II Domingo después de Pentecostés - Todos los Santos de las Tierras de Hispania


Heb 11,32-12,2: Hermanos, ¿para qué seguir? No me da tiempo de referir la historia de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas; estos, por fe, conquistaron reinos, administraron justicia, vieron promesas cumplidas, cerraron fauces de leones, apagaron hogueras voraces, esquivaron el filo de la espada, se curaron de enfermedades, fueron valientes en la guerra, rechazaron ejércitos extranjeros; hubo mujeres que recobraron resucitados a sus muertos. Pero otros fueron torturados hasta la muerte, rechazando el rescate, para obtener una resurrección mejor. Otros pasaron por la prueba de las burlas y los azotes, de las cadenas y la cárcel; los apedrearon, los aserraron, murieron a espada, rodaron por el mundo vestidos con pieles de oveja y de cabra, faltos de todo, oprimidos, maltratados —el mundo no era digno de ellos—, vagabundos por desiertos y montañas, por grutas y cavernas de la tierra. Y todos estos, aun acreditados por su fe, no consiguieron lo prometido, porque Dios tenía preparado algo mejor a favor nuestro, para que ellos no llegaran sin nosotros a la perfección. En consecuencia: teniendo una nube tan ingente de testigos, corramos, con constancia, en la carrera que nos toca, renunciando a todo lo que nos estorba y al pecado que nos asedia, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús, quien, en lugar del gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.


Mateo 4,25-5,12: En aquel tiempo lo seguían multitudes venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Transjordania. Al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros».



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

26/06 - David el Justo de Tesalónica


El Justo David procedía del norte de Mesopotamia, que era un gran centro monástico, y nació sobre el año 450 d.C. Por razones a las cuales no hace referencia, fue a Tesalónica junto con el monje Adolá.


Según su biógrafo, el Santo ingresó al principio en el Monasterio de los Santos Mártires Teodoro y Mercurio, conocido como "Kukuliatón" o "Kukulatón" (en referencia a los monjes que llevaban puesto el "kukulio", un velo negro casi transparente que desciende de la cabeza hasta la mitad de la espalda). El monasterio se encontraba al noreste de la Acrópolis, allí donde es aplicado el topónimo "Kipos tu Probatá" (del gr. "Κπος το Προβατ", traducido "Huerto de las Ovejas). 


Los ejemplos de los hombres santos del Antiguo Testamento, en particular del Profeta y del Rey David, quien estuvo "durante tres años pidiendo purificación y limpieza, sabiduría, gozo y alegría, y la renovación de un espíritu recto", instaron al Justo David a decidir subirse en un almendro hasta que el Señor le revelara Su Voluntad y le diera prudencia y humildad. Pasados tres años se le apareció un Ángel del Señor, quien le aseguró que su súplica fue escuchada y su prueba como asceta subido al árbol terminó. El Ángel le dijo que descendiera del árbol y continuara su vida ascética en una celda de dioses, glorificando y agradeciendo al Dios. El Justo comunicó esta revelación a sus discípulos, pidiéndoles ayuda para construir la celda. La noticia llegó rápidamente al Arzobispo de Tesalónica, Doroteo, y a toda la ciudad.


Cuando el emperador Justiniano en el año 535, a su joven edad de once años, separó de la jurisdicción eclesiástica del Arzobispado de Tesalónica las regiones del norte de Iliria y levantó su patria particular en la Arquidiócesis, bajo el título de Nueva Justiniana,  el Arzobispo de Tesalónica era Aristides, el cual, aunque  aceptó el cambio, trató de salvar la importancia política de la ciudad, con la restauración de la existencia de la Iliria existente sobre la Nueva Justiniana en Tesalónica. Si bien la división de la administración eclesiástica no redujo el valor de Tesalónica, la reubicación de la sede del estado constituyó una grave recaída de la ciudad.


La solicitud a continuación de los tesalonicenses, era la restauración de la sede central de Salónica, idea que respaldó con entusiasmo el  Arzobispo Aristides. En este momento fue solicitada la ayuda del Santo David para transferir la petición a Justiniano, debido a que el Arzobispo, como su biografía explica, no  podría "dejar atrás la ciudad desprotegida" y trasladarse a Constantinopla. A excepción del resto, la preferencia del Santo muestra la gravedad y las dificultades que preveía que cumpliría una petición similar a Justiniano, quien recientemente había honrado a su propia patria, Nueva Justiniana, con las bases de la nueva Arquidiócesis y su oficialidad.


Después de tantos años de confinamiento, el Justo apareció por primera vez en público. Su aspecto había cambiado. Su pelo le cubría toda la espalda y la barba le llegaba hasta las piernas. Su santo rostro era brillante como los rayos del sol. Acompañado por dos de sus discípulos, Teodoro y Demetrio, navegó hacia el Rey. 


Pero la fama del Santo había crecido. Entonces, cuando llegó allí, toda la ciudad lo recibió. La recepción de Teodora, esposa de Justiniano, y los honores y el respeto a la persona del Santo causó la admiración de todos los presentes. Teodora actuó de manera activa; cuando regresó Justiniano, que estaba en funciones oficiales, se encargó de crear una opinión positiva a favor de San David, con lo que el emperador invitaría al Santo al Senado. Y así fue como David se presentó al Senado de manera espectacular, manteniendo en su mano fuego con incienso sin quemarse su carne.


La figura del Santo, así como el milagro acontecido, hizo que todos adquiriesen un espíritu de temor y de compunción y arrepentimiento, por lo que el rey le concedió de buena gana esta petición con urgencia.

Habiendo recibido estas buenas novedades, el Osio navegó hacia Tesalónica, pero solo pudo volverla a ver desde lejos, porque tan pronto como el barco rodeó el cabo aquel, entregó su espíritu a Dios. El evento ocurrió entre los años 535 y 541 d.C.


