martes, 28 de septiembre de 2021

29/09 - Ciríaco el Ermitaño de Palestina


Nació en Corinto, hijo del sacerdote Juan y de Eudoxia, y era pariente del obispo local, Pedro. Fue ordenado lector por el obispo en la catedral cuando aún era muy joven.


Leyendo las Sagradas Escrituras, el joven Ciriaco se maravillaba de cómo la providencia de Dios glorificaba a todo siervo verdadero del Dios vivo y ordenaba la salvación de la raza humana.


A la edad de dieciocho años, su deseo por la vida espiritual le llevó a Jerusalén. Allí entro al monasterio de un piadoso hombre llamado Eustorgio, quien le cimentó en la vida monástica. Luego fue a san Eutimio, quien discernió su futura grandeza espiritual, le vistió con el Gran Hábito, y le envió al Jordán con san Gerásimo, donde Ciriaco permaneció nueve años. Después de la muerte de Gerásimo, regresó al monasterio de san Eutimio, donde permaneció en silencio por diez años. Después de esto iba de lugar en lugar, huyendo de la alabanza de los hombres. También vivió su labor ascética en la comunidad de san Caritón, donde terminó su curso terrenal, habiendo vivido ciento nueve años.


Glorioso asceta y obrador milagros, san Ciriaco tenía un cuerpo inmenso y fuerte, y permaneció así aún a edad avanzadísima a pesar de sus estrictos ayunos y vigilias. En el desierto, a veces vivía años comiendo sólo vegetales crudos. Tenía gran celo de la fe ortodoxa y denunciaba herejías, especialmente la herejía de Orígenes.


De sí mismo decía que, mientras fue monje, el sol nunca lo vio comer ni estar airado con ningún hombre (según la regla de san Caritón, los monjes comían sólo una vez al día, después de la puesta del sol).


Ciriaco fue una gran lumbrera, pilar de la ortodoxia, gloria de los monjes, poderoso sanador de los enfermos, y bondadoso consolador de los afligidos.


Habiendo vivido largo tiempo en al ascetismo y ayudando a muchos, entró en el gozo eterno de su Señor en el 557 d. C.



Fuente: Arquidiócesis de México, Venezuela, Centroamérica y El Caribe (Iglesia Ortodoxa Antioquena)