01/03 - La Santa y Justa Mártir Eudocia (Eudoxia) la Samaritana


Eudocia era una samaritana que vivía en Heliópolis en la época de Trajano (98-117). Con sus vestidos sencillos y su gran belleza, había conseguido innumerables amantes e inmensas riquezas, pero por casualidad escuchó al monje Germán en la casa de enfrente antes de ir a dormir y quedó impresionada. Eudoxia se levantó y se fue a su balcón para oírle. Al terminar de escucharle, se metió en la cama y se pasó la noche llorando. Al día siguiente por la mañana, fue a tocar a la puerta de su vecino rogándole que le dejara ver al que cantaba.


Habló de ello con el monje y con un sacerdote de Heliópolis y se convirtió al cristianismo, dando todas sus cosas a los pobres y llevando una vida de penitencia y oración. Eudocia le preguntó sí podía ser salvada en el Juicio Final y Germán la instruyó a que permaneciera en su alcoba durante una semana orando; al final de la semana, tuvo una visión del arcángel Miguel luchando con el Diablo por la posesión de su alma y Dios le perdonó sus pecados. Fue bautizada por Teodoto, obispo de Heliópolis, otorgó la libertad a todos sus esclavos, ofreció toda su riqueza a la Iglesia y se encerró en un monasterio femenino unido al de Germán que mandó a construir cerca de Baalbek a los treinta años.


Filostrato, un antiguo amante suyo, que con hábiles maniobras había logrado hablar con ella para inducirla a volver al pecado, se suicidó ante ella por su negativa, pero Eudocia lo resucitó y lo convirtió. El prefecto Aureliano mandó arrestarla y sus soldados quedaron inmóviles por tres días, hasta que un gran reptil los mató a casi todos con su aliento pestilente.


El hijo de Aureliano se hizo cargo de la empresa, pero se cayó de su caballo y murió. El rey quedó consternado y decidió enviar a su tribuno, Babila, para pedirle ayuda a la santa. Eudocia respondió con una carta y, al tocarlo con esta, el joven se levantó de nuevo. Aureliano se convirtió y con él toda su familia y sus magistrados: su hija Gelasia ingresó al monasterio de Eudocia y su hijo resucitado se convirtió en diácono y luego en obispo de Heliópolis. Diógenes, el exprometido de Gelasia, mandó arrestar a Eudocia; antes de ser arrastrada fuera de su monasterio, logró llevar consigo un fragmento de la Eucaristía.


Fue interrogada extensamente sobre su fe y sus intenciones, pero se mantuvo firme en su fe. Cuando estaban a punto de someterla a tormentos, la partícula de la Eucaristía cayó sobre Eudocia, que fue arrojada por los paganos al fuego, y fragmentos del fuego quemaron a los verdugos y a los espectadores. Por la intervención de Eudocia, todos resucitaron; incluso una matrona que murió en ese momento resucitó y también un niño asesinado por un reptil. Muchas personas se convirtieron al cristianismo a la vista de muchos milagros, y entre ellos Diógenes. Después de su muerte definitiva, Diógenes fue sucedido por Vicente, un hombre extremadamente cruel con los cristianos, que mandó a decapitar a Eudocia al negarse a adorar a los ídolos; el martirio ocurrió sin más incidentes en el año 107.



Fuente: GOARCH

Traducción del inglés y adaptación propias

28/02 - Basilio el Confesor


Este santo vivió en el siglo octavo, en la época del emperador León III el Isauro (717-741).


Cuando comenzó la persecución del infame emperador iconoclasta León contra los iconos, Basilio, junto con su maestro Procopio (celebrado ayer) se alzó en defensa de los mismos, demostrando que su veneración no es idolatría.  San Basilio y San Procopio de la Decápolis de Isaura fueron de los monjes que sufrieron durante el reinado del emperador iconoclasta, quien luego de obligar al bautismo de todos los judíos y montanistas del Imperio, emitió una serie de edictos contra el culto de las imágenes que fue llamada la "reforma iconoclasta".


Esta prohibición de una costumbre que sin duda había dado lugar a todo tipo de abusos obtuvo el rechazo de la gran mayoría de los teólogos y casi todos los monjes, quienes se opusieron a estas medidas con firmeza.


Basilio fue arrestado, encarcelado y duramente torturado. Soportó estas torturas con su compañero San Procopio.


Cuando el malvado Emperador León fue asesinado en el cuerpo (ya que ya había perdido su alma antes), los iconos fueron restaurados en las iglesias y Basilio 
fue liberado de la prisión y regresó a su vida ascética monástica. Gran defensor de la Iglesia, luchó continuamente por el refuerzo de la recta fe, por la iluminación de los herejes, por el afianzamiento de los fieles y por el arrepentimiento de los pecadores. Y a través de la abundante gracia que recibió de Cristo, se le concedió el poder de obrar milagros y sanar enfermedades.


San Basilio durmió en paz en el año 750 d.C.



Fuente: catholic.net / laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com

Adaptación propia

29/02 (o 28/02) - Justo Juan Casiano el Confesor


(Nota: Si no es año bisiesto, los himnos de San Juan Casiano se transfieren al 28/02).

Los santos Juan Casiano y su compañero Germán se encuentran entre los «santos peregrinos» que viajaron mucho durante su vida y que conocían las realidades de las regiones oriental y occidental del mundo cristiano de los siglos IV y V.


Juan Casiano y Germán eran amigos desde la infancia. Los años de su nacimiento y lugares no se conocen con certeza, pero pueden estar alrededor del año 360 en Escitia, una provincia en el norte de la península balcánica entre el Danubio y el Mar Negro, conocida hoy como Dobuja, que es la parte más oriental de Rumanía. Aunque no se hace mención de este lugar en los escritos de San Juan Casiano, esta hipótesis proviene de una mención de Genadio de Marsella, un discípulo de San Juan. En su “De viris Illustribus” 62, el obispo galo habla de la ascendencia escita («natione Schytha») de Juan. La hipótesis es aceptada, tanto en la Iglesia católica como en la ortodoxa, aunque hay algunos eruditos que entienden el gentilicio «schytha» como una referencia al Desierto Escete de Egipto, donde durante un tiempo, vivían los monjes del desierto, o tal vez una alusión a Escitópolis (Palestina). Algunas otras hipótesis sobre los orígenes de los dos santos están de más aquí, incluyendo la Provenza o incluso Siria. En cualquier caso, algunas menciones en las obras de Casiano sugieren el nacimiento en una familia rica, y una educación clásica; el latín era su lengua materna.