La noticia de la llegada de los restos sagrados bajo estas condiciones conmocionó a toda la ciudad de Tesalónica. Los restos del Justo David fueron originalmente depositados en el lugar donde antiguamente se habían depositado las reliquias sagradas de los mártires Teódoulos y Agatopodos, al oeste del puerto. El Arzobispo Aristides, con mucha tristeza, solicitó la asistencia de todos  en su funeral. Las reliquias del Santo fueron enterradas en su monasterio,"Kukuliatón", según su deseo.


Ciento cincuenta años después de la muerte del Santo, entre los años 685 y 690 d.C., se hizo un intento de abrir la tumba, cuando el higúmeno del monasterio era Demetrio, quien "quiso con mucha fe formar parte de la exhumación  de las santas reliquias". Nada más comenzar a realizar este trabajo, la losa que cubría la tumba se rompió, considerándose tal hecho como una manifestación de la voluntad del Santo, para que no se realizase. 


Entoces las sagradas reliquias permanecieron en su posición original hasta el tiempo de las cruzadas. Durante la dominación latina del Marquesado de Montferrato en Salónica (1204 - 1222 d.C.), las reliquias sagradas fueron llevadas a Italia y en 1236 a Pavia, desde donde finalmente se llevaron a Milán en 1967.


Unos años despues las venerables reliquias  de San David se trasladaron de nuevo a Tesalónica y fueron depositadas en la basílica de San Demetrio el 16 de septiembre de 1978.



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com

Adaptación propia

25/06 - Orencio, Farnacio, Heros, Firmo, Fermín, Ciríaco y Longino los Mártires y Hermanos


Mártir junto con Heros, Farnacio, Fermín, Firmo, Ciriaco y Longinos. Según el antiguo Martirologio eran siete hermanos que a causa de su fe fueron privados de sus cinturones militares por el emperador Maximiano, luego fueron martirizados en Satalés en Armenia. 304. 


Según la tradición, Orencio y sus seis hermanos, todos cristianos, fueron enrolados en Antioquía con otros 1200 soldados y enviados hacia Tracia para formar parte de la Legión Legendaria; después de la muerte de Diocleciano, el emperador asociado Maximiano, se encontró con la invasión por sorpresa de los escitas que atraversaron el Danubio (Istro) y devastaron Tracia ex provincia romana. 


El rey de los escitas, Marmoroth desafió al emperador en una lucha personal, para decidir la suerte de la guerra; Maximiano se negó porque el rey era un gigante, visto lo cual Orencio se ofreció voluntario para combatir en su puesto, consiguió vencer y le llevó al emperador la cabeza del monarca escita, Maximiano organizó una ceremonia para agradecer a los dioses la victoria, pero Orencio con sus hermanos rehusaron participar por ser cristianos. 


A pesar de ello, fueron colmados de regalos, entre ellos el cinturón de Marmaroth. Pero pasados pocos día, el emperador cambió radicalmente y Orencio y sus hermanos fueron obligados a abjurar de su fe, a lo que se negaron, por ello fueron exiliados en Satala hoy Sadagh en Armenia. Se les vuelve a dar la oportunidad de renegar del cristianismo para recibir su recompensa sino serán exiliados a Abasgia y en Zicchia, como así ocurrió. 


Durante la larga y pesada marcha forzada hacia el Caucaso, murió Heros en Kené Parembolé, ciudad de la costa entre Trebisonda y Rhizos, dos días después la caravana llegó a Rhizos y Orencio fue tirado al mar con una piedra atada al cuello. 


Farnacio murió a 30 kms de Rhizos, mientras Firmo y Fermín llegaron a Apsaros cerca de Petra y murieron juntos un 3 de Julio. Ciriaco murió en la ciudad de Ziganeos siempre en la costa un 24 de Julio, y Longinos fue embarcado en una canoa y murió en el mar el 28 de Julio antes de llegar al puerto de Pityonte. Son conocidos como los “Mártires de Satala”.



Fuente: Leamos la Biblia

25/06 - La Justa Mártir Febronia


Los cristianos bizantinos le tienen a Santa Febronia gran veneración, y no en vano la invocan con el epíteto de “La Muy Sufriente”, por su largo y lento martirio. Ello tuvo lugar, según la tradición durante el reinado de Diocleciano (284-305) en la ciudad de Sibápolis (actual Nusaybin), en Asiria. Era religiosa en el “convento” de su tía Santa Brienis, una comunidad de vírgenes cristianas donde Febronia se dedicaba a la lectura de textos sagrados y a predicar el Evangelio a las mujeres paganas, que acudían a escucharla, y practicaba severa penitencia.


Con el estallido de la persecución llegó a la provincia el gobernador Seleno y con él sus adjuntos Lisímaco y primo. Si bien el primero era un ser sin escrúpulos, los otros dos sentían compasión por los cristianos y acudieron al monasterio a advertir a las vírgenes, que huyeron todas salvo Brienis, la “vicepriora” Tomaide y la misma Febronia. Cuando los soldados se apoderaron del edificio, Febronia se ofreció a acompañarlos voluntariamente a cambio de que dejaran en paz a Brienis y Tomaide, que eran ancianas. Sin embargo, ésta última la siguió cuando se la llevaron, y oculta entre la multitud, quien supuestamente presenció su martirio y luego lo transcribió para que fuera recordado.


Seleno trató de que Febronia renegara del cristianismo, viéndola joven y bella, llegó a ofrecerle a Lisímaco en matrimonio a cambio de que sacrificara. No sirvió de nada, y dio comienzo un largo proceso en que la torturaba, paraba, la interrogaba, la volvía a torturar, durante un amplio espacio de tiempo. Primero la hizo desnudar y amarrar en una postura indecente –abierta de brazos y piernas a cuatro estacas - ante el público que llenaba la plaza, para avergonzarla. Luego mandó azotarla y encenderle una hoguera debajo, por lo que le destrozaron el cuerpo mientras se quemaba. Se desmayó, y vuelta en sí, le desgarraron el cuerpo con garfios y la quemaron con antorchas, y luego le rompieron todos los dientes de la boca. Vuelta a desmayar, esperó a que se recuperara y entonces mandó cortarle a hachazos los dos pechos, las manos, y finalmente los pies. Tal muestra de salvajismo tenía enardecida a la multitud, que gritaba y se revolvía contra el gobernador. Finalmente, y como viera que nada servía para doblegar a la joven, mandó ponerle fin cortándole la cabeza. Los restos de la joven fueron devueltos a su tía, que la enterró en el convento.


