiste en asignar penitencias, no simplemente de acuerdo con la gravedad de los pecados, sino de acuerdo con el grado de arrepentimiento y el estado espiritual de la persona que confiesa. 


Entre los griegos, y más tarde en la Iglesia rusa, las reglas de San Juan el Aynador son honradas a un nivel "con otras reglas santas", y los “Nomokanon” de su libro se consideran "aplicables para toda la Iglesia Ortodoxa". San Nicodemo del Monte Ato lo incluyó en el Manual para la Confesión (“Exomologitarion”), publicado por primera vez en 1794, y en el “Timón” ( “το πηδάλιον”, [to Pidalion]) publicado en 1800.


San Juan reposó en paz en el año 595.



SAN PABLO EL NUEVO


San Pablo el Nuevo, chipriota de nacimiento, se convirtió en patriarca de Constantinopla (780-784) durante el reinado del emperador iconoclasta León IV el Jázaro (775-780), y era un hombre virtuoso y piadoso, pero tímido. Al ver el martirio que soportaban los ortodoxos por los iconos sagrados, el santo ocultó su ortodoxia y se asoció con los iconoclastas.


Después de la muerte del emperador León, quiso restaurar la veneración de los iconos, pero no fue capaz de lograrlo, ya que los iconoclastas aún eran bastante poderosos. El santo se dio cuenta de que no estaba en su poder guiar al rebaño, por lo que abandonó el trono patriarcal y se dirigió en secreto al monasterio de San Floro, donde recibió el esquema monacal.


Se arrepintió de su silencio y asociación con los iconoclastas y habló de la necesidad de convocar el Séptimo Concilio Ecuménico para condenar la herejía Iconoclasta. Siguiendo su consejo, San Tarasio fue elegido para el trono patriarcal. En ese momento, era un prominente consejero imperial. El santo durmió en el Señor en el año 804.



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com

Adaptación propia