viernes, 4 de febrero de 2022

05/02 - Polieucto, Patriarca de Constantinopla


San Polieucto nació en Constantinopla, y a una edad temprana se hizo monje en un monasterio en la isla de Proti. Vivía con sencillez y moderación y a menudo comía solo un trozo de pan seco para alimentar a los pobres.


Recibió una gran formación teológica y se distinguió por su modestia, su forma de ser, su temperamento y la objetividad de su carácter. Por su privilegiada mente, su celo por la Fe y sus capacidades oratorias, incluso lo llamaban «el segundo Crisóstomo».


Cuando en abril del año 956 d.C. el patriarca de Constantinopla y príncipe Teofilacto Lecapeno murió (931 - 956 dC), San Polieucto fue designado para ocupar su lugar. Aunque recibió dicho nombramiento por parte del emperador Constantino VII, no le mostró demasiada lealtad: empezó a cuestionar la legitimidad del matrimonio de su padre e incluso restauró el buen nombre del Patriarca Eutimio, que se había opuesto firmemente a dicha unión.


En 957 d.C. bautizó a la princesa rusa Olga en Constantinopla, que recibió el nombre de Elena, con el Emperador como padrino. Polieucto profetizó: «Bendita tú eres entre todas las mujeres rusas, pues has buscado la luz y has expulsado a las tinieblas. Los hijos de Rusia te llamarán bienaventurada de generación en generación.


Polieucto elevó al obispo Pedro de Otranto (958) a la dignidad de Metropolita, con la obligación de establecer el rito bizantino en toda la provincia; aunque el rito romano se reintrodujo tras la conquista normanda, el bizantino siguió siendo celebrado en diferentes pueblos de la Archidiócesis y sus sufragáneas hasta el siglo XVI.


San Polieucto fue ejemplo de virtud y piedad. Por eso no tuvo miedo de reconvenir al emperador Nicéforo Focas (963-969 d. C.), cuando decidió casarse con la reina Teófano, viuda del emperador Romano II (959-963 d. C.). De hecho, debido a que la boda había sido realizada en secreto, el Santo se negó a coronar y recibir al rey en la Divina Liturgia de la Iglesia de Santa Sofía, aunque luego San Polieucto le concedió el perdón para salvar las cosas y no llevar el Estado al caos. El emperador Nicéforo Focas fue posteriormente víctima de un salvaje asesinato, y este acto parecía aún más grave por el hecho de que la reina Teófano participó en él y lo facilitó. San Polieucto estaba perturbado por el terrible e inmune crimen. Así, cuando, siete días después de su ascensión al trono imperial, Juan I Tzimisces (969 - 976 dC) llegó a la iglesia de Santa Sofía, para ser coronado por el Patriarca, el Santo no le permitió entrar al santuario y previamente exigió que se cumplieran tres condiciones para ello. La primera era expulsar a Teófano de palacio. La segunda condición era señalar y castigar al autor del asesinato de Nicéforo Focas, y la tercera condición era revocar los decretos de Nicéforo Focas en materia eclesiástica. Así, San Polieucto aseguró a la Iglesia la verdadera libertad y le dio el derecho de actuar contra los excesos de los líderes políticos cuando dañan a la Iglesia y pisotean las tradiciones del pueblo de Dios.


El amor del Santo por el monaquismo y la vida ascética se expresó también a través de la fundación, en su época, de los monasterios de la Gran Laura y el Monasterio de los Iberos en el Monte Ato.


San Polieucto durmió pacíficamente en el Señor en el año 970 d.C.



Fuente: saint.gr / Wikipedia

Traducción del griego y adaptación propias