Su martirio logró la conversión de muchas mujeres de la zona que habían acudido a presenciar el suplicio, así como la de Lisímaco y Primo. En su sepulcro se inició el culto, y el obispo local (San Juan de Nísibis) mandó levantarle una iglesia donde transfirió una parte de sus reliquias. En el 363 fueron trasladadas a Constantinopla.



Fuente: preguntasantoral

Adaptación propia

24/06 - Natividad del Santo Profeta y Precursor Juan el Bautista


El Profeta San Juan el Bautista es considerado después de la Virgen María el santo más honrado en la Iglesia bizantina. El Profeta San Juan el Bautista era hijo del sacerdote Zacarías, casado con Santa Isabel (descendiente de Aarón). Sus padres vivían cerca de Hebrón (en una región montañosa) al sur de Jerusalén. Por parte de su madre era pariente de Nuestro Señor Jesucristo y nació seis meses antes que el Señor. 

Tal y como lo narra el Evangelista San Lucas, el Arcángel Gabriel, se apareció a su padre Zacarías en el Templo y le anunció el nacimiento de su hijo. Y así estos devotos esposos, de edad avanzada, privados del consuelo de tener descendencia, tuvieron por fin el hijo por el que tanto habían rogado en sus oraciones. 

Por misericordia de Dios Juan se libró de la muerte de los miles de niños que fueron asesinados en Belén y sus alrededores. San Juan creció en un desierto salvaje, y se preparó para la gran labor que tenía encomendada, llevando una forma de vida severa —ayunando, rezando y meditando sobre el destino que Dios le tenía preparado. Llevaba una vestimenta tosca, sujeta con un cinturón de cuero, se alimentaba con miel silvestre y langostas. Siguió una vida de ermitaño hasta el momento en el que el Señor lo llamó a los 30 años de edad para profetizar al pueblo hebreo. 

Obedeciendo a esta llamada, el Profeta san Juan, llegó a las orillas del río Jordán para preparar a la gente para recibir al esperado Mesías (Cristo). Ante la festividad de la Purificación, mucha gente acudía al río para el lavado ritual. Aquí San Juan se dirigía a ellos, proclamando que se confesaran y se bautizaran para el perdón de los pecados. La esencia de su prédica era que, antes de recibir la purificación externa, la gente debía purificarse moralmente, y de esta manera prepararse para la recepción del Evangelio. Claro es que el bautismo de Juan no era todavía un sacramento como el bautismo cristiano. Su sentido era el de preparar (convertir) espiritualmente para el bautismo con agua y Espíritu Santo. Según la expresión de una oración de la Iglesia, el Profeta San Juan, era la luminosa estrella matutina que desprendía un brillo superior a la luminosidad de todas las estrellas y anunciaba la mañana del día bendito, iluminado por Cristo el Sol espiritual (Malaquias 4:2). Cuando la espera del Mesías llegó a su culminación, el Mismo Salvador del mundo, Nuestro Señor Jesucristo, llegó al Jordán a bautizarse con San Juan. El bautismo de Cristo estuvo acompañado de anuncios milagrosos —el descenso del Espíritu Santo, que bajó en forma de paloma sobre Él, y la voz de Dios Padre que provenía de los cielos, diciendo: “Este es Mi Hijo amado...” Al recibir esta revelación, el Profeta San Juan le decía a la gente sobre El: “Aquí esta el Cordero de Dios, que toma sobre Sí los pecados del mundo.” Al escuchar esto, dos de los discípulos de Juan siguieron a Jesús; eran los Apóstoles Juan el Teólogo y Andrés, hermano de Simón, llamado Pedro. Con el bautismo del Salvador el Profeta San Juan concluyó a modo de rúbrica su oficio de profeta. Con severidad y sin temor denunciaba los vicios tanto de las personas comunes como de los poderosos de este mundo. Por ello pronto sufrió padecimientos. 

El rey Herodes Antipas (hijo del rey Herodes el Grande) ordenó encarcelar al Profeta San Juan por acusarlo del abandono de su legítima esposa (hija del rey Aretas de Arabia) y por su unión ilegitima con Herodías, la mujer de su hermano Felipe. El día de su cumpleaños Herodes hizo un banquete al cual fueron invitadas personas muy conocidas. Salomé, hija de la pecadora Herodías, con su baile impúdico complació de tal manera al rey Herodes y a sus invitados al banquete que el rey le prometió bajo juramento darle todo lo que le pidiese, aun hasta la mitad de su reino. La bailarina por instigación de su madre, pidió que se le entregara la cabeza de San Juan el Bautista sobre una bandeja. Herodes respetaba a Juan como profeta, por lo que se disgustó ante esa petición, pero le dio vergüenza quebrantar la promesa dada, y envió al guardia a la prisión, que decapitó a san Juan el Bautista y le entregó su cabeza a Salomé, quien se la llevó a su madre. Después de insultar Herodías a la santa cabeza del profeta, la tiró en un lugar sucio. Los discípulos de San Juan el Bautista le dieron santa sepultura a su cuerpo en Sebastia, una ciudad de Samaria. 

Por su crueldad Herodes recibió su castigo en el año 38 después de Cristo. Sus tropas fueron derrotadas por Aretas, que se dirigió contra él por la deshonra causada a su hija, a la cual había abandonado para convivir con Herodías, y al año siguiente el emperador Calígula lo envió al exilio. 