San Juan menciona en su libro “Collationes” que él y Germán eran hermanos «no por nacimiento, sino por el espíritu» (Coll. 16,1). Entre los años 378-380, los dos, junto con una hermana de Casiano, hicieron una peregrinación a Belén. Esta última se mantuvo durante el resto de su vida en un monasterio de monjas, pero los dos amigos permanecieron solos durante un tiempo en una celda cerca de la Iglesia del Sepulcro Santo. Durante este tiempo oyeron hablar de los ascetas en Egipto, por lo que decidieron visitar las comunidades monásticas allí existentes.


Después de tres años en Palestina, viajaron hasta el desierto de Escete y Nitria situados al oeste del delta del Nilo (probablemente desde el 384 al 394) y visitaron a numerosos monjes, con los que tenían «entrevistas», más tarde descritas en Collationes. En este tiempo, el desierto de Escete se dividió entre los monjes «antropomorfista», los adeptos de la interpretación literal de la Escritura y los «origenistas», que preferían la alegoría y aceptaban algunas otras teorías de un Padre de la Iglesia recientemente fallecido, tal como la teoría de apokastasis, o incluso la preexistencia de las almas. La disputa entre las dos partes consistía en el hecho de si la contemplación de Dios podía ser vista como un acto material, o sea, con otras palabras, si los ascetas podían ver a Dios, ¿Dios era material «a imagen y semejanza del hombre»?, o incluso, ¿el acto de la contemplación se debía al hombre o por la gracia divina?


Las ideas ascéticas y teológicas promovidas por San Juan Casiano en sus trabajos sugieren que estos dos monjes escitas conocían a algunos monjes «origenistas», probablemente a Evagrio del Ponto entre ellos, con quienes compartían la idea de los siete pecados capitales (de hecho ocho, según Casiano) y la triple vida ascética consistente en la purificación (purgatio o catarsis), iluminación (illuminatio o theoria) y la deificación (unitio o theosis), respectivamente.


La lucha entre estas dos visiones ascéticas terminó unos quince años después de la llegada de Juan y de Germán. En el año 399 los «antropomorfistas» ayudados por el patriarca Teófilo de Alejandría, comenzaron una guerra contra los «origenistas» que huyeron a otros lugares. Junto a los más conocidos «origenistas», los llamados «Hermanos Largos», Juan y Germán salieron de Egipto y marcharon a Constantinopla, donde apelaron al arzobispo San Juan Crisóstomo para conseguir su protección. Mientras tanto, Casiano fue ordenado diácono y Germán de sacerdote y se convirtieron en miembros del clero de la capital. Hay una hipótesis que afirma que Casiano tomó el nombre de Juan sólo en este momento y que lo hizo en honor de su protector. De todas formas los ataques de Teófilo fueron más allá contra los «origenistas» y San Juan Crisóstomo fue condenado y depuesto después, en el consejo de la Encina en el año 404. Una de las acusaciones fue el hecho de que también aceptaba las enseñanzas origenistas.


El latinoparlante Casiano dejó al cabo de un año Constantinopla para ir, junto con Germán, a Roma donde trataron de encontrar apoyo para Juan Crisóstomo, suplicando su causa ante el Papa Inocencio I. A partir de este momento, ya no hay ninguna otra mención sobre Germán, por lo que es probable que muriese en este período de tiempo. Otra posibilidad es que Germán se fuera junto con Casiano al monasterio de Marsella, o incluso que regresara a casa en Escitia.


Durante la época romana, Casiano se reunió con el futuro Papa, San León Magno, con quien contrajo una amistad que duró toda la vida. Después de una nueva marcha a Oriente, en Antioquía y Palestina (donde probablemente fue ordenado sacerdote, aunque otras fuentes dicen que fue después de su regreso de Roma), recibió la propuesta de establecerse en las Galias y fundar allí un monasterio conforme a las normas vistas en Egipto. Esto sucedió alrededor del año 415, cuando llegó a Marsella y fundó la abadía de San Víctor, un complejo de monasterios de monjes y monjas. La iglesia del monasterio fue construida sobre la tumba de un mártir del siglo III, San Víctor.


En cualquier caso, Casiano no llevó por primera vez la vida monástica a las Galias, pues el ascetismo ya existía en la Provenza a través de la abadía de Menerfes, fundada por Castor obispo de Apt; y la de Lerins, encabezada por el obispo Honorato. Pero el mérito especial de San Juan Casiano es que llevó la disciplina monástica egipcia a Occidente y su monasterio sirvió como modelo para el desarrollo monástico posterior en el cristianismo occidental. Los logros y los escritos de san Juan Casiano influenciaron a San Benito, que llevó a su regla monástica algunos de los principales principios ascéticos y recomendó la lectura del corpus de los escritos de Casiano.


Los escritos de San Juan Casiano


En Marsella, San Juan Casiano comenzó a escribir sus obras más conocidas. Alrededor del 417-418, publicó, a petición de Castor, obispo de Apt y del futuro Papa León I, las Instituciones monásticas (De institutio coenobitorum et de octo principalium vitiorum remediis libri XII). Este trabajo trata sobre la organización de las comunidades monásticas, discutiendo sobre la ropa, la oración y las reglas de la vida monástica (los 4 primeros libros) y sobre la moralidad y los ocho vicios y su curación (gula, lujuria, avaricia, arrogancia, ira, envidia, akedia y jactancia (en los libros 5 al 12).


Algunos años más tarde (después del 420, pero no más tarde del 426) Casiano escribió sus «entrevistas», también conocidas como «Conferencias», o «Collationes» (que significa en latín, comidas de vísperas: Collationes Patrum in scetica eremo), dedicadas al archidiácono León, al obispo de Frejus y al monje Eladio, y que trata sobre «la formación del hombre interior y la perfección del corazón», siendo de esta forma la segunda parte de su obra, mientras que la primera era la formación “corporal”. Este segundo libro fue terminado entre el 426 y el 429 (libros 18 a 24) e iba dirigido especialmente a los monjes ermitaños.


