08/03 - Teofilacto el Confesor, Obispo de Nicomedia


Teofilacto era originario del Oriente, aunque se desconoce su ciudad natal. Cuando era niño, pasó de Asia a Constantinopla, donde conoció a san Tarasio, quien le tomó cariño y le dio una buena educación. Observando que el joven estaba llamado a la vida religiosa, san Tarasio le envió a otro de sus discípulos, san Miguel el Confesor, quien acababa de fundar un monasterio junto al Bósforo. Algunos años más tarde, cuando sus dos discípulos habían soportado rudas pruebas, san Tarasio confirió a ambos la dignidad episcopal; Teofilacto recibió la sede de Nicomedia y Miguel la de Sínada.


Cuando León V emprendió de nuevo la guerra contra las imágenes, san Nicéforo, sucesor de San Tarasio en la sede de Constantinopla, convocó a un Concilio para mantener la doctrina recta contra el emperador León el Armenio, que reinó del año 813 al 820. San Teofilacto y otros teólogos de gran saber defendieron con elocuencia el punto de vista de la Iglesia, pero el emperador permanecía inconmovible. Entre ellos se encontraban Eutimio, Obispo de Sardes (conmemorado el 26 de diciembre), que había asistido al Séptimo Concilio Ecuménico en el año 787 y fue exiliado tres veces a causa de los santos iconos (por desafiar la orden del Emperador Teófilo de renunciar a la veneración de los iconos, fue azotado de la cabeza a los pies hasta que su cuerpo se llenó de grandes heridas de las que murió ocho días después, sobre el año 830); José de Tesalónica (conmemorado el 14 de julio); Miguel de Sinada (conmemorado el 23 de mayo); Emiliano, Obispo de Cízico (conmemorado el 8 de agosto); y el mismo Teofilacto. Cuando ya todos habían hablado, se hizo en la sala conciliar una ligera pausa, que san Teofilacto interrumpió con la siguiente profecía: «Ya sé yo que tú te burlas de la inmensa paciencia de Dios. Pues bien, yo te predigo que las calamidades y la muerte van a caer sobre ti como un huracán, y que no habrá entonces nadie que pueda defenderte». Furioso al oír estas palabras, el emperador desterró a todos los Padres conciliares y Teofilacto fue exiliado a la fortaleza de Estróbilo en Caria de Asia Menor, donde, tras 30 años de prisión y durezas, entregó su alma alrededor del año 845. Pero su profecía se cumplió a la letra: el día de Navidad del año 820, cuando el emperador se hallaba en su capilla privada, los conspiradores cayeron sobre él; León se defendió, blandiendo como una espada la cruz del altar, pero sus enemigos lograron asesinarle antes de que sus servidores llegaran a auxiliarle.


Se cuentan maravillas de la liberalidad de san Teofilacto, de su generosidad con los pobres, de la ayuda que prestaba a las viudas, huérfanos y débiles mentales, de su predilección por los ciegos, baldados y enfermos; para ellos y para los viajeros fundó muchos hospitales.



Fuente: eltestigofiel.org / GOARCH

Traducción del inglés y adaptación propias