Según la Tradición, el Evangelista San Lucas, al visitar distintas ciudades y pueblos predicando a Jesús, desde Sebastia llevó a Antioquía una parte de los santos restos del gran Profeta: su mano derecha. En el año 959, cuando los musulmanes se apoderaron de Antioquía (durante el imperio de Constantino Porfirocente), el diácono Job de Antioquía se llevó la mano del profeta a Calcedonia, y desde allí fue trasladada a Constantinopla, donde se conservó hasta que los turcos tomaron la ciudad. Después la mano derecha del Profeta se encontraba en la Iglesia “De La Imagen Del Salvador” en el Palacio de Invierno de San Petersburgo. 

La santa cabeza de San Juan el Bautista fue hallada por la piadosa Juana y sepultada dentro de una vasija en el monte de Olivos. Un asceta devoto, al realizar una zanja para poner los fundamentos de un templo, encontró este tesoro y lo guardó consigo, pero antes su muerte, temiendo que la reliquia fuese profanada por los no creyentes, la escondió en la tierra en el mismo lugar en que la encontró. Durante el reinado de Constantino el Grande, dos monjes fueron a Jerusalén para venerar el Santo Sepulcro, y a uno de ellos se le presentó el Profeta San Juan el Bautista y le indicó dónde estaba enterrada su cabeza. Desde ese momento los cristianos comenzaron a celebrar el Primer hallazgo de la santa cabeza de San Juan el Bautista. 

El Señor Jesucristo dijo sobre el Profeta San Juan el Bautista “De todos los nacidos de mujer, ninguno es mayor que Juan el Bautista.” 

San Juan el Bautista es glorificado por la Iglesia como “Angel, Apóstol, Mártir, Profeta, Intercesor de la gracia antigua y nueva, honorabilísimo entre los nacidos de mujer y ojo luminoso de la Palabra”.


Fuente: Arquidiócesis Ortodoxa Griega de Buenos Aires y Sudamérica (Patriarcado Ecuménico)
Adaptación propia

23/06 - Agripina la Mártir de Roma


La tradición nos habla de una mujer de noble abolengo que había consagrado su virginidad a Cristo y vivía recluida en su casa, pero realizando obras de caridad con todos los que llamaban a su puerta.


Durante la persecución de Valeriano (257-260), escandalizada por las matanzas de cristianos, pidió una audiencia con el emperador y por ser de ilustre familia se la concedieron. Llevada ante Valeriano, le recriminó duramente su proceder con la comunidad cristiana e instándole a convertirse si no quería ir al fuego eterno junto con sus dioses. Cuando el césar la impelió a sacrificar, ella se negó rotundamente, por lo que mandó castigarla. Fue severamente apaleada y le rompieron varios huesos, luego de lo cual la encadenaron en la cárcel. Tras varias sesiones semejantes, acabó por morir, en la celda o en el tormento; y tres jóvenes piadosas, Paula, Basa y Agatónica, tomaron su cadáver y lo llevaron a la basílica de San Pablo, donde fue enterrada.


Posteriormente un monje desenterró sus reliquias y las trasladó a Sicilia, donde fueron recibidas por San Gregorio de Agrigento, quien las trasladó a la ciudad de Mineo, donde inmediatamente se convirtieron en una fuente de grandes milagros. En tiempos de Constantino, Severino, obispo de Catania, le levantó una iglesia. En el siglo XI sus reliquias fueron desenterradas y llevadas a Constantinopla para protegerlas de la profanación de la piratería turca.


Es protectora de los leprosos, de quienes sufren enfermedades bacterianas y de las víctimas de la tortura –por su martirio- y se la invoca contra los malos espíritus y tempestades.



Fuente: catholic.net

Adaptación propia

22/06 - Zenón el Mártir y su Sirviente Zenas de Filadelfia


Zenón fue un oficial romano durante el reinado del emperador Maximiano (286-305), en la ciudad árabe de Filadelfia (ahora Ammán en Jordania), y Zenas era su sirviente.


Siendo un cristiano piadoso y celoso, Zenón deseaba ser martirizado por Cristo. Por esta razón, distribuyó todas sus pertenencias entre los pobres y liberó a todos sus sirvientes. Cuando Zenón oyó que el gobernador Máximo amaba mucho y adoraba a los ídolos, se presentó ante él seguido por su sirviente Zenas. Zenas era un siervo prudente y de buenas intenciones, y no quería separarse de su maestro Zenon.


De pie ante el gobernador, Zenon lo reprendió porque se estaba ocupando de la vana adoración de los ídolos sin vida. Debido a esto, el gobernador ordenó que fuera azotado de inmediato. Después de que el Santo hubiera sido azotado, empezó a patear el altar de los sacrificios hasta conseguir derrumbarlo. Por esto fue colgado y azotado sin piedad. Luego le frotaron sal y vinagre sobre sus heridas. Después de esta tortura, Zenón fue encerrado en la cárcel y sus piernas fueron apretadas con grilletes de hierro. 


Durante este tiempo, Zenas visitó a su maestro Zenón y le rogó que no le dijera que se fuese como lo había hecho con sus otros sirvientes. Cuando el gobernador se enteró de esto, ordenó que Zenas fuera encarcelado junto con su amo. Y cuando ambos fueron presentados ante el gobernador e interrogados, se negaron a renegar de Cristo, por lo que fueron azotados con dureza.


San Zenón fue quemado en el pecho con barras sobrecalentadas. Luego ambos fueron colgados por los hombros con una pesada piedra atada a las piernas. 


Después de esto fueron arrojados a un foso con fuego. Los paganos arrojaron aceite para aumentar la llama. Pero debido a que de modo milagroso salieron ilesos por la gracia de Dios, posteriormente fueron decapitados, recibiendo de esta manera los bienaventurados la corona del martirio.


Sus reliquias sagradas fueron posteriormente enterradas en la Iglesia de San Jorge en Ciparoso, situada en parte en la parte norte de Babilonia, y otra parte en Asiria.