Finalmente, en el año 430 San Juan escribió su tercer libro, «Sobre la Encarnación del Señor» (De incarnation Domini contra Nestorium libri VII), a petición del archidiácono León, el futuro Papa León el Grande. Su texto puede ser visto como un texto preparatorio del Tercer Concilio Ecuménico, que trata de la doctrina de Nestorio y la mención sobre el título de Madre de Dios dado a la Virgen María. Todos los escritos de Juan Casiano están en latín, pero posteriormente fueron traducidas al griego para el uso de los monjes, algo que fue un gran privilegio y honor, no muy generalizado en la Iglesia antigua.


Las enseñanzas de San Juan Casiano


Las enseñanzas más importantes de San Juan Casiano consisten en su visión acerca de la triple purificación ascética, iluminación y divinización, que posteriormente, en la teología católica se ha considerado de estas tres formas. En el primer nivel, la lucha del monje contra los pecados más «materiales» y contra la voluntad a través de su vida ascética. Más tarde, durante la iluminación, practicando la santidad revelada en el Evangelio a través de la enseñanza recibida de Dios en el Sermón de la Montaña, con base en el ejercicio del amor. La etapa final de la unificación con Dios (theosis) es rara vez recibida por un monje y se describe después de la unión del matrimonio del Canticum. Esta etapa es acompañada generalmente con el refugio del monje en la soledad.


Otra enseñanza notable de Juan Casiano implica la soteriología. Se opuso a Pelagio, quien creía que el ser humano recibe la salvación por medio de su propia lucha, sin la ayuda divina, pero también estaba en desacuerdo en algunos aspectos con San Agustín, quien destacó la importancia del pecado original y declaró la necesidad absoluta de la gracia divina en el inicio de una vida santa. Casiano adoptó un punto de vista intermedio, que fue considerado posteriormente por algunos como «semi-pelagianismo» por haber mencionado en algunas de sus conferencias que los primeros pasos para la salvación están en poder de la persona, sin necesidad de la ayuda de Dios (Conferencias: Libro 3: con AbbaPafnucio, libro 5 con Abba Serapión y libro 13 con Abba Chaeremon).


Veneración de los Santos Juan Casiano y Germán


San Juan Casiano murió en Marsella en el año 435 y fue enterrado en la iglesia del Monasterio de San Víctor que él construyó. Sus reliquias se conservan hasta hoy en una capilla subterránea del monasterio, mientras que el cráneo y la mano derecha están en un relicario en la iglesia principal. Sobre San Germán no hay más datos después de que los dos amigos llegaron a Roma en el 403. La santidad de Juan Casiano fue reconocida generalmente en la Iglesia desde los comienzos. En el 470, cuando Genadio compuso su “De viris Illustribus”, nombró a Juan Casiano como «sanctus Casianus», un título usado por muchos Papas al hablar de él, como San Gregorio Magno, en una carta dirigida a la abadesa Respecta de Marsella (PL LXXII, col. 866), o Benedicto XIV, quien escribió que no se admite ninguna duda acerca de su santidad (De canonizatione sanctorum II, 29). También está incluido en el Martirologio Galicano y en el Martirologio Romano el 23 de julio. Las Iglesias bizantinas generalmente los conmemoran el 29 de febrero del año bisiesto, o el 28, en el resto de años.


Mitrut Popoiu



Fuente: preguntasantoral

Adaptación propia

Domingo del Juicio Final (de Carnaval). Lecturas de la Divina Liturgia


1 Cor 8,8-9,2: Hermanos, no es la comida lo que nos permite estar delante de Dios; nada nos falta si comemos, ni llevamos ventaja si no comemos. Pero tened cuidado, no sea que vuestra misma libertad se convierta en piedra de escándalo para los débiles. En efecto, si alguien te viese a ti que tienes conocimiento sentado a la mesa en un templo idolátrico, ¿no se verá impelida la conciencia del débil a comer la carne sacrificada a los ídolos? Así por tu conocimiento se pierde el inseguro, un hermano por quien Cristo murió. Al pecar de esa manera contra los hermanos, turbando su conciencia insegura, pecáis contra Cristo. Por eso, si por una cuestión de alimentos peligra un hermano mío, nunca volveré a comer carne, para no ponerlo en peligro. ¿No soy libre? ¿No soy apóstol? ¿No he visto a Jesucristo, nuestro Señor? ¿No sois vosotros el resultado de mi trabajo en el Señor? Si para otros no soy apóstol, para vosotros sí lo soy; pues el sello de mi apostolado sois vosotros en el Señor.


Mt 25,31-46: Dijo el Señor: «Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha: “Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme”. Entonces los justos le contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?”. Y el rey les dirá: “En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”. Entonces dirá a los de su izquierda: “Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis”. Entonces también estos contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?”. Él les replicará: “En verdad os digo: lo que no hicisteis con uno de estos, los más pequeños, tampoco lo hicisteis conmigo”. Y estos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna».



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

27/02 - Procopio el Confesor de Decápolis


Este santo era de Decápolis de Isauria, una región montañosa de Asia Menor. Vivió en el siglo octavo, en la época del emperador León III el Isauro (717-741).


Se caracterizo por su nobleza y valentía para defender la fe. En su juventud, se dedicó a una vida de ascetismo, y realizó todos los esfuerzos posibles mediante los cuales el corazón se purifica y el espíritu se eleva a Dios.


Cuando comenzó la persecución del infame emperador iconoclasta León contra los iconos, Procopio se alzó en defensa de los mismos, demostrando que su veneración no es idolatría.  San Basilio (celebrado mañana) y su compañero Procopio de la Decápolis de Isaura fueron de los monjes que sufrieron durante el reinado del emperador iconoclasta, quien luego de obligar al bautismo de todos los judíos y montanistas del Imperio, emitió una serie de edictos contra el culto de las imágenes que fue llamada la "reforma iconoclasta".


Esta prohibición de una costumbre que sin duda había dado lugar a todo tipo de abusos obtuvo el rechazo de la gran mayoría de los teólogos y casi todos los monjes, quienes se opusieron a estas medidas con firmeza.


Procopio fue arrestado, brutalmente torturado, azotado y raspado con un cepillo de hierro. Por todo esto fue reconocido como confesor de la fe. Soportó estas torturas y fue encarcelado con su compañero San Basilio el Confesor.


Cuando el malvado Emperador León fue asesinado en el cuerpo (ya que ya había perdido su alma antes), los iconos fueron restaurados en las iglesias y Procopio regresó a su monasterio, donde pasó el resto de sus días en paz y se le concedió la gracia para hacer milagros. En la vejez, fue trasladado a la realeza increada del reino de Dios, donde mira con alegría a los ángeles y santos vivos, ahora "cara a cara" (1 Cor. 13:12). Reposó pacíficamente en 750.



