jueves, 4 de noviembre de 2021

05/11 - Hermas, Patrobas, Gayo, Lino y Filólogo los Apóstoles de los 70


San Hermas


Sirvió como obispo en Filipópolis y murió como mártir de Cristo después de que los habitantes paganos de la región de Tracia lo atacaran por desafiar su fe en los ídolos. En la actualidad aún es venerado por el martirio que recibió con gozo.


Mencionado en la Epístola a los Romanos (16,14), San Hermas fue asesinado tras haberse atrevido a desafiar el culto de las antiguas deidades griegas (como Afrodita y Hera) por los residentes de esta histórica ciudad de Tracia. Tal y como todos los otros miembros de Los Setenta, San Hermas había hecho un voto de fe por el cual se comprometía al martirio, si es que le era requerido. 


De acuerdo con los historiadores de la época más de la mitad de Los Setenta darían, eventualmente, su vida por el Evangelio, y ninguno fue mas valiente y dedicado que este fiel obispo de de la antigua ciudad de Filipópolis.


San Patrobas


Fue obispo de Nápoles y Puteoli, en la región mediterránea conocida en la actualidad como Italia. Sus años de fiel servicio ayudaron a establecer a la Santa Iglesia en esta región, y sus esfuerzos se vieron reconocidos por San Pablo en las Sagradas Escrituras, quien lo saluda en la Epístola a los Romanos (16,14).


En aquellos días remotos, Nápoles fue una gran ciudad capital entre las pequeñas instituciones de cambio y de sistemas de transporte regionales, y en algún momento se incorporaría a Sicilia y posteriormente se transformaría en la modera nación de Italia. 


Debilitados por las guerras constantes y los conflictos tribales acontecidos durante el siglo I, estas embriónicas ciudades-estado eran lugares muy peligrosos para aquellos que abrazaban el Evangelio de Jesucristo. Sin embargo, Patrobas no dudó en llevar la Buena Nueva del Cristianismo a estos reinos, llegando a ser fuente de inspiración para muchos de los primeros evangelizadores.


San Gayo


Fue obispo de Éfeso, en donde fue sucesor de San Timoteo. También es mencionado en un conocido pasaje de la Carta de San Pablo a los Romanos (16, 21-23), tal como se lee: 


«Os saluda Timoteo, mi colaborador, y Lucio, Jasón y Sosípatro, mis parientes. Yo, Tercio, que escribo la carta, os saludo en el Señor. Os saluda Gayo, que me hospeda a mí y a toda esta Iglesia».


Éfeso en aquellos tiempos era una ciudad griega situada en la sección de Anatolia en Asia Menor, y en la actualidad forma parte de Turquía. La mayor parte de esa región se convirtió al Cristianismo por la obra de San Pablo y sus compañeros discípulos, quienes viajaron frecuentemente a lo largo de esta parte del mundo antiguo. San Gayo realizó un servicio de vital importancia para la Iglesia primitiva en la consolidación de las obras realizadas en la región de Éfeso.


San Lino


Es un famoso discípulo de San Pablo. Fue uno de los primeros obispos en acceder a la Santa Sede en Roma, en donde sucedió de acuerdo a algunos historiadores de la época al gran Apóstol Pedro.


San Pablo lo menciona junto con otros fieles colaboradores en la segunda carta a Timoteo 4,21: «Te saludan Eúbulo, Pudente, Lino, Claudia y todos los hermanos». Las enseñanzas y las conversiones realizadas por San Lino en Roma desempeñaron un papel muy importante en el establecimiento de la Iglesia dentro del Imperio Romano. 

Algunos siglos después sería este mismo Imperio Romano el que vendría a ser un factor inmensamente importante para la propagación del Santo Evangelio a través del entonces mundo conocido.


San Filólogo


Fue consagrado obispo por el Santo Apóstol Andrés, el Protocleto (el primero en haber sido llamado). 


Sirvió por muchos años como jerarca de Sinope, una gran ciudad portuaria ubicada cerca del Mar Negro (en la actual Turquía). San Filólogo es saludado por San Pablo en su Epístola a los Romanos (16,14-15): 


«Saludad a Asíncrito, Flegón, Hermes, Patrobas, Hermas y a todos los hermanos que están con ellos. Saludad a Filólogo y a Julia, a Nereo y a su hermana, y a Olimpas y a todos los santos que están con ellos».


Como obispo capaz de atreverse a cualquier cosa por Jesucristo, San Filólogo fue utilísimo en la extremadamente importante tarea de llevar el Evangelio hacia el Asia Menor. 


Al igual que algunos otros miembros de los Setenta, pasó la mayor parte de su vida trabajando sin miedo alguno entre las tribus violentas de esa región pagana, y de esa manera ayudó a sentar las bases de la Iglesia primitiva en esa parte del mundo conocido de aquel entonces.