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com

Adaptación propia

22/06 - Eusebio, Obispo de Samosata


No se sabe nada sobre el origen y la primera parte de la vida de san Eusebio. La historia le menciona por primera vez hacia el año 361, cuando ya era obispo de Samosata y como tal asistió al sínodo convocado en Antioquía para elegir al sucesor del obispo Eudoxio. Precisamente por los esfuerzos del obispo Eusebio, la elección recayó sobre san Melecio, antiguo obispo de Sebaste y un hombre muy venerado por su piedad y sabiduría. Gran parte de los electores eran arrianos y tenían la esperanza de que, si votaban en favor de Melecio, éste favorecería sus doctrinas, por lo menos tácitamente. Pero los arrianos quedaron decepcionados. En el primer discurso que pronunció el nuevo obispo de Antioquía, en presencia del emperador Constancio, que también era arriano, reafirmó la doctrina católica de la Encarnación, tal como había sido expuesta en el Credo de Nicea. A raíz de aquel sermón, los arrianos, enfurecidos, buscaron la manera de deshacerse del obispo y el emperador Constancio envió a uno de sus funcionarios a entrevistar a san Eusebio para pedirle que entregase las actas sinodales de la elección que habían sido confiadas a su cuidado. San Eusebio respondió que no las entregaría sin el previo consentimiento y autorización de todos y cada uno de los signatarios. Se le amenazó con mandar que le cortaran la mano derecha si persistía en su actitud, y entonces el santo extendió sus dos manos y dijo que estaba dispuesto a perderlas, antes que faltar a la confianza que se había depositado en él. El emperador quedó muy impresionado por el valor del obispo y ya no insistió.


Durante algún tiempo más, después de aquel incidente, san Eusebio tomó parte en los concilios y conferencias de los arrianos y semiarrianos, a fin de sostener la verdad y con la esperanza de obtener la unidad; pero, a partir del Concilio de Antioquía, en 363, san Eusebio dejó de aparecer en las reuniones, porque comprendió que su actitud escandalizaba a los ortodoxos. Nueve años después, urgentemente solicitada su presencia por el anciano Gregorio de Nazianzo, fue a Capadocia para ejercer su influencia y su experiencia en favor de san Basilio, en la elección para ocupar la sede vacante de Cesárea. Tan notables fueron los servicios que prestó en aquella ocasión, que el joven Gregorio, en una carta escrita por aquel entonces, se refiere a Eusebio como «columna de la verdad, luz del mundo, instrumento de los favores de Dios hacia su pueblo, apoyo y gloria de toda la ortodoxia». Entre san Basilio y san Eusebio se estableció una sincera amistad que, más tarde, se mantuvo a través de las cartas.


Al estallar la persecución de Valente, san Eusebio, no contento con proteger a sus propios fieles de la herejía, hizo, de incógnito, varias expediciones a Siria y Palestina para fortalecer la fe de los ortodoxos, para ordenar sacerdotes y para ayudar a los obispos ortodoxos a nombrar verdaderos y meritorios pastores que ocuparan las sedes que quedaban vacantes. Su celo extraordinario despertó la animosidad de los arrianos y, en 374, el emperador Valente promulgó la orden que lo condenaba al destierro en Tracia. Cuando el oficial encargado de hacer cumplir el decreto se presentó ante Eusebio, el obispo le rogó que procediera con discreción, porque si el pueblo veía que le arrestaban, se lanzaría sobre los captores para matarlos. Por consiguiente, aquella noche, después de rezar el oficio como de costumbre, salió tranquilamente de su casa cuando todos dormían y, en compañía de uno de sus servidores, partió hacia el Eufrates y se embarcó. A la mañana siguiente, cuando las gentes se dieron cuenta de que había partido, se emprendió su búsqueda; algunos de sus fieles le dieron alcance y le suplicaron, con lágrimas en los ojos, que no los abandonara. Él también lloró ante las muestras de afecto de aquellas gentes, pero les explicó que era necesario obedecer las órdenes del Emperador y los exhortó a confiar en Dios para que todo llegara a arreglarse satisfactoriamente. La grey del obispo Eusebio demostró su fidelidad y, mientras duró el exilio, se negó a tener cualquier trato con los dos prelados arrianos que ocupaban la sede.


A la muerte de Valente, en 378, terminó la persecución, y san Eusebio regresó a su sede y a su rebaño. Su celo y su piedad no habían sufrido menoscabo por los sufrimientos del destierro. Gracias a sus esfuerzos, se restableció en toda su diócesis la unidad católica, y las sedes vecinas fueron ocupadas con prelados ortodoxos. San Eusebio se hallaba de visita en la ciudad de Dolikha, para instalar ahí un obispo ortodoxo, cuando una mujer arriana, oculta en la azotea de una casa, le arrojó una pesada piedra sobre la cabeza. El golpe que recibió fue fatal, puesto que, a consecuencias del mismo murió algunos días más tarde, tras de obtener la promesa de sus amigos de que no perseguirían ni castigarían a su atacante.



Fuente: eltestigofiel.org

21/06 - Julián el Mártir de Tarso


El Santo Mártir Julián nació en la provincia Cilicia de Asia Menor. Era hijo de un senador pagano, pero su madre era cristiana. Después de la muerte de su padre, se mudaron a Tarso donde Julián fue bautizado y educado cristianamente.


Durante la persecución a los cristianos ordenada por el emperador Diocleciano San Julián fue detenido, tenía apenas 18 años. Lo llevaron a Anazarbo -capital de la provincia de Cilicia- para ser juzgado por el gobernador Marciano, quien durante mucho tiempo lo instó a renunciar a Cristo. Ni las torturas ni las amenazas ni las promesas de regalos y honores pudieron  convencer al joven piadoso ofrecer sacrificios paganos y negar a Cristo. El santo se mantuvo firme en su recta fe.