Fuente: catholic.net / laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com

Adaptación propia

26/02 - Porfirio, Obispo de Gaza


Porfirio nació en Tesalónica hacia el 347. Su familia era originaria de Tesalónica, en Macedonia (actualmente Salónica). Volviendo las espaldas al mundo, abandonó a sus amigos y su país a los veinticinco años. Se dirigió a Egipto, donde se consagró a Dios en un monasterio del desierto de Esquela. Cinco años más tarde, pasó a Palestina y estableció su morada en una cueva cerca del Jordán; pero a los cinco años las enfermedades le obligaron a volver a Jerusalén. Allí visitaba diariamente los Santos Lugares, apoyándose en un bastón, pues estaba sumamente débil. Por aquella época, llegó a Jerusalén un peregrino asiático, llamado Marcos, que un día sería el biógrafo de san Porfirio. Marcos, muy edificado por la devota asiduidad con que Porfirio visitaba el sitio de la Resurrección del Señor y otras estaciones, le ofreció un día ayudarle, al ver que el santo tenía gran dificultad en subir la escalinata de una iglesia. Porfirio se negó a aceptar su ayuda, diciéndole: «No está bien que, habiendo venido a implorar el perdón de mis pecados, permita que me ayudes a subir; déjame sufrir un poco para que Dios se apiade de mí». Por débil que estuviera, Porfirio no omitió jamás su visita de los Santos Lugares, ni la comunión diaria. Su única preocupación era que no había vendido todavía la herencia de su padre para repartir el producto entre los pobres. Confió esta misión a Marcos, quien partió con rumbo a Tesalónica para regresar tres meses después, cargado de dinero y objetos de gran valor.


Marcos pudo apenas reconocer a Porfirio, porque, entretanto, se había mejorado prodigiosamente. Su rostro, antes pálido, estaba ahora fresco y rosado. Al ver el asombro de su amigo, Porfirio le dijo: «No te sorprendas de verme en perfecto estado de salud, pero admira en cambio la inefable bondad de Cristo, quien cura fácilmente las enfermedades que los hombres no pueden aliviar». Marcos le preguntó cómo se había efectuado la curación, a lo que Porfirio replicó: «Hace cuarenta días, en un momento de grandes dolores, me desmayé al subir al Calvario y entré en una especie de trance o éxtasis. Me parecía ver al Señor, crucificado junto al buen ladrón. Entonces dije a Jesucristo: 'Señor, acuérdate de mi cuando estés en tu Reino'. En respuesta, el Señor ordenó el buen ladrón que viniese en mi ayuda. El buen ladrón me ayudó a levantarme y me ordenó ir a Cristo. Yo corrí hacia Él, y el Señor descendió de la cruz y me dijo: 'Encárgate de cuidar mi cruz'. Obedeciendo a sus órdenes, a lo que me parece, me eché la cruz sobre los hombros y la transporté algo más lejos. Poco después me desperté; el dolor había desaparecido, y desde entonces no he vuelto a sufrir de ninguna de mis antiguas enfermedades».


Las palabras y el ejemplo del siervo de Dios impresionaron tanto a Marcos, que decidió quedarse a vivir con él. Porfirio, que había distribuido toda su herencia entre los pobres, se vio obligado a trabajar para ganarse la vida. Aprendió a fabricar zapatos y a trabajar el cuero, en tanto que Marcos, un hábil escribano, se hizo famoso copiando libros. Marcos quería que Porfirio viviese de lo que él ganaba, pero el santo replicó citando al Apóstol: «Que no coma quien no trabaja». Porfirio continuó su vida de trabajo y penitencia hasta los cuarenta años de edad. Entonces el obispo de Jerusalén le ordenó sacerdote y confió a su cuidado la reliquia de la cruz. Esto aconteció el año 393. El santo no cambió nada en su austera forma de vida; se alimentaba exclusivamente de raíces y pan ordinario, y generalmente no comía antes de la caída del sol. Hasta su muerte, continuó en este género de vida. El año 393 fue elegido obispo de Gaza. El obispo de Cesárea escribió al de Jerusalén, pidiéndole que enviase a Porfirio, pues quería consultarle sobre unos pasajes difíciles de la Sagrada Escritura. El obispo de Jerusalén ordenó a Porfirio que volviese a los ocho días.


Al recibir esta orden de su obispo, Porfirio se turbó, pero dijo inmediatamente: «Que se haga la voluntad de Dios». Esa misma noche llamó a Marcos y le dijo: «Hermano Marcos, vamos a venerar los Santos Lugares y la cruz, porque pasará mucho tiempo antes de que podamos volver a hacerlo». Marcos le preguntó por qué lo decía y Porfirio le contó que el Salvador se le había aparecido la noche anterior y le había dicho: «Renuncia a la custodia de la cruz, pues voy a darte una esposa pobre y de humilde origen, pero de gran virtud y piedad. Adórnala bien, pues, a pesar de su pobre apariencia, es mi hermana». Porfirio añadió: «Esto me dijo Cristo anoche; esto me hace temer que tendré que cargar con los pecados de los otros y no sólo expiar los míos, pero hay que obedecer a la voluntad de Dios». Después de visitar los Santos Lugares, Porfirio y Marcos partieron a Cesárea y llegaron sin novedad. Al día siguiente, el obispo Juan de Cesárea ordenó a unos ciudadanos de Gaza que sujetaran a Porfirio, y le consagró obispo ahí mismo. El siervo de Dios sufrió mucho al verse elevado a una dignidad a la que no se sentía llamado. Los ciudadanos de Gaza le consolaron, juntos emprendieron el viaje a dicha ciudad, a donde llegaron el miércoles por la noche. El viaje había sido fatigoso, pues los paganos de los pueblos de los alrededores, al enterarse de la noticia de la llegada del nuevo obispo, habían destrozado y obstruido los caminos, hasta dejarlos casi intransitables.


