02/07 - San Juan de Shanghái y San Francisco el Taumaturgo


Miguel Maxímovich nació dentro de una familia noble en en una de sus fincas cerca de Járkov, en Ucrania, el 4 de junio de 1896. Su padre se llamaba Borís y su madre Glafira. Aunque vivían en Ucrania, el linaje de Miguel provenía de Siberia.


Edad temprana


El joven Miguel encontró difícil decidir si quería entrar en el servicio militar o civil. Comenzó sus estudios en la cercana Academia Militar de Poltava, en donde se destacó académicamente. No le agradaban dos de sus clases: la educación física y el baile. Era muy querido en la escuela y sobre todo fue muy exitoso. Pero sentía que había algo más en la vida que seguir el camino del servicio militar, reconociendo tempranamente que su amor por la Iglesia finalmente lo llevaría en esa dirección. Este reconocimiento fue notado a su vez por el capellán de la academia e incluso por el arzobispo de Járkov.


Después de la academia militar, Miguel entró en la escuela de leyes de Járkov. Mientras se encontraba allí, inmerso en sus estudios, Miguel tuvo la oportunidad de conocer al obispo (posteriormente Patriarca) Bernabé de Serbia, escuchando directamente de boca del obispo acerca del tremendo sufrimiento del pueblo serbio bajo el dominio turco.


Durante ese tiempo, los serbios se encontraban peleando en contra de tres adversarios: Alemania, Austria y Turquía. Finalmente Miguel se graduó en la escuela de leyes en 1918, a la edad de 22 años, y trabajó por algún tiempo en el sistema judicial. Posteriormente hizo notar que, mientras estudiaba las ciencias mundanas en la escuela, se adentró mucho más en el estudio de la ciencia de ciencias: la vida espiritual.


Con los acontecimientos relacionados con la Revolución Rusa, la familia Maxímovich escapó a Yugoslavia. Miguel comenzó sus estudios teológicos en la Universidad de San Sabas. Completándolos en el año 1925, poco después fue tonsurado monje, recibiendo el nombre de Juan. De hecho, el joven monje fue nombrado en honor a un familiar lejano suyo: San Juan, Metropolitano de Tobolsk, que vivió en el Siglo XVIII.


El Padre Juan poco después fue ordenado al diaconado y al sacerdocio. Fue maestro de estudios religiosos en la Preparatoria del Estado serbio y después designado como maestro del Seminario Teológico de San Juan en Bitol en la Diócesis de Ocrida.  


El hieromonje Juan


El ascetismo del Hieromonje Juan -que consistía, entre otras cosas, en alimentarse con una sola comida cuaresmal al día, y en la Semana Santa comiendo solo prósfora y antidoro cada día; continua oración y estudio de las Escrituras; guardar la vigilia y permitirse quedarse dormido tan solo algunas horas en medio de la noche, etc.- llamó la atención del obispo diocesano Nicolás (Velimirović). El obispo a menudo compartía palabras afectuosas acerca del Padre Juan: “Si deseas ver a un santo, dirígete a Bitol y ve al Padre Juan,” decía.  “Escuchad al Padre Juan, porque es un ángel de Dios en la figura de un hombre.” De hecho, la mayoría de los que le conocían estaban convencidos de que el Padre Juan vivía completamente la vida “angelical” (i.e., la vida monástica) con cada parte de su ser.


El Padre Juan era conocido por poseer mucha energía, yendo a toda marcha desde el alba hasta después de la medianoche. No se distinguía por hablar mucho, pero, cuando hablaba, lo hacia para decir algo importante. Tenía un agradable sentido del humor y una memoria casi fotográfica. No era especialmente alto, y tenía un impedimento menor del habla: tartamudeaba. Prefería no dormir en la cama, sino en una silla durante sus cortas siestas nocturnas.


El obispo Juan en China


En 1934, el Sínodo de Obispo de la Iglesia Ortodoxa en el Extranjero (R.O.C.A.) eligió al Padre Juan para recibir el episcopado, y lo asignó a Shanghái como obispo vicario de la Diócesis de China de la R.O.C.A. Esta asignación llegó como absoluta sorpresa al Padre Juan; hizo la observación a un amigo de que por equivocación había recibido la notificación del Santo Sínodo de la elección de otro Hieromonje llamado Juan. Cuando se enteró que él era el padre Juan en cuestión, dijo que entonces era aún una mayor equivocación. El pidió declinar debido a su impedimento del habla. Pero los obispos le recordaron que incluso el Profeta Moisés tenía una dificultad similar. El Padre Juan fue consagrado al episcopado el 28 de mayo de 1934.


El Obispo Juan, que ya tenía 39 años, arribó por barco a Shanghái en noviembre del año siguiente. Entre sus tareas como nuevo obispo se encontraba terminar de dificar la catedral; la supervisión de los edificios de las parroquias, un asilo, un orfanato, un hospital, etc.; distintas amargas disputas jurisdiccionales (entre los serbios, rusos, griegos, y ucranianos de Shanghái); la educación religiosa y étnica de los niños ortodoxos, etc.; sin mencionar el cuidado pastoral de su rebaño.