Por un año entero  llevaron al mártir a través de las ciudades de Cilicia, en todas partes le sometían  a interrogatorios y torturas, y después lo echaron en la cárcel. La madre de San Julián siguió a su hijo y rogó al Señor que lo fortalecerá. En la ciudad de Egea, suplicó al gobernador que le permitiera visitarlo en la prisión, aparentando tener la intención de persuadir a su hijo a ofrecer sacrificios a los ídolos. Pasó tres días en la cárcel con San Julián, dándole valor para ser fuerte hasta al final.


Cuando el gobernador llama a la madre para saber las novedades, ella confesó con audacia a Jesucristo, y aun más, sin miedo y con valentía denunció el politeísmo. Entonces el gobernador dio orden de cortarle los pies.


En cuanto a Julián lo ataron y lo metieron en un saco lleno de arena y de serpientes venenosas, y lo arrojaron al mar. El cuerpo de la víctima fue llevada por las olas a las costas de Alejandría, y con reverencia fue sepultado por un  cristiano piadoso.


La muerte del mártir ocurrió alrededor del año 305. San Juan Crisóstomo honró a San Julián con un elogio.


Hay en Rimini una iglesia, no de grandes proporciones, a él dedicada, que fue edificada probablemente sobre un templo pagano, y de la cual las primeras noticias provienen del 816; fue reconstruida en su forma actual en el siglo XVI, y regenteada hasta 1797 por los monjes benedictinos de la congregación Cassinense. En esta iglesia se concentran las imágenes principales que representan a san Julián mártir, las varias fases de su martirio según la tradición y la llegada del sarcófago con su cuerpo a Rímini; es de particular importancia el dosel, obra de Bittino de Faenza, de 1409.



Fuente: catholic.net / eltestigofiel.org

Lunes después del Domingo de Todos los Santos - Ayuno de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo


Después del regocijo de los cincuenta días desde la Santa Pascua a Pentecostés, los Apóstoles se prepararon para su salida de Jerusalén con el objetivo de anunciar el mensaje del Evangelio de nuestro Salvador. Según la Sagrada Tradición, como parte de su preparación, comenzaron un ayuno acompañado de oraciones fervorosas para pedir a Dios que les concediera fuerzas para emprender la tarea misionera.

Este ayuno viene anunciado en los Evangelios, pues cuando los fariseos criticaban a los Apóstoles por no ayunar, Él les dice que no ayunan los amigos del Novio mientras este se encuentra entre ellos y que cuando el Novio se apartara de ellos ya ayunarían. En estas palabras Cristo se refiere a su crucifixión en el sentido próximo y en un sentido más amplio a su gloriosa Ascensión al cielo en la cual deja a los Apóstoles la misión de anunciar el Evangelio que ha de hacerse con ayuno y oración para que el fruto sea abundante.

Esta tradición del ayuno viene atestiguada por el Papa León I ya en el año 461 en sus homilías, aunque actualmente haya caído en desuso entre los latinos.

Durante este período se puede comer pescado, excepto los miércoles y viernes, que son días de xerofagia.

Recordemos aquello que nos dice las estíqueras de este lunes:

Observemos el ayuno agradable y aceptable al Señor. El verdadero ayuno es guardarse de todo lo malo, controlar la lengua, abstenerse de todo enojo, lujuria, calumnia, falsedad y perjurio. Si renunciamos a esto nuestro ayuno será verdadero y agradable a Dios.


Fuente: Parroquia de los Santos Andrés y Nicolás (Iglesia Ortodoxa Española - Patriarcado de Serbia).
Adaptación: Ortodoxia Digital

20/06 - Metodio el Mártir, Obispo de Olimpo


Obispo y autor eclesiástico, se desconoce la fecha de su nacimiento; murió como mártir, probablemente en el año 311 en Calcidia de Grecia. A causa de su sabiduría y virtud, este Santo fue conocido como Eubulo («el del buen consejo»).


Sólo nos han llegado muy pocos informes respecto a la vida de este primer oponente científico de Orígenes; y aun estos pequeños relatos presentan muchas dificultades. Eusebio no lo menciona en su “Historia de la Iglesia”, probablemente porque él se oponía a varias de las teorías de Orígenes. Le debemos a San Jerónimo los primeros relatos sobre él (Hombres Ilustres 83). Según él, Metodio fue obispo de Olimpo en Licia y luego obispo de Tiro y no de Patara (como asegura erróneamente una obra del siglo VI de Leoncio el Bizantino). Pero esta afirmación tampoco es fiable; ningún autor griego sabe nada sobre que él fuera obispo de Tiro; y según Eusebio (Hist. De la Iglesia, VIII.13), Tiranio fue obispo de Tiro durante la persecución de Diocleciano y murió mártir; después de la persecución Paulino fue electo obispo de esa ciudad. Parece que escritores posteriores lo consideraban obispo de Patara debido a que su famoso diálogo acerca de la resurrección se desarrolla en dicha ciudad. Jerónimo establece que Metodio sufrió el martirio al final de la última persecución, es decir, bajo Maximino Daja (311). Aunque él luego añada, “que algunos afirman” que esto pudo haber ocurrido bajo Decio y Valeriano en Calcis, esta afirmación (ut alii affirmant), la cual él presume falsa, no es aceptada. Se han hecho varios intentos por aclarar el error respecto a la mención de Tiro como el siguiente obispado de Metodio; es posible que él fuera llevado a tiro durante la persecución y que muriera allí.


Metodio tenía una educación filosófica muy amplia y fue un importante teólogo así como un autor prolífico y refinado. 


Cronológicamente, sus obras sólo se pueden asignar de modo general al final del siglo III y principios del IV. Adquirió especial importancia en la historia de la literatura teológica debido a que combatió exitosamente varias opiniones erróneas del gran alejandrino Orígenes. Atacó particularmente su doctrina de que el cuerpo del hombre en la resurrección no es el mismo cuerpo que tenía en vida; también su idea de la eternidad del mundo y las nociones erróneas que esto conllevaba. Sin embargo, reconoció los grandes servicios de Orígenes a la teología eclesiástica. Como él, también fue fuertemente influenciado por la filosofía de Platón, y hasta cierto alcance él usa la explicación alegórica de la Escritura.