Aquel año hubo una gran sequía, que los paganos atribuyeron a la llegada del obispo cristiano, ya que, según ellos, el dios Mamas había profetizado que Porfirio atraería muchas calamidades sobre la ciudad. Había en Gaza un famoso templo de ese dios. El emperador Teodosio había mandado clausurarlo, pero no había querido demolerlo, pues era muy hermoso. El gobernador había dado permiso de abrirlo nuevamente. Como la sequía continuase dos meses después de la llegada de Porfirio, los paganos se reunieron en el templo a implorar la protección del dios Mamas. Los cristianos, después de un día de ayuno y una noche de oración, se dirigieron en procesión a la iglesia de San Timoteo extra muros, cantando himnos. A su vuelta encontraron cerradas las puertas de la ciudad. Entonces Porfirio y su grey pidieron a Dios con renovado fervor que enviase la lluvia; las nubes empezaron a acumularse, y pronto cayó una lluvia tan abundante, que los paganos abrieron las puertas de la ciudad y se unieron a los cristianos, gritando: «Cristo es el único Dios verdadero, el único capaz de acabar con la sequía». Este hecho y la curación milagrosa de una mujer produjeron numerosas conversiones. Viendo esto, los paganos que quedaban empezaron a hacer la guerra a los cristianos, excluyéndoles del comercio y los oficios públicos y molestándoles por todas las maneras posibles. Para proteger a su grey, Porfirio envió a su discípulo Marcos a ver al emperador y más tarde acudió él mismo a Constantinopla, acompañado del obispo Juan.


Gracias a la intercesión de San Juan Crisóstomo y de la emperatriz Eudoxia, Arcadio accedió a las súplicas de Porfirio y aun le otorgó el permiso de destruir los templos paganos que había en Gaza. Para ello, el emperador publicó un edicto y encargó de su ejecución a un patricio llamado Cinegio. Cuando los dos obispos desembarcaron en Palestina, cerca de Gaza, los cristianos salieron a su encuentro cantando himnos. Al pasar la procesión por la plaza de Tetrámfodos, en la que había una estatua de Venus que, según la tradición pagana, aconsejaba a las jóvenes en la elección de sus maridos, el ídolo cayó del pedestal y se hizo pedazos. Diez días después, llegó Cinegio con un fuerte contingente de soldados a ejecutar el edicto del emperador. Así desaparecieron ocho templos paganos, entre ellos el de Mamas, devorados por las llamas. Después los soldados registraron las casas y los patios, destruyeron o arrojaron a las cloacas las estatuas de los ídolos y quemaron todos los libros de magia. Muchos paganos pidieron el bautismo; pero otros, furiosos, se levantaron en armas, y Porfirio escapó milagrosamente con vida. Donde antes se levantaba el templo de Mamas se construyó una iglesia en forma de cruz; la emperatriz Eudoxia envió desde Constantinopla columnas y mármoles, y la nueva iglesia se llamó «Eudoxiana». El día en que se empezó a construir, san Porfirio, acompañado del clero y los cristianos de la ciudad, fue en procesión desde la iglesia de Erin, cantando el "Venid, aclamemos al Señor" (Salmo 94) y otros salmos, a los que el pueblo respondía con el «Aleluya». Todos pusieron manos a la obra, acarreando piedras y otros materiales y excavando los cimientos, bajo la dirección del famoso arquitecto Rufino. La construcción, que comenzó el año 403, duró cinco años. San Porfirio consagró la iglesia el día de Pascua del año 408. Con esa ocasión, distribuyó grandes limosnas a los pobres, cosa en la que se mostraba siempre muy generoso. El santo obispo pasó el resto de su vida en el celoso cumplimiento de sus deberes pastorales y, a su muerte, la idolatría había desaparecido casi completamente de la ciudad. Murió el 26 de febrero del año 420 a los 73 años.


El culto de San Porfirio nació inmediatamente en la región de Gaza, a lo cual contribuyó la biografía escrita por su discípulo Marcos.



Fuente: eltestigofiel.org / Otros

Adaptación propia

26/02 - La Santa Megalomártir Fotina la Samaritana


Se dice que Fotina es la mujer samaritana a la cual Jesús pidió agua en el pozo de Jacob (Juan, 4, 6-42). Fotina, después del martirio de los apóstoles Pedro y Pablo, se retiró a Cartago con su hijo José -en torno al año 66- desarrollando una intensa actividad evangelizadora para extender el cristianismo. Su otro hijo – Víctor -, se dedicó a la milicia, y después de los éxitos obtenidos contra los ávaros, llegó a comandante militar en Atalia (Asia Menor).


El gobernador de esta región, Sebastián, era amigo íntimo de Víctor y un día le mandó llamar y le dijo que había llegado a su conocimiento que tanto él, como su madre y su hermano eran cristianos, y que como amigo le aconsejaba someterse a los deseos del emperador y denunciar a los cristianos para hacerse con su patrimonio. Además era aconsejable que su madre y su hermano abandonaran la predicación en público, limitándose a mantener su fe en secreto.


Pese a las buenas intenciones del gobernador, Víctor replicó que deseaba ser apóstol como sus familiares. El gobernador se retiró, decepcionado, y en cuatro días Víctor no volvió a verle. En cuanto se encontró de nuevo con él, éste le dijo: “Sólo la fe de los cristianos es auténtica, no hay otra fe”. Ante la sorpresa de Víctor, se limitó a añadir: ”Cristo está llamándome”. La leyenda dice que en aquellos cuatro días Cristo se le había aparecido y lo había dejado ciego para advertirle del trato a los cristianos. Sólo cuando Sebastián había accedido a convertirse había recuperado la vista, por lo cual se hizo inmediatamente bautizar.


Cuando Nerón fue informado de la conversión del gobernador de Atalia, mandó que detuvieran a Sebastián y a Víctor y los llevaran a su presencia. Deportaron también de Cartago a Fotina y a José. Durante la noche que estuvo esperando el juicio Víctor vio a Cristo en sueños y éste le dijo: “A partir de ahora te llamarás Fotino, porque tú iluminarás a muchos otros para que crean en mí”. Tras se interrogados y obligados a sacrificar a los dioses sin éxito, a Sebastián y Fotino les aplastaron los dedos y les descoyuntaros los nudillos. Posteriormente les dejaron ciegos y los enviaron a prisión.


Fotina y José habían sido reunidos con otras cinco hermanas dispuestas para juicio. Los nombres de esta smujeres eran, según la tradición, Anatolia, Fótide, Parasceve, Ciríaca y Thais. Todas ellas fueron enviadas bajo el custodio de Domnina, hija de Nerón, en un período de tiempo que duró tres años. Durante todo aquel período de tiempo Fotina logró convertir al cristianismo a Domnina y a sus esclavas. En cierta ocasión descubrió que una envenenadora le había emponzoñado la comida para matarla, y la perdonó.