Su rutina diaria litúrgica y espiritual consistía en una vigilia completa; la mayor parte de la noche la pasaba en oración privada; Divina Liturgia; las horas diarias; etc. Se decía que visitaba a los enfermos y a los prisioneros a diario, llevando consigo los Santos Misterios para que recibieran la comunión. A menudo reunía a los niños enfermos y hambrientos de la ciudad que vivían en las calles y les daba refugio en sus orfanato (tenía un amor especial por la gente joven). No todos los habitantes de Shanghái podían comprar la ropa suficiente, y muchos caminaban sin abrigo ni zapatos. El Obispo Juan a menudo les daba ropa (a veces la suya propia) a los necesitados que veía. Era un visitante frecuente de las prisiones y asilos de Shanghái, visitando a todos los presos y pacientes, fueran ortodoxos o no.


Después del final de la Segunda Guerra Mundial, el Patriarcado de Moscú buscó reforzar sus lazos con los fieles ortodoxos del Lejano Oriente. La mayoría de los obispos en la región reafirmaron su lealtad al Patriarcado, pero el obispo Juan se opuso rotundamente: “Soy leal al Sínodo en el Extranjero, y he de caminar en la senda que este dirija para mí.” La dificultad era de que muchos (incluido el obispo Juan) creían que ser leal al Patriarcado de Moscú era lo mismo que ser leal a los Soviéticos. Creían que el Patriarcado de Moscú no era más que una marioneta del gobierno soviético.  El obispo Juan se mantuvo en contra de esa lealtad al Patriarcado. El Sínodo en el Extranjero elevó al Obispo Juan al Arzobispado de China, con lealtad directa a la R.O.C.A. Este movimiento tristemente causó una continua y creciente dificultad entre muchas de las jurisdicciones ortodoxas en el Lejano Oriente e incluso alrededor del mundo. No obstante, el arzobispo Juan continuó su ejemplar y extraordinario cuidado de los fieles.


A finales de la década de 1940 el Partido Comunista Chino llegó al poder, y muchos rusos huyeron buscando refugio en el extranjero, en Filipinas y otros lugares. Las condiciones en que vivían los refugiados eran muy primitivas. Poco después el arzobispo viajó desde Tubabao en las Filipinas a Washington D.C., donde exitosamente pidió al servicio Inmigratorio y de Naturalización de los Estados Unidos que permitieran a los refugiados rusos llegar a los Estados Unidos.


El arzobispo Juan en Europa y América


En 1951, el Sínodo en el Extranjero asignó al arzobispo Juan a Paris y Bruselas, en donde fue el pastor de la Diócesis de Europa Occidental de la ROCA. Mientras estuvo en Europa, el arzobispo Juan se interesó por las vidas de los muchos santos que habían sido venerados en el Occidente pero que no eran conocidos o habían sido olvidados en el Oriente Ortodoxo (tal como San Patricio de Irlanda). A través de sus esfuerzos, el calendario ortodoxo añadió y restauró a numerosos hombres y mujeres santos para su veneración.


En 1962, el arzobispo Juan fue asignado a la Arquidiócesis de América Occidental y San Francisco de la R.O.C.A. Se le encomendó la muy difícil tarea de completar la construcción de la catedral, obra que había sido suspendida debido a la falta de fondos, así como las agudas disputas entre la comunidad parroquial. Con su liderazgo, en dos años se completó la catedral. Aquellos que lo conocieron decían que para su comida diaria le encantaba la comida china con abundante salsa de soja.


Su chofer decía que, cuando se dirigía a sus labores episcopales y lo conducía por San Francisco, al pasar cerca de una iglesia, ya fuera ortodoxa o católica romana, hacía una pausa, se hacia la señal de la cruz y después continuaba su conversación.


Numerosos milagros y señales se manifestaron durante la vida y testimonio del arzobispo Juan. A menudo recibía el don de la clarividencia y comprensión profética, y sus oraciones muchas veces obraron sanaciones milagrosas e inmediatas. En muchas ocasiones la gente fue maravillosamente ayudada con su amorosa atención por su bienestar y salvación.


Dormición en el Señor


En un viaje a Seattle, acompañando al milagroso icono de la Madre de Dios de Kursk, el arzobispo Juan se durmió en el Señor después de la Divina Liturgia, el 2 de julio de 1966 (19 de junio en el calendario antiguo, que usaba el arzobispo).


Después de ser llevado a San Francisco, su cuerpo permaneció en la catedral hasta el funeral, el cual se llevó a cabo el 7 de julio. Durante este periodo de tiempo su cuerpo no se deterioró (no había sido embalsamado.) Después del funeral, su ataúd fue colocado en una cripta en una capilla debajo de la catedral. Este extraordinario método de sepultura requirió un permiso especial de la ciudad de San Francisco. George Cristopher, laico perteneciente a la Iglesia Ortodoxa Griega que posteriormente se convirtió en alcalde de San Francisco, ayudó en esta petición.


A través de los años desde su fallecimiento, la reputación del arzobispo Juan ha crecido continuamente. Desde el verano de 1966 multitudes de personas han hecho peregrinación a su tumba. Informes de milagros relacionados con sus intercesiones (similares a los ocurridos durante su vida) continúan saliendo a la luz desde distintas fuentes, tanto ortodoxas como no ortodoxas, cristianas y no cristianas.


En 1993 se designó una comisión especial para examinar los restos del arzobispo. Esta comisión informó de que sus reliquias a través de los años desde su fallecimiento habían permanecido incorruptas. Esta es una señal concedida ocasionalmente por el Señor a ciertas personas cuyas vidas manifestaron una rectitud ejemplar. El 2 de julio de 1994, durante el 27º aniversario de su dormición en el Señor, el Arzobispo Juan fue glorificado como “el Milagroso de Shanghái y San Francisco” por la Iglesia Ortodoxa Rusa en el Extranjero.



Fuente: ocamexico.org

Adaptación propia

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