De sus numerosas obras sólo nos ha llegado completa en un texto griego, es decir, el diálogo sobre la virginidad, bajo el título: “Simposio, o sobre la virginidad” (Symposion he peri hagneias) en P.G., XVIII, 27-220. En el diálogo, compuesto con referencia al “Banquete” de Platón, él describe una comida festiva de diez vírgenes en el jardín de Arete (virtud), en la cual cada una de las participantes exalta la virginidad cristiana y su sublime excelencia. Concluye con un himno sobre Cristo como el Novio de la Iglesia. Se conservan fragmentos más grandes de varias otras obras en griego; se conoce de otras obras de versiones antiguas en eslavo, aunque algunas son compendiadas.


Las siguientes obras están en la forma de diálogo:


(1) "Sobre la Libre Voluntad" (peri tou autexousiou), un importante tratado que ataca la opinion gnóstica del origen del mal y en prueba de la libertad de la voluntad humana.


(2) "Sobre la Resurrección" (Aglaophon he peri tes anastaseos), en el cual se expone especialmente, en oposición a Orígenes, que el mismo cuerpo que el hombre tiene en esta vida despertará a la incorruptibilidad en la resurrección. Mientras se preservan grandes fragmentos del texto original griego de ambos de estas obras, sólo tenemos versiones eslavas de los siguientes cuatro tratados cortos.


(3) “De Vita”, sobre la vida y acción racional, que exhorta en particular a estar satisfecho en esta vida y a esperar la vida venidera.


(4) “De cibis”, sobre la discriminación en las comidas (entre judíos), y sobre la novilla, que se menciona en el Levítico, con una explicación alegórica del Antiguo Testamento, la legislación sobre la comida y la vaca roja (Núm. 19).


5) “De lepra”, sobre la lepra, a Sistelio, un diálogo entre Eubulio (Metodio) y Sistelio sobre el sentido místico de las referencias a los leprosos en el Antiguo Testamento (Lev. 13).


(6) “De sanguisuga”, sobre la sanguijuela en Proverbios (Prov. 30,15 ss.) y sobre el texto “los cielos muestran la gloria de Dios” (Sal. 18,2).


De otros escritos, ya perdidos, San Jerónimo menciona (loc. Cit) una obra voluminosa contra Porfirio, el neoplatonista, quien había publicado un libro contra el cristianismo; un tratado sobre la “Pitonisa” dirigido contra Orígenes, comentarios sobre el Génesis y el Cantar de los Cantares. Otros autores posteriores le atribuyen a Metodio una obra “Sobre los mártires”, y un diálogo “Zenón”; en éste último él se opone la doctrina de Orígenes sobre la eternidad del mundo. Nuevas ediciones de sus obras son: P.G., XVIII; Jahn, "S. Methodii opera et S. Methodius platonizans" (Halle, 1865); Bonwetsch, "Methodius von Olympus: I, Schriften" (Leipzig, 1891).



Fuente: Enciclopedia Católica / goarch.org

Adaptación propia

Domingo de Todos los Santos


El domingo posterior a Pentecostés es dedicado a la conmemoración de todos los Santos, tanto los conocidos por nosotros como los solo conocidos por Dios. Siempre hemos tenido santos que proceden de todos los costados de la tierra. Algunos fueron apóstoles, otros Mártires, otros Profetas, otros Jerarcas, otros Monjes y otros Justos, pero todos fueron perfeccionados por el mismo Espíritu Santo.


El descenso del Espíritu Santo hace que, para nosotros, sea posible levantarnos sobre nuestro estado y obtener santidad siguiendo el mandato del Señor de “sed santos como yo soy santo” (Lev 11:44, I Pe 1:16, etc). Es por eso que el primer domingo después de Pentecostés conmemoramos a todos estos hombres y mujeres.


El origen de esta fiesta se remonta a los primeros años de la Iglesia, cuando era celebrada como el domingo de todos los mártires, y que incluía a todos los hombres y mujeres que habían dado testimonio de Cristo con sus vidas de virtud aun sin haber muerto por Él.


San Pedro de Damasco, en su “Cuarto estado de Contemplación” menciona que existen cinco categorías de santos: los Apóstoles, los Mártires, los Profetas, los Jerarcas y los Justos 


Los himnos para este día hablan de seis categorías: “Regocijaos, asamblea de Apóstoles, de Profetas del Señor, leal coro de Mártires, Jerarcas divinos, Padres Monjes y Justos…”. Algunos santos son descritos como “Confesores”, una categoría que no aparece en la lista anterior. Debido a que son similares en espíritu a los mártires, se los considera como parte de esta categoría. No llegaron a morir como los mártires, pero confesaron con sus cuerpos su fe por Jesucristo y llegaron a casi ser ejecutados por su fe. San Máximo el Confesor es uno de ellos.


Los Apóstoles son mencionados en esta lista debido a que fueron los primeros en predicar el Evangelio al mundo. Los Mártires son conmemorados debido a su ejemplo de coraje al profesar su fe ante los enemigos y perseguidores de la Iglesia. Ellos propiciaron que otros siguieran su ejemplo y permanecieran firmes en la fe de Cristo hasta la muerte.


También celebramos a los Profetas que en el Antiguo Testamento vieron solo las sombras de las cosas que iban a venir, y dieron testimonio de la fe en el único Dios verdadero.