Por aquellos días optó Nerón por deshacerse de los tres varones, debido a la gran expectación que causaban. Sebastián, Fotino y el joven José fueron crucificados, y mientras pendían de las cruces se les azotó con correas. Los tuvieron así varias horas, tras las cuales los bajaron, les cortaron las piernas, que fueron arrojadas a los perros, y los desollaron vivos. Murieron tras una atroz agonía.


Cuando supo que Fotina había convertido a su hija, Nerón mandó también despellejarla y arrojarla a un pozo seco para dejarla morir allí. No contento con ello, mandó coger a las cinco hermanas, cortarles los pechos y despellejarlas vivas. Hecho esto, puso fin a las cinco hermanas mandando que fueran decapitadas, excepto a Fótide, a quien aplicó una muerte atroz: fue atada por los pies a dos árboles en tensión, que al ser soltados, la descuartizaron.


Sólo quedaba Fotina con vida. Mandó sacarla del pozo donde aún seguía, y la encarceló durante veinte días más. Tras ese tiempo la mandó llamar de nuevo y le exigió sacrificar a los dioses para salvar su vida. Se dice que ella le escupió al rostro y le gritó: “¡Oh, el más impío de los ciegos; tú, hombre libertino y estúpido! ¿Crees que soy tan necia como para consentir en renunciar a mi Señor y sacrificar a ídolos tan ciegos como tú?”. Tras ello, Nerón mandó que fuera de nuevo arrojada el pozo y esta vez sellado. En este enterramiento en vida, Fotina murió al cabo de poco tiempo.


Fotina sigue siendo muy venerada en el mundo ortodoxo, que no vacila en seguir identificando a esta mártir con la samaritana del pozo de Jacob. Sin embargo, también en el cristianismo romano se la celebra, en particular en Filipinas, donde se produce también esta identificación y hasta se le dedican pasos procesionales en Semana Santa, lo que constituye toda una anomalía ya que, en la tradición occidental, lo común ha sido no identificar a Fotina con la samaritana, e incluso ignorar la existencia de la primera. Entre los ortodoxos es muy venerada y considerada muy milagrosa, habiendo un gran recuento de prodigios y milagros obrados por esta santa mártir.


La tradición bizantina establece que sus reliquias fueron veneradas en Constantinopla, en dos santuarios distintos, donde obraban milagros con los fieles, aunque actualmente parece que ya no existen. El primer hallazgo de las reliquias se produjo cerca de Blanquerna, donde se apareció a un ciego llamado Abraam -quien la describió como una mujer muy anciana, vestida de lino y con un rostro agradable y encantador- y, tocándole los ojos con una vela encendida, le devolvió la vista -haciendo, pues, honor a su nombre, “iluminadora”- y le encargó que recuperara sus restos.


Pues bien, existen reliquias de esta Santa, como es el cráneo venerado en Montenegro, un fragmento del cráneo venerado en la Basílica de San Pablo Extramuros en Roma y su presunto cántaro en la iglesia del pozo de Jacob, que se dejó cuando fue a anunciar a su pueblo que había encontrado al Mesías. También hay un pie incorrupto en el monasterio de Iviron del Monte Athos y otro fragmento de cráneo en el monasterio Grigoriou, entre otras reliquias dispersas.


Meldelen



Fuente: preguntasantoral

Adaptación propia

25/02 - Tarasio, Patriarca de Constantinopla


La fuente más importante sobre la vida de este Santo es la “Vida de Tarasios” escrita por Ignacio, su diácono y secretario. Otra fuente es la Crónica de Teófanes Confesor y la vida y la correspondencia de San Teodoro de Studion.


Tarasio nació en Constantinopla en torno al año 730, siendo hijo del eparca Georgios y su esposa Enkrateia. En el momento en que Constantino VI y su madre, Irene, accedieron al trono del Imperio bizantino en el año 780, Tarasio era un funcionario en el aparato burocrático (protasekretis) de la corte imperial. Más tarde obtuvo el rango de senador y finalmente se convirtió en secretario imperial (asekretis) del emperador Constantino VI el Porphyrogenetos.


El Imperio de Oriente estaba en aquell época influenciado por las doctrinas orientales iconoclastas, impuestas por la dinastía Isauriana, que provenía de las regiones existentes en las fronteras con el nuevo mundo islámico. La lucha iconoclasta de ninguna manera era más fácil que la de los antiguos emperadores romanos contra los cristianos. Los ikonodouloi (defensores de los iconos) fueron golpeados e incluso asesinados y muchas iglesias fueron objeto de vandalismo. La Iglesia de Roma se negó a permanecer en comunión con el patriarca de Constantinopla, quien en ese momento era partidario de las políticas oficiales. Sólo después de la muerte de León IV (775/780) y al comienzo del reinado de su hijo menor Constantino VI (780/797), bajo la regencia de su madre Irene, la situación de los iconos empezó a cambiar.


El último patriarca iconoclasta, Pablo IV se arrepintió de su anterior iconoclasia y renunció a su trono el 31 de agosto del 784, viviendo como un simple monje. En esta situación, la emperatriz convocó un consejo local en su palacio de Magnaura y, previa consulta al patriarca antiguo, el pueblo y los nobles, y a pesar de ser laico, propuso a Tarasio para sucederle. El santo era de familia patricia y había recibido una educación esmerada. En la corte, en un ambiente de sensualidad y halagos, había sabido llevar una vida casi monacal. Se resistió mucho a aceptar el nombramiento de patriarca, en parte porque no era sacerdote y en parte también, por la difícil situación que había creado la política de los emperadores contra la veneración de las imágenes sagradas, a partir de León III, en el 726.


Cuando Tarasio fue elegido patriarca, la emperatriz Irene ejercía la regencia, pues su hijo, Constantino IV, sólo tenía diez años. Irene era una mujer ambiciosa y muy cruel, pero no era iconoclasta, es decir, no se oponía a la veneración de las imágenes. Esto facilitó la reunión de un Concilio, puesto que Tarasio, consagrado en la Navidad del año 784, había aceptado la dignidad patriarcal, bajo la condición de que se celebrara un sínodo para restablecer la unión deshecha por la campaña inococlasta. El séptimo Concilio Ecuménico se reunió en Nicea el año 787, presidido por los legados del papa Adriano I. Las discusiones llevaron a la conclusión de que la Iglesia podía permitir que se tributara a las imágenes un culto de veneración, no el culto de adoración que sólo se debe a Dios. Como lo hizo notar el Concilio, quien reverencia a una imagen, reverencia a la persona que ésta representa. Obedeciendo a las decisiones conciliares, Tarasio restituyó en su patriarcado el culto de las imágenes. Igualmente trabajó por desarraigar la simonía.


