jueves, 23 de septiembre de 2021

24/09 - Tecla la Protomártir e Isapóstol


En su segundo viaje apostólico, hacia el año 48, San Pablo visita Iconio acompañado de Bernabé. Es una ciudad de Asia Menor que hoy forma parte de Turquía.


Al entrar en la ciudad es invitado cortés y amablemente por Onesíforo a hospedarse en su casa.


Las puertas están abiertas a quien quiera escuchar el anuncio del Evangelio. A la casa van acudiendo las gentes. Pero, aparte de los que se reúnen, alguien más escucha la Palabra. Se proponen doctrinas nuevas que resultan inauditas y apasionantes como la continencia y la resurrección.


Frente a ese punto de encuentro tiene su hogar una familia noble y rica. Allí vive Tecla con sus dieciocho años. Es la hija bellísima y casadera que se embelesa con lo que le llega de la predicación del Apóstol. Su madre está inquieta y sumamente molesta porque sólo vive para escuchar lo que se está diciendo en la casa de enfrente; la ha visto como en éxtasis, ausente... ni siquiera come, día y noche está sin pestañear clavada en la ventana, no pierde detalle. Termina por comunicar a Tamiris, novio de Tecla, su preocupación. Todos los esfuerzos familiares se han aunado para hacerla desistir de su actitud y todos los razonamientos resultan vanos a la hora de intentar que la joven se olvide de lo que está escuchando.


Como decíamos, Tecla estaba prometida en matrimonio a Tamiris, un joven rico de la localidad, pero de pronto ella había decidido seguir a San Pablo en su peregrinación. De modo que se enfrentó a Teoclia, su madre, y rompió el compromiso.


Tamiris, que era pendenciero e iracundo, descargó su furia denunciando a San Pablo ante las autoridades, y de inmediato fue capturado y encarcelado, pero Tecla, sobornando al carcelero, entra loca de alegría en la cárcel y escucha horas y horas las grandezas de Dios, sentada en el suelo junto a los hierros del preso. Pablo fue azotado cruelmente y penado con el destierro. El delicado amor de Tamiris se trueca ahora en desesperación y odio contra quien fue su amada y se prepara una hoguera donde Tecla va a ser castigada. Es salvada milagrosamente de las llamas y marcha de Iconio tras aquel hombre que inflama con el ardor de lo que predica. Ella misma va transmitiendo a todos el porqué de su modo de vivir, que es el amor.


Cuando nuevamente sus enemigos enviaron soldados para aprehenderla, el suelo se vino abajo. Lo único que quedó al descubierto fue un brazo, mismo que fue recogido por sus seguidores y conservado en Armenia.


En el siglo XIV esta reliquia llegó a Tarragona (Cataluña, España), donde se le conserva en la catedral consagrada a su culto. Así, Santa Tecla se convirtió en la santa patrona de Tarragona.


La dulce virgen doncella de Iconio fue contemplada como la doctrina de Pablo personificada.



Fuente: primeroscristianos.com / catholic.net