Los santos Jerarcas también son conmemorados hoy: los líderes de sus rebaños enseñaron con palabras y ejemplos a seguir a Cristo. Los santos Justos son aquellos que alcanzaron la santidad de vida viviendo “en este mundo”. Los ejemplos alcanzan a Abrahán y a Sara, a Job, a San Joaquín y a Santa Ana, a San José el Desposado y a muchos otros. Este rango también incluye a los santos Monjes que, dejando el mundo, decidieron vivir en monasterios o en cuevas. No odiaron el mundo, sino que se dedicaron a la oración incesante y a luchar contra el poder del demonio. Pese a que hay gente que cree erróneamente que los monjes son improductivos, San Juan Clímaco dice ciertamente de ellos: “Los ángeles son una luz para los monjes y la vida monástica es una luz para todos los hombres”.


La fiesta de todos los santos alcanzó gran importancia en el siglo IX, durante el reinado del Emperador Bizantino León VI el Sabio (886-911). Su esposa, la santa Emperatriz Teofanía, vivió en el mundo, pero no estuvo apegada a las cosas de este mundo. Fue una gran benefactora de los pobres y muy generosa con los Monasterios. Fue una verdadera madre que se ocupó de las viudas y los huérfanos y consoló a los oprimidos.


Aun antes de la muerte de Santa Teofanía (893), su esposo comenzó a construir una Iglesia, intentando dedicarla a ella, pero ella no lo quiso así. Este Emperador fue quien decretó que este domingo, el primero después de Pentecostés, fuera dedicado a todos los santos, pensando que su esposa era una de estas justas y que Dios seguramente la honraría cuando la fiesta de todos los Santos fuera celebrada.


LECTURAS DE LA DIVINA LITURGIA


Heb 11,33-40;12,1-2: Hermanos, todos los santos, por fe, conquistaron reinos, administraron justicia, vieron promesas cumplidas, cerraron fauces de leones, apagaron hogueras voraces, esquivaron el filo de la espada, se curaron de enfermedades, fueron valientes en la guerra, rechazaron ejércitos extranjeros; hubo mujeres que recobraron resucitados a sus muertos. Pero otros fueron torturados hasta la muerte, rechazando el rescate, para obtener una resurrección mejor. Otros pasaron por la prueba de las burlas y los azotes, de las cadenas y la cárcel; los apedrearon, los aserraron, murieron a espada, rodaron por el mundo vestidos con pieles de oveja y de cabra, faltos de todo, oprimidos, maltratados —el mundo no era digno de ellos—, vagabundos por desiertos y montañas, por grutas y cavernas de la tierra. Y todos estos, aun acreditados por su fe, no consiguieron lo prometido, porque Dios tenía preparado algo mejor a favor nuestro, para que ellos no llegaran sin nosotros a la perfección. En consecuencia: teniendo una nube tan ingente de testigos, corramos, con constancia, en la carrera que nos toca, renunciando a todo lo que nos estorba y al pecado que nos asedia, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús, quien, en lugar del gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.


Mt 10,32-33; 37-38; 19,27-30: Dijo el Señor a sus discípulos: «A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos. El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí. Entonces dijo Pedro a Jesús: «Ya ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?». Jesús les dijo: «En verdad os digo: cuando llegue la renovación y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos primeros».



Fuente: ierey-siluan.livejournal.com / Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

19/06 - Santo Mártir Zósimo


San Zósimo de Apolonia-Sozópolis, era soldado en la antigua región de Pisidia (suroeste de la actual Turquía) durante el reinado del emperador Trajano (98-117 d.C.).


Después de renunciar al ejército romano para convertirse en cristiano, padeció acerbos tormentos por decreto de Domiciano, fue degollado y se durmió victorioso en el Señor en el año 110.

19/06 - Tadeo (Judas) el Apóstol y Hermano de nuestro Señor


El Apóstol Judas era del número de los Doce, y Lucas (Lc 6,16; Hch 1,13) lo llama «Judas el de Santiago» (el Hermano del Señor), por lo que sería también pariente del Señor según la carne. Sin embargo, Mateo (Mt 10,2) lo llama Tadeo (no confundirlo con el que curó a Agbar según cuenta Eusebio en su ‘Historia eclesiástica’, 1,13; ver el 21 de agosto).


Desde el punto de vista etimológico, Tadeo significa “magnánimo, valiente”, aunque también se puede considerar una deformación. Y todos sabemos que Judas significa “alabanzas sean dadas a Dios”.


Después de Pentecostés asistió al primer Concilio de Jerusalén y desde el punto de vista histórico, no se sabe nada más de él.


La tradición oriental dice que predicó en Palestina y en las regiones vecinas, pero tradiciones más tardías lo hacen predicador en Arabia, Mesopotamia, Armenia e incluso en Persia, junto con el apóstol Simón Zelotes. Los textos sirios más antiguos lo presentan como mártir en Arado (Beirut) en el año 80.


Sus reliquias, en los siglos III y IV se encontraban en Verona, pero actualmente están en la Basílica de San Pedro, en el Vaticano, junto con las del otro apóstol, Simón Zelotes. Reliquias pequeñas existen en otros países como España, Italia, Francia y Alemania. En cuanto a su culto hay que decir que ha sido venerado siempre, desde el siglo I. En el año 1059, el emperador Enrique III le dedicó una Colegiata en Goslar.


Iconográficamente se le representa siempre como un hombre maduro, barbudo y hasta viejo, con un hacha (haciendo mención al martirio) y con un libro (mención de la Epístola).


Escrita después de la destrucción de Jerusalén por Tito, la suya es la última de las Epístolas Católicas (generales), y está dirigida a los judíos creyentes de la Diáspora. Los rasgos principales que caracterizan a esta Epístola son la denuncia de las herejías de los primeros tiempos, pone a sus destinatarios en guardia contra las falsas doctrinas, condena la lujuria y la adulación interesada, anima a estar firmes en la fe, anuncia que surgirán falsos profetas y maestros, alienta el amor a Dios y al prójimo, exhorta a la paciencia y concluye la carta con una oración.


Antonio Barrero



Fuente: preguntasantoral / GOARCH

Adaptación propia