Su vida fue un modelo de perfecto desinterés material, volcada hacia el clero y el pueblo. En su casa y en su mesa no había nada de la magnificencia que ostentaban sus predecesores. Consagrado al servicio del prójimo, Tarasio apenas permitía que sus criados le sirviesen. Dormía muy poco y en sus ratos de ocio se consagraba a la oración y la lectura espiritual. Prohibió al clero el uso de vestidos preciosos y se mostró particularmente severo por lo que se refiere al teatro. Con frecuencia repartía personalmente alimentos a los pobres; para que nadie se sintiese abandonado, visitaba todos los hospitales y obras de beneficencia en Constantinopla.


Algunos años más tarde, el emperador se enamoró de Teodota, una dama de honor de su esposa, la emperatriz María. La emperatriz madre, Irene, le había obligado a casarse con María, de la que el emperador decidió divorciarse. Para ello, intentó ganarse la voluntad del patriarca y le envió a un mensajero para anunciarle que la emperatriz quería envenenarlo. Tarasio respondió al mensajero: «Di al emperador que estoy dispuesto a morir antes que ayudarle a realizar su propósito». Entonces el emperador trató de ganarle por medio de halagos. Llamó, pues, al patriarca y le dijo: «A ti no puedo ocultarte nada, pues te considero como a mi padre. Es indudable que la Iglesia permitirá que me divorcie de una mujer que ha intentado envenenarme. La emperatriz María merece la muerte o la prisión perpetua». El emperador mostró a Tarasio un vaso con veneno que, según él, la emperatriz había tratado de hacerle beber. Pero el patriarca no se dejó engañar, y replicó que estaba cierto de que Constantino quería divorciarse de la emperatriz porque estaba enamorado de Teodota; además le manifestó que, aun en el caso de que la emperatriz María fuese realmente culpable, el nuevo matrimonio constituiría un adulterio. El monje Juan, que se hallaba también presente, habló con gran valentía en el mismo sentido que el patriarca; el emperador, furioso, les mandó retirarse de su presencia. Después echó a la emperatriz María fuera del palacio y la obligó a tomar el velo. Como Tarasio se negase a casarle con Teódota, el matrimonio se llevó a cabo ante el abad José, un personaje oscuro de la Iglesia de Constantinopla. En adelante Tarasio tuvo que soportar el resentimiento de Constantino, quien le persiguió durante el resto de su reinado. Se cuenta que el emperador hacía seguir al patriarca en todos sus movimientos, que había prohibido a todos que hablasen con él sin su permiso, y que desterró a muchos de los amigos y servidores de Tarasio por dirigirle la palabra. Entre tanto, la emperatriz Irene que quería seguir gobernando, se ganó a los principales personajes de la corte y el ejército, encarceló a su hijo y le mandó sacar los ojos. Irene gobernó durante cinco años, hasta que fue depuesta por Nicéforo, quien usurpó el imperio y la desterró a la isla de Lesbos.


Bajo el reinado de Nicéforo, Tarasio desempeñó sin contratiempos sus deberes pastorales. En su última enfermedad no dejó de celebrar el santo sacrificio, mientras pudo moverse. Poco antes de morir, Tarasio tuvo una visión en la que, según cuenta su biógrafo -que se hallaba con él en ese momento-, el prelado parecía responder a las acusaciones de un grupo de hombres que juzgaban cada una de las acciones de su vida. Tarasio se mostraba sumamente agitado al responder a las acusaciones. Esto atemorizó mucho a todos los presentes, pues la vida del patriarca había sido muy íntegra. Pero a la agitación sucedió una gran serenidad y san Tarasio entregó su alma a Dios en medio de una gran paz, después de haber gobernado al patriarcado durante veintiún años.



Fuente: eltestigofiel.org / Peeguntasantoral

24/02 - Primera y Segunda Invención de la Venerable Cabeza de Juan el Bautista


La honorable cabeza de Juan el Precursor, que provoca la reverencia de los Ángeles, fue enterrada primero en la casa de Herodes, quien lo había encarcelado y decapitado a causa de Herodías, la esposa de su hermano Felipe, ya que Juan había reprendido a Herodes por su relación ilícita con dicha mujer. Cuando los discípulos de Juan enterraron su cuerpo en Sebaste, Herodías se quedó con la cabeza para burlarse de él y lo enterró en secreto en los terrenos del palacio, en un lugar inmundo. Por esto deseaba mantener la cabeza separada del cuerpo, para evitar su posible resurrección y asimismo su reprensión. 


Una de las mujeres de su hogar era Juana, la esposa del mayordomo de Herodes, que también era seguidora del Señor Jesucristo y estaba entre las miróforas. Afligida por el maltrato de la honorable cabeza del Precursor, se acercó una noche en oculto al escondite donde estaba enterrada la cabeza del Precursor, la recuperó, la llevó al Monte de los Olivos y la enterró en el terreno de una de las haciendas de Herodes.


Poco antes de que Constantino el Grande ascendiera al trono del Imperio Romano en el 324 d.C., cierto cristiano llamado Inocencio decidió abandonar el mundo y vivir una vida ascética en el Monte de los Olivos, donde compró algunas tierras en la propiedad que antes pertenecía a Herodes. Allí construyó una celda monacal y una capilla para orar. Durante la construcción, se necesitó abrir una zanja para colocar los cimientos, y al excavar descubrió un recipiente de barro que contenía un cráneo. Conoció la identidad de este cráneo por una revelación divina acompañada por obras de poder y gracia, después de haber realizado muchos milagros. Antes de su eterno reposo, el monje Inocencio volvió a enterrar el honorable cráneo en los terrenos de su celda y capilla. Durante varios años, este sitio quedó en ruinas y la ubicación de esta preciosa reliquia permaneció desconocida.


El primer hallazgo


Después de que Constantino llegara al trono y de que su madre Elena hiciera de la Tierra Santa un centro de peregrinación con el descubrimiento de la Verdadera Santa Cruz y el Santo Sepulcro, entre otros lugares, dos monjes decidieron hacer una peregrinación a Jerusalén para venerar los Santos Lugares. Una noche, mientras los monjes dormían en Jerusalén, a uno de ellos se le concedió recibir una visita de San Juan el Precursor. Le reveló al monje la ubicación exacta de su cabeza en el Monte de los Olivos y le ordenó que la encontrara. Cuando despertó y le contó a su compañero monje esta revelación divina, éste le convenció de que no era más que un mero sueño y no hicieron caso. La noche siguiente, sin embargo, el Precursor se apareció a ambos monjes por separado y los reprendió por su incredulidad, ordenándoles que se levantaran e hicieran lo que les había ordenado. Agitados del sueño, fueron al lugar indicado y comenzaron a cavar. En poco tiempo, descubrieron la vasija de barro con el cráneo. Colocándolo en un saco hecho de pelo de camello, regresaron a Jerusalén.


Durante este tiempo había un alfarero que vivía en Emesa (hoy Homs) de Siria que había caído en la pobreza y estaba buscando otra ocupación. Dejando a su esposa y su hogar, se fue a buscar trabajo, y en el camino se encontró con los dos monjes que habían abandonado Jerusalén para regresar a su tierra natal con el cráneo honorable. En busca de compañía en sus viajes, el alfarero siguió a los monjes y llevó el saco que contenía el cráneo del Precursor después de que se lo pidieran, aunque no le fue revelado lo que contenía. Mientras caminaban, cuando los monjes se separaron un poco del alfarero, el Sagrado precursor se le apareció en el camino y le dijo: "Ten en cuenta que yo soy Juan, el Precursor del Señor. El saco que llevas en tu mano contiene mi cabeza. Te invito a que huyas de la compañía de tus compañeros de viaje". Después de confirmar que el saco contenía una calavera, el alfarero obedeció sin vacilar y regresó a su hogar, con su esposa, en Emesa. 


En cuanto a la razón por la que el Santo Precursor le pidió al alfarero que tomara la reliquia de los monjes, se sugirió que era porque estos monjes eran demasiado negligentes e incrédulos para cuidar adecuadamente del precioso cráneo. Esto se demostró por el hecho de que le dieron el saco a un extraño para que lo cargara, cuando deberían haberlo guardado y protegido como a su vida misma. El alfarero, sin embargo, se sometió a los monjes y llevó el saco con cuidado. También se ha sugerido que estos monjes podrían haber pertenecido a una secta herética.


El alfarero regresó a su casa y le contó a su esposa todo lo que le había sucedido a lo largo del camino. Ambos entendieron  el preciadísimo tesoro que estaba en su hogar, por lo que diariamente quemaban incienso y encendían velas. Por esto, el Precursor bendijo su hogar, y su pobreza se convirtió en un débil recuerdo. Sin embargo, no queriendo ser  vencidos por el falso orgullo que conllevan las riquezas, se aseguraron de distribuirlas adecuadamente entre los pobres y los necesitados, entendiendo que fueron bendecidos por Dios a través del Precursor. 


Finalmente la esposa, con muchos años ya, descansó en el Señor; y cuando se acercaba su propio fin, el Santo precursor se le apareció al alfarero y le dijo: "Se acerca el momento del fin de tu estancia terrenal. Coloca mi cabeza en una vasija de agua vacía. Sella la vasija  y confíala a tu hermana. No deseo que mi cabeza quede consagrada en relicarios de oro o plata". El devoto alfarero obedeció y le dio la jarra sellada a su hermana, pidiéndole que no la abriera a menos que el Precursor quisiera que lo hiciera. Después de que el alfarero reposara, su hermana guardó fielmente el precioso tesoro en su casa. Y cuando ella descansó, se lo entregó a otro cristiano devoto y virtuoso.


Con el tiempo, la preciosa reliquia pasó de un devoto cristiano a otro. Llegó un momento en que la honorable cabeza llegó a manos de un hieromonje arriano llamado Eustaquio, que vivía en una cueva. La reliquia sagrada fue responsable de numerosos milagros y curaciones; sin embargo, el hereje se atribuyó todo esto a sí mismo en lugar de al Santo Precursor con el fin de promover su herejía. Por esto muchas personas se sintieron atraídas a creer que el arrianismo era verdadero y aceptaron la herejía. Sin embargo, con el tiempo, la gente de Emesa llegó a comprender las malas intenciones de Eustaquio y trataron de expulsarlo de su cueva. 


Cuando los oficiales fueron informados, fueron a retirarlo, pero Eustaquio los convenció de que esperaran unas horas hasta que pusiera sus cosas en orden y luego se iría. Durante este tiempo, tomó la vasija que contenía el cráneo y la enterró en un profundo agujero en su cueva. Su intención era regresar en algún momento y recuperar la reliquia que tanto prestigio y fama le había dado, para continuar con su fraude. Sin embargo, con la partida de Eustaquio, ciertos monjes ortodoxos se instalaron en esta cueva, y Eustaquio no pudo recuperarla.


El segundo hallazgo


Con el paso del tiempo, la cueva del hereje Eustaquio se convirtió en una floreciente hermandad de monjes. Sin embargo, nadie era consciente del precioso tesoro que contenía la cueva.


A mediados del siglo V, sobre el año 430, al Archimandrita Marcelo, que era el superior de esta comunidad durante el tiempo en que Uranio fue obispo de Emesa, se le concedió una visión del  Santo Precursor. Según el relato de Marcelo, que se ha conservado, sabemos que el 18 de febrero, durante la Gran Cuaresma, el Santo precursor se le apareció por primera vez en una visión y lo bendijo. Más tarde, el 24 de febrero, la ubicación del Santo Cráneo del Precursor le fue revelada en otra visión por medio de una estrella que se le dijo que siguiera y que le llevó a la cueva. Después comenzó a cavar en el lugar donde desapareció la estrella, y allí encontró la vasija que contenía la Reliquia Sagrada. Luego, con reverencia, tomó el Honorable Cráneo como un tesoro que no tiene precio, y se lo llevó al Obispo, quien se regocijó en gran manera  al enterarse de este descubrimiento.


Pronto se construyó una iglesia en Emesa para honrar a San Juan el Precursor. Dentro de esta iglesia se construyó una cripta, y se colocó la Honorable Cabeza en ella, donde fue venerada por los fieles, y se hizo responsable de que muchos fuesen curados de enfermedades y otros males.



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com / GOARCH

Traducción del inglés y adaptación propias